Agg... Si les contará. Tengo conciencia de mis miles de faltas ortográficas, pero tarde tanto en actualizar que no quiero tardar más tiempo.

Iba a ser más largo, estoy segura que el siguiente capítulo lo será, pero... atrdará. Larga historia...


Las hojas comenzaban a caerse despidiendo el corto verano, una pequeña brisa soplaba meneando las frágiles hojas, ayudando a las pobres a caer incluso más rápido. No era suficiente para decir que el otoño había comenzado, puesto que la pequeña brisa aún se percibía cálida y ligera. Una multitud inundó demasiado temprano las calles de L.A. Padres y niños conformaban esta atareada muchedumbre, camino al más tortuoso lugar jamás creado. La escuela.

Olor a café recién hecho, universitarios inundando los establecimientos que contenían aquel fresco café. Las carreteras estaban llenas en un ambiente totalmente activo.

A los lejos, y por causa de los muchos casos, se podían oir los llantos de varios niños de preescolar aferrados a dejar a sus padres. También, pero en menos medida, se oian pequeños lloriqueos de niños en su primer día de nivel básico. Primaria. Pero dos niñas en especial, lamentaban este hecho más que nadie, desde que se enterarón que no estarían la una con la otra por una larga jornada.

Dos pequeñas niñas, en medio de una muchedumbre de madres atareadas, sin mucho afán de darse prisa en llegar a sus respectivas clases. -Prometemé que vendrás a visitarme en cuanto salgas.- la pequeña con ojos avellana y cabello sostenido en dos revueltas coletas miró directamente a los claros ojos esmeralda de su amiga.

-Lo juro, aunque no sé cuanto se valla a tardar mi padre en venir por mi... Él... Lo prometió.- Una mirada innocente, como ver a un ángel a los ojos, el cálido viento desordenó el delicado cabello castaño de la pequeña piel porcelana, ojos fijos en el tranquilo rostro de su amiga, una sonrisa brillante como ninguna apareció en el rostro de la niña con ojos profundos y expresivos.

-Te espero, Jadey.- La pequeña de dos coletas abrazó en un último saludo a su amiga, cálido toque entre las dos, cada segundo pasaba sin querer separarse la una de la otra. La niña de piel porcelana matenía su barbilla recargada en el hombro de su amiga, deseando que así fuera para siempre; aquel seentimiento de cálido afecto, si tan solo pudiera volverse eterno. Las dos rompierón el abrazo al mismo tiempo, una última mirada, una última sonrisa, las dos se fuerón cada una un diferente camino sin muchas ganas.

XXXXX

El sol volvió con la misma intensidad de siempre, el cálido viento solo empeoraba el sofocante clima, demostrando que otoño estaba aún, a algunas semanas de llegar.

Ahora tod lucía más lento, llantos, quejas y ajetreo, ahora erán sonrisas, risas, dinámicas pláticas, familias tomadas de la mano contando su día, dando tiempo en especial a aquellos pequeños que recién ingresarón hoy.

Dos horas hacían desde que las primarias abrieron nuevamente sus puertas avisando que el día tan temido estaba totalmente terminado. Al menos hasta mañana.

Un silencio casi tortuoso, al menos para la activa niña de coletas enmarañadas por un largo día, tanta pereza la agobiaba, la ahogaba; sin embargo, eso no era lo peor, lo peor es qué hacia dos horas y media que había salido de la escuela y no había seña de su tan ansiada visita. ¿Se habría olvidado de élla? Pero, no, le habían hecho una promesa, la había hecho alguién en quién confiaba siegamente y no pensaba dudar.

Un tranquilo niño de unos diez años, rasgos muy similares a la pequeña 'greñuda', estaba trazando tranquilamente garabatos sin forma aparente en una hoja blanca. Ojos avellana mirandolo de reojo, traviesa mente tramando algo, como un tigre acechando su presa, la pequeña caminó lentamente hasta su hermano.

Un fuerte abrazo inesperado tacleo al pobre niño de diez años, causando un error en su garabateo -¡Cómo te fue! Mi maestra fue tan linda conmigo, hablaba tan lindo que ya quiero ir mañana...- Alterado por el tacleo y los chillones gritos de su hermana. La pequeña fue lanzada fuera de la silla en la que estaba, colisionando en seco en el mármol del piso, un grito histérico acompaño éste suceso, el rostro de su hermano había tornado como el de un completo desconocido, la sangre corriendo por sus venas, el tono de su piel había tornado a casi escarlata, los gritos eran tantos y tan fuertes que la innocente perdió la noción de las palabras que decía. Los ojos avellana comenzarón a llenarse de lágrimas, volviendose cristalinos, pequeñas venas rojas en ellos, dificultades para respirar entre el llanto; el rostro del niño de diez años cambió drásticamente ante la acción de su hermana, su facción se suavizó tornandose llena de miedo.

