Tardé un montón, pero por fin pude publicar el segundo capítulo. No es muy largo, pero más o menos así lo tenía planeado. Les agradezco mucho que este fic haya captado su atención y haya tenido muy buena aceptación. Por mi tiempo, tardaré en actualizarlo, pero no dejaré de actualizar :3
Reviews:
geminisnocris: Con ese Youma es mejor ni pedirle nada, es tramposo y retuerce todo lo que le pidas así como le pasó a lo pobre Agasha D:. Gracias por tu review :D
Mary suarez: Me alagas mucho n.n, de verdad me pone feliz que te gusten mis escritos y espero no decepcionarte con este, y mi otro fic ya está por terminarse, está a 3 capis del final. Gracias por dejarme tu lindo review n.n
Ahora, al capítulo n.n
CAPITULO 2: Reescribiendo la historia
Groenlandia, en otro tiempo…
Un perfecto cuerpo varonil, casi como el de un dios, se removía entre las finas sábanas blancas de la enorme cama situada en una gran habitación de paredes azueles celestes con adornos de un color azul más obscuro, una enorme ventana de vidrios de cristal a varios metros a lado de la cama, cubierta por hermosas cortinas color perla, un lujoso candelabro que colgaba del techo y algunos muebles rústicos como sofás, un espejo de cuerpo completo, burós, un escritorio y un elegante piano de cola de color blanco eran parte de la habitación.
-¡Albafica!- Una voz femenina perteneciente a la de una señora madura se escuchaba del otro lado de la puerta haciendo que el joven frunciera el ceño y se destapara torpemente el rostro.- Tienes visita, Ivaana vino a verte. Te quiero abajo en cinco minutos- amenazó enormemente feliz la mujer que se encontraba del otro lado de la puerta alejándose rápidamente del lugar.
El joven abrió los ojos con pesadez y llevó ambas manos a sus bellos y largos cabellos celestes que se encontraban desparramados entre las almohadas y las sábanas, clavando sus hipnóticos orbes cobalto en el techo como si se hubiera vuelto muy interesante.
-Ivaana…- pronunció ese nombre con voz adormilada, soltó un gruñido y volvió a cubrirse con las sábanas hasta la cabeza.
Albafica no tenía ni la mínima intención de bajar y mucho menos estando aquella jovencita en su casa.
Ivaana tenía 17 años, poseía una belleza que provocaba que casi todos los hombres de Groenlandia (al menos en el helado sector donde vivían) babearan por ella, pues sus ojos negros profundos eran como el vacío a la perdición para caer eternamente en sus encantos siendo adornados por espesas y largas pestañas negras. Una boca pequeña pero de labios carnosos que incitaban a besarlos, cabello largo y dorado que le llegaba hasta los muslos, piel tan blanca como la nieve que siempre caía en Groenlandia y un cuerpo de tentación. Era una joven de padres adinerados, se podría decir que su familia era de las que poseían una gran fortuna, donde también estaba incluida la familia de Albafica.
No cabía duda que era la mujer perfecta, pero había un detalle: tenía una actitud que el joven groenlandés no soportaba y eso era que ella fuera tan mandona hasta casi llegar al punto de querer controlar hasta el ritmo en que respiraba.
Él la había conocido hace un año en un rústico café al que había llegado después de tomar clases en la universidad más prestigiosa. Caminaba sólo y ahí la miró: tan bella e inmaculada cubierta por un grueso abrigo de piel de color café, sosteniendo un voluminoso libro de historia con una mano y bebiendo una taza de café con la otra. Se veía tan tranquila ahí en esa vieja mesa de madera concentrada en su lectura que no tardó ni dos segundos en prendarse de ella.
Cuando Ivaana levantó la mirada para enfrentar a cualquiera que se estaba atreviendo a interrumpir su momento de lectura, la etérea belleza de Albafica la cautivó en lo más profundo que, su corazón, comenzó a desearlo solamente para ella.
