Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin pertenecen a Hajime Isayama. Este Fanfiction es escrito sin fines lucrativos.

Notas del capítulo: Homofobia. Mención al JeanMarco. Hanji con vestido. Jazz, café y algo de humor negro.


- 2 -

En el tren, el golpe que Eren sintió amenazó con romperle la espalda en dos.

—¡¿Qué demonios?! —Rugió, tras oír su propia columna vertebral crujir por el golpe, cuando alguien abrió la puerta en la que Eren se había recostado; el marco estrellándose sin aviso contra su dorso.

Pero, al levantar la mirada, se encontró con unos ojos grises.

Muy grises.

Jamás en la vida el gris le había parecido un color tan puro. Siempre se le antojó un color frío, sucio, aburrido, vacío.

… Pero ahora, por primera vez, Eren sintió que podía abogar por que era el mejor de los colores.

Pero el hechizo creado por los ojos grises… fue inmediatamente pulverizado por la boca que se cargaba el fulano.

—… Oye, imbécil. ¿Hasta cuándo vas a cantar tus esperpentos? —Lo abofeteó el sujeto, exigente, inclemente, porque vaya que tenía la voz de un sargento—… mocoso idiota. Por primera vez haz algo útil con tu armónica y métetela por el culo.

Eren se quedó en el suelo, con el dolor hormigueante por el golpe de la puerta, atónito por unos buenos dos minutos.

Entonces, el azabache le arrebató su instrumento de la mano, de un manotazo feroz.

—Te devuelvo esto en Liverpool. No pienso soportar tu "definición de música" por las siete malditas horas que nos quedan.

Y, finalmente, los cables en la cabeza de Eren se conectaron.

—¡¿Disculpa?! —Gritó, ofendido.

Sin embargo, Levi no repetiría lo que sabía que el mocoso había escuchado bien.

Que fuera imbécil, ése no era su problema.

Pero, cuando Levi intentó regresar a su compartimento, alguien detuvo la puerta por el otro lado.

—¡Dame mi armónica, viejo amargado! —Exigió el chiquillo.

—Fui bastante claro. —Concluyó, mientras Eren colaba sus brazos por la ranura como tentáculos de pulpo.

—¡Dámela! —Vociferó, con rabia.

En ese momento, ambos forcejearon contra la puerta del vagón de primera clase: Levi para cerrarla —aunque eso implicara arrollarle los dedos al niñato— y Eren para abrirla y recuperar el instrumento.

El resultado: El castaño se coló al interior y no se lo podía sacar ni con grúa.

Intentó sacarlo por los pelos, por la ropa, a empujones… No funcionó. Levi no supo si no se la devolvía por su propia salud —auditiva y mental— o por darle una lección a ese malcriado.

Y así pasó una hora.

Eren sentado frente a él, brazos cruzados y mirada de odio; mientras tanto, Levi se limitaba a ignorar al compañero, mirada centrada en el periódico.

De pronto, Eren comentó con desdén:

—… Sólo los viejos amargados leen el periódico. —Insultó.

—Sólo los mocosos incultos no lo leen. —Devolvió sin esfuerzo el azabache. Su semblante serio y distante.

—Devuélveme mi armónica. —Exigió, por enésima vez.

—Búscala en tu culo.

Pasó otro rato. Los minutos se convirtieron en media hora.

Levi terminó de leer el periódico —o quizá sólo se hartó de él—, dejándolo en el asiento y sacando unas hojas que guardaba pulcramente en su portafolio… la mirada atenta de un mocoso sobre él.

Eren no estaba acostumbrado a la gente así: Tan ordenada. Tan fina. Parecía que cada movimiento de Levi estaba cuidadosamente seleccionado y destinado a ser elegante, aunque impasible y frío.

—Uh… me llamo Eren. —Intentó hacer conversación, para recibir un cortante:

—No me importa.

Vale, que el tipo no conocía lo básico de amabilidad.

