Hola a todos, traigo el primer capítulo de esta historia, que corresponde al primer año de Alexander en Hogwarts, espero les guste, no hay mucho pero es la base para lo que vendrá después. Gracias a Ciel Rosier y a Maki Tasui por su comentarios, este capítulo es para ustedes.

Sin más el capítulo:


Primer Año en Hogwarts

A partir del momento en que el sombrero seleccionador decidió convertirme en un Slytherin mi vida en Hogwarts no sería tan maravillosa como esperaba. Después de la cena de inicio de año, nos retiramos a la sala común, yo al lado del prefecto y aun con las miradas molestas de todos los de mi casa, debo admitir que la imagen del camino a la sala de Slytherin es bastante tenebroso, bajando por las mazmorras, el aire se vuelve frio y húmedo, sería fácil coger un resfriado en ese húmedo lugar, según supe después el lago queda encima de las instalaciones de los Slytherin.

-Sangre Limpia

Dijo el chico cuando llegamos a una pared de piedra y de la nada una puerta se abrió, iba a pasar pero me detuvo, todos entraron y él se quedó afuera a solas conmigo.

-Si por mi fuera te lanzaba al fondo del lago ahora mismo MudBlood, pero he prometido a la directora que te mantendré a salvo.

Fue la primera vez que me llamaron MudBlood, y fue cuando entendí lo que sucedía, la clave de Slytherin, mi apodo, todos eras hijos de magos y bastante racistas

-Hay una habitación hasta el fondo de todo, al parecer la han arreglado para ti con varios hechizos, te recomiendo solo salir para lo exclusivamente necesario.

Terminando de decir esto entramos en la sala, la verdad es que la sala de Slytherin no es acogedora, de hecho lúgubre es una palabra que mejor la define, pero tiene un toque elegante, después de todo la mayoría de los chicos provienen de acaudaladas familias, me vieron pasar y después llegué a mi habitación, en lo más profundo, apartada de todos, una puerta de madera roída era lo único que me separaba en apariencia.

-hasta aquí te puedo seguir, cruzas, bajas la escalera y llegaste a tu dulce hogar

Indico el prefecto con un gran sarcasmo al final

-no salgas hasta mañana, me iré a dormir y no quiero despertar descubriendo que te han convertido en cucaracha o te han cortado en pedacitos, o sabe Dios qué tan creativos puedan ser.

Lo último lo dijo con una sonrisa en sus labios, al parecer la idea de mi desaparición le parecía buena idea. Atravesé la puerta, era asombroso, ellos no sabían que iba a quedar en Slytherin hace un par de horas y ya todo estaba listo para mi protección, fue cuando entendí porque varios profesores se habían levantado durante la cena y ausentado largo tiempo, habían estado preparando todo para mí, no pude evitar sentirme algo especial. Bajo las escaleras había una habitación pequeña, con una cama cómoda, un baúl con mis cosas, un librero y un pequeño escritorio para hacer mis deberes, incluso tenía una pequeña chimenea en una de las esquinas, me gustó mi nuevo hogar, sobre mi cama había una carta y un libro.

Alexander Zeth:

La vida nos trae muchas pruebas, algunas que no entendemos de momento, en todos los años de Hogwarts no ha habido un solo hijo de muggles que quedará en Slytherin, eso te hace una persona bastante especial, a lo mejor estas ahí para enseñarles que las diferencias no nos hacen mejores o peores, sino simplemente especiales.

Sé que será duro y aun que los profesores hemos trabajado y trabajaremos para que estés seguro, debes ser cuidadoso, como ya habrás notado no todos están felices de tu llegada y algunos son peligrosos, pero te apuesto lo que desees a que lo que vivas de ahora en adelante te marcará y marcará a los que te rodeen para bien.

Lucha y triunfaras.

Muy cordialmente
Minerva McGonagall
Directora

Pese a que la carta no era muy alentadora me sirvió de consuelo, a parte mencionaba algunas indicaciones, como que el prefecto me acompañaría a clases al menos la primera semana, y que nadie podía entrar a mi habitación, además había un libro con la historia de Slytherin y de su fundador Salazar Slytherin, esa noche no dormí mucho, leí casi toda la noche hasta que me quedé dormido con el libro en mis manos.

-¿Ya estás listo?

