En su vuelta con su hermana, venían hablando animadamente acerca de la nueva gente conocida. -Hay tres chicas que son hermosas dentro de las mujeres. Todas rubias, bellas, te van a encantar- Venía diciendo Zelda- ¡Pero no le rompas el corazón a todas! Solo tienes que tener UN amor de verano, no muchos. Además, no quiero quedar mal con las muchachas-

-A decir verdad, no les preste mucha atención. Las quiero conocer un poco más si saldré con alguna de ellas.

-Sip- Exclamo Zelda. Su hermano sonrió porque esa era una característica muy propia de el.- Vamos a ver con cual te quedas. ¡Tengo una idea! Yo te presento a alguna de las chicas, y tú me presentas a Azul, ¿quieres?- Dijo, animada, Zelda.

Rojo no había podido creerlo, quedo enmudecido y endurecido, con los ojos muy abiertos, impactado. -¿Qué dijiste?- Pregunto, de forma neutra.

-Que yo te presento a alguna de mis nuevas amigas, y tú me presentas a Azul- Exclamo Zelda, de forma natural.

Rojo sintió algo de dudas, mejor dicho sintió muchas dudas, algo de incomprensión y confusión. -¿Por qué quieres salir con Azul?- Dijo. Sentía en su ser algo de enfado, un enfado inexplicable e incomprensible.

-Ya sabes, Rojito…Por el mismo motivo por el cual tú quieres salir con estas nuevas chicas. Azul es lindo, mejor dicho, es MUY lindo. Además, piénsalo así: tú sales con una de mis amigas rubias y yo salgo con tu amigo rubio, ¿te gusta? Los dos tiernos ojos celestes con dos rubios- Decía ella, animada y jovial.

Rojo seguía algo molesto, padecía esa molestia injustificable. -Yo nunca dije que quiero salir con una de esas chicas.-

-Rojo, nos conocemos de toda la vida, no hay problema que quieras salir con ellas-

-Ya se, Zelda pero, como te dije antes, primero quiero saber, al menos, el nombre.-

-¡¿Pero desde cuando te importa eso?!-

-Zelda, es por cuestión de lógica. Estas no son chicas con las cuales me beso en una fiesta y nunca más las veré en mi vida. Aquí, en esta ciudad, somos poquísimos y no quiero generar un gran revuelo, realmente te lo digo- Confeso Rojo con toda la sinceridad del mundo.

-Está bien, es cierto. No debo prejuzgarte así.- Dijo Zelda y abrazo a su hermano. El, obviamente, le correspondió el abrazo. Sus discusiones siempre empezaban y terminaban de la misma forma: comenzaban con discusión y finalizaban con un abrazo.- Ahora dime: ¿Qué dices de que Azul y yo fuésemos novios?- Pregunto la chica.

-No sé, Zeldi. Había tantos chicos… ¿Por qué justo te fijas en Azul?- Pregunto el, con toda la sinceridad del mundo.

La pregunta dejo impresionada a su prima, la cual siempre había sido ayudada por su primo en cualquier conquista de algún chico. -Como te dije antes, Azul es muy lindo-

-¡Pero había tantos chicos lindos ahí! ¿Por qué justo el?- Zelda quedo más impactada aun.

-estas defendiendo a Azul desde hoy, ya veo que te vas a comenzar a enamorar de el- Dijo ella, a la pasada.

-¡NO!- Grito el, sin saber porque.

-Bueno, Rojo, tranquilo. Tampoco es para enojarte así, yo solo estaba bromeando. Si no quieres que salga con Azul, tan solo dímelo. Tienes razón tú: había muchos chicos lindos ahí, seguramente saldré con algunos de ellos- Afirmo Zelda, haciendo que su hermano se tranquilice.

-Está bien, Zelda. Tampoco lo conozco tanto a Azul, tendría que conocerlo más-

-¿Quieres que te diga algo, Rojin? Azul parece muy buena persona, a pesar de ser tan tímido y algo inocente, parece buen chico-

-Sí, así es. Parece ser muy buena persona- Repitió el.

