Despertó con mucho cansancio, viajar en la carreta era muy incomodo, pero era la única manera de hacerlo. Corrió la cortina, ante sus ojos un paisaje majestuoso, los árboles tenían un color rojizo en las hojas y las que estaban en el suelo, parecían ser una hermosa alfombra natural.

Miró el cielo despejado, azul, limpio y puro, sintió como la ráfaga de aire chocaba con su rostro, cerró la cortina, aquel bello paisaje le daba tristeza, un lugar tan hermoso que no sería capaz de experimentar, nunca sería libre.

-Señorita Kagura, ya estamos llegando- le informó su criada

-Está bien- contestó con su mirada perdida en sus pensamientos

Los gitanos comenzaron a establecerse a las afueras del reino de Ámbar, Kikyô estaba alimentando a sus caballos, había sido un largo recorrido, pero al menos tenía ese momento para descansar antes de partir al centro del reino y trabajar.

-Señorita Kikyô- una niña pequeña se acercó a ella con una sonrisa

-¿Qué pasa Sayo?-

-¿Puedo ir con usted?-

-¿Te refieres a ir conmigo a bailar?-

-Sí, señorita- dijo con una gran sonrisa

-Por supuesto que puedes- le devolvió la sonrisa, comenzó su caminata hacia su tienda y antes de entrar se giró mirando a la pequeña –será mejor que nos vayamos preparando-. La pequeña fue con su madre y le pidió su flauta.

Kikyô salió de su tienda con su pandero, vio a la pequeña corriendo hasta ella y ambas se dirigieron a trabajar.

Se miraba en el espejo, estaba vestido realmente elegante, amarró su largo cabello negro, escuchó golpear su puerta.

-Adelante-, entró su hermano con una sonrisa

-Vaya, si que quieres impresionar a nuestro padre- se cruzó de brazos mirando como se arreglaba el saco –yo no hubiera aceptado tal locura de casarme sin conocer siquiera a novia-

-No hay alternativa- su mirada bajó

-Bueno, si no te toca una novia fea no creo que haya tanto problema- bromeó el platinado

-De eso estoy tranquilo, he escuchado de que es un joven hermosa- giró y le sonrió – pero de carácter algo diferente-

-¿A qué te refieres?-

-He escuchado que se escapa cuando quiere de su palacio-. El platinado rio

-¿Eso te preocupa?, te recuerdo que tú y yo hacemos lo mismo-

De pronto se escuchó la llegada de una carreta, ambos jóvenes se acercaron a la ventana curiosos, vieron bajar de ella a la joven, ambos sonrieron, sin duda era hermosa, pero este matrimonio no era algo que les agradara.

-Señores, es hora de que bajen a recibir a las visitas-. Ambos jóvenes emprendieron la marcha.