A la mañana siguiente el prefecto me esperaba puntual, y se sorprendió de que saliera antes de que tocara la puerta, arreglado con mi túnica negra de botones plateados, la verdad para como acostumbraba vestir me sentía muy elegante. Caminamos por los pasadizos de las mazmorras hasta llegar de nuevo al hall de la entrada, una vez ahí me indició el camino a mi primera clase, al entrar al salón todos me miraron fijamente, estar en Hogwarts iba a ser complicado después de todo pasaba casi todo el tiempo con los de mi casa. Las clases resultaron divertidas, aprendí rápido y en palabras de la profesora Vercelli, yo tenía un don para las transformaciones, siendo el único de clase que pudo convertir una cerilla en aguja, y en la clase de Herbología no hubo mayor incidente, terminado eso me dirigí al gran comedor para la merienda, tarde en llegar, puesto que no es muy fácil moverse en Hogwarts con todo cambiando de lugar todo el tiempo, las escaleras, las puertas, los muros e incluso algunas habitaciones, y lo peor es que no podía pedir informes a nadie, los de otras casas no me hablaban por ser un Slytherin y los de mi casa, bastaba con su cara de odio para saber que no me dirían ni hola. Al llegar al comedor toda mi casa ya se encontraba ahí comiendo tranquilamente, claro que voltearon a verme con muecas de desagrado, un lugar lo más apartado de todos estaba destinado para mí, el hambre se me fue por completo por lo que solo tomé un manzana y salí a caminar.

-día difícil

Dijo una chica que extrañamente se acercó a mí mientras miraba a través de los enormes ventanales de un corredor, yo solo asentí en silencio sin siquiera voltear a verla.

-soy Rose Wesley, mi madre te ayudo a cruzar en la estación de trenes

Volteé a verla, la verdad estaba cansado, aunque las clases habían estado bien, el desprecio de todos en el comedor me había apagado mi ánimo. La chica de cabello rojizo se acercó más.

-Si te recuerdo, yo soy…

No me dejó terminar

-Alex, eres famoso, por ser el primer…

Ella se detuvo un momento, sonreí, desde la mañana había oído lo que ella no quiso decir, de hecho lo había oído tanto que no me importaba que me llamaran así.

-el MudBlood de Slytherin

Dije agregando algo de sarcasmo a la frase, ella hiso una mueca de desagrado.

-Odio esa palabra, a mi madre le decían así, ella también es hija de muggles

Sonreí al ver su desprecio por cómo me llamaban, la verdad no me importaba el nombre, eso no me hacía ni mejor, ni peor que ellos, de hecho hasta el momento tenía más habilidad por la magia que muchos de ellos, Rose empezó a hablar maravillas de su madre, cuando vimos el tiempo se había ido volando, ella se despidió y salió corriendo, la siguiente clase empezaría en breve, yo debía irme también a mi clase de Defensa contra las artes oscuras, con la profesora Badb Catha, una mujer que con su simple apariencia imponía respeto, a pesar de ser muy bella la profesora lucía intimidante con su túnica escarlata larga ceñida a con un cinturón negro, su rostro no mostraba signos de edad, al contrario lucía tan joven como si apenas tuviera 25 años, pero su experiencia y curriculum te hacía creer que tenía al menos unos cientos de años, dicen que su secreto era una pócima rejuvenecedora que constantemente tomaba en clase y guardaba celosamente en su cinturón.

-oye Mudblood

Iba corriendo por los pasillos rumbo a la clase siguiente después de la hora del té, cuando un chico de rasgos afilados, cabellos dorados y piel tan blanca como una hoja de papel grito con obvia referencia a mi persona. Mi primer deseo fue ignorarlo, si bien no importaba como me llamaran, tampoco iba a responder si no me hablaban por mi nombre.

-Te estoy hablando Mudblood

Dijo el chico una vez más cuando vio que no detuve mi paso, todos los que pasaban se le quedaron viendo a su pesada y arrogante forma de ser.

-¿Qué no sabes quién soy?

El chico había caminado rápidamente hasta mí y me había forzado a dar la vuelta, le mire fijamente, sus ojos grises eran intimidantes pero yo no era fácil de atemorizar, tal vez porque sabía que mientras estará en Hogwarts estaría seguro, aunque no supiera bien porque tenía ese sentimiento.

-Y ¿tú sabes quién soy yo?

Le contesté con un tono tan arrogante como el que él había usado, por un segundo creí ver una sonrisa de su parte ante mi actitud, pero si fue así tan solo duró unas fracciones de segundo, me miró fijamente y contestó.