-¿Lo invitaras?-

-¿Cómo?-

-¿Si lo invitaras a casa?-

-Sisi, seguramente. Jugaremos al GTA-

-Hazlo- Dijo ella, seriamente.

-tampoco es una obligación, lo invitare si quiero- Dijo Rojo entre risas. Zelda seguía seria.

-Nono, te digo que lo hagas porque seguro se llevaran muy bien-

-Si tú lo dices…- Exclamo Rojo, algo feliz con lo que le había dicho su hermana.

Sonrió y se dio cuenta que había llegado a su hogar temporal. Cada cual se fue para su cuarto y Rojo quedo sentado en su cama, mirando por la ventana.

Ya era el atardecer y el cielo se teñía de un color anaranjado, el calor había descendido y Rojo sintió una reconfortable sensación de paz y pureza en su pecho, en su corazón.

Saco su celular y se fijó dónde estaba el número de Azul. Pensó en llamarlo pero no lo hizo. No quería quedar tan desesperado, además no lo conocía tanto pero, como había dicho su hermana, parecía muy buena persona. Dejo el celular arriba de su cama y se fue a bañar, decidiendo que era mejor no obrar tan precipitadamente con Azul, no quería espantar a ese nuevo chico, a ese nuevo amigo. Termino de bañarse, y cuando volvió al cuarto encontró a su celular en la cama. La tentación fue más fuerte, reconoció su debilidad ante ese momento. Si quería pasar tiempo con Azul, ¿Qué problema había? Decidió que lo mejor era mandarle un mensaje de texto, conciso y al pie le mando:

-"Azul v si quieres mañana nos volvemos a ver o o.o O.o :D"- Le escribió, algo avergonzado. Pensó que Azul no le contestaría pero a los cinco minutos recibió una contestación:

-"Por qué tantas caras? Dale"- Era el mensaje. Rojo sonrió y se fue a cenar con su familia, contento de que mañana iba a poder pasar algo de tiempo con Azul…

Rojo Link se despertó cerca al mediodía, se dirigió al baño y se dio una rápida ducha, fue directo al cuarto de su hermana y la encontró durmiendo todavía. No pudo auto controlarse y fue corriendo hacia donde dormía y se tiro encima de ella, despertándola y haciéndole cosquillas en todo el cuerpo. A ella la había agarrado desprevenida, y al principio se asustó muchísimo y luego comenzó a insultar a su hermano. Cuando este le continuaba dando cosquillas y la molestaba cariñosamente, ella no pudo seguir con su actitud de hacerse la enojada y empezó a prenderse en el juego, empujando a su hermano de la cama y tirándose encima de él, dándole muchas cosquillas también. Estuvieron jugando un largo rato entre ellos, como si fuesen niños pequeños que se divertían y eran felices con situaciones minúsculas como reír y compartir esos momentos graciosos. Luego, se recompusieron y, así como estaban, sentados en el piso del cuarto de Zelda, empezaron a conversar:

-¿Qué vas a hacer hoy a la tarde, Rojo?- Pregunto ella. A él se le ilumino el rostro y contesto:

-¡Me olvide contarte! Me voy a juntar con Azul- Exclamo.

-¡Que suerte, me alegro mucho!-

-Muchas gracias, seguramente recorreremos un poco la ciudad y nos juntaremos a jugar al GTA.-

-Que buena idea, inclusive, puedes invitarlo a dormir aquí.- Dijo Zelda. Su hermano se quedó mirándola, dubitativo y luego afirmo:

-Pero no tenemos camas de más-

-Que duerma contigo- Dijo ella, de la forma más natural posible. Rojo se sonrojo y bajo la mirada, tenía una sonrisa algo ingenua.

-Zelda, lo conozco hace dos días. Sería una locura pedirle que duerma conmigo al tercer día de conocerlo- Exclamo Rojo, algo más realista.- ¡Encima no quiero dormir con el!- Agrego.

