Mis pequeños demonios
Capítulo 2: Una noche de locos.
Carlisle llegó dos horas después.
Mientras, en este periodo relativamente corto de tiempo, Esme habia estado consolando a Rosalie que intentaba llorar a moco tendido sin mucho éxito tirada en el suelo del salón. Emmett se habia hecho con una sartén de la cocina y Jasper con un colador (los dos nuevos, por supuesto, para los Cullen eran tan solo un objecto de decoración) y se perseguian tirándose tomates.
-¡¡Toma tomatazo!! –gritó Jasper cuando Emmett se despistó con la televisión que continuava encendida, y le atizó un tomate en todo el pelo. Jasper se puso a reir como un poseso mientras el pelo corto y moreno de Emmett chorreaba tomate líquido por sus rizos.
En cuanto a Emmett, se miró a su hermano con cara de pocos amigos y empezó un berrinche impresionante. Emmett tiró la sartén y empezó a perseguir a Jasper hasta que este, sin querer, si dio en la frente con el borde afilado de una mesa…
Alice se puso nerviosa y se metió entre los dos. Jasper estaba… llorando y Emmett sangraba. La joven Alice no sabia que hacer, eso no les podia pasar a ellos. Pero claro, tampoco podian cambiar y allí estaban, con una estatura ridícula y faciones de niños.
-No llores Jasper cariño –dijo Alice abrazándolo y besándole la frente.
-Es que me he hecho pupa –dijo entre sollozos.
-Venga Rose –decia Esme- levántate. No puedes pasarte todo el dia en el suelo.
-Si que puedo –gritó Rosalie con una voz infantil pero llena de seducción- puedo y lo haré.
Esme se dio por vencida y se levantó del suelo. Fue hacia la ventana y vió como su marido llegaba conduciendo su elegante coche negro. Corrió a su encuentro escaleras abajo.
-¿Qué pasa Esme? –dijo este llegando al umbral de la puerta de la entrada muy rápido.-Me has asustado. Lo siento, no he podido llegar antes, no te imaginas que lio tan grande habia en el hospital. ¡Siete heridos graves y doce leves! Menos mal que el doctor Mas me ha podido reemplazar, pero no estoy tranquilo. ¿Está bien Reneesme?
Esme examinó a su siempre hermoso marido. No sabía como decirselo. Tenía miedo de volver a entrar en el salón y que todo hubiera sido una broma de mal gusto. Entonces Carlisle se enfadaria mucho por tener que dejar su trabajo por una tonteria y a Esme no le gustaba que su marido se enfadara con ella, estaba muy acostumbrada al Carlisle dulce y cariñoso.
-¿Oigo sollozos? –preguntó Carlisle- ¿Ha traido Reneesme alguna amiga humana a dormir? ¿Se ha caído de la litera? ¿Por qué no se la ha llevado a la cabaña?
-No, Reneesme todavia no ha llegado y Bella tampoco –contestó Esme mirando el reloj de pared.
Carlisle la miró con la preocupación estampada en el rostro.
-¿Entonces? –preguntó confuso el doctor. De repente comenzó a reir- Parece Jasper. ¿Qué ha ocurrido? ¿Por fín se ha lanzado encima de la yugular del cartero?
Esme sonrió. Jasper era el más renciente de la familia y le constaba mucho controlarse, pero todavia no habia mordido al cartero como Emmett sugeria algunas veces para provocarlo.
-Bueno Esme –dijo Carlisle dejando su maletín y su chaqueta en el perchero- he tenido una noche terrible, y creo que no voy a poder estar aquí por mucho tiempo. Antes de que salga el sol me gustaria volver al hospital. Creo que mañana estará nublado, así que podré pasar allí parte de la mañana.
Carlisle comenzó a subir las escaleras. Esme se quedó allí plantada, convencida de que su marido se pensaba que estaba atravesando algún estado de shock vampírico-femenino.
Sin darse cuenta de lo que hacía, Esme siguió a su marido. Pero ya era muy tarde, él ya había abierto la puerta del salón. Él miró la escena con los ojos abiertos y muy quieto.
-¿Carlisle? –preguntó Esme.
-Está bien –dijo este. Sacó su teléfono del bolsillo interior de la americana y se lo pasó a Esme. –Cariño, hazme el favor de llamar al hospital y decir que estoy enfermo. Ya sabes, gripe, salmonela, fiebre muy alta, vomitos… lo que quieras.
Esme cogió el teléfono y desapareció de la sala. Carlisle se quedó allí plantado, como diran en términos modernos, alucinando. Rosalie se levantó del suelo y corrió a abrazarse a sus rodillas.
-¿Rose? –dijo él abrazándola. La niña era realmente hermosa, una preciosidad. –No te preocupes cielo.
Llegó Esme a su lado con cara de circumstancias.
-¿Por qué llora Jasper, Carlisle? –le preguntó Esme. Carlisle la miró todavia con la preciosa Rose entre sus brazos.
-Se debe haber hecho daño –respondió Carlisle intentando ocultar la nota de histeria de su voz.
-No me refiero a eso –dijo su mujer- me refiero a que… el no deberia poder llorar. Es un vampiro. Nosotros no lloramos.
-Tengo hambre –dijo Emmett.
-Ni tenemos hambre –observó Carlisle ahora emocionado. ¿Qué debia ser eso? ¿Cómo podian haberse vuelto… humanos? – ¿Todos teneis hambre? ¿Todos respirais? ¿Sentís olores? ¿Necesitais ir al baño? ¿Teneis frío? ¿Calor, tal vez?
