- II -
Kagome sabía perfectamente como había terminado esa noche en el restaurante Cracco Peck, en el centro de Milán. Nunca había conocido a un hombre que fuera absolutamente perfecto para ella, pero Inuyasha Taisho lo era.
Era inteligente, divertido y sexy como el demonio y sabía que, pasara lo que pasara, iba a disfrutar de las negociaciones con él. Le gustaba su compañía porque, al contrario que otros abogados con los que había tenido que tratar, a él no parecía molestarle en absoluto que fuese una mujer de carácter.
Inuyasha estaba a unos metros, hablando con el chef y propietario del restaurante, Carlo Cracco, y eso le permitió estudiarlo detenidamente. Se movía con gracia, como si estuviera cómodo en todas partes. Tenía un encanto innato, no algo que ponía en marcha cuando estaba delante de una mujer.
- ¿Kagome?
Ella sonrió al ver a un compañero de universidad de su padre: Federico Marchessi.
- Buona sera, Federico –Le dijo, besándolo en la mejilla- ¿María está contigo?
- No, me temo que no. He venido por una cena de negocios.
- Yo también.
- ¿Con un miembro de la familia Taisho?
- Oui, Federico.
El hombre sacudió la cabeza.
- Tu padre está preocupado.
A Kagome le molestó que le hablara como a una niña pequeña. Llevaba varios años como directora jurídica de Higurashi S. A. y nadie tenía nada que reprocharle.
- Mi padre sabe que puede confiar en mí.
- Sí, claro, me parece bien. Tenemos que cenar juntos cuando vuelvas a París.
- Claro que sí, te llamaré a la oficina.
Federico se alejó y, un segundo después, Inuyasha volvió a la mesa.
- Kagome, permíteme presentarte a Carlo Gracco.
- Ah, encantada.
Después de intercambiar unas frases, el chef volvió a la cocina.
- Siento haberte dejado sola.
- No pasa nada. No es una cita.
- ¿Y si lo fuera?
- Bueno, entonces no me gustaría que me dejaras sola. Una mujer merece ser el centro de atención.
- ¿Y qué merece un hombre?
- Lo mismo.
- ¿Eres romántica?
Kagome negó con la cabeza.
- No, pero no suelo perder mi tiempo con alguien que no lo merece.
Inuyasha sonrió, con esa sonrisa suya un poco ladeada, mostrando unos dientes muy blancos.
- Otra cosa en la que estamos de acuerdo.
Kagome se encogió de hombros. Aunque, en realidad, empezaba a sospechar que Inuyasha Taisho era la clase de hombre que ella había pensado que no existía. Alguien que podía ser su igual en la sala de juntas y fuera de ella.
- ¿Qué ha recomendado el chef para cenar?
- Nunca me ha disgustado nada de lo que sirve, pero mis platos favoritos son la dorada a la sal y Crochettes de chocolate negro con caviar.
Kagome fingió estudiar la carta. Durante aquella cena debían tratar exclusivamente sobre la posibilidad de un acuerdo. Tenía que concentrarse y repetirse a sí misma que su familia llevaba mucho tiempo esperando aquel momento.
Por mucho que le gustase la novedad que representaba Inuyasha Taisho.
Era solo eso: una novedad. Y aquella era una oportunidad para que su abuelo se vengase de Inukotsu Taisho, aunque los dos habían fallecido mucho tiempo atrás. Su abuelo no descansaría tranquilo hasta que le hubiera devuelto a los Taisho todo el mal que le habían hecho.
- Estás muy seria, querida. ¿Tan horrible sería que te aconsejase un plato? –Inuyasha nombró dos de ellos, diciendo que eran fabulosos.
Kagome levantó la mirada.
- Me temo que eres el tipo de hombre que explotaría cualquier síntoma de debilidad en el oponente.
- Pensé que ya habíamos dejado de lado las absurdas demostraciones de poder.
¿Dejarlas a un lado? Kagome era muy conciente de ser una mujer en un mundo de hombres y ni por un momento podía mostrarse débil. Nunca lloraba, no charlaba o reía con las demás mujeres en el despacho y jamás dejaba que un hombre pidiera por ella en un restaurante. Eso era algo demasiado "Femenino" y sabía que un hombre como Inuyasha Taisho lo vería como un signo de debilidad.
- Gracias por la recomendación, la tendré en cuenta.
- Sí, por favor –Rió él.
Pero cuando llegó el Sumiller, Kagome tuvo que hacer un esfuerzo para no poner los ojos en blanco. Porque el hombre, automáticamente, se dirigió a Inuyasha para que eligiera el vino y, aunque se decidió por el año y la marca que ella hubiese elegido, Kagome decidió pedir algo diferente.