Continuaron hablando durante un largo rato hasta que se fueron a almorzar. De ahí, cada cual siguió su camino: los padres de Rojo se fueron a la playa, Zelda se juntó con sus nuevas amigas en la casa de una de ellas y Rojo se fue al parque que había ido el día anterior. Iba caminando y pensando acerca de si Azul ya había llegado, o no. No tardó mucho en averiguarlo ya que rápidamente llego al parque y empezó a transitar por el sendero de madera. A los diez metros comenzaban a crecer los árboles y a desarrollarse la región boscosa propia del lugar. Rojo iba caminando por ahí, atento a ver si veía al chico rubio pero no parecía haber rastros de vida por el lugar.

Siguió caminando, esperando encontrar a Azul pero no lo veía. Estaba atento mirando por todos lados para verdaderamente asegurarse de si lo había cruzado. Imagino que si Azul estaba allí, ya lo hubiese saludado asique dedujo que el chico rubio no estaba en el lugar. No sabía qué hacer, estaba algo desorientado y decepcionado. Ya se había imaginado toda una tarde con el chico nuevo pero este no había aparecido. Decidió no ser tan catastrófico y pesimista en su pensamiento y salió del sendero, llegando a los árboles y sentándose en uno de ellos, apoyando su espalda a los gruesos y grandes troncos. Veía todo el hermoso paisaje, pero sus ojos no registraban la belleza del lugar, solamente observaban todo con simpleza, con inocuidad, con vacío. Bajo la cabeza, se sentía algo decepcionado por la actitud de Azul. Rojo le había caído muy simpático Azul, se había encariñado con él y realmente tenía muchas ganas de ser su amigo, presentía que serían muy unidos.

-Seguro el no sintió por mí, lo que yo sentí por el- Murmuro. Sus mejillas se enrojecieron porque cuando analizo lo que había dicho, vio como la frase era algo demasiada profunda pero era la verdad: Rojo admiro mucho a Azul desde un comienzo y siempre tuvo ganas de ser amigo de él, desde el minuto uno en que lo conoció percibió eso en su ser. Azul, seguramente, no había sentido nada de eso. No había llegado a percibir todo lo que Rojo ideo sobre Azul: cultivar una bella amistad. Rojo se sintió molesto ante esto, bastante decepcionado y algo ninguneado. Intento no darle cabida ya que tampoco es que el chico era lo más importante en su vida, lo había conocido hacia dos días nomas.

Se metió la mano en el bolsillo y saco el celular. Fue a su agenda y encontró el nombre y número de Azul. Pensó en llamarlo pero no se animó a hacerle. ¿Qué le iba a reclamar? ¿Qué no fue a la juntada que se prometieron? ¿Quién era el para enfadarse con un chico que ni siquiera era su amigo? Con mucha bronca y mordiéndose el labio inferior, dejo el celular nuevamente en su bolsillo y cerró los ojos para contener esa sensación de incomprensión y decepción que lo atacaban.

-Rojo…-Dijo una voz suave, inocente, aniñada. Rojo se sorprendió, sintió que todo su cuerpo se aceleraba y abrió muy grande los ojos, lo habían agarrado de sorpresa. A 3 metros de distancia yacía Azul, intentando sonreír, intentando ocultar sus nervios. Rojo se impactó al verlo parado, se puso de pie y noto que eran exactamente de la misma altura.

-A-A-A-Azul- Dijo, tartamudeando. Le estaba a punto de confesar ese sentimiento de decepción que padeció cuando él no llegaba pero Azul se adelantó:

-Perdóname por el retraso, es que mis amigos querían también juntarse con nosotros.-

-¿Y tú qué hiciste?- Pregunto Rojo. Noto que Azul estaba incómodo y que se ruborizaba.

-Ehh, yo no sabía que irías a opinar tú al respecto asique l-l-les dije que no- Exclamo Azul, nervioso y con la mirada gacha. Rojo sonrió.

