Los personajes no me pertenecen.

Adaptación del libro Love Story-Erich Segal.


A fines de mi último curso, me dio por ir a estudiar en la biblioteca de Radcliffe. Y no sólo para recrearme la vista, aunque reconozco que me encantaba mirar. El local era tranquilo, allí nadie me conocía, y los libros de reserva estaban menos solicitados. En la víspera de uno de mis exámenes de historia, aun no había abierto ni el primero de los libros de mi lista, enfermedad endémica de Harvard. Me acerque al mostrador de los libros de reserva con la intención de obtener uno de los tomos que habían de sacarme de apuros al día siguiente.

En el mostrador trabajaban dos chicas. Una de ellas alta, con ojos carmesí, del tipo tenista y aunque no esté completamente seguro ya conocía su nombre, la había visto con mi compañero de cuarto; la otra del tipo ratoncillo y con gafas, de cabellos castaño y puntas ondeadas. Sin comprender porque opte por la Minnie Mouse con cuatro ojos; dejándome valer con seguridad que mi gran atractivo haría que consiguiera el libro que necesitaba.

-Oye, ¿Tienes La Decadencia de la Edad Media?

Me echó una ojeada.

-¿Y su biblioteca de que les sirve? – me preguntó.

-Ya sabes que Harvard tiene derecho de utilizar la biblioteca de Radcliffe.

-Déjate de derechos, Preppie*. Es una cuestión de ética. Ustedes tienen cinco millones de libros. Nosotras unos pocos millares apenas.

¡Vaya con la niña! El clásico tipo de sabihonda, la clase de muchacha que cree que por el hecho de que la proporción de Radcliffe a Harvard es de cinco a uno, las chicas deben ser a la fuerza cinco veces más listas. Normalmente, a este tipo de niñas las hago trizas, pero en aquel momento necesitaba el maldito libro, y lo necesitaba de mala manera.

-Oye, necesito ese condenado libro- dije casi molesto.

-Un poco más de modales, Preppie, por favor.

-¿Por qué estas tan segura de que procedo de una prep school?

-Porque tienes todo el aire de ser tonto y rico – respondió muy segura, quitándose las gafas.

-Pues te equivocas- proteste – soy listo y pobre.

-¡Oh claro, Preppie! Yo si soy lista y pobre.

La castaña me miraba a los ojos. Los suyos eran miel. Bueno, de acuerdo, es posible que tenga el aire de ser rico, pero no estaba dispuesto a permitir que una niña de Radcliffe – ni aun por sus lindos ojos – me llamara tonto.

-¿En qué te basas para considerarte tan lista?- le pregunté desafiante.

-En que no estaría dispuesta a ir a tomar un café contigo- respondió.

-Ni a mí se me ocurriría invitarte.

-En eso se nota que eres tonto- Dijo entonces.

Quiero explicar porque la invité a tomar café. Rindiéndome con astucia en el momento crucial -es decir, fingiendo que así de pronto me entraban ganas de invitarla-, conseguí satisfactoriamente el libro que necesitaba. Y como la castaña no podía salir hasta que se cerrara la biblioteca, tuve tiempo de sobra para asimilar unas cuantas frases cortantes acerca de la evolución de la influencia sobre la realeza, que a fines del siglo XI pasó del clero a los leguleyos.

En el examen saqué un 19 sobre 20, Casualmente la misma calificación que asigné a las piernas de Mimi la primera vez que salió de detrás del mostrador. En cambio debo decir que su atuendo no llegaba ni a la mitad de esa calificación; para mi gusto resultaba demasiado "bohemia".

Lo que quizás mas me fastidio fue lo que tenia colgado, que a fines resulto ser un bolso, y menos mal que no soy del tipo de personas que no dice lo que piensa, porque luego descubrí que ella misma lo había diseñado.

Fuimos a un restaurant llamado Midget, un snack cercano que, a pesar de su nombre que significa pequeño, no está reservado para la gente bajita. Pedí dos cafés y un helado de chocolate (para ella).

-Me llamo Mimi Tachikawa – dijo la chica- de ascendencia Japonesa.

Como si hiciera falta decirlo.

-Y estudiante de música- agregó.

-También soy de ascendencia Japonesa- dije.

-Tus ojos no me dicen lo mismo – dijo sarcásticamente.

-Mis abuelos son Franceses, ha de ser por eso- dije mirando mi taza de café- me llamo Yamato.