-Eres Alexander el Mudblood de Slytherin

Le sonreí con un gesto de superioridad.

-Veo que al menos sabes mi nombre, con permiso

No sé, de donde había sacado tanta seguridad pero ese chico que era obviamente de mi propia casa, no me intimidaba, al contrario se me hacía algo ridículo con toda esa faramalla de ser de una importante familia de magos. Al terminar las clases el prefecto me esperaba para llevarme de vuelta a la sala común de Slytherin, fuimos en silencio, a él obviamente le molestaba eso y a mí también, no era un niño pequeño y aun que mi lectura del libro que la directora me había dado me abrió el entendimiento de porqué lo hacían, lo que menos quiere un niño es que lo estén cuidando todo el tiempo.

-Gracias Drake, mañana te parece si yo voy solo y regreso solo

Le dije cuando la puerta se abría, el prefecto me miró fijamente, el chico tendría 16 años y no estaba de humor para hacerle de niñero por lo que le pareció buena idea.

-Está bien, pero no me hago responsable de lo que te pase niño

Asentí y entramos en la habitación, todos me miraron en cuanto entré y se quedaron callados hasta que desaparecí en el corredor que daba a mi habitación, no podía estar con ellos sin que se sintieran incomodos y por lo mismo me hicieran sentir incomodo, por lo que pasé toda la noche en mi cuarto, leyendo y escribiendo acompañado de Black, mi gato, un hermoso gato negro que mis padres habían comprado para mí. Yo, mis libros y mi gato era toda la compañía que necesitaba y toda la que tendría.

-necesito dos voluntarios

A mediados de las clases del primer trimestre y con la promesa del retorno a casa para las fiestas deslumbraba en el horizonte, la profesora Badb luchaba porque cada vez que había una presentación no fuera yo el conejillo de indias de todos los hechizos, pero a pesar del intento de mis compañeros porque algo malo me sucediera esto me había hecho versátil con la barita.

-bueno a parte de Alex

Dijo resignada la bella mujer, ya que si yo no pasaba nadie más se atrevía a pasar.

-yo profesora

Agregó Scorpius, el chico de ojos grises con el que ya había tenido mis altercados, esperaba tal vez tener su venganza pues la mayoría de las veces terminaba en un juego de palabras y conmigo ignorándolo a lo fragante, cosa que siempre lo molestaba, aunado a eso yo tenía mejores calificaciones que él.

-muy bien Scorpius, es un truco sencillo,

Dijo la dama de roja túnica mientras ambos nos parábamos uno al lado del otro, empezó a entablar una situación hipotética en la cual un mago oscuro nos tomaba por sorpresa y que debíamos hacer para cubrir nuestro rastro, luego nos dio algo de tiempo para pesar una respuesta y lanzar el hechizo.

-Un hechizo de desaparición

Contesté al momento que movía mi barita y formulaba el hechizo en latín, Scorpius solo me miró hasta que desaparecí.

-Excelente

Exclamó la profesora en cuanto me vio desaparecer, Scorpius recuperó la noción y lanzó un hechizo de protección.

-Muy bien, por ambos, dos puntos para Slytherin.

Agregó la profesora, al terminar la clase, todos salieron de prisa, yo siempre me quedaba al final, no había con quien salir y era mejor hacerlo cuando todos ya se habían ido, para evitar sus comentarios o miradas.

-Oye MudBlood

Como todos los Slytherin, Scorpius Malfoy insistía en llamarme por ese apelativo, y como a todos yo lo ignoraba, aunque de ser sinceros para ese momento ya me hacía sentir especial, fuera de incomodarme.

-¡Alex espera!

Gritó al ver que yo no le prestaba atención, me detuve de inmediato y volteé a verlo, era la primera vez que me hablaba por mi nombre.

-Dime Malfoy

Respondí lo más cordial posible, para una vez que me llamaban por mi nombre, no iba a ser descortés sin importar que fuera solo para una pelea más de las incontables en nuestro historial. Una vez intentó lanzarme un hechizo pero terminó en un magnifico rebote que hizo que el pobre oliera mal una semana, o en otra donde tras miles de insultos yo actuaba como si nada pasara y él se quedó sin nada que decir y totalmente enfadado.

-¿Cómo hiciste eso?

