Cap._2: Nuevo hogar,nuevos horizontes...
Después de desayunar , Marc y Bella llevaron a las niñas al coche:
-Nuestra casa no está en el centro de Londres exactamente … es una casa unifamiliar con jardín en un pueblecito pequeño … bueno, la verdad es que somos veinte familias jajaja – dijo Bella nerviosa – es pequeña pero acogedora , estamos a dos minutos andando del centro del pueblo, es muy tranquilo y...
-Bella, cariño tranquilízate, se que estás nerviosa pero seguro que a las niñas les encanta …
-No se preocupe señora Bella, Luna y yo estamos muy agradecidas por que nos hayan dado esta oportunidad, seguro que el pueblo y la casa son ideales...
-Sí, no se preocupen, estamos acostumbradas a tener poco espacio...
-Gracias niñas, pero es que todo esto es muy nuevo para mí y quiero... bueno, queremos que sea perfecto...
Marc se giró y le besó la frente a su mujer. Al salir del centro comercial entraron en la autopista y después de casi media hora salieron hacia una carretera secundaria. Pasaron varios pueblecitos hasta llegar a una desviación, a lo lejos se veían un conjunto de casitas y tiendas. Sunny miraba por la ventana del coche y Luna en cambio miraba fotos en su teléfono. Al pasar, la gente del pueblo se paraba a saludar a la pareja del coche casi sin reparar en las dos pasajeras de la parte de atrás. Tomaron un camino de tierra y al final de este había una casita de madera de dos pisos con el porche blanco, y un jardín delantero precioso.
-Al fin, creí que nunca íbamos a llegar jajaja- rió Bella – Niñas esta es vuestra nueva casa …
-Guau Luna, mira ¡es preciosa!
-Ya veo Sunny, cálmate, te va a dar algo...
-Jajajaja, veo que os gusta – dijo Marc, entraron en el camino al garaje- Bella baja con las niñas y sus cosas por la puerta principal que yo ya meto el coche...
-Está bien, niñas bajaros y vamos a coger vuestras maletas...
Bajaron del coche y recogieron las maletas, acompañaron a Bella hasta el porche donde esta abrió la puerta, dando a un salón espacioso con una chimenea sobre la cual había una televisión enorme, una librería al lado, dos sillones y un sofá de tres plazas. Al otro lado una cocina impecable y nueva con nevera de dos puertas, y una isla con sillas altas para comer. Pasada la cocina había dos puertas, una conducía al garaje y la otra daba a un pequeño aseo. Al otro lado un pequeño despacho que era de Marc y en el medio unas escaleras rectas de madera que subían al piso de arriba. Las niñas lo miraban todo con los ojos abiertos como platos, nunca se habían planteado tener una casa tan grande y linda. Bella iba al lado de ellas explicándoselo todo, al subir, a la izquierda estaba la habitación de los padres con su baño propio y a la derecha una puerta cerrada blanca era lo único que les quedaba por ver a las gemelas.
-Bueno niñas, este es vuestro cuarto ...- dijo apenada Bella
-Bella se ha pasado los últimos tres meses decorándola así que esperamos que os guste – añadió Marc- os esperamos abajo...
-Muchas gracias, de verdad- Sunny estaba súper ilusionada y saltaba de la emoción.
Marc y Bella bajaron abrazados para darle algo de intimidad a las niñas. Estas, una vez solas, abrieron la puerta para entrar en su futura habitación.
Al entrar se encontraron de frente una gran ventana con un par de puff, uno azul y otro verde. A cada lado de esta, había una litera, en la parte de arriba las camas, con colchas y almohadas a juego en tonos crema y rosas con flores. En la parte de abajo, un escritorio con libros y una silla de despacho.
A cada lado de la habitación había una puerta, una daba a un baño propio con bañera y la otra a un armario vestidor vacío para que ellas llenases con su ropa.
Las gemelas empezaron a deshacer las maletas y a colocar la ropa en el armario, los libros en su escritorio y las maletas al lado de la cama.
- ¿De verdad aún conservas eso?- preguntó Luna sorprendida
- Sí, bueno es lo único que nos queda de ellos... - respondió Sunny abrazando un pequeño peluche en forma de conejito azul.
Cuando acabaron de desempacar, bajaron y el resto del día transcurrió con normalidad.