—… ¿Qué te lleva a Liverpool? —Volvió a intentar.

El moreno no respondió, pero escuchaba al chiquillo. Aunque ya no estaba leyendo, sus ojos seguían fijos en las hojas recién extraídas, como si jugaran a ignorarlo.

—¿Eres pianista?

No hubo respuesta.

—Tus hojas tienen la clave de sol y fa… eres pianista. —Indicó el menor— ¿Vas a tocar en Liverpool?

El moreno apretó las hojas.

Ésa fue toda su réplica.

Pero, más tarde:

—Cómo… demonios… —mordió la pregunta, cuando escuchó un:

—Mi padre me hizo tomar lecciones de piano. —Sonrió el castaño— Esos arreglos- espera, ¡¿eso es jazz?! —Levantó la voz, y Levi sintió que le dolería la cabeza.

Más.

—¡¿Eres pianista de jazz?!

Se formó un silencio potente.

Sin embargo, eso no detuvo a Eren. Al contrario, parecía cada vez más intrigado… Levi más irritado, pero sus ojos grises seguían fijos en la partitura, como si las palabras de Eren fueran tan importantes como el rumor del tren.

—Eso es increíble, tío. Una carrera musical es difícil, debes ser muy bueno.

—… ¿te vas a callar?

Aquella pregunta cruzó a Eren como un bofetón.

Un bofetón habría sido preferible, en verdad.

—… Perdón, el silencio me desespera.

El tono del chico cambió de cantarín a depresivo en un segundo. De hecho, la postura de Eren le recordó a un cachorro con orejas caídas.

—Sólo dame la armónica y me iré. —Aseguró el castaño, su tono sombrío— Fue un regalo de mi madre, lo único que tengo de ella de antes de huir de casa.

No entendió por qué; pero, tras esa aseveración, Eren se vio enfrascado en una mirada grisácea, helada, pero con un muy ligero toque de comprensión.

—… ¿qué?

Eren sonrió, divertido.

—Venga. Si fuera una sucia armónica, yo no sería tan insistente con ella. Significa algo. —Aclaró— Prometo no hacerte más ruido. Te dejaré estudiar —afirmó y preguntó: —¿Me puedo quedar aquí? Un gordo vomitó en-

—… sí, sí, oí tu patética historia. —Lo cortó el mayor.

Los labios de Eren se sellaron con lentitud, como una estela de luz que se consume.

De pronto, oyó al niñato decir:

—Yo quería ser guitarrista, ¿sabes? Pero mi padre siempre decía que los guitarristas son los vagos y drogadictos de la música. —Le contó, virando los ojos—… Nunca nos entendimos muy bien. Es curioso que haya sido mi padre, porque yo nunca me sentí como su hijo, honestamente…

En ese momento, el castaño notó que Levi lo estaba escuchando. Lo supo cuando sus ojos grises, más que estudiar la partitura, parecían perdidos en ella…

—… Huiste de casa. —Retomó el mayor, como recordando algo.

—Pues sí.

De improviso, le pareció notar en Levi una puerta que se abría y se cerraba, activada por la palabra "huir"…

… Levi estaba huyendo de algo. Eren tuvo la sensación de que era así.

Pero ¿de qué huiría un adulto?

Sin embargo, antes de formular sus hipótesis, Levi suspiró con cansancio, como si hubiera juzgado imposible el "estudiar" con ese compañero de viaje, guardando sus hojas en el portafolio.

Y, para sorpresa de Eren, replicó:

—Sí, soy pianista de jazz. Ahora.

Eren se quedó con los ojos de par en par.

—… ¿ahora?

—Era periodista antes. Tuve que dejarlo.

Tragando saliva, el castaño preguntó:

—¿Por qué?

Levi no contestó.

Así, transcurrieron casi diez minutos en completo silencio.

De pronto, Eren frunció el ceño al notar algo en las muñecas de Levi.

