Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pertenecen a Sir Arthur Conan Doley y a la BBC, los utilizo simplemente con fin de entretenimiento y sin ánimo de lucro. Es puro entretenimiento.

N/A: ¡Este fic es un regalo de cumpleaños para mí queridísima Nessa! Basado en una adaptación de su prompt ENE50 del topic de cumpleaños de enero del foro "I am sherlocked". Un abrazo enorme querida.

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Para Nessa, con cariño...

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"Deseo, deseo…"

Capitulo 2

— ¡Oh, vamos!— Greg Lestrade había hecho desalojar a sus agentes del apartamento en cuanto Mycroft comenzó a respaldar todas aquellas ideas locas en las que Sherlock llevaba horas divagando.

Cerró la puerta del apartamento con mucho cuidado, no debían olvidar que había un bebé durmiendo. Con paso lento alcanzó el sillón de John y se sentó en él. Torció el gesto, y miró de un Holmes a otro sin articular palabra.

—Si me hubieras hecho caso… hasta tú te habrías dado cuenta de las similitudes…— Sherlock alzó la voz y un sonido de regaño de la señora Hudson le hizo recordar la situación. Sherlock estaba visiblemente alterado, aquello escapaba de toda lógica y sin embargo era lo único razonable.

—Oh sí claro, porque cuando desaparece un hombre, o aparece un niño… eso es lo más lógico, ¿no? Que un hombre de cuarenta años, se haya transformado en un bebé… o sí, ¡eso es lo más lógico!

— ¡Shhh! — la señora Hudson se acercó a ellos con semblante serio, posándose un dedo en los labios, aquellos dos merecían una buena reprimenda por alzar la voz de aquella manera.

—Entiendo su postura inspector, pero los hechos indican que eso exactamente es lo que ha ocurrido— Greg miraba a Mycroft muy atentamente, él era la única persona en el mundo de la cual jamás dudaría, aunque le dijera que estaban cayendo ángeles del cielo, lo creería.

Greg Lestrade se dejó caer abatido en el respaldo del sillón, no podía esconder su frustración, aquello era ilógico, y no podría de ninguna manera hacer que constara en un informe policial. ¡Por dios, se había abierto un caso de secuestro! ¿Qué podía decir ahora sin parecer estúpido ante todo Scotland Yard?

Un silencio incómodo se instauró entre los tres hombres, cada uno sumido en sus pensamientos. Aunque aquello no duró mucho, una pequeña tosecita provino del piso superior y a Sherlock ya se le había erizado la piel antes si quiera de la segunda.

Todavía recordaba con angustia lo sucedido, todo cambió apenas dos horas después de dar por terminado la visualización de rocas incandescentes con John. Él había permanecido en la cocina avanzando con un experimento, debía de recuperar algo del tiempo que había perdido por culpa de John y su ensoñación infantil, cuando lo oyó… un ruido extraño, una tos e inmediatamente un lloro incontrolado.

Corrió escaleras arriba realmente asustado, ni siquiera se detuvo a llamar a la puerta, estaba claro que algo sucedía. Al entrar localizó rápidamente la procedencia de aquellos llantos en un bulto que no paraba de moverse dentro de lo que parecía el pijama de John. Sherlock no recordaba haber estado más asustado en su vida, cuando al alzar las ropas lo vio, totalmente congestionado de los lloros, mirándolo con aquellos ojos azules inconfundibles… recuerda haberse apartado de él instintivamente, y como cada vez lloraba más y más, y él simplemente no podía acercarse.

Ahora la fuente de los llantos estaba cada vez más y más cerca y Sherlock había reaccionado exactamente igual, aparatándose hasta llegar a la pared más alejada, ante la curiosa mirada de su hermano.

—Puedo oler el miedo hermanito…

— ¡Oh, vamos... cállate! — Mycroft estalló en risas mientras balanceaba su peso apoyado en su inseparable paraguas, aquello iba a ser extremadamente divertido.

Molly apareció rápidamente con John en sus brazos mirando a todos inquieta pues el pequeño continuaba llorando desconsolado, le había colocado un pequeño pijama a rayas que la señora Hudson le había llevado con algunas cosas más que había pedido a la señora Turner, el pequeño John estaba cambiado y calentito y pese a ello no paraba de llorar.

Mycroft se acercó a observarlo todavía con una sonrisa en la cara y John dejó un momento de llorar para mirarlo, frunció el ceño, alzó una de sus prácticamente invisibles cejas y comenzó a llorar todavía más fuerte.

— ¡Eso va a ser que no le gustas Myc! —dijo burlonamente el detective inspector, antes de que en su propio rostro fuera evidente el rubor, tras haber pronunciado el nombre que le daba en la intimidad ante todos, afortunadamente los lloros de John parecían haberlos distraído suficientemente para que nadie se percatara de ello….

— ¡Uy! Eso va a ser hambre, ¿a que sí cosita bonita? Ahora mismo te preparó algo muy rico…— la señora Hudson miró un momento a la cocina de sus chicos, con tanta cosa potencialmente peligrosa por en medio…— mejor, lo preparo en mi apartamento.

—Oh, pues yo… —Molly hizo como si mirara la hora en un supuesto reloj de pulsera invisible para el resto de mortales de la habitación — lo lamento… es muy tarde… tengo que entrar a trabajar… —dicho lo cual se acercó a Mycroft con John y este volvió a alzar el volumen de sus lloros.

—Ni hablar —pronunció el político de manera cantarina.

Molly avanzó hacia su segunda opción, Gregory había tenido hijos, por lo tanto tendría experiencia con ellos…o al menos eso pensó la patóloga.

— ¡Ah, ah, ah! — Greg alzó las manos como si estuviera detenido sin poder ocultar un gran sonrisa en los labios — ¡Me temo que no es mi división!

Molly refunfuñó cosas ininteligibles, y sin dar opción a replica colocó a John en los brazos de un tembloroso Sherlock, que apenas si atinó a sujetarlo antes de la joven lo soltara para señalarlo amenazante con un dedo — ni se te ocurra protestar, ni hables… solo tómalo… es tuyo, es tu amigo, tu compañero, tu blogger, tu John…— Molly hacía aspavientos con los brazos — ¡¿Ni rechistes entendido?!

De repente todo quedó en silencio.

John se había callado inmediatamente en los brazos de Sherlock, y este bajó la mirada para encontrarse con aquellos ojos azules que tan bien conocía. Ambos se miraban fijamente como buscándose en los ojos del otro y los allí presentes aunque intercambiaron miradas de sorpresa, no se atrevió a hablar y romper aquella atmósfera de intimidad que los envolvía.

A Mycroft se le borró rápidamente la sonrisa de la cara cuando pudo claramente leer en su hermano la profunda tristeza que aquello le provocaba. Abandonaron todos el apartamento en completo silencio, un silencia que todavía mantuvieron al llegar a la calle y no fue hasta que Greg abrió para Mycroft la puerta de su limusina, que este le dijo con un suspiro — Prométeme que lo cuidarás Gregory.

—Siempre.

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N/A: ¡Continuamos con esta pequeña historia por el cumpleaños de mí querida Nessa!

Espero que te esté gustando querida… - se va a escribir –

Besos Lord.