-Yo no -dijo Alice asustada.- yo sigo sintiendo sed y, si quieres un consejo, yo no hubiera dejado las llaves del coche en el contacto, hazme caso –aconsejó Alice. Si la situación hubiera sido peor, Carlisle hubiera obedecido la advertencia de Alice, pero en esos momentos tenia cosas mejores en las que pensar.
Rosalie, entre intentos de sollozos, respondió que ella seguia siendo vampiro, como siempre muy a su pesar.
-Pero yo tengo hambre –dijo Emmett testarudo- Yo y Jasper queremos patatas fritas.
-¿A que es debido Carlisle? –preguntó Esme confiando en la sabiduria sin límites de su marido- ¿Los chicos sí, y las chicas no?
-No es eso –dijo Carlisle y se acercó a la botella de Aro y la olió- Creo estar cien por cien seguro que esto no es champan, pero tampoco puedo decir qué es con exactitud. Y más que a una cuestión de género, me parece más una cuestión de la cantidad de brebaje ingerido.
-Es decir –dijo Esme recapitulando- Como Jasper y Emmett fueron los que más bebieron són los que más han retrocedido. Son los más pequeños y humanos.
-Si –dijo Carlisle- apuesto a que dos copas cada uno. En cambio… -miró de solsayo a Alice.
-Yo solo me bebí media y la otra media se la bebió Rose –aclaró ella con una nota de esperanza en los ojos.
-Por supuesto, como ellas bebieron mucho menos siguen siendo vampiras, consevan sus dones solo que son… bueno… más pequeñas. ¿Y Edward? –preguntó Carlisle- el debió beberse una copa entera… ¿Y Edward?
Todos miraron a su alrededor. No habia señales de él por ninguna parte. De repente todos oyeron claramente el sonido de un motor encendiéndose. El rugido de ese motor era inconfundible: el coche de Carlisle. Ahora entendia la advertencia de Alice, ella debia haberlo visto.
Esme miró a Carlisle muy asustada. Los dos, gracias a su increible rapidez fueron detrás del coche que se escapaba sendero hacia arriba.
-¡¡EDWARD!! –gritaba Esme extremadamente preocupada.- ¡¡EDWARD VUELVE!!
El coche alcanzaba una gran velocidad y Carlisle ya lo habia alcanzado. Con dificultad abrió la puerta del copiloto y entró en el coche.
-¡Edward frena! –gritó Carlisle cerrando la puerta. Edward le miró con el miedo escrito en la cara.
-Tengo que encontrar a Bella y a mi hija –dijo Edward muy convencido con una gran determinación.
Carlisle intentó razonar con él.
-Hijo mio, no puedes conducir con este tamaño, nos meterias en un lio con las autoridades. No creo que Charlie hiciera la vista gorda, primero de todo porque no te reconoceria… ¿Y quién le voy a decir que eres? Ahora –dijo con voz muy calmada- frena, por favor.
-Me gustaria –respondió este sincero- pero no llego al pedal del freno.
Ambos se quedaron mirándose durante un segundo con el horror en el rostro. Carlisle tiró del asiento del conductor hacia atrás, dejándolo totalmente inclinado. Edward se inclinó sobre el asiento y Carlisle cogió el volante, a tiempo para esquivar un árbol. El médico apretó el embrage fuertemente y redujo a cuarta.
-¿Se puede saber que haces conduciendo en quinta si ni siquiera llegas al embrague? –preguntó Carlisle poniendo la segunda y pisando muy fuertemente el freno, a tiempo antes de llegar al desvio que entraba en la autopista.
Esme llegó volando detrás del coche y se abrazó a Edward muy emocionada.
-Lo siento –dijo apretado en el abrazo de Esme- pero es que estoy preocupado por Bella y Reneesme.
-No temas, estaran bien –le consoló Carlisle.- Ahora volvamos a casa con tus hermanos y veamos que podemos hacer para que volvais a la normalidad.
Y cuando llegaban por el sendero los tres vampiros se miraron horrorizados.
-¿Oleis a…
-…Fuego?
Y corrieron como posesos hasta la cocina de su lujosa casa. Carlisle se quitó la chaqueta y con ella apagó el fuego que se habia provocado sobre los fogones de su cara e inutil cocina, mientras Esme sacaba a Emmett y Jasper de allí.
-Le dije que no lo hiciera –dijo Rose enfadada.
-Es que tengo hambre y ellos se han ido –se excusó Jasper.
-Era peligroso encender el fuego –se quejó Alice.
-Pero las patatas fritas valian la pena –contestó Emmett muy terco.
-¿Estabais haciendo patatas fritas? –preguntó Edward muy confuso.- ¿Qué me he perdido?
Carlisle tiró su chaqueta, ahora inservible puesto que estaba totalmente quemada, a un rincón.
-Tus hermanos Jasper y Emmett son humanos, mientras que Alice y Rose son vampiras –contestó Esme cuidando a su marido que hoy se habia comportado como un héroe.
-Pues a mi me apetecen ambas cosas –dijo Edward- me comeria las patatas, pero no le haria ascos a la sangre de un conejito.
-¿Vas a matar a un conejito? –dijo Jasper horrorizado alejándose de su hermano.
-Nadie va a matar a nadie –dijo Carlisle con autoridad en la voz.- Vamos a mirar qué podemos hacer. Encontraré una solución, os lo prometo.
-Pues tienes apenas un minuto, porque allí llega Bella. –anunció Esme- a ver quién le explica que su marido es un semi-vampiro de doce años.
Carlisle echó una rápida mirada por la ventana. Bella llegaba con una Reneesme bastante sofocada.
Continuará…
