Bueno chicos, aqui esta el segundo capi de Segunda oportunidad, les pido paciencia a la hora de publicar, cosa que hare dos veces por semana en la medida que me sea posible, como todo el mundo yo tambien tengo otros compromisos y proyectos, pero mientras que no este enferma y tenga acceso a internet, tendran dos capitulos por semana. Trataré de hacerlos un poco mas largos, aunque no es mi constumbre.

Muchas gracias por los comentarios.

Disclaimer: InuYasha no me pertence, es de Rumiko Takahashi, de ser mia, Kikyo se hubiese quedado muerta desde un principio y Sesshomaru seria unicamente para disfrute propio xD


-¿Quién eres estúpida humana?

2. Questa volta in vita

(Viva esta vez)

No podía creer que aquello fuese posible, la situación parecía sacada de la más retorcida y cruel mente. Repentinamente se sintió en medio de un deja vú, no era la primera vez que él amenazaba su vida. Pero de eso había pasado ya mucho tiempo.

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Sintió su mirada empañarse por las lagrimas…nuevamente, esta vez no de alegría.

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—Respóndeme, insolente —exigió el peli plateado apretando el delgado cuello aun más.

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A Kagome se le hacía cada vez más difícil el respirar.

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—Habla—repitió el Hanyou. La chica se estaba empezando a poner azul.

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En ese momento fue que la morena recordó lo zoquete que él podía llegas a ser, e inmediatamente y pese a que comenzaba a marearse, le habló enfurecida.

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— ¿Cómo m-mierda…quieres q-que te responda…s-si me estas ahog-gando?

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El chico le devolvió la mirada mucho más molesto que al principio y Kagome cayó en cuenta de que había metido la pata…hasta el fondo.

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InuYasha hizo más presión y Kagome en un acto totalmente reflejo y desesperado, irradió por las palmas de sus manos una pequeña cantidad de su energía espiritual.

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El efecto fue inmediato. Apenas Kagome emitió el aura, de un pálido tono rosa, el Hanyou fue expelido en dirección contraria hasta que chocó con un árbol y su cuerpo cayó pesadamente entre las raíces del mismo.

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La Miko tosió desesperada, e inhaló en busca del tan preciado aire faltante. Se movió a gatas a una distancia prudente del Hanyou, que se levantaba de un salto y con el ceño más fruncido de lo que nunca había visto.

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—Eres una Miko— escupió con voz colérica.

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Kagome no dijo nada. Siguió respirando profundamente con el fin de despejar su garganta, le ardía por el apretón y el haber tosido tan desenfrenadamente.

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Estaba asustada, él podía olerlo en el aire a su alrededor. Sí, ella estaba bastante nerviosa y él se regodeaba en ello.

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La miró rápidamente, cosa que no había hecho antes, y reparó en su apariencia. Tenía el cabello oscuro, negro azabache, los ojos de un profundo y rico color chocolate, y la piel blanca como porcelana. Se fijó en la extraña vestimenta que llevaba ella, o la falta de esta. Las ropas eran plisadas, como un papel, y eran extremadamente cortas. Si no apestara a humano, él juraría que era una especie de Youkai.

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Vio como de a poco se calmaba la respiración de la mujer frente a él.

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— ¿en serio no me reconoces? —preguntó la chica con la voz un poco áspera.

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— ¿Por qué habría de reconocer a una humana como tú? —cuestionó a su vez el peli plata.

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—no juegues conmigo InuYasha, no me vengas a joder con ese cuento de que no me conoces, te pasaste con eso de tratar de ahorcarme, por un momento me lo creí…

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Tenía ese problema, cuando se ponía nerviosa empezaba a hablar y a hablar. Ya hasta empezaba a alucinar.

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El Hanyou se comenzaba a acercar, al parecer con intensiones violentas, ella abrió los ojos asustada.

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—No te acerques, InuYasha —advirtió, a pesar de ser consciente de que ella tenía todas las de perder. No sabía a que disparatado mundo había dado a parar, o que había pasado en realidad, empezaba a creer que se había quedado dormida en el prado y algún monstruo había atacado a InuYasha haciéndole perder la memoria, o algo así. Tenía que haber una explicación lógica para todo este asunto. Mientras tanto veía como el chico, ignorando su advertencia, se sequia acercando —. Te dije que te detuvieras —repitió, con la esperanza que por alguna extraña razón él se detuviera, sabía que con un solo zarpazo de sus garras ella pasaría a la historia. te convertirás en abono, porque seguro en los libros de historia no aparecerá "una chica del futuro que viajaba por de un pozo devora huesos, murió a manos de un Hanyou (mitad bestia mitad humano), en la época del Sengoku" le dijo la parte cruel e irónica de su mente que, justo ahora que estaba en peligro de morir a manos de InuYasha, decidía a hacerse presente.

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El Hanyou ajeno a todos los desvaríos de la chica seguía avanzando, todo cautelosamente, no quería que ella pasara de nuevo esa descarga por su cuerpo. Aunque ahora empezaba a dudar que ella fuese una Miko, una estúpida sacerdotisa jamás vestiría con esas ropas tan…poco recatadas.

