Sólo tuvieron una breve pausa para comer, una comida liviana y tan desagradable en gusto como en apariencia y beber agua. Scarlett no dejó de sentir el sabor seco de la tierra y la arena a cada sorbo, y se dijo que pronto se acostumbraría. Era la única mujer en esa excavacion y no quería que la trataran como una niña. No lo era. Fue la primera en dejar el resguardo y la sombra de la toldería para volver al trabajo. Fue a los tumbos, empujada por el viento del desierto que le hacía hormiguear la piel y metía arena en lugares dónde ella no lo esperaba.
Ahogó un leve suspiro de alivio al entrar al templo y estar al resguardo de los elementos. Se soltó el cabello para rascarse la cabeza, sacarse algo de la arena que le daba comezón, y volvió a atárselo mientras se adentraba en el templo; habían estado retirando escombros y añares de arena acumulada, por lo que tenía que caminar entre carretillas, palas, y restos indeterminados de jarrones y diferentes contenedores. Pasó junto al modesto generador de electricidad y lo encendió. El motor a gasolina comenzó a andar y delante suyo, se iluminó una de las cámaras de aquel lugar. Donde el sol no llegaba, y las antorchas habían dejado de alumbrar; tallado en la piedra y coronado por lo que parecía ser un altar, algo realmente extraño y fuera de lugar. Encontró, tal y como las dejó, sus anotaciones sobre la arena.
Se sentó cerca a una de las luces y continuó su labor de copiar jeroglificos. No estaba pensándolo demasiado; habían signos que ella desconocía y que ni siquiera le sonaban remotamente familiares. Tal vez, pensó Scarlett, estamos frente al descubrimiento del siglo. Luego de los primeros trazos, soltó su lápiz de un sobresalto y miró a su alrededor.
-¿Quién anda ahí?- repitió la pregunta, con torpeza, en árabe. Se levantó lentamente, intentando ser tan silenciosa como podía. Sabía que no estaba sola. -¿Hola? ¡Hola!- Comenzó a retroceder sobre sus pasos, con los ojos bien abiertos y su atención en su entorno. Se le erizó el vello de los brazos y de la nuca, sintió frío en la boca del estómago. Una mano pesada se apoyó sobre su hombro; Scarlett gritó y le sentó un certero golpe con su cuaderno en la cabeza a Martin Rigby.
-¡Dios mío! ¡Lo siento mucho, señor Rigby! Sus lentes, rayos...- de golpe sentía calor, el rostro rojo. Se agachó rápidamente para alcanzarle los anteojos al señor Rigby. Afortunadamente, no se habían roto.
-Está bien, niña. Te asusté- dijo Rigby con tranquilidad, aunque claramente muy poco a gusto con la situación. -Es más común que lo que puedes creer-
-¿Más común? Disculpe, no sé de qué me habla- cabizbaja parecía una muchachita regañada por sus padres.
-La maldición del arqueólogo- planteó él, retomando la sonrisa que era más que habitual en su rostro. -Es la maldición de creer que todo el tiempo se está por caer en una maldición...
Créeme, Perkins. Si hay algo malo aquí, algún fantasma vengativo, o una momia resucitada, seguro que nos habría detenido antes de que metiéramos las narices tan profundo- se rió un poco y entró con ella a la cámara del altar. Los demás miembros de la expedición no tardaron en hacerse presentes y retomar su trabajo. Scarlett olvidó pronto su traspié, con la excusa mental de estar mal dormida.
Nobody Owens estaba en la oscuridad total, en la cámara sellada junto a la cámara del altar. El aire estaba enrarecido por el encierro, y era difícil encontrar un lugar donde poner los pies entre las momias de gatos y cocodrilos, pequeñas esculturas y recipientes. Apenas lograba oír, tras esa gruesa pared, los sonidos de los ruidosos arqueólogos y sus excavadores.
Scarlett rió; Martin era muy bueno contando anécdotas y relajando el ambiente laboral, entre el calor y la sed, arena y tierra.
- ¿Cómo es que ella se dio cuenta? - la voz de Loup cortó el silencio. Estaba agazapado contra la pared, mirando donde creía que estaba Bod Owens. -Si no te oliera, no sabría dónde rayos estás. Sigues desvanecido ¿cierto? … ¿Bod? ¿Nobody?-
-Aquí estoy. Desvanecido- le respondió rápido a su amigo. Intentaba escuchar la charla entre los arqueólogos del otro lado; Loup le estaba estorbando el oído.
- ¿Será una...?- Nobody lo interrumpió.
- No- lo sabía muy bien. -Es una vieja amiga- aunque no sonó muy seguro de eso. Silas seguro hizo un buen trabajo. Ella no lo recordaría a él, ni al cementerio. De recordarlo, de todos modos, quizás no lo reconocería.
Loup permaneció en silencio unos segundos. -¿Y ahora?- soltó un suspiro de aburrimiento.
-Esperamos- respondió Bod con calma.
