Bueno, viendo que he tenido un poquito de tiempo libre y teniendo en cuenta el interés que parece haber con que esta historia comience he decidido subir ya el capítulo de la introducción de los personajes. ¡Y aquí os presento a las OCs seleccionadas!
Raffaella Demminnio, de A Dreamless Singer
Eider Line Ashreel, de GabrielleAstone
Karim Gates, de karychela
Avna, de BoxOfGlitter
Y ya sí que sí, ¡a leer!
El aire venía impregnado de un aroma indescriptible de lo nauseabundo que era. Olía a muerte, a descomposición, a podredumbre, pero eso era algo que a Weasel no le importaba lo más mínimo. Seguía de pie frente a la destrozada ventana, indiferente a la sangre que manchaba su cuerpo, sintiéndose más libre que nunca. La jaula se había abierto, y ella se iba a largar de aquel maldito lugar de una vez por todas.
Se apartó el largo cabello cobrizo de la cara con una mano pringada de suciedad, mientras comenzaba a analizar, a pensar en lo que debía hacer ahora. Primero tenía que conseguir comida y algún tipo de arma por si acaso se viera en la tesitura de defenderse; luego... ya se difuminaba la cosa. Caminaría sin rumbo fijo, tal vez, allá a dónde la llevaran sus pies.
Tomó una piedra de la gran multitud de escombros y comenzó a caminar despacio, temiendo que el suelo pudiera desmoronarse bajo sus pies. Viendo el demacrado aspecto de su pijama de interna llegó a la conclusión de que también iba a tener que procurar encontrar algo de ropa. No sabía cómo se iba a comportar el clima bajo aquellas condiciones tan extrañas, sobre todo después de haber visto como aquella extraña lluvia negra comenzaba a caer. ¿Podría beberse esa agua? No le daba muy buena impresión, la verdad, del mismo modo que le causaba cierto respeto la idea de exponerse a ella. Decidido, se aprovisionaría y en cuanto aquella agua pútrida dejase de caer, se marcharía.
Salió de la que hasta hacía poco tiempo -o al menos eso creía ella- era su habitación. La imagen del pasillo parecía sacada de un escenario dantesco, pero la chica ni se inmutó ante la presencia de los cuerpos de algunos de los trabajadores e internos completamente acribillados por restos de cristales, como si las ventanas hubieran estallado todas a la vez. Justo delante de su puerta pudo ver el cuerpo de una celadora, completamente ensangrentado. Había caído sobre un carrito lleno de medicamentos con tan mala suerte que su cuello había quedado doblado en una postura casi irreal. Su boca permanecía abierta en un grito mudo, como si hubiera sido consciente del horror que se estaba desatando. Weasel ni se molestó en evitar no pisarla cuando echó a andar pasillo abajo.
No le incomodaban los cadáveres lo más mínimo, de hecho le causaban una extraña indiferencia mezclada con cierta curiosidad. Justo a la mitad del pasillo vio a una chica, cuyo rostro le era familiar; seguramente habrían compartido algún que otro momento en el comedor o en las horas que dedicaban al ejercicio. Estaba tumbada en el suelo en posición fetal, su rostro era invisible tras una larga maraña morada. Recordaba a esa chica por aquel color tan extraño; Weasel tenía la teoría de que debía teñírselo pero tampoco se había molestado en preguntárselo. No era algo que le interesara lo más mínimo. Aunque ahora quizás podría examinarle las raíces, total, estaba muerta...
La joven se agachó y aferró un mechón de pelo. Pero para su sorpresa, el supuesto cadáver aferró su brazo con unos dedos que parecían tenazas de acero, quizás movidos por la fuerza de la desesperación. Weasel soltó un gruñido y casi sin ser consciente, aferró el cuerpo por el cuello de forma instintiva. No pensaba, simplemente se defendía, evitaba que algo pudiera dañarla. Es lo que había hecho siempre, ¿no? Matar a todo aquel que intentara agredirla.
La "muerta" abrió los ojos y clavó su mirada dispar en la chica que la sujetaba, mientras sus dientes esbozaban una mueca que podía ser tanto de terror como de odio. Se aferró a los dedos que la ahogaban y clavó las uñas en ellos, intentando soltarse del agarre. Movida por la sorpresa, Weasel soltó a la chica, que boqueó unos instantes, para luego mirarla con frialdad.
─¿Estabas intentando matarme? ─la chica la miraba fijamente. La pelirroja debía admitir que era bastante curiosa, a su extraño cabello se le debía sumar el hecho de que un ojo lo tenía de color negro mientras que el otro poseía una tonalidad azul bastante clara.
─Llámalo súpervivencia ─respondió Weasel con un tono carente de emoción alguna ─Creía que eras un cadáver.
─¿Y por qué iba a serlo? ─pareciera que fuera a añadir algo más, pero de repente cesó de hablar y miró a su alrededor, con ojos como platos. En su rostro se dibujó una expresión extraña mientras parecía asumir el mundo que la rodeaba. Miró a la otra chica con cierta duda, como si quizás ella supiera algo, pero se limitó a encogerse de hombros.
