Como en los reviews noté que habían quedado dudas acerca de ciertas partes. (Cosa que yo noté cuando miraba el techo de mi cuarto) así que escribí está pequeña parte, como bono, pero esta vez, visto por Kagome. Pues, como habran entendido en la primera parte, fue relatada por InuYasha.

Ya, sin cosas que decir, les dejo esta parte…

-

-

Vuelve

-

(Kagome´s POV)

-

(One-Shoot)

-

(Song Fic)

-

-….- (Lo que dicen los personajes)

"-….-"(Lo que piensan los personajes)

(Separación)

(…) (Cualquier cosa que yo desee decir o aclarar)

Lara Lara Lara (Canción)

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sólo hago uso de ellos para calmar esta naciente inspiración al escuchar por enésima vez en una hora la misma canción. Sin contar que ya me hubieran demandado por sobre-explotación por usarlos cada dos horas para cada capítulo de todos mis fics.

-

(Capítulo Único)

-

Por fin hemos logrado completar la perla, y todos al parecer han alcanzado la total felicidad. Pero, ¿qué le pasa a InuYasha? Desde hace ya unos días que se ha mantenido alejado de todos. De mí. Sé que algo le pasa, lo tiene preocupado. Su mirada está ensombrecida, triste, solitaria. Está sufriendo y quien sabe por qué cosa. Quiero estar con él, saber que le molesta.

-Kagome, ven, necesito hablar contigo—me dice con una voz gruesa, lúgubre. Muy diferente a su tono normal.

No dudo ni un segundo en seguirlo, si con eso me dirá el por qué de su dolor. Conozco a la perfección hacia donde me lleva. El lugar donde lo conocí. Sellado contra el tronco de ese viejo árbol del tiempo. Dormido, pues jamás me ha cruzado la idea de que estuviera muerto. Levantó mi mirada, está tenso. ¿Qué querrá decirme? Los árboles se van abriendo poco a poco, dejando paso completo hacia el Goshimboku.

Se ha detenido, pero no se gira para verme a los ojos.

-¿Qué sucede, InuYasha?pregunto al verlo tan extraño--¿Ocurrió algo?-

-Tienes que irte—me dice sin siquiera mirarme.

Algo me dice que ya no volverás
Estoy segura que esta vez
No habrá marcha atrás

-¿Qué…?—preguntó dolida, sintiendo como mis piernas comienzan a temblar. No puede estar pasando esto.

-Vete—me exige de espaldas. Ya no puedo soportarlo más, mis ojos comienzan a humedecerse por las lágrimas y no les impido correr con libertad por mis mejillas. Un extraño frío me está carcomiendo con lentitud.

-InuYasha… ¿Por qué…?—preguntó entrecortadamente, intentando saber la razón de echarme, literalmente, del Sengoku. Por lo menos necesito una razón.

-Ya hemos completado la perla, es hora de que regreses a tu tiemporesponde fríamente.

-¿Sólo me querías para encontrar los fragmentos, cierto?—preguntó llevando mis manos al pecho, sintiendo como mi corazón late de manera desbocada. ¡Sólo me ha estado utilizando! Esta vez no contestó y su silencio fue mucho peor que cualquier otra respuesta. Comienzo a retroceder, alejándome de él. No lo quiero ver. Me giro y comienzo a correr hacia la aldea, con mis lágrimas aún corriendo por mis mejillas, nublándome levemente la vista.

-InuYasha…

No lo volví a ver desde ese día. Pero yo ya había tomado la decisión. Me iría si eso era lo que él quería. Me despedí de todos, no les dije la verdadera razón, aunque estaba completamente segura de que ellos la descubrirían tarde o temprano. Si no es que ya la conocían. Ese día estaba nublado. Todos en la aldea estuvieron deprimidos y mis amigos lloraron cuando me despedí definitivamente. Y él, no hizo presencia. Me aleje, caminando hacia el pozo. Ellos se despidieron con abrazos, lágrimas y besos.

Miré el fondo del oscuro pozo, y luego tras de mí. Adiós a todo. Con un nudo en la garganta me senté en el borde y me lancé. Dispuesta a olvidarme de todos. Sobretodo de él.

-Adiós, InuYasha…

Después de todo fui yo a decirte que no
Sabes bien que no es cierto
Estoy muriendo por dentro

Y pasó el tiempo. Intenté volver a inicia mi vida normal, con la escuela, mi familia, mis amigos. Con la época actual. De verdad que lo intenté, pero cada cosa que veía me los recordaba. Todo. Cada noche miraba la Luna, y lloraba en silencio. ¿Por qué? Aún no lo comprendía. Debería de odiarlo para así lograr olvidarlo. Aunque eso sería como intentar arrancar un pedazo de mi alma y corazón.

-Olvidar al que alguna vez fue el amor de mi vida…--murmuré sentada en el escritorio, haciendo pequeños dibujos en las esquinas de mi cuaderno de matemáticas. Una perla, un boomerang, un pergamino, flechas y arcos, orejitas de perro entre otras cosas.