Después de eso, se arrellanó en la silla, dispuesta a controlar la velada.
- Háblame de tus planes para relanzar el modelo Higurashi.
- Sólo puedo darte cierta información antes de que lleguemos a un acuerdo. Como imagino que entenderás, esa es información privilegiada.
- Pues dime porque deberíamos considerar hacer negocios otra vez con la familia Taisho. La última vez, Inukotsu le destrozó la vida a mi tía abuela Kaede y le robó parte de los beneficios a mi propio abuelo.
La pelea entre ambas familias tenía de fondo las emociones de una joven novia. Décadas antes, su tía Kaede se había casado con el mejor amigo de su hermano, Inukotsu Taisho, para encontrarse poco después sola y abandonada por su marido. Inukotsu era un mujeriego y Kaede estuvo tres horribles años casada con él antes de dejarlo, algo de lo que Inukotsu no se dio cuenta hasta seis meses después.
Era eso lo que había dado lugar a la pelea entre los Taisho y los Higurashi.
Cuando Kaede se divorció de Inukotsu, algo que la aisló de la devota comunidad católica de París, Inukotsu dio por terminada la producción del Higurashi Roadster, alegando que no compartiría beneficios con una familia que lo había traicionado.
Seguramente porque pensaba que ser un mujeriego era una cosa normal y que Kaede debería haber seguido con él, lamiendo sus heridas en privado.
- Hablas de nosotros como si fuéramos maquiavélicos, pero te aseguro que no lo somos.
- Eso está muy bien, Inuyasha, pero yo prefiero tener ciertos hechos en la mano, algo que pueda llevar al consejo de administración.
- ¿Qué tal el hecho de que Higurashi, S. A. no ha realizado una innovación en el mundo del motor en casi veinte años?
- Conozco bien la historia de mi empresa –Replicó ella.
- Y por eso estás aquí conmigo. La colaboración Higurashi-Taisho salió mal la última vez, pero nosotros nos encargaremos de solucionar ese problema. Nuestro objetivo común debería ser que tanto el nombre de Taisho como el de Higurashi ocupen el sitio que merecen en la historia.
Milán estaba vibrante y llena de vida aquella noche de primavera. Inuyasha respiró profundamente mientras llevaba a Kagome por el centro de la ciudad hasta la Piazza del Duomo.
Sabia que para conseguir que firmaran el acuerdo, primero tendría que destruir la imagen del monstruo de su abuelo. Y aquella plaza era el sitio perfecto para hacerlo.
- ¿Por qué me has traído aquí? –Preguntó Kagome, que parecía un poco cansada y bastante desconfiada.
E Inuyasha pensaba sacar ventaja de ambas cosas.
- Quería que entendieras porque la historia es tan importante para los Taisho. Sé que la familia Higurashi no confía en nosotros…
- Eso es decir poco.
- Sí, bueno, conozco la historia de ambas familias –Sonrió Inuyasha-. Sé que todo deriva de un malentendido sobre que clase de hombre era mi abuelo.
Ella inclinó a un lado la cabeza y el brillo de su pelo lo distrajo. Tenía un pelo tan precioso…
- Puede que tu abuelo tuviese otra cara, además de la conocida por todos, pero de ser así era una cara que sólo vieron los más cercanos.
- Pues entonces deja que te hable de ella.
Kagome suspiró.
- ¿De verdad crees que eso servirá de algo?
Inuyasha la miró a la luz de la luna, y supo que quería hablarle de su familia. Quería que dejara de pensar en los Taisho como el lobo feroz.
- Cuando yo era pequeño venía a Milán a visitar a mi abuelo y él me llevaba a misa todas las mañanas. No se la perdía ni un solo día.
- Mi abuelo era igual. Decía que era porque Dios lo protegía en el circuito.
Inuyasha sonrió para sí mismo. Su abuelo le había contado que Kaoru Higurashi era un hombre muy devoto. Era una de las pocas cosas positivas que decía de su rival. Inukotsu Taisho había sabido desde siempre que el señor cuidaba de él cada vez que subía a un coche de carreras para hacer cosas que ningún otro hombre se había atrevido a hacer.
- ¿Lo ves? Ya tenemos algo en común.
Kagome enarcó una ceja.
- ¿Tú crees? ¿Ésa es la conexión, que los dos iban a misa?
- En esta batalla, con el resultado siendo tan importante como es, empezaré por donde pueda.