Nadie dijo nada, pero un débil quejido hizo que ambas se incorporaran, como si temieran algún tipo de ataque. Aquel ambiente se metía por los poros de sus cuerpos como si fuera un veneno y las iba contaminando con miedo y duda. Todo parecía hostil bajo aquella luz verde que bañaba todo, como si el mundo al que hubieran despertado fuera un sitio venenoso que no deseaba mayor fin que matar a todo ser viviente que se moviera por su superificie. A Weasel le daba la impresión de que el planeta se hubiera convertido en un monstruo compuesto por carne putrefacta y ahora se dedicara a expulsar su maloliente aliento.
El sollozo volvió a repetirse, Provenía de una habitación cuya puerta se encontraba entreabierta. Con paso cuidadoso, ambas chicas caminaron hacia ella y vieron por la rendija como una joven de cabello negro intentaba moverse. Su cama había caído sobre una de sus piernas y se encontraba atrapada bajo la misma, con el rostro contorsionado en una mueca de dolor. Pareció que escuchase algo, pues giró la cabeza y observó a las dos personas que la miraban desde la puerta con unos ojos que tenían una tonalidad de azul que casi eran violetas.
─Por favor... ─ suplicó.
Ninguna de ellas dijo nada, pero como si se hubieran puesto de acuerdo, entraron en la habitación y se colocaron cada una en un extremo de la cama. Ambas tomaron los hierros que la componían y la levantaron, no sin dificultad. La chica que se encontraba atrapada bajo el mueble reptó por el suelo, mientras que dejaba a la vista su pierna, amoratada por la presión.
─¿Está rota? ─preguntó la chica de cabello morado. La aludida la miró unos instantes, como si estuviera sospesando si se fiaba de ella o no.
─Me parece que no ─respondió, intentando moverla. La articulación funcionaba, pero una mueca de dolor se extendió por su rostro ante aquel movimiento.
─Me parece que sí ─Weasel metió baza ─Lógico, teniendo en cuenta que has estado atrapada bajo ese armatoste, ¿no?
La pelirroja permanecía quieta en el lugar dónde se encontraba mientras que la otra chica ayudaba a la morena a ponerse de pie sobre la pierna que tenía en buen estado. Las tres parecían despojos humanos con los cuerpos manchados de sangre y suciedad y vestidas con harapos; aunque al menos estaban vivas, como se recordó Weasel mientras veía el lamentable espectáculo que daban.
─Podemos intentar llevarte abajo, a dónde tenían el almacén de medicamentos. Creo que pueden tener vendas allí; podríamos improvisarte una tablilla ─la chica heterocromática intentaba sonar tranquila, como si quisiera ocultar algo.
─¿Y crees que la escalera va a estar en condiciones? ─la pelirroja parecía demasiado tranquila, como si todo aquello le diera igual ─Ya has visto cómo está todo. A saber qué ha pasado para que se hayan cargado toda la ciudad de este modo.
─Yo escuché algo de un ataque hace días ─la morena habló con voz muy baja, como si quisiera reservar sus fuerzas ─No recuerdo mucho más.
─Sí, a mi también me suena haber escuchado algo similar ─dijo la otra ─Lo malo es que no logré quedarme con nada más porque me echaron de la sala. Fueron dos médicos que hablaban entre ellos mientras me hacían algunas pruebas.
─A mi ni me va ni me viene. La puerta está abierta de par en par y pienso largarme de aquí con viento fresco ─Weasel hizo ademán de marcharse, pero la chica del pelo morado la detuvo con un firme agarre.
─Tú eres estúpida ─le espetó ─Supongo que habrás visto lo que hay ahí fuera, ¿no? ¿Crees que sola vas a tener alguna posibilidad?
─No necesito compañía de nadie, siempre me las he apañado por mi cuenta.
─De eso nada ─la chica la sujetó por el pelo, logrando que Weasel gritara de dolor, sonido que la espoleó a afirmar el agarre sobre aquel cabello ─Tú me ayudas a bajar a... ─miró a la morena con aire interrogante.
─Karim ─dijo la aludida.
─Eso ─prosiguió ─No me gustáis ninguna de las dos, pero tengo dos dedos de frente; recuerdo perfectamente el curso de supervivencia que hice hace años cuando no era más que una cría. ¿Sabes cuál era una de las normas básicas? Intentar formar grupos para garantizar una mayor posibilidad de sobrevivir. ¡Y si tengo que atarte los pies ten por seguro que lo haré, como que me llamo Avna! ─añadió, tirando de la chica hacia ella, ganándose de paso una mirada de odio de sus ojos color miel.
Weasel frunció el ceño, mientras notaba como le hervía la sangre. Notó en su interior el ansia animal que siempre le sobrevenía cuando su mente le exigía que matara a alguien que la molestaba, pero las palabras de aquella chica ¿Avna, se llamaba? la habían hecho reflexionar en cierto modo. Podía aprovecharse de ella, ver si el ambiente exterior las mataba o no, y si sobrevivían, ya las mataría ella antes de irse. O quizás las dejara vivas para seguir aprovechándose.