-¡TE DAÑE! CAT ¡TE HIZÉ DAÑO!- los ojos de su hermano comenzarón a llenarse de miedo mirando fijamente a su hermana sentada en el piso, intentando secar sus propias lágrimas. Fréneticas manos pasarón por el cabello marrón del niño asustado.

Cat se levantó delicadamente para acercarse a su frénetico hermano, posando una mano en su hombro qué fue bruscamente hecha a un lado. -No, tú no...- Una mujer irrumpió en el incidente, cabello castaño hasta el hombro, su rostro lucia como una combinación de furia y preocupación, dandolé una mirada de muerte a su hija, la pequeña se encojió ante el jesto, sin culpa de lo sucedido, al menos hasta donde tenía conciencia. -P-p-perdón...- La mujer dió una última mirada de ira hacia su hija antes de tomarla del hombro para alejarla.

Gritos tanto de ira como de preocupación, su hermano empeorando cada vez más, mientras la mujer intentaba controlarlo. El aire totalmente lleno de tensión, gritos sonaban como punsadas en la pequeña cabeza de la innocente presenciando el caso.

La mujer sostuvó al niño con un brazo, haciendo su mayor esfuerzo por retenerlo, intentando casi en vano tomar unas pastillas del desayunador en la pequeña cocina. El miedo viajó por las venas de la pequeña, sus ojos se cristalizarón una vez más, sus pequeños labios rosas temblando con tristeza. En un deslizamiento rápido de talones, dió la media vuelta, dirigiendose a la salida trasera.

Pequeños, pero acelerados pasos recorrían el pavimento parcialmente rociado de hojas, casi fréneticos, sin destino, sin embargo, con un próposito. -¡Jade!... ¡Jadey, dónde estás! ¡Me prometiste venir! ¡Jadey!- girtos casi sin aliento, la voz comenzó a titubear avisando que aquel llanto estaba de vuelta. -Jadey... ¿estás bien?- los acelerados pasos fueron cambiando a una leve caminata hasta parar en seco.

XXXXX

Un auto tras otro pasaba frente a la casi abandonada escuela primaria, de una persona hasta grupos de cinco, pasban sin inmutarse en la enorme construcción, o en la pequeña con cabeza baja, esperando paciente algo que, en el fondo sabía solo era en vano.

La brisa seguía cálida, el sol se ocultaba, pero parecía aumentar su radiación, ahora todo era más lento, los autos pasaban cada vez más esporaídicamente.

Hermosos ojos topacio mirarón al cielo, parpados semi-abiertos, tratando de evitar los intensos rayos del sol, un pequeño suspiro salió de los delicados labios de la niña, cabeza gacha una vez más, su cabello enmarcando su fino rostro.

Estruendosos tacones bajarón la pequeña escalera dónde la niña estaba sentada, una mujer de unos cuarentaydos años, pelo castaño hasta el hombro, piel bronceada y porte jactansioso; con una mirada de desagrado volteó hacia la pequeña de seis años. -¿Qué haces aquí?- una mueca de desagrado apareció en el rostro de la morena, haciendo a la niña subir la mirada sin muchas ganas, ojos entrecerrados, sin inmutarse ante la mujer que ahora tenía una mano en su cadera. No puedes quedarte aquí. Estoy a punto de cerrar.- Los delicados labios pálidos temblarón por un momento antes de articular palabra.

-M... Mi padre prometió venir.- Voz tan delicada como la seda fue la respuesta que obtuvo la terca mujer.

-¿Y tu madre? ¿No puede venir ella?- la mujer extendió los brazos como si intentará provar un punto, cejas elevadas hasta el tope de su frente. La mirada en la niña de piel porcelana se volvió incluso más lástimera, lentamente negando, caireles delicados rozando sus hombros.

-Élla.. Élla esta...- la niña dudó un poco agachando la mirada unos segundos para después elevar sus ojos topacio a la mujer. -Enferma...- Esa fue la última respuesta de la niña antes de que la mujer exalará profundamente en frustración, la exasperada morena tomó bruscamente el pálido brazo de la niña, subiendo violentamente las escaleras.