Cuestionó el rubio refiriéndose a mi hechizo en la clase, fue cuando caí en cuenta que no era algo que habíamos visto en clase, sino algo que aprendí en mis largas lecturas en mi cuarto o en la biblioteca mientras todos los demás compartían con sus amigos y yo obviamente solo me la pasaba leyendo con Black, que de ser humano ya sabría más de magia que muchos de mis compañeros.

-lo leí en un libro de la biblioteca, si supieras leer aprenderías muchas cosas Malfoy

Dije con un tono realmente provocador, él ignoró por completo mi insulto y continuó cuestionando, hasta que no sacó autor y nombre del libro, la verdad esta conversación pese a sólo ser para obtener un dato, era rara, generalmente solo hablábamos para decirnos insultos mutuamente, pero al final lo que más miedo me causo fue una simple palabra.

-gracias

Creo que es lo más raro que había escuchado en Hogwarts, y entiéndase que aquí hablamos en latín, griego, arameo, gales, danés, y miles de otras lenguas y sobre temas como que las paredes chorean ectoplasma, que Peeves ha escondido el elixir de lágrimas de fénix de nuevo, o que alguien se convirtió en ratón por accidente. Esa palabra no la había escuchado en todo el tiempo que llevaba dirigidas de un Slytherin hacía mí.

-No puedo creerlo, ¿es en serio?

Rose tampoco lo creyó en cuanto se lo conté al día siguiente durante la hora del almuerzo, ambos comíamos ligero, yo por la incomodidad de estar en la mesa de Slytherin y ella porque generalmente comía bastante en el desayuno o en la cena.

-Si, Scorpius Malfoy me dijo gracias

Durante nuestras largas platicas nos habíamos hecho buenos amigos, pese a ser de casas diferentes ella me hablaba como si fuera cualquier otro e incluso me había presentado a sus primos, quienes me recibieron cálidamente pero con reservas por ser un Slytherin, sobre todo por parte de James Potter, hijo del famoso Harry Potter.

-Supongo que en el fondo no es tan malo

Agregue a mi comentario, Rose me miro cuestionante, era como si hubiera dicho alguna clase de locura.

-vamos un gracias no cambia todo lo malo que te ha hecho

Tenía razón, el que fuera amable, no quitaba que intentó encantarme al menos 2 veces, que puso poción para dormir en un pastel que dejó en mi puerta y que obviamente no toque y varias travesuras más, además de que según rumores él me había puesto el apodo de MudBlood y castigaba a cualquiera que no me dijera así

-en eso tienes razón

Tuve que admitir, para después ponernos a hablar de cómo le iba en clases, ya que no compartíamos ninguna y aprovechar para ambos darnos algunos consejos, ya que ella era excelente en herbología, astronomía e historia de la magia materias que me costaban mucho trabajo sobre todo por los nombres que continuamente olvidaba y yo le ayudaba en Transformaciones, Encantamientos y Defensa, aparentemente en lo único que ambos éramos excelentes era en Pociones.

-¿Estás ahí?

Esa noche alguien estaba tocando en mi puerta, nadie podía entrar a mi habitación y era raro que alguien de la casa quisiera hablar conmigo, así que sin pensarlo dos veces tomé mi barita y me preparé para alguna trampa, emboscada o lanzar algún contra hechizo, pero al abrir me sorprendí de ver a Scorpius Malfoy del otro lado y totalmente desarmado.

-¿Este es el libro?

El de afilados rasgos me miraba realmente expectante mientras me enseñaba el libro forrado en piel de dragón, lo miré aun con desconfianza, asentí e iba a regresar a mi habitación cuando él me detuvo.

-yo… este…

Le mire extrañado, era mi imaginación o el pedante de Malfoy estaba nervioso.

-Me preguntaba si quieres ayudarme en la sala común con unos encantamientos

La idea no me parecía buena, todos viéndome o tramando algo en mi contra, no era mi mejor opción de pasar el rato.

-Nadie te molestará

Agregó al ver la duda en mi rostro, no era de mi agrado, pero seguramente Malfoy batalló mucho con su orgullo y todo para ir hasta mi habitación y pedirme que lo ayudara, el chico tenía problemas en la clase de encantamientos, como ya había comprobado tras varios ataques que le habían salido mal, no era hábil con la barita, de hecho era bastante lento, al parecer le faltaba coordinación.