- ¿Por qué estás tan empeñado? Como tú mismo has dicho Taisho Motors puede ponerle otro nombre al coche.
- Sí, pero el Higurashi Roadster es un coche venerado por coleccionistas de todo el mundo. Se demanda ese modelo en concreto, por el estilo y la gracia de las líneas que diseñaron mi abuelo y el tuyo. Es un coche legendario.
- ¿Entonces nos necesitas?
- Es posible.
Inuyasha tomó a Kagome de la mano para llevarla a los pies de la catedral.
- ¿Sabías que el Duomo nunca fue terminado?
- No, la verdad es que no sé mucho sobre esta iglesia.
- Entonces no te contaré su historia, sólo que están contantemente reformándola y reparándola. Pero nunca estará terminada del todo porque siempre hay alguna manera de incrementar su belleza o de mejorar sus funciones.
- Ya.
- Es lo mismo con los motores Taisho. No nos contentamos con pensar que ya lo hemos hecho todo. Tenemos que cambiar constantemente, mirar hacia el futuro. Lo que te ofrecemos, Kagome, a ti y a toda la familia Higurashi y sus inversores, es la oportunidad de ser parte del futuro.
Kagome apartó la mano.
- Veo que eres un gran orador.
- Y creo que te gusta eso de mí.
- Me gustan muchas cosas de ti, Inuyasha. Pero eso no significa que hacer negocios con tu empresa sea beneficioso para la mía.
- ¿Por qué no?
Las estatuas que custodiaban la puerta de la catedral parecían mirarlos. Era una de las más famosas del mundo, la segunda más grande después de la basílica de San Pedro en Roma, y todos los milaneses estaban orgullosos de ella. Aprovechando que estaban allí, Inuyasha ofreció una silenciosa plegaria: que aquel momento fuera un punto de partida para él y para Taisho Motors.
- Mi abuelo solía decir que Inukotsu era un demonio capaz de seducir hasta al más fiero rival –Dijo ella- Y creo que tú has heredado ese encanto.
- Pues deberías conocer a mi padre.
- Supongo que todos los hombres de la familia Taisho tienen ese don. ¿Sabes lo que tienen los Higurashi?
- Dotes para la velocidad y sed de conocimiento –Contestó Inuyasha.
El legado de Kaoru Higurashi no era algo que se tomara a la ligera. Era una de las principales razones por las que él, Miroku y Sesshomaru habían decidido negociar con los Higurashi. Podían haber tomado un camino más fácil relanzando otros modelos, pero el único que querían relanzar era el Higurashi Roadster.
- También tenemos cierto talento para ver la verdad a través de la niebla o los espejos deformantes –Sonrió Kagome.
- Pues sigue mirando –Dijo Inuyasha- Aquí no hay más que verdad y sinceridad.
En Taisho Motors queremos que ambas compañías prosperen. Queremos que nuestro nombre se recuerde para la posteridad.
- Sí, esa es una bonita imagen. Casi tan bonita como esta catedral, pero yo sé que dentro de estos muros, como detrás de la belleza de tus palabras, se esconden muchos secretos.
- En la iglesia, quizá, pero yo he puesto todas mis cartas sobre la mesa.
- Lo dudo. Eso te dejaría sin nada nuevo con lo que negociar.
Inuyasha tuvo que reír.
- Bueno, quizá me he guardado un par de ellas en la manga.
- Yo también, y no voy a cambiar de opinión esta noche.
- ¿No?
- Si quieres que te sea sincera, dudo que vayamos a alcanzar un acuerdo. Hay demasiadas rencillas entre nuestras familias.
- Pero no entre nosotros. Tu abuelo y el mío eran dos ancianos a los que les gustaba discutir; nosotros somos jóvenes y sabemos que en la vida hay algo más que viejas rencillas.
- ¿Tú crees?
- Sí, Kagome, lo creo –Dijo Inuyasha, tirando de ella para estrecharla entre sus brazos-. La noche es joven y nosotros también. ¿Por qué no la aprovechamos?
Al final de la noche, Inuyasha la acompañó a su hotel. Kagome estaba cansada, pero mas bien satisfecha. Lo había pasado estupendamente y entendía ahora donde estaba el verdadero encanto de Inuyasha Taisho.
Su abuelo había sido un hombre brusco y amargado cuando ella lo conoció y sabía que Inukotsu Taisho era responsable de esa amargura. Pero en aquel momento, mientras Inuyasha la acompañaba a su habitación, eso no parecía importarle en absoluto.
Sabía que tener una aventura con él era lo más absurdo que podía hacer, pero sentía la tentación de probar.