¿Cómo demonios pretendía olvidar, si me la pasaba recordándolos a cada momento? Sólo había una forma de sacarlo de mi corazón. Usando un viejo dicho que mi madre alguna vez me dijo para reanimarme.

Para sacar a un clavo, se necesita de otro clavo…

He intentado encontrarte
En otras personas
No es igual
No es lo mismo
Nos separa un abismo

-¡Kagome, Houjo ya ha llegado!—gritaba mi madre mientras yo me sujetaba mi cabello en una coleta alta. Esta era la segunda vez que salía con él. Sí, la primera vez la desesperación me dominó y corrí de regreso. Rogando por el bienestar del hanyou. Ahora no, ya han pasado ocho meses de dolor, sufrimiento, lágrimas derramadas.

-¡Ya voy!—respondí mirándome por última vez en el espejo, había cambiado en esos últimos meses. Bueno, veamos como me va con el descendiente de Akitoki, pensaba con una sonrisa.

Bajé las escaleras con una gran sonrisa, y cuando lo vi, algo dentro de mí palpitó. ¿Por qué de todos los malditos colores tenía que escoger el rojo? Apreté mis puños, intentando despejar mi mente. Alejar su imagen de mi cabeza. Esos ojos dorados, su sonrisa arrogante pero cariñosa. Sacarlo de mis pensamientos. Abrí mis ojos y le sonreí al muchacho, iba a salir, cuando recordé que había dejado mi pendiente en la habitación. ¡Qué descuidada!

Vuelve,
Que sin ti la vida se me va
Oh, vuelve
Que me falta el aire si tú no estas
Oh, vuelve
Nadie ocupara tu lugar

-¡Diablos, olvidé mi pendiente!—chillé dándome la vuelta—Espérame afuera—pedí ya subiendo las escaleras.

Entré rápidamente en mi habitación y comencé a buscar en todos los cajones. ¿Dónde había dejado el pendiente? Busqué en mi caja de música, encontrándolo junto a un colmillo que Sango me había dado. Me había dicho que me protegería de cualquier mal que quisiera dañarme. Sonreí mientras lo tomaba entre mis manos. Un colmillo canino. ¡Basta! Dejé el molar en su lugar, acomodé el pendiente en mi ropa y bajé corriendo. Como era de esperarse, el chico ya estaba afuera, esperándome.

Houjo!—grité saliendo de la casa, corriendo hacia el chico que me esperaba recargado en el árbol del tiempo. Temblé levemente antes de sujetarlo de un brazo e intentar ignorar ese dolor que comenzaba a nacer de mi corazón. Algo estaba fuera de lugar. Lo sentía con mucha claridad.

Sobra tanto espacio
Si no estas
No paso un minuto sin pensar
Sin ti la vida lentamente se me va

Él me sostuvo, y sonrió con amabilidad. Intenté corresponder ese gesto. Y así, caminamos juntos hacia la escalinata, listos para disfrutar de nuestra cita. Recargué mi cabeza sobre su hombro y cerré los ojos. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal, obligándome a abrir mis ojos de golpe y detenerme; Houjo me miró preocupado.

-¿Sucede algo, Higurashi?—preguntó al verme allí, parada, perpleja.

No era posible, simplemente, no. Miré tras mí e ignorando por completo al chico, comencé a correr escaleras arriba. Escuché como me llamaba y así desperté de ese extraño hechizo que me había dominado de momento. Lo vi, ahí, confundido. Y no era para menos, de nuevo lo iba a dejar plantado. Pero, algo me llamaba, con fuerza sobrehumana.

-¡Lo siento Houjo, pero no puedo salir hoy, acabo de recordar algo, será otro día!—grité despidiéndome, antes de seguir con mi loca carrera. Ya conocía ese presentimiento y sólo un objeto en toda la faz de la Tierra poseía tal poder.

-La Shikon…la perla…InuYasha…--murmuraba al llegar al final, antes de comenzar a correr hacia el templo del pozo.

Y a pesar que fui yo
A decirte que no
Sin embargo aquí sigo insistiéndote

Me detuve en la entrada, sintiendo como la presencia se hacía más y más fuerte. De un rápido movimiento arranqué los pergaminos que sellaban la entrada. Solté un pequeño chillido cuando abrí la puerta corrediza con fuerza, encontrándome frente a frente con la roja silueta de mi hanyou, parado sobre el borde del pozo, dispuesto a saltar de regreso al Sengoku.

-Inu…Yasha…--murmuré sintiendo como todos mis sentimientos volvían a florecer, obligándome a hablar de manera entrecortada. Sollozante…

Sobra tanto espacio
Si no estas
No paso un minuto sin pensar
Sin ti la vida lentamente se me va

-Kagome…--respondió él, entre un triste y sorprendido susurro. Noté como apretaba sus párpados antes de girarse e intentar saltar dentro del pozo. Estaba huyendo, de mí. Desesperada corrí y lo sujeté de una manga con toda mi fuerza, dejándolo colgado por escasos segundos. Sentí como pisaba un escalón, pero no por eso lo solté.