Los días pasaban y la pareja se esforzaba por caerles bien a las niñas, las llevaron al zoo, a museos, a la biblioteca, al parque, a la playa, les compraban ropa, zapatos, libros, cuadernos, lápices de colores, rotuladores, pinzas para el pelo, Bella les preparaba comidas que les encantaban y Marc les construyó un columpio en el jardín. Las niñas estaban encantadas y hacían lo posible para demostrarlo, al principio casi sin hablar ni moverse para no molestar, pero al ver que eso entristecía a sus nuevos padres, comenzaron a portarse como las niñas que eran.
Todo fue así hasta el 7 de junio, el día del cumpleaños de las gemelas:
El día empezó como cualquier otro; Sunny despertándose y corriendo a meterse en la cama de su hermana para despertarla a ella también...
-Lunaaa... despierta... que ya es hora...
-Sunny, por favor … déjame dormir...
-¿No sabes que día es hoy?- Sunny se sentó encima de Luna- Hoy es nuestro cumpleaños...
-Pues mi regalo es que me dejes dormir un rato más...
-Luna, eres una aburrida... Me prometiste que iríamos a la playa a por conchas...
-Pufff. ... está bien, está bien ya me levanto...
Ambas se levantaron y bajaron en pijama a la cocina, donde Bella tenía dos platos con tortitas y sirope, uno de fresa y otro de chocolate, dos tazas de leche, uno con cacao y otro con vainilla y dos cajitas envueltas al lado...
-¡Niñas! Buenos días... ¿Qué tal habéis dormido?
-Genial... como siempre...- respondió alegre Sunny
-Habla por ti...- refunfuñó Luna- Yo aun tengo sueño...
-Hola niñas...-dijo Marc entrando en la cocina- ¿Qué vais a hacer hoy?
-Iremos a la playa a por conchas...- contestó Sunny
-Está bien, pero a las ocho en casa...- Bella se giró para apoyarse en la isla.
-Vale...- dijo Luna- Aunque es algo temprano... aun es verano...
-¿Por qué no abrís vuestros regalos?- dijo Marc.
Las niñas obedecieron y abrieron las cajitas idénticamente adornadas: La de Sunny era un colgante en forma de sol y el de Luna una luna... las niñas se miraron, sonrieron y se intercambiaron los colgantes:
-¿No os gustaron?- preguntó preocupado Marc.
-Podemos cambiarlos si queréis...-añadió Bella
-Son geniales, no se preocupen...-dijo Luna
-Nos los hemos cambiado para acordarnos la una de la otra...- añadió Sunny
-Está bien... anda comed, que se os va a enfriar el desayuno...
Desayunaron, subieron a vestirse, Luna con un pantalón corto blanco y una camiseta roja, Sunny con un vestido rosa. Cogieron una mochila para meter las conchas y salieron. Llegaron a la playa en menos de cinco minutos y comenzaron su búsqueda.
Cuando les dio hambre, sacaron los bocadillos que Bella les había hecho y las botellas de agua; almorzaron y jugaron en la orilla del mar... La tarde se les pasó volando y cuando comenzó el atardecer, se sentaron en la orilla para verlo:
-Luna... ¿qué te apetece de regalo por tu cumpleaños?
-Humm... una bicicleta nueva... ¿y tú Sunny?
-Qué esta familia sea la definitiva...
-Sabes que eso no puedo dártelo...
-Pues quiero que la luna sea rosa...
-Ja ja ja está bien... pues conseguiré que la luna sea rosa...
Se quedaron sentadas un rato más y luego se levantaron para irse a su casa. Al abrir la puerta todo estaba a oscuras, y al encender la luz...
Toda la gente del pueblo estaba en el salón, que estaba decorado con globos y serpentinas de colores.
Bella tenía una tarta de tres pisos en las manos y Marc lo grababa todo en vídeo con su cámara .
Las niñas se sorprendieron y comenzó la fiesta. Cuando les tocó soplar las velas, cada una pidió un deseo: Sunny que fueran felices en esa casa y Luna que la luna fuese rosa.
Cuando la fiesta terminó, las niñas se despidieron de todos y se fueron a su habitación, se pusieron el pijama y se sentaron en el alfeizar de la ventana para charlar como hacían a menudo, solo que esa noche había algo diferente...
La luna era de color rosa.
Las hermanas se abrazaron y se fueron a dormir pronto.
Al día siguiente, mientras desayunaban un bol de cereales con leche, la puerta de la entrada sonó y Bella fue a abrir. En la entrada, una mujer vestida totalmente de negro y con los cabellos canosos recogidos en un moño y un hombre de unos treinta años con el pelo castaño oscuro y vestido de traje, pidieron hablar con Bella y Marc.