-Yo no tengo problema en juntarme con tus amigos también- Exclamo Rojo y eso era verdad: poseía una socialización tan admirable y grande que no tenía problema alguno en encontrarse a otros amigos.

-¿Quieres que los invite?- Pregunto Azul.

-No, no quiero- Intervino Rojo de forma tajante. Azul se asombró ante tal respuesta tan contundente- Es que hoy quería pasar tiempo contigo, algún otro día si podemos juntarnos todos juntos- Exclamo Rojo. Sintió que sus palmas transpiraban. Azul percibía como su corazón latía con mucho ímpetu.

-¿Qué quieres hacer?- Pregunto Azul.

-No se…Te invitaría a mi casa a jugar al GTA pero mi hermana se iba a juntar con sus amigas en la casa de una de ellas y luego irían a mi casa. No quiero que nos molesten las chicas- Exclamo.

-¿Y en tu casa no podemos?- Pregunto Rojo. Azul se sintió algo incómodo:

-No, mi mamá no puede-

-¿Y tu papá?- Repregunto Rojo. Noto como el chico rubio estaba más incómodo que antes, con la mirada gacha y algo melancólica. Rojo se daba cuenta que no todo marchaba sobre ruedas, los nervios del adolescente y su ausencia de respuesta lo decía todo.

-Mi papá no dice nada- Solo atinó a decir el chico rubio, dejando al chico de ojos azules en un mar de incertidumbre más profundo que el anterior. ¿Qué no decía nada? ¿A qué se refería? ¿Sería mudo? ¿No viviría con él? ¿Lo habría abandonado? ¿Estaría muerto? Rojo decidió que era mejor dejar de preguntar cosas tan profundas, al menos por el momento. Si algún día llegarían a tener mayor confianza se lo preguntaría, de eso estaba muy seguro.

-Entonces no sé, ¿quieres ir a la playa?- Dijo Rojo, intentando salir del momento de tensión. Azul recupero su sonrisa y exclamo:

-Bueno dale, pero acompáñame a mí. Conozco una playa donde no va casi nadie- Empezó diciendo, mientras se internaba en el bosque. Rojo algo asombrado, decidió seguirlo.

-P-Pero Azul, ¿A dónde vamos?-

-A una playa donde no hay mucha gente, es mejor, te lo aseguro-

-¿Es necesario que vayamos por el medio del bosque?-

-Si te sientes muy incómodo, no vamos.- Contesto Azul. Con seguridad, Rojo retruco:

-Confió en ti- Dijo y acompaño a Azul.

Recorrieron con agilidad el bosque. Más de una vez Rojo pensaba que se habían perdido pero no se lo decía a Azul. Lo veía muy decidió y firme, el único ignorante ahí era él. Efectivamente, Azul estaba en lo cierto: sabía dónde estaba la playa y, en tan solo 20 minutos de caminata por el bosque, llegaron. Salieron de unos árboles, y allí estaba una hermosa playa desierta: mucha arena, un gran mar azul y un sol que llenaba el día de calor. El paradigma era hermoso, no volaba nada de viento y predominaba una paz que era única. Había mucha tranquilidad, los chicos quedaron hipnotizados con semejante espacio natural tan bello, tan estético, tan equilibrado, especialmente, Rojo que era su primera vez ahí. El provenía de la ciudad capital, tan urbanizada, sin rastros del mundo natural. Rojo desconocía que, había un mundo lleno de una naturaleza vivida, lleno de misterios, lleno de paz y tranquilidad, lleno de secretos y pasiones, lleno de miedos e incertidumbres, lleno de esperanzas y amor. Azul ya de por si provenía de una ciudad muy estrecha y relacionada con su paradigma natural: la playa, el bosque, lo verde, lo natural, la arena, el mar, el cielo, el sol. Todo muy armónico, muy pacifico, muy sanador. Aun así, nunca dejaba de impresionarse con los secretos, los escondites y los lugares únicos que había en ese pueblo.