-ok

Fue mi respuesta y de nueva cuenta vi por un microsegundo una sonrisa en su rostro, o igual fue mi imaginación, a partir de esa noche me quedaba a ayudarle con sus estudios y él a cambio convenció a los demás de que "no era tan malo tenerme en Slytherin ya que había hecho ganar varios puntos a la casa". Entonces ayudaba a Malfoy en las noches un rato y después me iba a leer a mi habitación, poco a poco se acostumbraron a mi presencia en la sala y en ocasiones aun cuando no estuviera con Scorpius me quedaba a leer en los elegantes y cómodos sillones de la sala común.

-toma

Estábamos solos una noche en la sala, nos habíamos quedado practicando un hechizo de transformación, mientras todos se habían ido ya a dormir, el fuego de la chimenea aun calentaba fuerte pese al frio invernal que se sentía por todo el castillo, estábamos a unos días de salir de vacaciones de invierno, yo estaba emocionado por volver a casa. Malfoy me extendió una caja envuelta en un pañuelo violeta.

-¿qué es?

Cuestioné mientras tomaba el objeto, aunque ya no me molestaban como los primeros meses, aún era un rechazado entre ellos y sabía que solo era un momento de discordia para que todo volviera a ser como antes.

-un regalo, gracias a ti mejore mis calificaciones en transformaciones y encantamientos, si salgo mal mi padre me mata.

La situación me resultaba más que extraña Scorpius hablaba de su padre cuando nunca con nadie hablaba de su familia, y yo no era lo que diríamos su mejor amigo, simplemente era una relación de interés, yo le daba clases, él convencía a los demás de que no me mataran.

-Gracias

Esboce, y el continuó narrando, al parecer su padre era un hombre frio y algo duro, habían tenido problemas y su familia había caído en desgracia y su padre trabajó muy duro para recuperar el prestigio, ahora trabajaba en el ministerio y era respetado, su abuelo había muerto recientemente y esto había afectado a su padre, haciéndolo menos expresivo de lo que ya era, la verdad entendí mucho de cómo era Scorpius gracias a esa platica, pero como niño no le di mucha importancia, solamente me interesaba regresarle el gesto del regalo.

-espera aquí

Le dije interrumpiendo su relato, corrí a mi habitación y tomé un libro que mis padres me habían mandado, mi padre se había convertido en un amante de la magia y había entrado con ayuda de los padres de Rose a un club de apoyo a padres muggle.

-no es mucho, pero espero te sea útil

Le dije al darle el libro sobre hechizos de transformación, ya lo había leído un par de veces y tenía algunas notas que no recordaba haber hecho.

-Gracias

Contestó mientras analizaba el contenido, yo por mi parte abrí la caja que contenía un anillo con forma de dragón muy hermoso

-es preciosos

Exclamé al ver el plateado objeto, era delgado, algo fino para un hombre, pero muy tosco para una chica, era un dragón con un par de alas medianas y una larga cola.

-lo compré en el callejón Diagon a inicios de años, creí que te gustaría porque te gustan los dragones

Dijo con una sonrisa, no supe de donde había sacado esa idea, hasta que vi que señalaba mi barita, era negra de ébano, media 30cm y el mango estaba adornada con un dragón semejante al del anillo, con sus brazos pegados a sus alas y sin piernas, solo un cuerpo anillado semejante al de una serpiente que se enroscaba en el mango dando con el relieve en una textura que permitía tomar la barita con fuerza.

-lo dices por mi barita, me la dio el viejo Ollivander, ya venía así, -dije explicándome- aunque si me gustan mucho

Agregue cuando vi cierto dejo de tristeza en su rostro, tomé el objeto de plata en mi mano y noté que era bastante grande, seguramente me quedaría flojo, cuando en mis dedos la criatura tomó vida, saltó a mi mano izquierda planeando con cierta gracia y se enredó en mi dedo mayor quedando perfecto. Sonreí asombrado, aun había cosas de la magia que me impresionaba, y por tercera vez vi que Scorpius sonrió por una milésima de segundo.

-Cuéntamelo todo

Las dos semanas que estuve en casa mi padre se la paso cuestionándome de todo de Hogwarts, mi madre solo se preocupó por cosas básicas como si dormía bien, comía bien, me trataban bien, etc. pero mi padre me cuestionaba sobre las clases, los encantamientos, las criaturas, y miles de cosas que debo admitir que incluso yo no conocía. Fueran felices fiestas invernales las que pase con mi familia, pero en las noches antes de ir a dormir extrañaba el discutir con Scorpius sobre como sujetar la barita adecuadamente o de cómo pronunciar los hechizos, supongo que nos estábamos convirtiendo en amigos.

