N.A: Agradezco a todos por sus comentarios ^^/
Resistiendo la marea
Una silueta más cálida descendió a las sombras. Los nacientes rayos de sol anunciaban el amanecer, filtrándose por los barrotes de una pequeña ventana. La figura se arrodilló a lado del pequeño rubio, colocando un mechón dorado detrás de su oreja para tener una mejor vista de su rostro apacible. Aún se notaban las huellas del recorrido de sus lágrimas. Suspiró sonoramente, y luego llevó su vista hacia arriba, para luego cerrar los ojos. Sus pensamientos empezaron a transitar sin dirección ni sentido, y casi repentinamente, abrió los ojos y salió de la habitación poco iluminada.
Vaati. Era el contraste de Gufuu: su carácter y personalidad era opuestos complementarios; tan parecidos en apariencia pero terriblemente opuestos en esencia. Él, al igual que Gufuu, poseía una larga cabellera violácea y una mirada escarlata penetrante. Ambos se odiaban y querían a la vez, uno desaprobaba al otro y este ignoraba todo de lo que de él provenía. Por ambos corría la sangre magia, aunque solo uno de ellos la usara a rienda suelta y a diestra y siniestra.
Pocos segundos después, Vaati regresó a la celda del rubio, llevando una bandeja de plata llena de frutas, las únicas reservas de comida que poseía Gufuu en su gran mansión lúgubre. No quería despertarlo: sentía un temor irrefrenable a que, si Green lo llegaba a ver, entonces Gufuu se desquitaría con ambos y cuidaría más la seguridad de su enorme casa. Hace años que Vaati no regresaba, pero justo debió haber un contubernio entre el destino y el tiempo para que aquel brujo regresara a aquel lugar lleno de desagradables recuerdos. Malicia pura, todo ese lugar estaba lleno de maldad, algo que Vaati no rehuía pero tampoco pertenecía tan amenamente a ella.
Trató de hacer el menor escándalo posible, entre pasos ágiles y silenciosos, dejó la bandeja a unos pocos centímetros de la figura acostada. Se dispuso a irse, pero algo incontenible dentro de él lo sometió y evitó que se diera vuelta para irse. La tranquilidad que le daba Green, sólo con una única mirada a su bello rostro durmiente, apaciguaba todo en él de una manera sorprendente.
Un rayo cálido alcanzó el rostro del rubio, y este, al sentir la agradable calidez, empezó a despertarse. Vaati, por su parte, se había quedado totalmente prendido de él, olvidando ya todo, olvidando que si Gufuu se enteraba de que se escurría en su casa sin permiso…No, lo valía, por el cielo que lo valía.
En ese instante, Green abrió los ojos, dejando que la luz del día y el silencio de la habitación le dieran la esperanza suficiente para creer que todo lo que había pasado el día anterior era mentira. Miró somnoliento, y lo primero que divisó, fue la enorme bandeja de plata que brillaba y centellaba debido al fulgor del astro. Una terrible decepción inundó su mirada, recorriendo su cuerpo, haciendo que suspirara tristemente, dolor palpable en el aire. Seguía prisionero de un ser desquiciado. Se reincorporó poco a poco, sin dejar de ver la bandeja brillante. Cuando estuvo sentado de rodillas, alzó una mano para coger una manzana, pero el sentimiento de que alguien lo observaba se apoderó de él y con total rapidez volteó la cabeza.
A Vaati se le encogió el corazón cuando Green lo miró horrorizado. Repentinamente, vació la bandeja de plata, tirándole su contenido, para luego tirársela. Empezó a retroceder con brazos y piernas hacia la pared, hasta que chocó con ella. Vaati había esquivado una que otra fruta, pero le habían caído unas cuántas, entre ellas un mango y racimos enormes de uvas. Justo cuando veía la bandeja casi en sus narices, decidió usar la magia para detenerla en el aire, para luego agarrarla entre sus manos y depositarla en el piso con total paciencia y, por qué no, tristeza. Ese pequeño lo odiaba, odiaba su persona y no por ser él, sino porque su apariencia física era la misma del que lo había secuestrado.
El brujo no podía hacer nada. Si decía palabra, tarde o temprano, delataría su presencia en la casa. Y ahora, que había visto al rubio, inconscientemente se planteaba la idea de ir por las mañanas a visitarlo. Cuando lo rayos de luz renazcan. Cuando Green aún no haya despertado.
Tarde se dio cuenta de su error al dejar verse. Pero simplemente no podía irse así, no quería que el rubio se quedara con una imagen falsa.
Dio un paso, acercándose a Green, dudando de ello. Dio otro, y el pequeño se retorció en el rincón, cubriéndose la cabeza con ambos brazos. Ni una sola palabra, ni una sola, y ya le tenía miedo. Vaati podría hacer algo muy estúpido.
—Buenos días—murmuró, balbuceando la primera palabra, tardándose una eternidad para vocalizar la segunda. Green ni se movió. Vaati empezó a hacer un esfuerzo sobrehumano para hallar la correcta continuación a sus palabras—. Por favor, no desprecies la comida—dijo más seguro otra vez. El rubio pareció moverse: el cambio repentino en la actitud, del que él creía era la misma persona, lo confundió descomunalmente—…después de todo, es para ti—susurró, casi inaudiblemente. No recibió respuesta, a lo que suspiró. Su actitud era demasiado tranquila y sumisa, tal vez, por el primer encuentro del que se volvería alguien al que su corazón estaría adherido en un futuro. No quería asustarlo, no quería darle un puñado más de malos recuerdos en sus pocos años. Era muy joven.
Green estaba en una maraña de pensamientos: ¿Podrías tratarse de la misma persona? ¿Es esa la voz que me habló anoche? Se lo cuestionó por unos minutos, y pareció que el tiempo se hubiera detenido. No quería creer nada incierto, pero eso no quitaba el hecho de que algunos presentimientos propios fueran correctos: una intuición prematura.
El hechicero se dio por vencido y se giró para dar el primer paso.
—Espera—una voz dulce pero convincente lo detuvo. Vaati no hizo más que voltear de golpe, sintiendo como el corazón se le aceleraba por la sorpresa. Al mismo tiempo, el rubio se volvió—Gra…
Lo que pasó después no es tan sencillo de explicar. La mirada de Vaati se fundió con la de Green, y el rubio pudo ver, aún con desconfianza y poca certeza, que la persona que tenía delante de él, en realidad, no era la misma de anoche. El pálido de sus ojos escarlata le hizo ver que esa mirada no se comparaba a la anterior, llena de malicia e insensibilidad. No. La de él tenía un brillo opaco especial, que dejaba entrever un poco de su alma, quizás, una que sí poseía huellas de luz.
Vaati por su parte, miró aquellos ojos azules y creyó perderse en ellos por horas. Sólo unos segundos y él no pudo soportar sostenerle la mirada por temor a hundirse en el profundo de ese azul.
El hechicero bajó la mirada primero, y el rubio se quedó mirándolo con curiosidad. La incertidumbre embargó a Vaati, y lo único que hizo fue asentir, a cualquier cosa que haya querido decir. Y se sintió extraño, tan extraño que empezó a dejar la habitación, y cómo su cuerpo a veces actuaba sin su consentimiento, siguió su camino, no sin antes parase en el umbral:
—No soy Gufuu.
Los pasos alejándose, cadenciosos y despacios, hicieron eco en la celda, y mientras se cerraba la celda con candado por arte de magia, las palabras antes dichas también.
"No soy Gufuu…Pero, ¿quién es Gufuu?"
