Los mundos de Serena y Darien estaban a punto de unirse. El peligro en que se vio envuelto un grupo de jovencitas fue el detonante para que el corazón blindado de él y las ilusiones renovadas de ella entraran en el mismo cuarto y se mezclaran. Pero antes de verificar si los dos sentimientos pueden vivir juntos, tendrán que superar la última misión de Serena: salvar a la razón de vivir de Darien.

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Esta es una pequeña novela policiaca en la que los personajes estarán envueltos en situaciones tan fuertes que les llevará a replantear sus vidas una y otra vez... Una nueva locura que pasó por mi mente y con lo que quiero incursionar en un género de acción... Espero les guste...

Nota legal: los personajes no me pertenecen, son creados por Naoko Takeuchi para su manga Sailor Moon, pero la historia es completamente original, solo me pertenece la idea.


1. Planeando el reencuentro.

- Comandante Moon, ¿será que podemos descansar un momento? - Un hombre alto, con anchos hombros, cabellos blancos al hombro, ojos azules brillantes y sonrisa de revista entró a la oficina, cargando en su hombro una chaqueta de denim que hacía resaltar la sencilla camiseta blanca y el arnés en que reposaba un revólver completamente negro.

- No me digas que ya tienes hambre... - Un par de ojos azules como el cielo lo miraron de pies a cabeza y sabía perfectamente que tras esa mirada vendría un reclamo - Diamante, ya te he dicho que volví a ser Tsukino y ¿porqué demonios sigues usando esos pantalones cortos para la oficina? - una delicada mano con las uñas pintadas en un rosa pálido señalaba las bermudas del mismo material de la chaqueta.

- Serena, que tú, con estos calores, seas capaz de trabajar toda la tarde con una burka, si fuera necesario, no quiere decir que yo también lo haga - despreocupado, Diamante caminó hasta la silla frente a su superior y se sentó relajadamente.

Serena era una mujer hermosa. Tenía el cabello tan rubio que recordaba los rayos del sol y la piel blanca como el mármol. Su rostro angelical contrastaba con la insignia que la acreditaba como comandante de una división especial de la policía, dedicada a la inteligencia en casos extremos que involucraban menores de edad.

Su estatura era reducida, no sobrepasaba el metro con sesenta centímetros y su cuerpo, debajo de sus clásicos jeans, camisetas sin mangas y chaquetas de cuero, era lleno de curvas delicadamente trazadas.

Si alguien la viera en la calle, bien vestida y con su cabello cepillado, rozando sus caderas, nadie diría que era policía. Pero Serena Tsukino, Moon y Tsukino nuevamente, llevaba, desde los 18 años, practicando una profesión ruda y peligrosa, la misma profesión que había practicado su padre en algún momento y que ninguno de sus dos hermanos varones quiso seguir.

Con 27 años había hecho su carrera militar y estaba a pocos meses de convertirse en General y dejar los allanamientos, las infiltraciones y las operaciones de alto riesgo para dedicarse a dirigir el equipo y revisar papeleos en la tranquilidad de una oficina.

Extrañaría la acción y los rostros de sus oficiales y tenientes cuando la veían inmovilizar a un hombre que casi triplicaba su tamaño, pero extrañaba a su familia y mientras siguiera en operaciones que pusieran en la mira no solo su vida, sino también la de sus padres, hermanos y amigos, tendría que permanecer alejada y en contacto con ellos a través de su teléfono privado e imposible de rastrear.

- Sabes que mi general Kumada te puede volver a joder si te encuentra en mi oficina sentado y hablando conmigo como si yo fuera solo un agente... - La rubia se puso de pie, reacomodó su coleta descuidada y estiró un poco los pies - ¿Pagas el café hoy o tengo que invitarte una vez más?

- Ganas más que yo, sería bueno que siguieras invitándome - Diamante se puso de pie y abrazó a Serena por los hombros.