-No, por favor, no te vayas…--decía hipando, sujetándolo con fuerza, clavando mi mirada en la suya, notando que estaba opaca, sin vida. ¿Qué había pasado en los últimos ocho meses?-- Vuelve…no me dejes sola…por favor…no de nuevo…--añadí soltando más lágrimas, que corrieron por mis mejillas antes de caer contra su rostro.

Vuelve,
Que sin ti la vida se me va
Oh, vuelve
Que me falta el aire si tú no estas
Oh, vuelve
Nadie ocupara tu lugar

Sentí una de sus manos acariciar mi mejilla, secando algunas de las múltiples lágrimas que corrían por ella. Para luego, comenzar a subir por la escalera colgante, y mirarme fijamente. Una sonrisa, y un abrazo. No pude hacer nada, me quedé paralizada entre sus brazos. Apreté la tela del haori con mis puños, tenía algunas preguntas que hacer, a muy pesar mío de no querer dejarlo ir.

-¿Cómo…?—intenté preguntar, pero él se adelantó.

-Pedí un deseo—fue lo que respondió, antes de separarme un poco de él, para buscar algo en el haori. Mis ojos se abrieron ante lo que tenía frente a mí. La Shikon, desapareciendo con suma lentitud en su palma—Y ella lo cumplió sin dudar—finalizó mirando la perla desaparecer por completo.

-¿Por qué…?—seguía sin entender por completo.No quería hacerme ilusiones con la idea que en esos momentos recorría mi mente.

--Quería verte, y pedir perdón—respondió sujetándome por la cintura—Fui un idiota, pero…--decía cerrando sus ojos, evitando así ver los míos que posiblemente se hallarían opacos por los dolorosos recuerdos—Tenía miedo—admitió pegándome más contra su cuerpo.

Pegué un brinco. Él jamás admitía sus miedos, temores. Lo miré con sorpresa al no entender lo que acababa de decir. Sus ojos ya no estaban oscuros, y eso comenzó a tranquilizarme, de nuevo ese brillo dorado regresaba a sus pupilas.

-Temí que algo te sucediera ahora que la perla había sido completada—decía clavando su mirada en la mía, dejándome paralizada—Así que, yo, no debí decirlo así, pero…--me abrazó con fuerza—Odio las despedidas y si te miraba a la cara yo…—recargó su barbilla sobre mi cabeza—No te hubiera dejado ir—finalizó, dejándome sin palabras.

Vuelve,
Que sin ti la vida se me va
Oh, vuelve
Que me falta el aire si tú no estas
Oh, vuelve
Nadie ocupara tu lugar

-Te extrañé demasiado—me decía tiernamente--¿Volverías conmigo?—preguntó mirándome a los ojos, de una forma en la que jamás me había visto--¿Con todos?—agregó.

No pude responder verbalmente, sólo me lancé sobre él, aferrándome con fuerza a su cuello, para así llorar de la emoción. Sentí como pasaba su mano por mi espalda, dándome leves golpecillos, intentando hacerme callar ese llanto.

-InuYasha…--dije ocultando mi rostro en su cuello, aspirando ese aroma masculino que tanto me agradaba—Yo te extrañé tanto, lloré por tantas noches…--añadí entre hipos--¡Oh no saber como desee volver a verte!—finalicé abrazándolo con más fuerza.

-Ya, aquí estoy, además, necesitaba saber si eras capaz de perdonarme por todo lo que dije aquella noche—decía separándome un poco de su cuerpo--¿Podrás perdonarme?-

-¡Dioses, claro que te perdono, gran idiota!—chillé volviendo a abrazarlo, mientras las lágrimas volvían a correr por mis mejillas--¡Jamás llegué a odiarte, nunca por más que lo intente, te amo demasiado!—admití.

Sentí como me tomaba por la barbilla, obligándome a verlo a los ojos, antes de sellar sus labios sobre lo míos, besándome de una forma tan…tan…no había forma para describirlo. Simplemente, me besó. Y yo, no pude hacer otra cosa más que corresponder con el corazón en la garganta. Me acababan de devolver a la vida. Y lo hizo, la persona que me había matado.

-Vuelve conmigo, mi Kagome…--murmuró al separarse de mí. Lentamente abrí mis ojos, posiblemente estaba sonrojada, mis labios levemente abiertos. No dude ni un segundo más, antes de volver a besarlo, con anhelo, con pasión, mostrándole cuanto lo extrañé durante estos meses y que, sin que nada ni nadie se interpusiera, regresaría con él al Sengoku…

-

-

-

-

-FIN-

Eso es todo. Ahora sí, sin más cosas que decir ni aclarar. Me despido oficialmente de este one-shoot. Espero que logre una buena cantidad de reviews x3 (rogaré por ello) nos veremos en las continuaciones de mis fan fics, que no han de tardar mucho. Adiós, mis fieles lectores.

Atte: TanInu