Una historia de Navidad

Capítulo II

(Todos los derechos de autor pertenece a stephenie meyer. Esto es un fanfic de Crepúsculo)

Cuando Edward entró a la cocina se encontró con Alice, quien le sonrió como felicitandolo. Ella no le hizo preguntas y él se fue a su habitación en el último piso de la mansión, lugar de los cuartos del servicio.

Qué había pasado? Habría sido un sueño? Se preguntaba mientras subía las interminables y estrechas escaleras desde la cocina a su habitación.

Aún sentía el calor de los labios de Bella en su mejilla derecha y su esencia al abrazarlo...

Entró en su habitación y se miro al espejo, éste le dio la confirmación de que no había sido un sueño, tenía una tenue marca de la lápiz labial rosa. - Los labios de Bella - dijo asombrado mientras tocaba la marca suavemente con sus dedos teniendo cuidado de no borrarla. Cerró los ojos y se dejó llevar por las emociones que siempre reprimió, amor y esperanza.

Estaba tan feliz esa noche... No quería dormir, quería repasar cada uno de los instantes vividos con Bella ese día. Se recostó en su cama y contra su voluntad se durmió. Soñó con ella.

-Bella, hija ya es hora de ir a la cama, mañana tenemos que recibir a los Newton para el almuerzo del día de navidad. Vamos mi niña - dijo mientras avanzaban hacia ella dándole su brazo para apoyarse. Mientras Bella escondía la carta entre los pliegues del vestido olvidó que se había colgado al cuello el corazón con ese hilito café tan distinto de sus joyas, lo que su padre advirtió

-qué es lo que tienes en el cuello? - dijo curioso mirando el hilo y el corazón de madera sobre las brillantes joyas de su amada Rene.

- es un regalo de última hora que encontré y me parece mucho más especial. Es hecho a mano- decía mientras tomaba el brazo de su padre y acariciaba el colgante con su mano libre

- Jajajajaja cuál de los pretendientes lo mandó a hacer para impresionarte?, porque son unos inútiles desde que los conozco jajaja- reía divertido

-ninguno de los dos - sonreía al ver la risa franca de su padre quien siempre encontraba alguna manera de mofarse de "los pretendientes" Jacob y Mike. Bella sabía que lo hacía por empatia con ella, ya que no le agradaba ser el foco de atención y con el carisma y bromas de su padre hacia los pretendientes hacía el ambiente más cómodo para ella. A Isabella le habría gustado heredar esa característica, pero era tímida como su madre.

No preguntó de parte de quien venia, no era su costumbre incomodar a su hija, era natural que hubiesen más interesados, al menos este es más original pensó el Sr Swan mientras subían las escaleras.

- buenas noches papá- su padre le besó la frente como siempre y ella entró a su habitación. Se tendió en la cama con el colgante en forma de corazón entre sus manos sin atreverse a mirarlo. No sabía de dónde había sacado valentía para decir y hacer lo que hizo... Lo besó en la mejilla y lo abrazó! Su corazón se aceleraba de sólo pensar en su atrevido actuar, ella no era así, él jamás había dicho o hecho algo que la hiciera sospechar de sus sentimientos o sí?...

Cuando ella tenía 12 años y el 14 fue la última vez que lo vió reír con ella cuando corrían a esconderla de la maestra de piano y llegaron hasta el roble casi entrando al bosque, ella cayó rendida por la falta de aire debido al corsé que había empezado a usar esa semana. Él se sentó a su lado también apoyado en el árbol, la miró sonrojado por la risa y la carrera, le dijo que siempre la ayudaría a huir. Ella preguntó si la ayudaría a huir de la mansión Swan si la seguían obligando a tocar piano y usar corsé, porque el próximo paso sería casarla con un viejo conde o algo así.

-me ayudarás a huir de eso también Edward?- decía jadeante y entre risas. Sus mejillas y labios rojos lo cautivaron y dejó de reír para caer completa e irrevocablemente enamorado de ella, para siempre.

-Edward Cullen! - exclamó ella, mientras dejaba de reír, vió en los profundos ojos verdes de él un... cambio. Parecía hipnotizado por sus labios que no dejaba de mirar.

- de eso más que de ninguna otra cosa te ayudaré a huir, te prometo que siempre estaré contigo Bella - dijo Edward entrecortado mirándola de la misma forma en que lo hizo esta noche. En ese momento los encontró la Sra Tanya Denali, la maestra de piano.

Sí ella siempre lo supo, pero lo escondió en su memoria porque al día siguiente de la huida, después de su promesa él se apartó de ella para siempre. Isabella lo busco, trató de volver a ser su amiga pero no obtuvo ninguna respuesta, nada, el la ignoraba por completo y le dolió. Terminó por enterrar ese romántico primer recuerdo de su vida. Ahora sólo pensaba en Edward como un amigo de niñez que ahora era un amable sirviente, al menos hasta hace unas horas.

-Sra Cullen !- Gritó Tanya en la cocina buscando a la ama de llaves.

- aquí estoy Srta Denali, en qué puedo ayudarle? - Esme preocupada por los gritos de Tanya, quien era una mujer recatada.

-Esme, si me permite llamarla por su nombre de pila- siguió hablando con afectación en la voz - debo decirle que esta mañana, Isabella para variar huyó de sus lecciones, esta vez en compañía de su hijo y los encontré bajo el roble en uno de sus escondites y... - dejó de hablar para tomar aire se veía preocupada Esme se asustó pensó en un accidente

-dígame por favor qué pasó? - la urgió Esme alarmada

-escuché a su hijo... Él, él se le estaba declarando a Isabella! - Esme no daba crédito a lo que le decía Tanya, pero en el fondo de su corazón sabía que era sólo cuestión de tiempo para que Edward se enamorara de Bella. Eran muy cercanos.