-Que hermoso que es todo, Azul- Afirmo Rojo. Azul solo atino a sonreír.

-¿Te gustaría que nos sentemos en la arena un rato?- Dijo. Rojo le regalo una de las sonrisas más sinceras y dulces del mundo, asintiéndole con la cabeza. Acompaño a su nuevo amigo y se sentaron los dos juntos.

-Parece mentira que hay un mundo tan lindo…He pasado tantas horas en el mundo caótico de las ciudades del GTA que me he olvidado del mundo real- Dijo Rojo, algo jocoso.

-Te entiendo. Por eso mismo algunas veces vengo aquí, para desconectarme un poco de la ciudad y todo eso- Afirmo Azul.

-¿Cómo descubriste este lugar?- Pregunto Rojo.

-Con mis amigos, hace seis años atrás. Jugábamos en el bosque y, sin querer, encontramos esta bella playa escondida- Afirmo Azul. La extensión de esa playa era de unos 100 metros, tal vez 150. Era delimitada, casualmente, por unos gigantescos arbustos que se habían desprendido del bosque, crecieron ilimitadamente y sin control y habían alcanzado esa playa, separándola del resto del mundo.

-¡Hace seis años atrás tenías solo ocho años! ¿Qué hacías jugando de tan chico en el bosque?- Pregunto Rojo. Azul volvió a entrar un poco en su costado más tímido e introvertido.

-Aquí las cosas son muy diferentes a las grandes ciudades donde tú vives, Rojo. Aquí tan solo somos casi 2000 habitantes.- Exclamo el chico rubio. Rojo asintió con la cabeza. Azul lo hacía reflexionar, pensar, se sentía muy a gusto con él. Entre ambos predomino un silencio, algo incómodo si partimos de la base que los muchachos no se conocían del todo. Rojo decidió continuar con la conversación, en evidencia de que Azul era más tímido de lo que él pensaba.

-Ehh, y… ¿Cómo te va en la escuela?- Pregunto.

-Bien, no me puedo quejar. ¿Y a ti?-

-A mí también me va bien, aunque de vez en cuando me queda alguna materia pendiente que tengo que volver a dar pero, dentro de todo, me va bien- Exclamo Azul. Entre ambos se volvió a producir un silencio que despertaba nervios y tensión. Rojo siempre siendo tan tímido no desprendía ni una palabra. Azul, volvió a tomar la posta y prosiguió. No sabía muy bien que decirle. Tenía sus dudas sobre el pasado de Rojo pero todavía no había tanta confianza entre los chicos.

-¿Y tú tienes novia, Rojo?- Dijo, de repente, Azul, haciendo que el chico rubio se ponga más tensionado que antes. Se enrojeció bastante y bajo su cabeza para evitar que se viera sus mejillas rojas. Azul también sintió que se ruborizaba bastante, pero era una pregunta que tenía muchas ganas de hacerle, sin saber porque pero quería estar seguro acerca de si Rojo tenia novia, o no…Rojo no le respondía y a Azul le daba vergüenza volver a preguntarle, no quería sonar como un desesperado.

-No, no tengo novia- Exclamo Rojo, con pronunciados signos de incertidumbre, como si le hubiese costado responder la pregunta de su nuevo amigo.- ¿Y tú?-

-No, yo tampoco tengo- Contesto con mayor rapidez Azul. Sin saber muy bien que hacer, Rojo exclamo- ¿Quieres que nos bañemos?- Exclamo con Rojo con naturalidad, el rostro de Azul empalideció y se asombró:

-¡¿Qué?!- Pregunto incrédulo.

