Los personajes pertenecen a la inigualable Stephenie Meyer. Mia solo es la historia.

Capítulo 2 Regresando a la verdad

Un año había pasado, realmente el tiempo se había pasado volando, había aprovechado cada día y cada minuto aprovechando lo que podía aprender.

Había sido duro estar lejos y no saber nada de él, evitando que mi padre lo mencionara cada vez que hablaba con él, al principio intentaba decirme algo pero cada vez que lo mencionaba le colgaba el teléfono así que con el tiempo dejó de intentarlo, poco a poco el dolor despareció dejándome seca por dentro.

Fue difícil el ver como la gente intentaba integrarme en sus vidas pero no quería crear nuevos lazos, preferí no hacer amigos y centrarme en los estudios así que mis compañeros solo se acercaban si era necesario, cree un muro a mi alrededor donde nadie podía entrar.

Al llegar a la estación recordé aquel día, el día en que prometí que nadie me iba a dañar de nuevo, donde lo último que vi fueron dos tristes miradas despidiéndose de mi y ahora solo había una mirada, solo que ahora tenía una gran sonrisa aunque sus ojos no tenían el brillo que recordaba.

En cuanto el camión se detuvo bajé corriendo y me aventé a los brazos de mi padre. Respiré su aroma, cuanto lo había extrañado.

-Hola pa.-

-Mi niña hermosa, te extrañé tanto.-

-Yo también pa, yo también.-

Recogimos mis maletas y nos dirigimos hacia la patrulla de Charlie, mi pa era el jefe de policía de Forks, era mi héroe.

-Y cuéntame ¿Cómo te fue?-

-Bien, fue una buena experiencia.-

-Que bueno pequeña.-

Noté que el camino no era el de la casa.

-Pa ¿A dónde vamos?-

Me miró por el rabillo del ojo y suspiró.

-Hay algo que tengo que decirte, vamos al hospital.-

-¿Al hospital? ¿Qué pasó?-

-Si pequeña, al hospital. Necesito explicarte, necesito que me escuches, es sobre Jake.-

-No papá, no me importa, no me hagas esto, por favor pa, entiende no quiero.-

Detuvo la patrulla al lado del camino, me tomó las manos que había colocado en mis oídos, no quería saber nada de aquel, aquel poco hombre que me había dejado. Comencé a luchar con él, no quería.

-Nena, necesitas saberlo, el no quería que tu lo supieras y me dijo que no te dijera nada, pero yo no le hice caso e intenté decírtelo pero tu nunca me dejaste, Jake está muriendo.-

El shock que me causaron sus palabras hicieron que me quedara quieta, así que el lo aprovechó y comenzó a hablar.

-La mañana de aquel día el fue a ver al doctor, debía recoger los análisis que necesitaba para el viaje, ya sabes que el siempre deja las cosas para el final y bueno ese día en el hospital le informaron que estaba enfermo, que tenía cáncer y que solo le quedaba un año de vida, le explicar que debía tomar quimioterapia y bueno que no era buena idea que viajara.-

-No me lo dijo.-

-No pequeña, el no te lo dijo porque quería que fueras a ese viaje, era importante.-

-El lo era mas.-

-Además de que no quería que tuvieras que vivir su enfermedad, él te conoce y sabía que te ibas a quedar, que ibas a estar con él y ver como a poco se le acababa la vida. Ese día el estaba en el coche de Billy, el si llegó a la estación de autobús, por un momento el pensó en decírtelo pero de camino ahí pensó en todo lo que había vivido con la enfermedad de Billy y le pidió a su padre que te dijera que no iba a ir, casi lo mato cuando lo vi parado al lado del coche, casi me abalanzo contra él si Billy no me hubiera dicho que él estaba muriendo. El te vio cuando subiste al autobús, el vio como te rompiste.-

No supe que decir, mi niño estaba muriendo, me costó un año dejar el dolor y ahora regresaba multiplicado por cien.

La patrulla regresó a su camino mientras yo pensaba en las palabras de mi padre. Las lágrimas que prometí no volver a derramar salían de mis ojos sin poderlas controlar.

Llegamos al hospital y comencé a caminar detrás de mi padre. Caminamos por los largos pasillos hasta llegar a la puerta que separaba mi realidad de mi dolor.

Al entrar lo vi en aquella cama, conectado por cables y tubos a las máquinas de al lado. Parecía dormido, pude ver como ese ya no era mi Jake, su hermoso cabello negro ya no estaba, se veía pálido, el tono rojizo de su piel ya no existía, unas sombras negras debajo de sus ojos y se veía más delgado que nunca.

Me acerqué y tomé su mano con cuidado y la besé, no lo podía creer, mi niño, mi Jake, esto no podía estar pasando.

Lentamente abrió los ojos y me miró.

-No llores, los ángeles no deben llorar.-

-Jake.- No lo soporté y me lancé a sus brazos.

-Shh! Tranquila pequeña, todo está bien.- Me decía palabras de cariño mientras me acariciaba el cabello.

-¿Por qué no me lo dijiste? Hubiera estado a tu lado.-

-Lo se mi princesa, pero no podía ser egoísta y retenerte a mi lado, al lado de un enfermo.-

-Pero yo te amo, este era mi lugar y tu no me dejaste.- Lloraba abrazado a él.

-No pequeña, tu lugar no era aquí, era viviendo nuestro sueño, una vida alejada de todo esto, del hospital, de las preocupaciones de todo.- Me seguía abrazando. -Yo también te amo y se que vas a ser feliz y que vas a amar a alguien sano y que forme una vida contigo.-

-No Jake, yo solo te voy a amar a ti, yo solo quiero estar contigo, no puedo creer que me hayas hecho odiarte, pensé que solo habías jugado conmigo, pensé que no te importaba.-

-Lo sé mi niña, sabía que eso ibas a sentir, pero prefería que me odiaras a que sufrieras todo este tiempo por mi enfermedad.-

-No me dejes, Jake, por favor no me dejes.- No podía soltarlo, estaba aferrada a su cuerpo, se sentía bien estar de nuevo en sus brazos aunque ya no fuera el mismo.

-Mi niña, nunca te dejaré, siempre estaré contigo, dejo mi corazón contigo. Cuídalo mucho.-

Y todo pasó muy rápido, la máquina que marcaba los latidos de su corazón hizo un bip eterno, enfermeras y doctores entraron haciéndome separar de él. Mi padre me sacó del cuarto, esto no podía estar pasando, Jake no.

No me había percatado de Billy, no supe en que momento había llegado así que solo pude arrojarme a sus brazos, quedé hincada frente a su silla de ruedas aferrándome a sus piernas y él acariciaba mi cabello. Las lágrimas seguían y seguían, mi corazón dolía, dolía mucho

Un doctor salió de la habitación, nos miró a Billy y a mi, levanté la cara en cuanto lo vi.

-Lo siento.-

No pude más y salí corriendo, necesitaba salir de ahí. Salí por las puertas del hospital, llovía y en ese momento mi mala suerte apareció, perdí el equilibrio y caí sobre mis rodillas.

-No Jake, no, no me dejes.- Lloraba, temblaba, gritaba. Sentí que alguien me levantaba y lo último que recuerdo fueron un par de ojos esmeralda antes de que la obscuridad se apoderara de mi.

Dulces momentos, sueños increíbles e historias memorables

Besos Kbash