-¿De nombre o de apellido?- pregunto Mimi.

-De nombre- respondí; y entonces le confesé que mi nombre completo era Yamato Ishida.

Durante el silencio que siguió, di las gracias, en mi interior, porque la chica no me había soltado la fastidiosa pregunta de costumbre: " ¿Ishisa, como la sala?". Porque yo tengo una maldita cruz particular, que consiste en ser pariente del tipo que pagó el Ishida Hall, el edificio más grande y más feo de Harvard, un monumento colosal al dinero, la vanidad y el flagrante harvadismo de mi familia.

Como dije, la chica enmudeció de pronto. ¿Era posible que ya hubiéramos agotado los temas de conversación? ¿A caso la castaña que parecía ser una completa cotorra se había aburrido de un "Ishida"? , aunque cabe decir que yo era la excepción, la mayoría de Ishida's eran personas muy elocuentes, mi hermano, un completo ejemplo, aunque resalto que él es un Takaishi, pero "mi padre" y yo solo teníamos eso en común, hablar no era lo nuestro.

¡Quién sabe! Ella simplemente estaba sentada allí, dirigiéndome una vaga sonrisa. Por hacer algo, tome uno de sus cuadernos de notas que estaban sobre la mesa. Tenía una caligrafía curiosa, una letra pequeña, puntiaguda; y no usaba mayúsculas. Y seguía unos cursos francamente inocentes, la niña: Literatura comparada 105; Música 150; Musica 201…

-¿Música 201? ¿No es un curso de último ciclo?

Asintió con la cabeza; la verdad es que apenas ella logro disimular lo orgullosa que se sentía de ello.

-Polifonía del Renacimiento.

-¿Polifonía? ¿Y eso es?

-Nada sexual, Preppie.

¿Cómo le toleraba aquellos modales? ¿Acaso la chica no leía el Crimson? ¿No sabía quién era yo?

-Hey, ¿No sabes quién soy yo?

-Claro- respondió Mimi, casi con desprecio- El amo del Ishida Hall.

Era evidente que no sabía quién era.

-Yo no soy el amo del Ishida Hall- quise puntualizar- Se da el caso que mi bisabuelo regalo el edificio a Harvard.

-Para que su biznieto pudiera tener la seguridad de ingresar en la escuela.

Aquello ya era demasiado.

-Mimi, si estas convencida de que soy un don nadie, ¿por qué te has empeñado en que te invitara un café?

Me miró fijamente a los ojos y sonrió.

-Me gusta tu cuerpo- dijo.


Saber perder forma parte del arte de ser un gran campeón. Sin paradojas. Un rasgo característico de la gente de Harvard consiste en saber convertir cualquier derrota en una victoria.

"Mala suerte, Ishida. Jugastes estupendamente"

Claro que es mejor un triunfo rotundo y claro. Quiero decir que, a ser posible, es preferible el tanto en el último minuto. Y mientras acompañaba a Mimi a su residencia, yo confiaba todavía en acabar por vencer aquella mocosuela de Radcliffe.

-Hey, mocosuela, el viernes por la noche hay el partido de hockey de Darmouth- Quizás suene extraño que yo juego hockey, pero en Harvard que un estudiante, no recalquemos, que un Ishida no juegue hockey o algún deporte de gran "resalto", no es un Ishida. Pero me consolaba que mi mejor amigo jugaba conmigo.

-¿Y qué? – respondió luego de un momento.

-Que me gustaría que fueras.

Con el respeto que las niñas de Radcliffe suelen mostrar por el deporte, Mimi respondió:

-¿Y por qué demonios tendría que ir a aguantar un asqueroso partido de hockey?

Contesté, en tono falsamente indiferente:

-Porque juego yo.

Siguió una breve pausa. Creo que pude oír cómo caía la nieve.

-¿En qué bando? – preguntó.


Aclaraciones:

*Preppie: es un apelativo vulgar con que entre los estudiantes se designa a los alumnos de la prep school, curso pre universitario para muchachos ricos.

En el fanfic Yamato y Mimi, estudian es Estados unidos( es obvio, todos lo saben, no necesitas aclararlo). También cabe decir que aunque es una adaptación de Love Story, hay varias partes que han sido modificadas.

Quierooooooooo agradecerle a mimimatt26 y a pinky, son mis primeras lectoras, muchas gracias, espero este capitulo les haya convencido (:

By Min