Eran letras, unas que se asomaban bajo las mangas ligeramente resbaladas…

Notas.

Había notas escritas en su piel…

Pero, antes de que Eren pudiera atinar algún comentario, Levi se recubrió las muñecas por completo y preguntó, sólo para desviar la atención:

—¿Por qué huiste?

Por alguna razón, tras esa pregunta, encontró en Eren la expresión más desolada y ensombrecida que jamás había visto.

Enseguida, Levi no pudo creer cuando el menor se abrió un poco el cuello de la camisa, muy ligeramente, dejándole ver un corte profundo. Parecía la herida por un cuchillo o navaja… un corte hondo, escalofriante, muy cerca de la yugular, aunque parecía haber estado encaminado a reventarle esa vena de una manera particularmente violenta.

—… mi padre. —Fue todo lo que explicó.

El moreno apenas consiguió pestañear. No reconocía algo tan terrorífico en una piel tan joven…

… menos aún causado por alguien tan cercano.

Por su mismo guardián.

Y quizá fue el asombro… que Levi no pudo detener la curiosidad ante semejante atrocidad.

—… ¿Por qué?

Mientras Eren se reacomodaba el cuello de la camisa, replicó: —Adivina.

—No tengo idea, mocoso.

El castaño bufó, como dejando toda su energía en ese bufido que parecía cargar demasiado dolor. Agonía. Malos recuerdos. Desesperación.

—Te daré una pequeña pista.

Levi jamás pensó que esa frase tan simple desataría una locura.

Ni en sus sueños más retorcidos se le habría ocurrido la respuesta que recibió. Una que caló profundamente en Levi, destapando sin contemplación su asombro más puro y desmedido, dejándolo con los ojos grises abiertos de par en par, pálido y mudo.

Cuando el castaño agarró su muñeca de repente y, acercándolo a él de un tirón impulsivo, estrelló sus labios contra los de Levi de tal forma que le disparó el pulso en todas direcciones, y hacia ninguna.

Dejándolo con la inexplicable y apabullante sensación de que un completo extraño lo estaba besando.

Un hombre.

Un mocoso.

En un lugar público.

Aquella escena podía malinterpretarse de tantas maneras, y a tantos niveles.


"La cagué.

La cagué, la cagué.

No volveré a verlo nunca…"

Acabó en un pub de Liverpool, la cara pegada contra la barra de bebidas, cuan cuadro de depresión. El guardia del bar le había preguntado su edad en cuanto advirtió a Eren en la entrada.

Ante esto, él respondió: "¿Qué importa mi edad? Soy miserable, tío" y, con eso, el sujeto le había cedido el paso. Era curioso que su miseria, por primera vez en la vida, le hubiera abierto las puertas para algo.

Y ahí estaba, con tres cervezas encima aunque se moría por un trago de vino, pero no le alcanzaba para uno. Menos mal que había guardado el reloj de oro y las cadenas en sus zapatos… de lo contrario, de tan ebrio que estaba los habría perdido.

—Niño, ya vamos a cerrar —comentó el bartender, su voz ronca y agresiva.

—¿Cómo que van a cerrar? —Gritó el chico, como si el cantinero estuviera a veinte metros de él cuando lo tenía enfrente— ¡No! ¡No pueden! ¡Todavía estoy triste! —Señaló, haciendo un berrinche.

—Hay putas en la esquina. —Indicó el hombre.

—No me gustan… las mujeres… —contestó el menor, entre hipidos, para después quedarse dormido en plena barra. La cara del bartender fue lo último que vio.

Amaneció en la escalera de emergencias del bar, con la cara sobre una almohada de nieve y basura, en pleno invierno inglés.

Al despertar, Eren se sintió tan desdichado que se empezó a reír, como si su vida fuera alguna clase de historia graciosa.

O quizá sólo seguía bajo el efecto del alcohol.

O quizá su filtro de emociones y reacciones finalmente se había descompuesto.