-Te preguntaba si quieres que nos bañemos, en el mar- Aclaro Rojo, dándose cuenta de que era lo que había entendido su Azul. Lanzando un suspiro de alivio, el rubio contesto:

-¡Sí! ¡Dale!- Dijo, algo animado. Ambos chicos se pusieron de pie, se sacaron las ojotas y las dejaron sobre la arena. Como ambos poseían malla, no había necesidad de cambiarse ni muchos menos. Azul estaba a punto de sacarse la remera pero noto que Rojo estaba a tan solo un metro y percibió bastante pudor en sí mismo, sin entender el porqué. Lo alivio en demasía cuando vio como el chico de ojos azules le había dado la espalda y se retiró la remera.

Rojo se sacó la remera, dejando en evidencia el físico tremendamente precioso y bien formado que poseía. Se dio vuelta y justo presencio cuando Azul se sacó la remera: su piel era blanca. A Rojo no le dejaba de sorprender que un chico que viviese en una ciudad muy de playa fuese tan pálido pero noto que el chico rubio también tenía el torso bien desarrollado, a pesar de que ambos eran de estatura mediana y no habían desarrollado el resto del cuerpo. Inclusive, no aparentaban ser chicos de catorce, sino de uno o, incluso, dos años menos.

-¿Hacemos una carrera al mar?- Pregunto Rojo, divertido. Azul asintió con la cabeza y, sin perder un segundo, ambos adolescentes corrían rapidísimo hacia el mar, intentando superar al otro, moviendo sus piernas de forma ágil y veloz, divirtiéndose al máximo y pasándola genial. Llegaron a la orilla del mar y Azul, ya acostumbrado, se zambullo al mar de una, nadando, inclusive, bastante de forma continua y prolongada. Rojo tan solo se quedó en la orilla, viendo como el chico rubio se manejaba como pez en el mar. Nadaba y nadaba hasta que salió del mar, todo mojado. La malla se le había impregnado muy potentemente al cuerpo.

-¡Ven tú también!- Exclamo el rubio. Rojo rechazo con la cabeza, sentía que el agua estaba fría y no quería mojarse. Azul comenzó a trotar hacia Rojo y este, notando que el chico lo iba a perseguir empezó a correr por la orilla del mar-

-¡No! Ya está, yo gane, el que gana no tiene que meterse en el mar- Exclamaba Rojo mientras corría y reía. Azul también reía, y Rojo podía escuchar su voz tan suave. Nunca lo había visto reír y, por un segundo, deseo con toda su alma poder darse vuelta y ver como reía el chico rubio. Pero no, continúo corriendo por la orilla del mar hasta que, lamentablemente, la velocidad de Azul era evidenciada y pronunciada. Alcanzo a su amigo y lo tomo de los hombros. Rojo reía mucho y eso posibilito que fuese de fácil manipulación. Azul también reía y, con destreza, lo empujó hacia el agua, haciendo que el hermoso chico de ojos azules cayera enteramente.

Rojo como el agua lo empapaba enteramente, como había sido arrojado por Azul y como se escuchaba su risa tan dulce y melódica. Decidió que era mejor no salir del agua, permanecer debajo de ella, quedaría darle un buen susto a Azul.

El chico rubio continuaba muy jocoso con toda la situación pero notaba que el chico de ojos azules no salía del mar. A medida que pasaba el tiempo y el chico no salía del mar, las risas del chico rubio descendían abruptamente. Empezó a preocuparse y su risa ceso. Se introdujo, caminando, en el mar. Con la mirada gacha veía pero no lo encontraba por ninguna parte. Ahora sí: estaba asustado, lo había tirado al mar y el adolescente no había salido.

Sentía que un sentimiento de desesperación se apoderaba de él, no lo podía creer, realmente no lo podía creer. Había conocido a un chico bueno, gracioso y divertido, y ahora lo había perdido. Se tomó con las manos la cabeza, furioso consigo mismo cuando, de repente y sin previo aviso alguno, emergió del mar el adolescente supuestamente perdido y, atrapándolo, lo sumergía al mar junto con él. Volvió a estallar de la risa abajo del mar, mientras era agarrado por Rojo y percibió que un alivio total lo tranquilizaba. Rojo decidió soltarlo y ambos emergieron del mar.


to be continued owo