Era mucho más alto que ella y solo tres años mayor. Se conocían desde que la rubia llegó como secretaria a la oficina dirigida por el General Tsukino. Él y su hermano se enternecieron con la pequeña chiquilla que lograba mantener a cada hombre en una línea muy lejos de su alcance y fue esa actitud, el gran talento para ejecutar estrategias y su excelente puntería, lo que la había llevado a un alto rango antes de llegar él. Pero no se sentía mal por eso, para Diamante Moon era mucho más emocionante seguir siendo un teniente y estar en el centro de la acción que planeando movimientos y salvándole el culo a los oficiales y tenientes que no eran capaces de cuidarse a ellos mismos.

Aún así, había algo que los unía mucho más que el compartir oficina, división y operativos. Algo que ambos lloraban, pero que, después de tres años, habían aceptado como parte de su trabajo. Algo que, incluso, los hacía compartir el mismo apellido, aunque ella no quisiera abusar de esas cosas legales que trae consigo el matrimonio.

Llegaron a la cafetería del centro especializado, abrazados como una pareja enamorada. Los agentes los saludaron con respeto. Otros simplemente sacudieron la cabeza como negación y un castaño de cuerpo atlético, cabellos largos y labios finos, simplemente contuvo la risa mientras se acercaba a él.

- Teniente Moon, creo que no debería tener tanta confianza con su Comandante - Soltó el castaño con una seriedad increíble si pudieran saber que por dentro estaba a punto de estallar a carcajadas.

- General, usted más que nadie sabe que mi Comandante es como mi hermana - Diamante besó la mejilla de Serena mientras ella ponía los ojos en blanco - ¿Iremos a jugar billar esta noche? - el platinado movió una silla para que Serena se sentara y tomó asiento a su lado.

- Yo no puedo, tengo una cena con los padres de Rei - suspiró cansado el castaño - Odio perderme una partida por estar escuchando a mi suegro decir una y mil veces que debo dejar la oficina lo más pronto posible para recibir mi retiro y unírmele a él en el negocio familiar...

- Nick, creo que las túnicas del templo Hikawa te quedarían perfectas - Diamante bromeó en voz baja y Serena tuvo que poner una mano en sus labios para no reír fuertemente - Y tú, irás con nosotros o te quedarás en casa comiendo helados y viendo comedias baratas hasta quedarte dormida en el sofá y me toque llevarte a la cama?

- Diamante, ni lo uno, ni lo otro, tengo una cena con mis hermanos, hoy es el último viernes del mes y sabes que tengo una reunión con ellos para mirar una propuesta que tienen para mí - la rubia resopló cansada - ¿Y a ti qué te importa si llego a casa a comer helado y ver televisión?

- Está bien, iré solo con Yaten, Seiya y Taiki - se puso de pie - ¿café para ambos?

- Solo para Serena, yo me voy ya - Kumada se puso de pie y miró su reloj - iré a dejar todo listo sobre el caso Alpha para el encuentro que tendrás con Mimette el lunes - miró a Serena que simplemente asintió - Esa pobre chica no ha podido acostumbrarse al programa de protección.

- Es obvio, solo tiene quince años y vivió un infierno con su amiga - la rubia respondió como si fuera lo más obvio - Tengo a Jedite siguiéndole los pasos a Melissa, me está reportando cada tres horas sus movimientos - miró a los ojos de su General - Nicholas, vamos a atraparlos antes de que a otro jovencito le suceda lo mismo que a Kaolinette.

- Lo sé, Serena y confío plenamente en que vas a lograrlo - Nicholas Kumada enderezó los hombros, endureció su mirada y neutralizó sus facciones - Que tengan buen fin de semana Comandante, Teniente - miró a Serena y a Diamante fijamente.

- Igualmente, mi General - Respondieron los dos al tiempo, percatándose del cambio de rol de su amigo y superior.