Comenzaron a salir. Las mujeres miraban con rabia a la hermosa chica de mirada obscura a lado del hombre más bello del "mundo", como solían decirle, pues a los veintitrés años que tenía el groenlandés, estaba perfecto para comenzar a cazar su libertad.
Los padres de ambos se cayeron increíblemente bien puesto que estaban dentro del mismo círculo económico y no tardaban en imaginar una boda entre ellos dos; el de cabellos celestes ya estaba por concluir sus estudios como economista, así que sería una gran oportunidad para continuar con el negocio de su padre y seguir produciendo más dinero.
Todo era de color rosa al principio, pero con el tiempo la verdadera forma de ser de Ivaana comenzaba a hartar. Sus enormes celos ya habían acabado con su paciencia, incluso ella comenzó a reclamarle por un sueño que Albafica le había contado donde él se había mirado como una clase de caballero portando una armadura dorada y cargando en brazos a una jovencita de cabello castaño y ojos oliva. Y aunque el joven intentaba hacer que ella entrara en razón que solamente se había tratado de un sueño, no había más que gritos y reclamos preguntándole furiosamente de donde la había conocida, pues según ella tenía esa estúpida idea que si un hombre soñaba con una mujer, seguramente la tenía escondida en algún lugar.
-¿Albafica?- la voz cantarina de la jovencita se escuchó del otro lado de la puerta.
El bello hombre había tardado en bajar y su mamá no dudó en mandar a Ivaana, quizás así se motivaría en salir de la cama pero lo que quería era permanecer encerrado y no mirarle la cara nunca en la vida a esa loca mujer que había ido con todas las intenciones de pedirle disculpas.
-Albafica… perdóname…- habló en tono de arrepentimiento, pero las palabras le entraron por un oído al groenlandés y le salieron por el otro, aun permaneciendo tapado hasta la cabeza- hermoso, por favor, dame otra oportunidad…
El joven volvió a fruncir el ceño y abrió sus ojos dejando expuestos la rabia que sintió cuando la palabra "hermoso" le taladró. Odiaba desde siempre que se dirigieran así hacia su persona puesto que siempre pensaba que intentaban conseguir algo de él cuando adulaban esa cualidad tan notoria para todos.
Se levantó con lentitud de la cama, primero tomando asiento al filo de esta para luego ponerse pie. Tomó un abrigo color café claro de su ropero para cubrir su torso desnudo y caminó hacia la puerta que comenzaba a ser golpeada delicadamente por la dama. Si no la atendía, era capaz de quedarse ahí todo el día.
-¡Albafica!- pronunció emocionada al mirar la silueta del hombre que se dejó ver tras abrir la puerta. Se le hacía tan bello usando esos pantalones blancos que utilizaba para dormir y ese grueso abrigo que resaltaba como los enmarañados cabellos celestes, se esparcían por su espalda y hombros.
Ivaana se colgó de su cuello como si se tratara de un león abalanzándose hacia su presa y lo abrazó tan fuerte para no dejarlo ir. El groenlandés sólo atinó con apenas abrazarla de la cintura, mirándola con indiferencia sin dirigirle ni una sola palabra mientras sus oídos eran taladrados por las miles de disculpas que salía de la boca de la rubia.
-¡Perdóname Albafica! ¡De verdad te extraño y no puedo vivir sin ti!
El de cabellos celestes rodó los ojos y separó a la joven de su cuerpo quien lo miraba con un brillo esperanzador en sus obscuros ojos.
-No quiero nada contigo. Entiende- le dijo gélido, sin un rastro de sentimiento en sus palabras mientras tomaba las muñecas de la fémina.
El brillo en esas obscuras lagunas comenzó a desaparecer al igual que su sonrisa. Y cuando Ivaana no conseguía lo que quería, significaban problemas.