El casi silencioso, pero a la larga mórtifero sonido de el reloj en el fondo de la habitación, espóraidicas burbujas de aire en el dispensador de agua. En un brusco movimiento la morena de 40 años metió a la pobre de seis años en la pequeña habitación cuadrada, el tosco gestó aventó a la pequeña de piel porcelana cerca de la silla de oficina hasta casi chocar. La morena tomó el telefonó colocado en un peuqueño mueble de metal blanco, vilentamente marcando un número en especifíco; con una cadera apoyada en el pequeño mueble y ojos vagando por el lugar con deses peración, hasta que por fín la otra la linea contestó. -Bueno... Sí, escuché... Escuché... Yo sé que usted paga,pero... Señor... Esto no es una guardería... Miré yo... Su hija sigue en las instalaciones y élla no puede estár más tiempo... Tal vez si llamara a su esp... Bueno... Está, bien yo solo... Y... Ese máldito colgó.- La morena lamió sus labios intentando contener la ira, miró a la niña con una ceja levantada y un último respiro, negando con su cabeza en un encojimiento de hombros. -Hizé todo lo que puedo y más... Tendrás que ir a casa sola.- La mujer tomó nuevamente el delicado brazo de la asustada niña.

-Pero, no sé como llegar...- La morena paró en seco aventando a la niña varios centímetros más alejados de ella, brazos cruzados, mirada llena de frustración.

-¿Eres estúpida o qué te pasa? ¿¡Cómo podrías ser tan tonta como para no saber dónde vives!?- El alto tono de la morena hizó a la niña fruncir el ceño como primero acto de desagrado hacia la déspota mujer.

-¡Yo sé dónde vivo! Solo... No sé como llegar...- El tono de la niña subió y bajo drásticamente hasta haber agotado la poca paciencia de la cuarenta-añera.

El smock gris del auto arrancando frente a la instalación, ruidoso chirrido de llantas, el vehiculo se esfumó dejando un largo rastro de espeso humo, haciendo toser a la niña detrás del contaminante gaseoso.

Mochila rosa, vestido blanco con detalles florales y un peinado suelto que asentuaba el atuendo, todo por desición de su padre. La mirada de miedo en la niña se vlvió casi de odio, la mochila rozando el pavimento; la pequeña sacó su dminuta lengua en un gesto de desagrado hacia el auto que recién se había marchado. -¡TÚ ERES LA TONTA!- tal vez el auto no la haya escuchado por la lejanía, sin embargo esto fue más que suficiente por el momento para ella. Pasos pesado, brazos caidos, en una mano arrastrando la para nada deseada mochila, apenas había caminado cinco cuadras cuando paró en seco con una opresión en su delicado corazón, ella deseaba una única persona a su lado en éste momento, lagrimas comenzarón a rozar sus pálidas mejillas, vagando por sus casi inperceptibles pecas, sin fuerzas cayó al suelo, sentando a llorar, su rostro entre sus rodillas, las lágrimas se hicierón cada vez más y el sollozo aumentó.

XXXX

Frondosos árbustos, pasto perfectamente cuidado, fachada elegante con toques victorianos, el total escenario parecia estar detallado centímetro por sentímetro, de hecho, así era. El Sr. West amaba aquellos detalles que lo decían por él la cantidad de dinero que poseía.

Pequeños ojos avellana se asomarón entre los verdes árbustos, buscando a alguién en especial, pero la contrucción parecía deshabitada por el momento, ni una sombra en la ventana, una risa, un grito incluso; era tan pasivo el lugar que ni encantado podías decir.

La niña de ojos profundos avanzó lentamente los primeros pasos, después corrió cómo si de un maratón se tratará hasta entrar por la pequeña puerta especialmente dieñada para mascotas, regla no muy básica para la mini ayanadora.

Los ojos avellana mirarón cada centímetro del lugar esperando la respuesta que buscaba desde hace casi una hora, cada cosa que aparentará estar fuera de lugar podía ser su salvación, pero nada más que silencio fue allado.

Pisando de puntillas rogando no encontrar al Sr. West en éste lugar, Cat entró silenciosa al acojedor despacho adornado en tonos café, cabezas de algunos animales colgados como trofeos, libros acomodados por cualquier parte, un escritorio con una pequeña lámpara en el medio, la pequeña tan tierna como un ángel ya había estado aquí antes, a veces Jade venía aquí con la esperanza de que si su padre la encontrará en este lugar, quizá le preste más atención al llegar. Pero nada...