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Fue en ese momento cuando Kagome se dio cuenta del avance que había hecho él mientras ella estaba ocupada pensando estupideces, estaba justo en frente y en cualquier momento le brincaría encima, y ella diría von voyage a todo.

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— ¡Osuwari! — gritó, recordando de pronto el rosario.

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El Hanyou la miró, confundido por un momento, cuando ella había gritado se esperó un ataque…pero nada pasó.

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La chica no estaba mucho más clara, ella sí que había esperado que algo pasara, para ese momento el debía de estar mascando el polvo de cara al piso. Pero no ocurrió. Miró el rosario, y se sorprendió de no hallar nada en el cuello del Hanyou. Este era, con creces, el día más extraño de toda su vida, incluso superaba a la ocasión en que había caído al pozo por primera vez. El asunto del rosario era preocupante, sobretodo porque InuYasha estaba a punto de dejarla hecha tiras.

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Antes de que pudiera pasar algo, un pergamino salió volando, de quien sabe dónde, directo a InuYasha. Él había alcanzado a verlo y se había apartado de ella. Esas cosas nunca lo matarían, pero si le molestaría bastante, decidió que esa mujer era demasiado insignificante como para tomarse tantas molestias, y sin más dilación se largó de allí.

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Kagome suspiró, entre aliviada y preocupada, aliviada porque InuYasha no la había abierto de un tajo, pero preocupada porque no tenía la menor idea de lo que pasaba allí. El asunto del rosario le llamaba bastante la atención, porque la única capaz de quitarlo del cuello de InuYasha era…pues, ella misma. Y definitivamente ella NO había quitado el rosario.

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Escucho un ruido de arbustos moviéndose, y asustada por la perspectiva de encontrar otro demonio con ganas de dejarla hecha puré, se giró hacia todos los lados, mirando en derredor en busca de algo con que defenderse.

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—Señorita —escuchó antes de poder encontrar algo.

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Volteo por mero reflejo, y sintió como le volvía el alma al cuerpo al ver que en vez de hallar a un demonio, estaba un señor de mediana edad vestido con una vestimenta holgada de color azul oscuro, tenía en una de sus manos un báculo y en la otra tres pergaminos como el que había apartado a InuYasha.

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—Usted es un monje —le dijo, antes que otra cosa.

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El hombre rió con suavidad, y guardó los pergaminos, se dirigió paso lento hacia ella, justo hasta estar en frente.

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—Lo soy —aceptó, y estiró la mano en su dirección —mi nombre es Yasashisa.

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Kagome estrechó su mano y le sonrió de vuelta.

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—yo soy Kagome, muchas gracias por salvarme, no sé qué es lo que ocurre.

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El hombre lució pensativo.

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—fuiste tú quien liberó esa cantidad de poder espiritual ¿verdad? —le preguntó, examinándola con ojo crítico.

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— ¿Eh? Ah Sí, fui yo, no fue gran cosa, fue una reacción involuntaria—le respondió un poco distraída la muchacha.

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—ven a mi templo —dijo de repente el monje.

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— ¿disculpe? —preguntó Kagome, se había estado preguntando por el paradero de InuYasha.

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—que vengas a mi templo—repitió—me gustaría enseñarte, tienes todo el potencial para ser una sacerdotisa, de las más poderosas.

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— ¿Cómo lo sabe? —cuestionó ella, examinando al hombre frente a sí. Tenía el cabello castaño claro, aunque ya empezaba a palidecer por algunas partes, tenía un rostro que expresaba bondad y una mirada decidida.

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—Ese tipo de cosas se sienten, debemos ir con tu familia para informarles que desde hoy estarás a mi cuidado—respondió con simpleza y a punto de darse vuelta.

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— ¡espere! —Lo retuvo Kagome, meditando acerca de que podía hacer —aun no he dicho que sí, además no tengo familia.

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El monje lució contrariado por un momento.

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—oh, lamento escucharlo, pero con más razón debes ir conmigo, tengo ropa para que te cambies en el templo —empezó a caminar, y Kagome sin más remedio comenzó a seguirlo.

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Cuando ya llevaban cierta distancia recorrida, el monje se la quedo viendo fijamente a la cara y la morena le miró sintiendo incomoda por el atento escrutinio.

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— ¿Qué pasa?

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—nada, es solo que te pareces a alguien.

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— ¿a quién? — preguntó un poco más relajada Kagome.

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—A una de mis recientes alumnas, se llama Kikyo —le contestó el hombre mientras seguía su camino, sin notar que Kagome se quedaba estupefacta antes su declaración.

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El monje se detuvo unos pasos más adelante, pero no por la misma razón.

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—Maestro Yasashisa —escuchó el llamado, y ante la voz terroríficamente familiar alzó la mirada encontrándose con ella. Con Kikyo. Pero no una Kikyo de barro como la conocía, esta Kikyo era como ella, de carne y hueso.


Bueno chicos, hasta aqui por el dia de hoy, espero de todo corazon que les guste, en especial a ti Shitai Lutaria, que tu tienes gran parte en esto ^-^

Comenten, diganme en que me equivoco, que la finalidad es mejorar tambien en mi redaccion, todas las sugerencias son bienvenidas mientras sean dichas de la manera correcta.

Se despide son besos para todas,

Aiko Amitie