Cuando llegaron a la puerta, y aunque tenía la certeza de que no sería muy sensato, pensó que le gustaría invitarlo a tomar la última copa.
Pero Inuyasha interrumpió sus pensamientos.
- Me miras como si tuviera algo que tú quieres.
Kagome inclinó a un lado la cabeza.
- ¿Hablabas en serio al decir que en el amor y la guerra todo está permitido?
- Sí.
- ¿No vas a renegar de eso?
- No. ¿Y tú?
- No, yo no. Pero he descubierto que los hombres se enfadan cuando no ganan, hayan dicho lo que hayan dicho antes.
- Creo que estás intentando saber si voy a portarme como un niño si las cosas no salen como yo quiero. Pero deberías saber que yo soy un hombre, no un niño.
Kagome sonrió. Sabía que Inuyasha estaba intentando seducirla. Quería que conociese al hombre que era fuera de la empresa y sería conveniente para ella hacer lo mismo: dejar que la conociera como mujer. Sin eso, nunca tendría ventaja sobre él.
- Para, ¿Vas a decirme lo que quieres?
- Tal vez.
- ¿Tal vez?
- Creo que ser misteriosa me beneficiaría.
- Sí, ser misteriosa siembre beneficia a una mujer tan guapa como tú.
Kagome sospechaba que ese comentario era, al menos, setenta y cinco por ciento ensayado, pero…
- No es fácil resistirse a tu encanto.
Inuyasha rió de nuevo, su masculina risa envolviéndola de manera peligrosa. Y por eso debería decirle adiós. Después de un paseo a la luz de la luna por las románticas calles de Milán, mientras lo escuchaba contar historias del pasado con esa voz suya, tan profunda, tan erótica, estaba desarmada.
Además, su plan era hacerle pensar que era él quien la estaba seduciendo. No estaba segura aún de si podría acostarse con aquel hombre y mantener a raya sus emociones.
Si era sincera consigo misma, nunca había sido capaz de eso.
- Buenas noches, Inuyasha.
- Nos veremos a primera hora para hacer un tour por la fábrica Taisho.
- No estoy segura…
- Ya has dicho que sí –La interrumpió él- te vendrá bien conocer a la gente que ha trabajado en el nuevo diseño del nuevo modelo Higurashi. Creo que deberías ver el orgullo que sienten nuestros diseñadores al ser parte de un coche legendario.
- Y yo creo que deberías dejar de referirte a ese coche como el modelo Higurashi.
- Sí, claro –Sonrió Inuyasha- Pero tengo la impresión de que en cuanto veas el coche cambiarás de opinión.
Su pasión por el coche, y por la empresa, era evidente y Kagome pensó que había hecho bien en no invitarlo a entrar. Porque para Inuyasha Taisho, la compañía siempre sería lo primero.
Y ella había jurado no acercarse a hombres adictos al trabajo. Su padre, tíos y abuelo, todos habían sido adictos al trabajo, siempre ausentes de las vidas de sus hijos y esposas; un error que Kagome no quería repetir.
Aunque ella no estaba pensando en tener hijos con Inuyasha, por supuesto. Pero pensar en un hombre cuando sabía que estaba destinada a ocupar el segundo lugar no era muy inteligente.
Y ella era una mujer inteligente.
- Me gusta que tengas tanta confianza –Le dijo- Mañana veremos si estás presumiendo o si de verdad tienes algo que ofrecer.
Inuyasha levantó una ceja.
- Querida… ¿Parezco un hombre que no tiene nada que ofrecer?
Kagome sacudió la cabeza.
- Me niego a contestar, porque diga lo que diga, tú lo tomarás como un halago.
Inuyasha se encogió de hombros.
- Estoy acostumbrado a mirar las cosas de manera positiva. Por eso, Taisho Motors está hoy donde está.
- había escuchado que no aceptabas una negativa.
- Es cierto, pero te prometo que no voy a intentar convencerte para que hagas algo que no quieres hacer. Nosotros no somos como mi abuelo. Estamos decididos a hacer negocios de manera diferente.
Después de decir eso se dio la vuelta y Kagome lo vio alejarse por el pasillo. Le gustaría creerlo, pero era un Taisho y sabía que iba a poner sus intereses por encima de todo lo demás.
Segundo capítulo.
Espero que les haya gustado la lectura, vamos comenzando poco a poco. Gracias por los comentarios del capítulo anterior y a todos aquellos lectores "anónimos" que dedican un poco de su tiempo a leer ésta adaptación. Nos leemos en el siguiente capítulo.
SiBum~