La mirada de la encantadora niña entristeció nuevamente, al menos por unos segundos, una idea repentina llegó a su cabeza. Rápidamente salió del tenebroso lugar hacia uno más hambientado.

Corriendo por los boulevards e incluso empujando gente con el próposito de llegar más rápido a su destino, la pequeña corría acercandose cada vez más a su destino, casi sin aliento, sin embargo con esperanza de encontrar a su amiga. La velocidad de los pasos aumentaba tanto como incrementaba, hasta que... Sus pequeñas y delicadas manos golpearón en un golpe seco contra el duro pavimento, también sus rodillas y la mayor parte de ella; la niña volteó hacia atras para ver que la había causado colisionar, una grieta en el suelo.

Cat sovó con dolor sus propias rodillas, personas pasaban sin notar siquiera su presencia o las lágrimas a punto de caer en sus ojos expresivos, lo cuales mirarón a primera instancia de reojo, una pequeña familia de tres personas, el niño había pedido a su madre un helado, los dos padres respondierón inmediatamente a la petición de su hijo, la escena hizó sentir al pequeño ángel un poco de tristeza, tal vez algún día sus padres sean así con ella, aunque, eso no fue lo único que pasó por su cabeza... Un helado, ¿Qué era mejor qué un helado para curar héridas? Su nona siempre que lloraba o se sentía triste le daba un postre. La pequeña tan encantadora como un ángel metió una mano en su bolsillo del sueter rosado que traía, intentando escarbar algunas monedas que pudiera sacar, solo tres pequeñas monedas de veinticinco centavos lograrón salir, la niña elevó la vista al carrito de helados, un dolar era el precio más bajo. Mirando nuevamente con agobio sus setentaycinco centavos, respiró hondo para continuar su camino.

-¡JADE! ¡JADE, DÓNDE ÉSTAS! ¡JADE! ¡JADEY...! ¡DÓNDE ÉSTAS!...- La pequeña desconsolada continuo el largo recorrido sin dejar de preguntar lo mismo, gritando desde sus pulmones, esperanzada a ser escuchada.

El parque lucía más deshabitado que nunca. Solo tres mamás sentadas en las pequeñas bancas verdes, dialogando casi en silencio entre ellas, no había niños mayores de cinco años ésta vez, solo cuatro niños, cada uno en un diferente juego. El clima había bajado a como en la mañana, colores anaranjados y amarillos se percibian en el cielo. Todo parecía ir en camara lenta ahora.

Los ojos café, cansados de llorar buscarón fréneticamente aquella pequeña de piel como cremosa crema, nada aún.

Una señora de pelo rojizó con algunas canas como mechones en su largo cabello se paró frente a Cat, un bebé de dos años sostenido en dos brazos. -Niña, ¿dónde están tus padres?, ya es tarde.- La niña casi morena elevó la mirada a la mujer de rostro casi preocupado por ella. Dulces ojos avellana bajarón nuevamente con tristeza.

-Señora... ¿ha visto a una niña cómo yo? Pero con ojos...- La pequeña de apariencia angélical colocó un dedo en su barbilla haciendo un intento de recordar los colores que aprendió hace unos meses. La mujer delicadamente volteó su cabeza esperando a la niña. -... Ojos... Bueno, era como azul y verde, piel muy bonita y... Toda élla muy bonita. ¿No la ha visto?- La encantadora mujer mostró una sonrisa ante la ternura de la situación, la pequeña le devolvió una sonrisa esperanzada.

-No, lo lamento, hermosa. Pero mejor busca a tus padres.- La dulce señora se dió la media vuelta con un pequeño despido sútil con una mano, dejando totalmente sola al pequeño ángel.

Una mirada de preocupación apareció en el suave rostro de la niña casi morena, un delicado suspiro, sus ojos viajarón por todo el lugar antes de rendirse por completo, pero nada aún.

Con los pies arrastrando, cabeza gacha, evitando lágrimas con sorbidos, la niña fue hasta el columpió dónde la conoció por primera vez; se había rendido. Ya no podía retenerlo más, soltó un llanto, pero esta vez con sollozos, deseando a la única persona que la hacia sentir verdaderamente feliz a parte de nona.

Jade ¿dónde estás, Jadey?...