Vendió una de sus dos cadenas.

Alquiló un cuarto sin agua caliente, sin amueblar, con un nido de ratas en una esquina, telarañas y bichos en los rincones. Pero tenía un techo y eso, por ahora, le bastaba para cubrirse de la nieve y la lluvia.

Las primeras dos noches de su llegada, Eren había dormido afuera de un supermercado, recostado contra la cortina.

El invierno británico le había coloreado la piel de morado, sus miembros agarrotados por el frío. No era que no tuviera nada de dinero; pero, por aquel entonces, a Eren le pareció buena idea dejarse morir.

Pero algo no lo dejaba.

Alguien no lo dejaba.

No había minuto en que no pensara en Levi. Su cabeza estaba tan llena de él, tan pintada de gris y negro.

Sentía un hueco en el estómago cada vez que lo pensaba… y lo recorría un escalofrío cada que miraba la armónica o sentía su forma en el bolsillo del pantalón.

Al recordar la manera en que Levi no lo había apartado, en ese tren…

La textura tersa de su piel cuando rozó su mejilla, para profundizar el contacto. Había sido una broma, en realidad; le estaba respondiendo la pregunta a Levi con hechos y no con palabras, muy al estilo de Eren.

Porque ésa era la respuesta al porqué su padre lo había violentado: Cuando Grisha se enteró de que se había confesado ante otro mocoso de la escuela, un tal Marco —quien, a su vez, había admitido una relación con otro sujeto, un tal "Jean"; su relación oscurecida ante sus padres y el mundo entero—. Eren había prometido guardar el secreto de Marco, hecho pedazos.

… Nunca se había sabido correspondido en cuestión de amores.

O quizá era él quien confundía la mínima atracción, interés, respeto o admiración con enamoramiento, interpretando sus amores como un vagón imparable de decepciones.

Pero el pianista del tren…

Por la mierda.

El sujeto parecía sacado de algún universo para encarnar todas las pasiones de Eren y para volver al castaño un mísero esclavo de su existencia.

Entonces, Eren tomó una de sus cadenas de oro blanco, decidido a venderla para rentarse un cuarto, ducharse y buscar un trabajo temporal. Ni loco pensaba seguir andrajoso como estaba, no si tenía ese plan…

"Tengo que volver a verlo

Tengo que decir algo

Esa vez, no dije nada, sólo hice esa estupidez…"

Dentro de él, Eren sentía que quería agradecerle por el simple hecho de estar vivo.

No tenía claro el porqué.

Pero era una necesidad que le quemaba hasta la última fibra de su ser.


—¡Muchacho! ¡Apúrate!

Le dolía la espalda.

Había conseguido un trabajo como barista, pero vaya que los ingleses eran exigentes con los tiempos: Querían su bebida tan pronto terminaban de pagarla, y la querían perfecta.

"Te pago para que hagas lo que los clientes quieran, cuando lo quieran, como lo quieran"

Cielos, que su jefe había sido claro.

Habían pasado dos meses: Se había vuelto más veloz, había aprendido un poco más de inglés… aunque no podía evitar maldecir en alemán durante los accidentes, al tropezar con otro barista y quemarse con alguna bebida, al tirar algún instrumento o platillo o al descomponer alguna máquina.

Scheiße! Schlampe!

Las decía tan seguido que le habían apodado "el Schlampe"…

—No me digas así. —Levantó la voz el menor, al ingenioso que lo bautizó— Eso, en alemán, es "perra".

… Explicarlo lo había empeorado.

Ahora le decían schlampe por deporte. Hasta los mismos clientes preguntaban por él como: "… ¿que se enfermó el schlampe? Pobre schlampe".

… Vaya que era humillante. Los ingleses no tenían corazón.

Si hubiera querido que lo trataran así, se habría quedado en un burdel en Alemania.

Viajar tanto para que sus compañeros de trabajo acabaran llamándolo "perra" era simplemente deprimente.