Se giró y mordió los nudillos de Avna, logrando que la soltara. Se limpió la boca con el puño, la cual se había llenado de la costra de porquería que recubría a la chica y la miró con el ceño fruncido.
─No te creas la líder, porque nadie te ha dado ese título ─sentenció ─Pero está bien, iré con vosotras hasta abajo. A todo esto, yo soy Weasel.
Eider sentía deseos de vomitar mientras se arrastraba por el suelo, pues tenía los pies llenos de cristales. Se encontraba en el cuarto de las medicinas, haciendo inventario, cuando de repente todo pareció explotar. Tuvo suerte. Había logrado refugiarse bajo una mesa y muchos de los cristales que estallaron no alcanzaron su cuerpo. Recordaba haberse protegido la cabeza, cerrando los ojos con fuerza mientras esperaba que todo pasara. Y ahora reptaba por el pasillo como si fuera una muerta viviente, tratando de ignorar el dolor de su cuerpo magullado.
El hedor que flotaba en el ambiente no la ayudaba, precisamente. Pasó junto a una pila de escombros, coronada por un cadáver de un hombre, empalado por una viga que se había desprendido y lo atravesaba por la mitad del cuerpo. Sus intestinos se habían salido parcialmente y colgaban hasta casi rozar el suelo, como un macabro adorno.
Siguió arrastrándose de forma obstinada, como si supiera que de ese modo alguien iba a socorrerla. ¿Pero quién iba a salir de ese infierno en que se había convertido el mundo para socorrerla? Le daba la impresión de ser la única superviviente.
Resopló, tratando de apartarse el cabello negro de la cara, mientras que proseguía con su particular misión. De repente, el sonido de unos pasos la hizo alzar la cabeza casi con esperanza. ¿Había alguien más allí, alguien que pudiera ayudarla? Lanzó un grito inarticulado, pues notaba la boca tan seca que no lograba pronunciar palabra.
La cadencia de aquellos pasos sonaba errática, como si la persona que los produciera también se encontrara sometida a un fuerte dolor. Siguió arrastrándose y justo al llegar a la esquina que hacía el pasillo se encontró cara a cara con Ella, la nutricionista del hospital. La conocía de haber trabajado con ella alguna que otra vez, sobre todo a la hora de preparar los pedidos de alimentos. La visión de aquel cabello marrón rojizo, siempre tan pulcro pero ahora tan desastrado fue casi un bálsamo para ella, teniendo en cuenta la pesadilla por la que intentaba avanzar.
─¡Cielo santo, Eider! ─la joven se acercó a ella, observando sus pies magullados ─¡Estás viva! Por un momento creí que era la única que había sobrevivido a esto...
─Justamente estaba pensando lo mismo que tú ─contestó, intentando sonar tranquila a pesar de que notaba el corazón acelerado ─Parece ser que la amenaza de bomba era más que real. Pero no sospechaba que la magnitud fuera de este modo.
─Temo que fuera un ataque nuclear ─respondió Ella con cierto tono preocupado ─De ser así tendríamos que irnos de aquí lo más rápido posible para evitar la radiación. Pero ni siquiera sé el alcance que ha podido tener de haber sido una bomba de ese tipo.
─¿Queda algo afuera?
─Nada, por lo que he podido ver. Todo parece arrasado hasta los cimientos, y huele como si mucha gente se estuviera descomponiendo a la vez. Ni en mis peores pesadillas habría imaginado un escenario semejante.
Eider se incorporó hasta quedar sentada, examinando sus pies. Si daba con unas pinzas podría intentar extraer los cristales y con un buen vendaje incluso podría caminar. Rafaella (aunque sus conocidos la llamaban Ella) estudió del mismo modo aquellas heridas, con el ceño fruncido.
─Sé que eres nutricionista, pero creo que de esto también sabías algo, ¿no? ─Einer intentaba mantener sus esperanzas a flote. Confiaba en que Ella fuera capaz de ayudarla, a fin de cuentas había debido ser formada en los primeros auxilios... aunque no estaba segura de que sus heridas entraran en esa categoría.
─Con algo de paciencia puedo curarte ─respondió ─Ven, vamos a intentar llegar a la sala de suplementos; creo que ahí puedo dar con unas pinzas y vendas...
Y hasta aquí. Sé que muchos personajes son antisociales, pero hay que tener en cuenta la situación en la que están; es normal que busquen el grupo para sobrevivir.
En el siguiente capítulo ya aparecerán los chicos; me pareció que quedaría demasiado largo y quería dejar bien introducidas a las OCs.
No sé cuando podré volver a actualizar; ya dije que quería terminar el otro fic antes de dedicarme por completo a este, de modo que os pido algo de paciencia.
Decidme si os ha gustado o no, ¡el botoncito no muerde!