...

Jade...

Como el más suave de los toques, la experiencia de un pétalo de rosa frotandose contra tu piel, no era nada comparado con los suaves y pálidos labios de Jade chocando contra las rosas mejillas de la pequeña llorando en el columpio.

-Te extrañé demasiado, Cat.- la niña cuyo nombre fue pronunciado alzó la mirada a la pequeña de piel pálida, una sonrisa satisfactoria en el rostro de su amiga, pero de Cat no se podía decir lo mismo, sus ojos estaban ahora rojizos de tanto llanto, su mirada era confusa.

-¿Dónde estuviste? Te busqué y esperé por horas.- la diminuta voz comenzó a quebrarse nuevamente, la diferencia, está vez tenía alguien para evitar ese llanto. Un cálido abrazo tomó a Cat por sorpresa, delicadas manos frotando su espalda.

-Perdona, Cat... Yo...- al igual qué su amiga, la voz de Jade comenzó a quebarse mientras la palabras salían de su boca.

-Te encontré... No te vuelvas a ir de mi nunca...- Las dos hermosuras rompierón el abrazo con delicadeza, al mismo tiempo, pupila con pupila. -Prometemé qué... Vas a estar con migo siempre.- La ternura de un ángel habló por la niña casi morena, rompiendo el corazón de su amiga.

-Lo juro.- Ojos azpules, pequeños, pero determinantes, había hecho una promesa que no pensaba romper. Las dos sonrieron mutuamente con ternura, al menos hasta que una mirada de procupación apareció en el rostro de Jade. -Cat..- La peuqeña robó la atención de su amiga, haciendola levantar un poco más la vista.

-¿Qué pasa Jadey?- La niña de piel procelana bajó la mirada casi avergonzada, los rosas labios de su amiga se curvarón en una sonrisa simpática.

-¿Sabes cómo llegar a mi casa?- Cat rió un poco casi sin creer las palabras de su amiga, pero la innocente burla sesó cuando notó la mirada aún seria en su amiga de piel porcelana.

-¿No sabes cómo llegar a tu propia casa?- ojos avellana completamente abiertos, casi sin creerse la reciente noticia, cabeza semi-inclinada, dejando al aire una de las enmarañadas coletas.

La blanca piel de la niña casi avergonzada se tornó rosada.

-Sí...Um... Bueno... A veces... Las personas pueden no saber eso... Yo...- La sonrisa en la alegre niña se volvía cada vez más grande, burlesca por su amiga titubeante. Un enormé suspiro salió de los pálidos y suaves labios, sin ideas para argumentar máss. -No. Pero no te rías.- Cat tapó sin mucho éxito la pequeña risita que se escapó de sus labios, haciendo a su amiga fruncir el ceño y cruzar la manos, mirada voltando hacia otro lado. -¿Tu sábes cómo llegar a mi casa?-

Las grandes pestañas revolotearón escondiendo y dejando a la vista los profundos ojos cremosos de la niña con infinita ternura. -¿cómo crees que te visito?- La pequeña con bella sonrisa tomó delicadamente el brazo de su amiga guiandola hacia delante algunos pasos; las manos tan cálidas y

suaves de la niña brindaban confianza a Jade, como nadie más podía... (No hasta el mmento al menos)

El día casi se hiba, solo una tenue luz que impedía la penumbra total iluminaba las, ahora tranquilas calles y boulevards de L.A.

El paso de las niñas era lento, como si el tiempo no importara más, éllas tenían su propio universo. Sin acelerar el paso, tranquilas caminando mano con mano, a veces en silencio, a veces, ese silencio también era interrumpido por pequeñas pláticas de la ángelical niña de ojos cremosos; aquellos ojos avellana brillarón con una chispa de alegría y otra indicando que una idea había llegado a la cabeza de la niña, haciendola parar en seco y con ello a su amiga.

-¡Mira, Jadey!- Cat señaló con su diminuto dedo indice a un hombre guardando algunas cosas dentro de su puesto ambulante, dispuesto a volver a casa por una jornada terminada, era el mismo hombre que hace horas le había vendido un helado a la familia que presenció Cat. Jade volteó la mirada hacia dónde su amiga dirigía su dedo, pero ella solo se elevó de hombros sin mucho cuidado.