"Don't let me down

Don't let me down…"

Hey, ¿cómo estás? ¿Qué te sirvo? —Preguntó Eren, en automático, al percibir por el rabillo del ojo una figura parada frente a la caja.

Cuando lo preguntó, Eren estaba ocupado con un pedido anterior, dejando caer un chorro de espresso en una taza y vertiendo leche en ella, con agilidad.

Pero, al oír la réplica, el estómago de Eren escaló por su garganta, dio un salto y se estrelló contra el piso.

—… Descafeinado del día para llevar. Tengo prisa.

En ese momento, por el asombro, Eren golpeó el cartón de leche sin querer, ésta derramándose por el suelo, haciéndolo resbalarse y meterse un golpe contra la barra.

Unos ojos secos observaron esto; impasibles, indiferentes.

—… Te digo que tengo prisa, ¿y tú te caes? —Refunfuñó el sujeto. El gruñido alcanzó el oído del jefe, quien acomodaba mercancía a unos metros, apresurándose al conflicto.

No comprendió la situación, pero miró que Eren estaba en el suelo, con ojos atónitos, recogiendo un poco el desorden sin atreverse a ver al frente.

Hey, Levi. En un momento te entrego. —Respondió el gerente, empezando el nuevo pedido.

El moreno sólo se apartó, con un aire de frialdad.

Cuando Eren consiguió sumar dos más dos y levantarse, el azabache se había esfumado.

—¡No! ¡No, no, no! —Aulló, agarrándose por los pelos en un despliegue de frustración— ¡Jefe! ¡¿Por qué lo dejó irse?! Tenemos unas cuerdas, ¡pudimos haberlo amarrado! ¡¿Ahora cuándo lo veré?! ¡Nooo!

Aunque pareciera difícil de creer, el chico se hizo bolita, acurrucándose bajo la máquina de espresso, como un empleado recién despedido que adora su trabajo y se mece con dolor en un rincón, traumatizado.

—… ¿Amarrarlo? ¿Estás hablando de-?

—Se fue, se fue, se fue —repitió, en su mantra de dolor y desconsuelo— se fue y no lo veré nunca más… fuera de mi vida, ¡fueraaa!

—¿Hablas del pianista de Abbey Road?

De pronto, el griterío se suspendió.

¿Abbey Road? —Pronunció Eren, con labios temblorosos.

El jefe asintió.

—Toca en un club de jazz a tres calles de aquí. —En ese instante, la boca del castaño se abrió a más no poder— A veces viene, siempre de noche, pero nunca lo ves porque estás en el turno de la mañana.

Enseguida, Eren se puso de pie en un salto y exclamó:

—Jefe, ¡necesito un descanso ahora! ¡Es urgente! —Los ojos de Eren parecían hipnóticos.

—Tu descanso es en cinco horas.

—¡Estoy enfermo! ¡Voy a morir! —Escandalizó.

—Después de tu turno, Eren.

—¡Arrrggh! —Pataleó el muchacho, enfurecido.

Cuando se dio cuenta, el tocadiscos despedía la voz de George Harrison…

"Here comes the sun

Here comes the sun

And I say: It's all right"


Estaba nervioso, remangándose el cuello de la camisa con insistencia y estropeándolo más.

Al entrar al club, una melodía de Sinatra lo golpeó, interpretada por un barítono, al son bohemio y libertino del jazz…

"It was just one of those things

Just one of those crazy flings…"

Cuando los ojos verdes miraron al fondo del escenario, Eren casi se fue de lado.

Dedos blancos bailando sobre las teclas de piano, coordinados con la voz y el resto de los instrumentos; el piano sin destacar, manteniéndose al margen como una sombra discreta, lejana, pero necesaria en la canción.

Levi…

"… If we'd thought a bit

'bout the end of it

When we started painting the town"

Abbey Road. Así se llamaba el club de jazz, ubicado en la misma calle, donde Eren perdió nuevamente los ojos por aquel sujeto, uno que le pedía prestada su razón para no devolvérsela jamás.