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- ¿Haruka, crees que se enojaría si le llevamos flores? - Un joven de cabellos rubios cobrizos irrumpió en una decorada oficina sin llamar o revisar lo que sucedía dentro - Disculpa, Darien, no sabía que estaban reunidos.

- Sammy, es nuestra hermana, no nuestra novia, no creo que le guste que le llevemos flores - Haruka, otro rubio, con facciones similares a las de su hermano menor, pero unos seis años mayor, se puso de pie y salió de su escritorio rebujando sus cabellos y acomodando la corbata plateada que llevaba sobre la camisa azul oscuro - Aunque si quieres, puedes comprarle un ramo de cualquier cosa linda que veas, si se lo das tu, estoy seguro que se va a alegrar.

- Había olvidado la cena de esta noche - Darien, un moreno de ojos azul zafiro, cabellos revueltos y ligeramente largos, gran estatura y un porte dominante gracias a los fuertes músculos marcados bajo la tela de la camisa blanca que llevaba remangada en el codo y sin corbata se giró hacia los dos hermanos - ¿Creen que su hermana aceptará invertir para expandirnos?

- Si Sammy se lo pide, créeme, lo hará - Haruka caminó hasta su hermano menor, lo empujó para que entrara y cerró la puerta de la oficina con pestillo.

- Eso es lo único que quieres de ella, Haruka - Sammy lo señaló con rabia - No la vemos hace tres años y solo la citaste para que le inyecte capital a esta empresa - el joven empezaba a subir la voz.

-Samm, entiende, queremos expandirnos, abarcar otros mercados y para hacerlo no solo necesitamos la fortuna de Darien, mis ahorros y los tuyos, sino también la inversión de un socio externo, este es un proyecto muy ambicioso - el mayor de los tres hermanos intentaba conciliar con el más joven, el joven de 24 años que veía por los ojos de su hermana - Además necesitamos que los socios sean de confianza y Serena es la más indicada para que se una y lo sabes...

Haruka y Sammy, los dos hijos varones del General Tsukino no habían seguido su carrera militar, decidieron estudiar en una universidad normal y ambos se inclinaron por las finanzas. El mayor había estudiado economía mientras el menor, mercadeo internacional y en ese proceso de estudio, Haruka había conocido al gran Darien Chiba.

Chiba era uno de los apellidos más conocidos de Japón, solo tenía un heredero para dirigir el banco que, desde tres generaciones atrás, habían creado y posicionado como el más importante del país. Pero la visión de los hermanos Tsukino había convencido a ese heredero, de ampliarse y expandir su cobertura en el mercado mundial, empezando por Europa, pero para lograrlo, necesitarían una fuerte inyección de capital, cosa que Darien no podría hacer por sí mismo gracias a un error cometido en el pasado y por el que solo recibió de su padre las acciones del banco pero ni un centavo de la fortuna acumulada por los hombres de la familia, a través de los años.

Los Tsukino sabían eso y conocían a la perfección la rudeza de Mamoru Chiba, el frívolo y despiadado padre de Darien y el responsable de convertir al nuevo dueño del banco en una fiel copia de él. Aún así, estaban empeñados en ayudar a su amigo, no solo a nivel profesional sino a nivel personal.

Haruka y sammy venían de una familia unida y cariñosa. Peligrosa por la carrera de su padre, pero fraternal, cosa que Darien no conocía, aún teniendo un enorme motivo para aplicarlo. Pero debajo de esa coraza de hombre rudo, el heredero del banco ocultaba a un hombre comprometido y preocupado por una sola persona en el mundo: Hotaru.

- Bueno, será mejor que me marche entonces - resopló Sammy poniendo los ojos en blanco - Pasaré a recoger a Hotaru en la escuela, compraré unas bonitas flores para Sere y nos vemos en el restaurante - caminó a la puerta pero antes de abrirla se giró a sus acompañantes - ¿Quieres que lleve a Hotaru a la cena?