- Permitame discrepar de sus dichos, estoy segura de que Edward jamás haría como eso, él respeta a la Srta Isabella y además son sólo niños. - Esme debía defender a Edward y dejar en claro que no era cierto el que su hijo se hubiera enamorado de Isabella ante la Sra Denali, ya que según se comentaba y ella misma había visto, ésta tenía serias intenciones de convertirse en la nueva Sra Swan. Tanya Denali era una mujer muy clasista, ni siquiera aprobaba la amistad de los niños de distintos niveles sociales, tal y como la oyó comentar en más de una ocasión. El que ella hiciera esta afirmación le hacía suponer que podría haber un gran problema para su familia. Puesto que Esme creía que bajo la influencia de su posible nueva "esposa" el Sr Swan dejaría sin trabajo a su esposo Carlisle, administrador de las tierras, y a ella.

-Esme, se lo comento por el afecto que siento hacia usted, ya que si su hijo intenta relacionarse con Isabella, usted me entiende, él no está a la altura, es sólo un sirviente y bueno, el Sr Swan es muy bondadoso pero Isabella es su mayor tesoro, él no permitiría que su hijo siguiera viviendo bajo el mism techo que Isabella y bueno ustedes por añadidura...-no terminó la idea, pero era claro si de ella dependía, los despediría mañana, porque ella sabía que Edward amaba verdaderamente a Isabella. Eso sería un dolor de cabeza para ella como madrastra.

Bajo esa cáscara de belleza y refinamiento, se ocultaba una mujer malvada.

-puedo asegurarle Srta Denali que usted se equivoca en su apreciación, pero sólo para su tranquilidad hablaré con mi hijo para que no quede ningún dejo de duda al respecto. Hasta luego Srta Denali. - Esme se retiró de la cocina hacia la salida al jardín trasero, en busca de Edward, para aconsejarlo y protegerlo de ésta arpía. No lo encontraría ya que él había escuchado toda la conversación desde la escalera de servicio.

En ese momento sintió que su corazón se rompía y se congelaba para siempre en su pecho. Fue el dolor más grande que había tenido hasta la actualidad, la desesperación, el amor... Lo peor era la desesperanza, él no tenía ni una sola oportunidad de estar con ella, eran muy diferentes, el era sólo un sirviente, frase que se repetiría hasta en sueños. Tal y como lo soñaba esta hermosa noche de navidad cuando despertó al alba con la imagen de él mismo bajando la escalera de servicio hacia la cocina y de sus manos sosteniendo un trozo de madera de ébano de la cual había recién decidido haría un colgante en forma de corazón para Bella... Escuchando decir a la Srta Denali que él sólo era un sirviente y que de enterarse el Sr Swan sus padres deberían irse. Esta era su peor pesadilla, dejar a Bella, no verla otra vez.

Despertó con su cabello pegado en la frente por el sudor y temblando, no de frío, sino del temor que sintió por su familia cuando escuchó todo eso. Recordaba haberse auto impuesto ignorar a Bella para siempre y así salvar a su familia.

En ese entonces era sólo un niño asustado, nunca confesó su amor a nadie, sufrió en silencio hasta ahora que ella, su amada Bella lo sabía.

Su hermana Alice se dio cuenta del sufrimiento de Edward y sus razones cuando un año más tarde murió Esme. Alice tenía 17 años y se hizo cargo del puesto de su madre, Edward tenía 15 y comenzó a trabajar como sirviente en la casa Swan, todo estaba en su lugar pensaba, lo único que jamás estaría bien sería el profundo amor que sentía por Bella, que crecía sin control y en el más absoluto silencio dentro de su alma cada día.

Edward ya estaba despierto, se tranquilizó repitiéndose que había sido un sueño. Se levantó y fue a asearse para comenzar el día, debía ayudar en el almuerzo.

Cuando estuvo impecable bajó a la cocina en busca de Alice, aun era muy temprano y todos dormían, lo que le dio tiempo para pensar en la noche anterior, el regalo, la carta, él beso en su mejilla. El abrazo y la esencia de fresas de Bella. Definitivamente estaba asustado, qué podría hacer ahora? - Estoy en sus manos-. Se dijo en voz baja. Estoy condenado a ser lo que ella me permita ser, tal vez no cambiará nada, quizás seamos amigos, ojalá no me pida que me vaya. No quiero tener que explicarle a mi padre las razones de mi renuncia. Soy un cobarde. Pero no soportaría vivir lejos de ella. Aquí puedo al menos mirarla desde lejos, verla sonreír. Es imposible, no puedo vivir sin ella, no importa cuánto me duela tener que seguir ignorandola después de lo de anoche. Sólo sé que no hay esperanza para mi, quizás ella lo olvide pronto.

Los pensamientos de Edward estaban tan revueltos como sus sentimientos, el amor, la esperanza y la ilusión dominaban su alma y sonreía como un tonto, mientras preparaba café para Alice, cuando la oyó bajando las escaleras diciendo

-madrugador!- Alice lo abrazó fuerte, lo que con su delgada y pequeña figura no era mucho decir- dormiste bien anoche?, porque ahora sí vas a tener que contarme que hacías con la Srta Isabella!