-No puede ser

Dije con todo el temor del mundo, en verdad esperaba que ese evento no llegara nunca, aunque sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarlo, el vuelo. Mi escoba llegó una mañana a Hogwarts envuelta en papel de estraza estaba la Nimbus 5000 la escoba más rápida del mercado y una nota de mi padre

"ANIMO, no será tan malo"

Mi padre y yo sabíamos porque sería malo y por qué el hecho de tener la mejor escoba no ayudaba, simplemente hacía que todo fuera mucho peor. Era a la segunda clase en la mañana, aun hacia frio por el invierno pero nada que no se pudiera soportar, Madame Rolanda Hooch era la profesora, y yo me moría de nervios nada más de la idea.

-Cada uno al lado de su escoba, sé que ya muchos sabrán volar, pero nunca es tarde para recordar lo básico

Dijo la mujer, todos corrieron al lado de su escoba, yo mire la mía, lucía hermosa, suspire profundo y me coloqué al lado.

-Extender su mano sobre la escoba y digan arriba

Todos hicieron caso menos yo, solo mire el objeto, hasta que note que todos me miraban

-arriba

Dije sin ganas y con sumo pesar, respire profundo, cerré fuerte mi boca, aun se sentía el fresco de invierno, era mala idea volar con nieve por todos lados, además el aire helado seguramente quemaría nuestros rostros, miles de escusas se formaron en mi cabeza, pero no importaba su lógica o cuantas fueran, no iban a impedir que esa tarde voláramos a cientos de metros del suelo, la profesora nos enseñó a montar adecuadamente, nadie tuvo problemas, salvo una corrección menor.

-Ahora, cuando haga sonar mi silbato, darán una fuerte patada —dijo la señora Hooch—. Mantengan las escobas firmes, elévense un metro o dos y luego bajen inclinándose suavemente. Preparados... tres... dos...

El sonido del silbato dio la señal, di la ligera patada y la escoba se elevó algunos centímetros alejándome del suelo, mientras los demás empezaron a volar a algunos metros de distancia.

-Vamos Alexander, más arriba

Dijo la mujer y yo negué con la cabeza, me moría de miedo pese a solo estar a centímetros del suelo, si subía más sabía que perdería el control, la mujer me vio, creyendo que la desafiaba, Slytherin se caracterizaba por tener excelentes voladores entre sus filas y si era obvio que muchos de mis compañeros habían aprendido a volar incluso antes que a caminar.

-no puedo

Susurré cuando volvió a insistir, ella me miró fijamente y como si lo que hiciera falta fuera confianza dijo.

-Claro que sí, animo

Y golpeó mi escoba la cual se elevó unos cinco metros en el cielo, al ver la distancia me aterre, me agarré con todas mis fuerzas a la escoba y puse la peor expresión de miedo que se ha visto en la historia, la profesora me miro al igual que todos, entonces empezaron las burlas y todos volaban a mi alrededor diciendo cosas como:

-que pasa MudBlood tienes miedo, te dan miedo las alturas

Cientos de frases despectivas y burlas se escucharon en el cielo, mientras yo solo deseaba bajar, incluso Scorpius empezó a hacer mella de mi cara de miedo, no tarde mucho en bajar de mi escoba y tocar el suelo firme saliendo de ahí a toda la velocidad que dieron mis pies. Era acrofóbico, siempre lo había sido, desde bebé, cuando me cargaban por encima de una cabeza me moría de miedo y de grande eso solo empeoró, no me podía subir ni aun banco o silla, sin marearme, en las escaleras generalmente subía y bajaba rápido mientras trataba de distraerme, pero cuando estas arriba de un simple palo de escoba, el temor de caer es imposible de controlar, escribí una nota a mi padre y este una nota a la directora, quedé exento de más clases de vuelo, pero las burlas volvieron y ahora en cima tuve que aprender a defenderme de los hechizos de levitación que intentaban a cada rato desprenderme del suelo, nuevamente mi vida en Hogwarts volvió a ser terrible.

-¿crees que sea buena idea rendirme?