-Ya está a punto de cerrar, Cat.- Jade intentó hacer avanzar a su amiga, pero ésta la detuvó con tan solo una mirada, labio inferior fuera, ojos como si estuviera a punto de llorar. La niña de ojos esmeralda-topacio exaló elevando las manos en rendimiento, haciendo a su amiga aplaudir alegre y correr hacia el puesto casi a punto de irse. Escarband entre sus bolsillos sacó ls 75 centavos de antes, sin embargo, está vez ella volteó hacia su amiga.

-Ya solo necesitamos...- Cat pensó por un momento elevando los ojos como si la respuesta fuera a llegar repentinamente. -Algunos centavos más. ¿Tienes?..- la niña de coletas elevó con carisma los 75 centavos hacia su amiga, quién bajó sus mochila al piso escarbando entre las infinitas bolsas que ésta contenía, sacó no sin dificultad un dolar arrugado.

-Mejor solo paguemos con ésto ¿Crees que alcanzé?- Cat movió de arriba a abajo la cabeza con una enorme sonrisa, tomó nuevamente el brazo de su amiga guiandola hasta el señor que a esta hora ya había terminado de recoger. La niña recargó los brazos hasta sus codos en el pequeño carrito blanco de helados, con ojos totalmente brillantes, cálidez que podía derretir un iceberg sin dificultad.

-Y cerré, lo lamento niñas.- El hombre recogió una sucia mochila del suelo intentando seguir su camino, pero la niña aún apoyada en el carrito lo interrumpió antes de avanzar. -Niña, quitaté me tengo que ir.- El hombre volvió intentar a avanzar en vano, respirando hondo.

-Vamos, solo vendanos un helado. Es mejor para usted, ¿no cree? Una venta extra.- la audaz niña de piel porcelana intervinó en la platica, una ceja elevada, gesto acompañado por una sonrisa triunfante. El hombre frunció el ceño ante la astucia de la niña, después se rindió tirando al piso nuevamente la mochila.

-Sabor...- las niñas sonrierón victoriosas la una a la otra.

-Fresa...- la pequeña de ojos avellana dijo sin pensarlo dos, aunque, justo cuando el vendedor iba a servir el helado la niña de piel porcelana interrumpió el acto con una mueca de desagrado. -¿Qué pasa , Jadey? ¿No te gusta la fresa?- El hombre se recargó en el carrito esperando una respuesta de las niñas, los ojos avellana mirando confundidos.

-Sí, pero... No sé, todo mundo ama la fresa, ¿Por qué no elegimos otro sabor?- Cat pensó por un momentó hasta que su mirada se elevó nuevamente al señor, tronando los dedos a como pudo.

-¿Tiene cereza?- El hombre agitó la cabeza de arriba a abajo, lentamente, sin mucho afán volvió a abrir el contenedor dentro del carrito, tomó un cono de entre los compartimientos para poder servir ahí el helado. Ya fastidiado del día les entregó el helado de color rojizo a las niñas.

-Un dolar.- Jade tomó el helado en sus manos, mientras Cat le ofrecía el último dolar del día al señor, quién inmediatamente tomó lo poco que saco y se fue sin decir otra palabra.

Las dos niñas se pararón una frente a la otra, ahora Cat sostenía el helado, las dos se mirarón como esperando algo. -¿quién prueba primero?- La adorable niña de coletas preuntó a su amiga de penetrante mirada, quien solo se encjió de hombros. -¿Yo?- Jade aceptó con un mvimiento de cabeza.

-Uhum... ¿Por qué no?- los rosados labios de Cat se acercarón al helado hasta cerrar el espacio entre la golosina helada y su boca, rápidamente retiró sus labios casi pintados con restos de rojo, aquellos casi rojos labios formarón una sonrisa.

-Pruebalo, Jadey. Me encanta.- los labios rosas de Cat dierón una última provada antes de que los pálidos y suaves labios de su amiga provarán también el helado de frutos rojos. Una sonrisa apareció igualmente en el rostró semi-pálido de la pequeña. -¿te gustó?- Jade agitó su cabeza de arriba a abajo en señal de acierto.

Las dos seis-añeras continuarón su camino a paso aún más lento, compartiendo de lamida en lamida en helado de cerezas.

En el cielo la luna ya se podía ver, la luz ya casi se había hido, eran las seis de la tarde, el clima era perfecto, cálido, pero fresco, sin los sofocantes rayos del sol que llegaban directo a tu piel.

Un profundo suspiro salió por fin de los labios casi rubí de Cat.