Lejano, callado, como encerrado en su propia realidad.

En su propio dolor.


Visitó el club tres veces.

No sabía si Levi no lo había notado, o si sencillamente no le importaba su presencia.

Tristemente, si Levi lo recordaba, sería por el mote de "el loco que me besuqueó en el tren".

Bueno, al menos lo recordaba por algo.

Eren tenía tantas ganas de gritarle "estoy aquí, quisiera significar algo de lo que tú significas para mí". Hervía de ganas por ventilarlo, una necesidad que revoleteaba por su estómago y se golpeaba contra las paredes de sí mismo, con ganas de escapar y deslizarse hasta el oído de Levi, delatándolo.

Se sentía drogado. Como un perro atontado y enamorado, a los pies del pianista silencioso del fondo.

A la cuarta visita, ya no lo soportó.

Aquella ansiedad de tenerlo en sus brazos lo devoraba entero.

Y le parecía tan injusto que Levi no lo supiera. Y, si lo sabía, que no hiciera absolutamente nada para responderlo.

Que lo tomara o lo dejara, pero Eren haría el intento.

Un intento que vino hasta la cuarta ocasión; cuando, finalmente, se lo hizo saber.


Se escuchó una ovación; vítores, aplausos y chiflidos por la interpretación de un clásico: "Gee, Baby, Ain't I Good to You" donde se repetía la frase: "El amor me hace tratarte cómo lo hago…".

Hanji se inclinó humildemente, en una reverencia de un minuto, recogiendo una rosa lanzada por algún alma de la audiencia. Sonrió con cariño y agradecimiento, con su vestido negro y elegante.

Cuando los aplausos empezaron a debilitarse, Hanji retomó la palabra, tomando grácilmente el micrófono.

—Nuestra última canción… es petición del público. —Informó, sentándose con gracia en el taburete de Levi, cruzando las piernas y luciendo unas zapatillas negras, como una figura segura y bella.

Enseguida, Hanji colocó una partitura en el atril del piano, acariciando la espalda de Levi en el proceso.

Como única respuesta, el moreno le gruñó con odio.

—… me vas a subir las pulgas, experimento de mujer.

—También te amo, bebé. —Susurró la mujer, luciendo una sonrisa amplia entre unos labios pintados de rojo.

Levi escuchó a Hanji decir otras estupideces por el micrófono; pero, al ver el título de la canción, su ceño se frunció con un ligero interés.

Ésa era una buena elección.

Vieja, pero hermosa.

Y notó algo más: La partitura era completa para piano.

Levi miró a sus compañeros en derredor; todos en una posición relajada, desentendida.

Entonces, comprendió que iba a tocar solo… acompañado por los aullidos de Hanji, pero solo.

Se fijó en el tempo, los compases y rápidamente se imaginó cómo sonaría, haciendo crujir sus dedos para ejecutar la última canción de la noche.

Y no pasó por alto los ojos verdes en la esquina del club.

Los mismos que llevaban cuatro visitas sin separarse de él.


¿Petición del público?

… Levi no era tan estúpido.

Era ese maldito niño come-mocos.

Pero, en algún punto, no pudo evitar tragar saliva al oír de lo que iba.

Vale, suponiendo que la canción sí viniera de ese descabezado… ¿por qué tenía que ser tan insoportablemente cursi?

"Mi corazón está triste y solitario

Por ti yo suspiro, y sólo por ti, cariño…

¿Cómo no te das cuenta?

Si soy para ti, en cuerpo y alma…"

Y Hanji la cantaba como si el corazón se le saliera por la boca. Ojalá así fuera, necesitaba reírse de la tragedia de alguien, pero…

¿Por qué aquel chiquillo…?

¿Cómo lo había encontrado?

Y, exactamente ¿por qué había vuelto?

.