Le cuestioné a Black a finales del segundo trimestre, la semana de pascua era un buen momento para dimitir de Hogwarts y regresar a mi vida muggle, pero tanto yo como la hermosa mirada verde de Black sabíamos que ya no podía dar marcha atrás, en casi 7 meses había aprendido a usar tanto la magia que la idea de hacer algunas cosas sin ella me resultaba bastante aberrante, además era un excelente estudiante, tenía casi aseguradas al menos 3 Extraordinarios para mis calificaciones finales, pero las bromas de los de la casa me habían recluido de nueva cuenta a mi dormitorio, la biblioteca y los salones de clase, incluso Scorpius había vuelto a ser el insoportable de un inicio y claro con eso había terminado nuestras clases en la sala común de Slytherin.

-¿Tú qué opinas Rose?

Cuestioné a mi amiga de Gryffindor al día siguiente durante el almuerzo, la idea daba vueltas en mi cabeza después de casi 3 meses de burlas por mi temor a las alturas y luego Hogwarts no ayudaba con sus cientos de lugares altos, puentes, torres, escaleras… si en definitiva no era el mejor lugar para un chico que odia y le teme a las alturas.

-Estás loco, eres un excelente estudiante, y si te vas quien me ayudará con mis problemas en Defensa o en Encantamientos, si mi padre ve que saco una nota menor a la de Malfoy en cualquiera me mata.

La preocupación de Rose en sus calificaciones me resulto realmente refrescante, era bueno ver que no era el único que se ahogaba en un vaso de agua. Antes de continuar Rose volteó a ambos lados del corredor para asegurarse de que nadie escuchara y dijo con voz casi inaudible.

-Mira, tengo una idea, no sé si funcione, pero mi madre aprendió aparición y tenemos varios libros al respecto, le pediré a mi hermano que me los envíe, pero la aparición es peligrosa

Sonreí, en la cena me pasó un libro sobre el tema sin que nadie nos viera y toda esa noche me dedique a leer, en verdad era algo peligroso, uno podía perder partes de su cuerpo o incluso la vida si no lo hace correctamente, pero por alguna extraña razón eso me pareció menos grave que tener que volver a volar, por lo que todo lo que quedaba del año escolar me dedique a aprender al respecto, sin intentarlo nunca, primero debía manejar bien la teoría, a menos que quisiera tener un rasgo más para darme a notar como la ausencia de un brazo o una pierna.

-¿Estás seguro?

A Rose ya no le parecía tan buena su idea cuando le pedí que me ayudara un mes después, iba a ser una aparición sencilla solo unos metros, pero si iba a hacerla era mejor que estuviera alguien por si algo salía mal.

-Sí, tenemos todo, pócimas, pomadas y los hechizos por si llego a escindirme, tú me curas

Eso no pareció darnos ninguna seguridad, después de todo si me cortaba la cabeza, no había cura para eso, o si me partía a la mitad o dejaba algún órgano importante en el camino, bueno eran muchas las posibilidades mortales, pero si aprendía a aparecerme, me evitaría largas caminatas en el pasillos o con la simple muestra callaría a más de uno que se burlara de que no podía volar, así que respirando fuerte y llenándonos de valor Rose y yo nos preparamos para el ejercicio.

-Listo

Afirme, ella asintió en silencio con las pociones listas en caso de desastre, la idea era desaparecer y aparecer a unos tres metros de distancia, nada complicado, respire profundo, me puse en posición, mire fijamente a Rose y cerré los ojos y me repetí lo que había estado leyendo.

-Destino, determinación y deliberación

Pensé en el lugar a tres metros de mí, enfoque mi determinación en el espacio, y entonces me moví en mi mente a través de la nada y al dar el paso decisivo, solo caí sobre mi espalda, no lo había logrado. Rose corrió a ayudarme.

-¿Estás bien?

Me preguntó, ese día por más que lo intenté no pude más que caer y tambalearme, sin lograr desparecer y aparecer, fue tanta mi dedicación a este hecho, que perdí de vista las otras materias y solo alcancé calificaciones de Aceptable y dos Supera las Expectativas, que debo decir, fue mucho porque en algunas materias creí que quedaría en un Desastroso. Mi año en Hogwarts terminaba, estaba contento con mi nueva vida, pero estaba decidido a en el siguiente demostrarle a los Sangre pura, que este MudBlood podía ser mejor que cualquiera de ellos.


Espero le haya gustado, espero sus comentarios después de todo me animan a continuar y ayudan a mejorar.

Gracias

Atte. Rail-Tezca