- Sí, no quiero que se quede otra vez con mi padre - Darien cambió su semblante. Estaba agotado por la dinámica familiar entre Mamoru y Hotaru Chiba - O si quiere quedarse con tus padres, llévala a tu casa y la recojo después de la cena.

- Deberías dejarla ir a vivir con nosotros, así no tendrías tantos dolores de cabeza - apuntó Haruka serio regresando a su silla.

- Eso no está en discusión y lo saben - el moreno se puso de pie - Hotaru es mi hija y aunque mi papá no soporte que yo haya metido la pata cuando era un adolescente y que no haya sido capaz de engendrar un varón, no me voy a alejar de ella, ustedes saben que la quiero... - suspiró cansado - Si Mamoru no la aguanta, entonces que se marche él de mi casa.

Hotaru Chiba era una jovencita de 14 años. Heredó la magia de todos los Chiba, el espeso cabello negro como la noche y los rasgos faciales de los ángeles. Darien no pudo desconocer que era su hija cuando Beryl, su novia del adolescencia, le había dicho que al momento determinar su relación ella estaba en embarazo y que, tres años después, la niña le estorbaba en su vida, así que él debía hacerse cargo de la pequeña.

Al principio fue una tarea difícil. Tenía solo 18 años cuando descubrió que era padre de una niña de tres. La había concebido cuando solo cumplía los quince, en la época de libertinaje y rebeldía ante el acoso de su padre por convertirlo en una fiel copia suya. Incluso, cuando Hotaru llegó a las vidas de los hombres Chiba, la herencia de Darien fue brutalmente diezmada, solo por el hecho de haber tenido una niña y no un niño.

La fuerte misoginia de Mamoru Chiba le impedía llevar una buena relación con su nieta, y para Hotaru era irrelevante que su abuelo la quisiera, mientras no insistiera a Darien, diariamente y cuando creía que ella dormía, que la metiera a internado o que buscara la forma de deshacerse de esa carga. Siempre escuchaba a su padre responderle que no la iba a dejar, pero le dolía saber que era tan poco deseada en una familia completamente masculina.

Pero a la vida de los Chiba habían llegado los Tsukino. La pequeña los conoció cuando Haruka y su padre estudiaban juntos y tenían que hacer los trabajos de la universidad mientras cuidaban de ella. Incluso, más de una vez Haruka la recogía en la escuela primaria y la llevaba a dar un paseo mientras Darien trabajaba. Pero cuando conoció a Sammy, se había refugiado en él como una salida a todos sus problemas existenciales.

El menor de los Tsukino la trataba como a una muñeca de porcelana. Le sonreía y bromeaba con ella sin el menor asomo de que eso fuera una tarea encargada. Igualmente, Kenji e Ikuko Tsukino cuidaban de ella como un miembro más de la familia y Hotaru los veía como a unos verdaderos abuelos.

Y no era un secreto para Darien el que Sammy estuviera interesado en su hija adolescente más de lo que debería. Incluso el mismo Samuel Tsukino le había expresado sus intenciones, pero le había aclarado que no se atrevería a decirle nada hasta que ella no cumpliera, por lo menos, la mayoría de edad. Mientras, el joven rubio se dedicaba a buscarla en la escuela, ayudarle con sus deberes, acompañarla cuando Darien tenía obligaciones o viajes al exterior y servir de confidente cuando necesitaba desahogar todas sus frustraciones o dolores.

- No lleguen tarde, Haruka - dijo Sammy a modo de despedida - Recuerda que Serena no tiene mucho tiempo para estar con nosotros - Y sin más salió de la oficina y del edificio con la ilusión de reencontrarse con su hermana después de tres años y con la esperanza de no verla vestida de negro, con los ojos hinchados y rojos por llorar y con el espíritu doblegado por una gran pérdida.


Gracias por sus comentarios y por apoyar esta nueva locura... Ya saben que las imágenes de esta historia pueden verlas en mi face: Nix Sophie.

Besos!