"Con mi vida, estás haciendo un naufragio

Sabes que soy tuyo, sólo tómame

Con alegría me rindo ante ti

En cuerpo y alma…"

.

Levi sabía que el estribillo se repetía. Lo sabía porque conocía la canción, lo sabía porque la partitura lo marcaba.

Pero dejó de tocar.

Abruptamente y sin explicación.

Dejando a la vocalista a media palabra, tapó el piano, se levantó del taburete y se alejó.

Nadie supo qué rayos pasó.


Estaba en el camerino.

No era tan lujoso como sonaba.

Lo compartía con los demás músicos. Había casilleros, el suyo donde guardaba un portafolio, un sombrero y el saco de su traje. No tenía lujos ni regalos de fanáticos como los demás. Era un pianista con un sueldo pequeño, prácticamente desconocido fuera del club; pero estaba bien: Levi no tocaba para ser reconocido. Tocaba porque era lo que se sentía bien.

Excepto esa noche.

La música dejó de sentirse bien y se largó.

No le importaba cómo se viera eso a los ojos de los músicos, del dueño del club, del público. Para él, irse tuvo sentido, así que lo hizo y se acabó.


—¿Dónde está Eren?

Antes de responder, la chica suspiró.

—Acurrucado contra la máquina de espresso y lattes…

Era cierto. Toda la cafetería sabía que "Schlampe", el barista del acento alemán, estaba pasando por una crisis de amores que muchas jovencitas inglesas querían remediar.

—Hay otras personas, "Schlampe".

—Ya deja de decirme "perra" en mi idioma…

—Vamos, prepara café. —Quiso apoyarlo Sasha— ¡Trabajar te ayudará a olvidar! —Propuso, pero Eren comentó:

—Quiero que la máquina de café me derrita la cara… —murmuró, con un tono infinitamente sombrío.

—Vamos, ¿qué podemos hacer por nuestra "perra"? —Preguntó Connie, tras entregar un pedido.

Y, seriamente, Eren respondió:

—Qué tal si me clavan un cuchillo en el corazón, lo hornean y se lo dan de comer a los perros…

—Tenemos que seguir pensando.

En ese momento, un azabache —que no había advertido que Eren trabajaba ahí— se quedó viendo la escena. En realidad, había una fila de clientes que habían olvidado su pedido y se habían puesto a consolar al empleado —Schlampe, ¡no llores! ¡Nos tienes a nosotros!— mientras el jefe gritaba: "¡Eren! ¡No te pago para que llores!"

Sin embargo, el gerente se quedó callado al ver al pianista de Abbey Road ahí. Era de los clientes más difíciles que tenía.

—¿Descafeinado de siempre, Levi?

Sin embargo, el azabache no respondió.

Cruzó la pequeña puerta de acceso restringido, tirando bruscamente del cuello de la camisa del castaño, levantándolo de su cueva de depresión y sacándolo del café.

Ése fue el inicio de toda su historia… o el final de ella, no lo supo bien.


Fin del capítulo 2.

Aclaración:

Abbey Road –como se llama el club– es una calle en Liverpool, además de un álbum de los Beatles.

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Canciones citadas:

Don't Let Me Down / Here Comes the Sun (1969) - The Beatles

Just One of Those Things (1954) - Frank Sinatra

Body and Soul (1993) - Diana Krall

Gee, Baby, Ain't I Good to You (1956) - Ella Fitzgerald & Louis Armstrong

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Notas: Gracias a quien se molestó en leer, también a quien se tomó un tiempo más para compartir su opinión. He respondido por PM, aquí el guest:

Nagi, ¡hola! ¿Cómo estás? Me sorprendí mucho de ver tu comentario, gracias por checar esta trama estando tan ocupada. Suerte con las clases y con todo, ¡me alegró mucho leerte! Gracias por haberte hecho el espacio de checar esto y comentar. Un abrazo.

Gracias a quien le dio una oportunidad a la historia.

Un saludo.