-Jade...- La dulce voz melodiosa de su amiga, hizó a la niña con piel cremosa voltear a su amiga. Una mirada preocupada que no solía ver mucho en su amiga.

-¿Qué pasa Cat?- Los hermosos ojos oscuros fuerón cubiertos por parpados, resguardados por largas pestañas, ésto hizó a Jade preocuparse, ojos abiertos, ansias por saber que traía tan mal a la hermosa niña.

-¿Tú sabes por qué mi hermano...?- la pregunta se quedó hasta ahí pr el momento, un espacio en blanco que lanzaba escalófrios por la sangre de Jade. -Yo... Yo solo lo abrazé como te abrazo a ti, él se enojó mucho, no escuché bien que decía, después pensó que me había lastimado y se puso muy tenso...- Una mirada de horror al recordar sustiyó la aleger mirada de la pequeña de coletas. -Mi mmáma no quizó decirme que pasaba, nunca me dicen... Yo...- La niña paró en seco, sin palabras por el momento. Había robado la total atención de su amiga. -Yo solo quiero qué él sepa que no me daño y qué puede estár tranquilo... ¿tú sabes por qué le pasó eso?- bellos y profundos ojos mirando con esperanza a los tapacios con sombras de esmeralda. Jade negó trsitemente con la cabeza.

-No sé... Tal vez solo... Se enojó y luego... Se preocupó por dañarte, tu hermano debe quererte mucho.- Cat hizó una mueca de confusión sin saber como respnder, Jade empezó a jugar ansiosa con sus propios delgados dedos.

-¿Qué te hizó tardar tanto? Pensé que tu papá iba a venir por ti a la escuela...- Cat cambió drásticamente el tema, aunque, de todas la veces que lo había hecho, ésta fue con próposito. Jade se encojió de hombros, tomando un poco de el helado con sus dedos hasta llevarlo a su boca.

-Exacto, él iba venir... Tal vez... Solo estaba ocupado, y... Y mi mamá,... Élla está... No puede venir...- Los ojos cristal bajarón la vista al pavimento, observando no más que las caídas hojas de árboles que, volarón hasta ahí. Los ojos topacio, comenzarón a llenarse de lagrimas, de pensar en por qué su mamá estaba 'enferma' y preguntandose por qué todo era así. -Cat...- la voz quebrada y diminuta suavizó aún más aquellos bellos ojos avellana. -¿Crees... Crees qué mi papá me quiera?- Si había dos únicos tipos de personas en el mundo que no podían mentir, esos eran los niños y los borrachos. Sin embargo, élla era un ángel, un ángel sin la fuerza suficiente para ver lloar a su amiga.

-Tal vez no sabe como mostrar que ama...- Los cristalizados ojos claros clavarón su pupila en el dulce ángel de coletas. -Sabes... Yo te puedo recger mañana...- Una sonrisa incredula apareció en el rostro de la niña con piel porcelana.

-Cat, pero tú no puedes hacer eso, además, también tienes escuela.- La niña de coletas se alzó de hombros.

-Sí, pero de todos modos, hoy iba ser elúnico día que mi mamá me recogiera. Después de salir iría a buscarte a tu escuela. Tú puedes hacerlo también con migo... Nos podemos turnar.- El rostro de Jade se eliminó con una sonrisa enorme, tal vez su amiga tenía razón después de todo.

-Claro, ¿Por qué no? De todos modos ¿Quién necesita que lo recojan sus padres si nos tenemos la una a la otra?- sedosas coletas volarón de arriba hacia abajo en un efúsivo movimiento de cabeza, una sonrisa brillante.

-Es un trato... Y durará... Hasta... Siempre.- Unos pasos después de estas palabras la niñas se pararón frente a una enorme construcción de estilo victoriano y járdin verde, sí, la casa de hace algunas horas.

Finos brazos porcelana rodearón la aún no fromada, cintura de la pequeña ojos avellana, quién le devolvió en abrazo. Depués de minutos que parecierón segundos para éllas, rompierón el abrazo nuevamente, repitiendo lo sucedido en la mañana, con la diferencia de qué, ésta vez no volverían a pasar tanto tiempo separadas.

Cat se despidió con un dulce beso en la mejilla de Jade. -Hasta mañana, princesa.- No, no lo había olvidado, aquella vez en la casa del árbol. Una sonrisa se dibujó en los labios pálidos de Jade, haciendo no tan mala cosa el hecho de volver a casa.


Espero que haya sido bueno... Besos