-¡Pero como te atreves a rechazarme!- le gritó encaprichada, forcejeándose del agarre de Albafica.
-¡PORQUE NO TE SOPORTO!- le gritó aún más fuerte soltándola con brusquedad desapareciendo rápidamente detrás de la puerta de su habitación al cerrarla con fuerza justo en las narices de Ivaana.
La joven soltó un gruñido encolerizada tras un "ni pienses que te escaparás", para luego dar media vuelta e irse lo más pronto posible de la enorme casa.
Albafica tomó asiento nuevamente al filo de su cama, pasando sus dedos con desesperación entre su sedoso cabello y dejándose caer en el colchón. Estaba cansado, harto, confundido, pero sobre todo… no sentía pertenecer a ese lugar. Y aunque estaba completamente consciente que toda su vida la había pasado en esa misma casa con sus padres, precisamente ese día sentía algo extraño en su interior, esa sensación de duda sobre su existencia pero siempre culpaba las crisis existenciales que sufría de vez en cuando en cuanto a las decisiones que solía tomar. Pero lo que no dejaba de darle vueltas hace unos días, eran esos sueños que la bella joven siempre le reclamaba.
Cerró con fuerza sus ojos y nuevamente esas imágenes cruzaban su mente obligándolo a abrir con brusquedad sus orbes. Y siempre era lo mismo: él, vistiendo una armadura dorada y cargando en brazos el cuerpo delgado de esa muchachita de la cual desconocía su nombre, pero al mirarla fijamente a sus ojos oliva, era como si ya lo conociera de hace mucho tiempo. Pero al despertar, no podía evitar en sentirse tan confundido por la extraña felicidad al despertar ¡si sólo se trataba de un sueño! Pero al ser tan repetitivo, su mente comenzó a dispersarse volviéndolo muy distraído por estar pensando en lo mismo.
-¡ALBAFICA!
El bello hombre ni se inmutó por la encolerizada voz de su madre al otro lado de la puerta. No tenía ni la mas mínima intención de levantarse e iniciar una discusión infinita con ella y aunque esa mujer a pesar tener cuarenta y cinco años y verse tan bella y joven con sus largos cabellos turquesa, ojos celestes, piel de luna y cuerpo perfecto, tenía un carácter bastante fuerte y lo que no le parecía, significaba librar una batalla con ella donde al final salía triunfante. Y ese día, el bello hombre no estaba de humor.
-¡ALBAFICA!- espetó la mujer mucho más iracunda, comenzando a golpear con fuerza la puerta- ¡ABRE LA PUERTA INMEDIATAMENTE!
Y no le quedó otra opción.
Se levantó pesadamente de la cama y caminó con pasos largos a abrirle a su madre, para luego darle nacimiento a un enfrentamiento de miradas haciendo un ambiente bastante tenso.
-¿Por qué corriste así a Ivaana?- cuestionó iracunda la bella mujer.
-Yo no pienso pasar toda mi vida a lado de una mujer que sólo terminará por asfixiarme- respondió gélido, pero educadamente.
-¿Qué no te das cuenta que ella te conviene?
-Para ti, todas las que son adineradas me convienen mamá- refutó, intentando contener la calma.
-Tu padre y yo sólo queremos lo mejor para ti, Albafica- le reclamó en tono de preocupación- ya acabas de terminar tu carrera de economista, es tiempo que ahora tomes la posición de tu padre y consigas una buena mujer como Ivaana, así que te pido que por favor no la desaires y no nos decepciones- finalizó casi suplicándole.
El de cabellos celestes miraba fijamente a la mujer que le dio la vida, "preocupada" por su bienestar. Pero parecía que le importaba más el dinero que los sentimientos, y aunque tampoco no era una interesada ya que amaba a su esposo profundamente, el problema fue que se acostumbró al dinero después de haber salido de la pobreza extrema en que se encontraban hace años atrás antes del nacimiento de Albafica. Y aunque ella también era una exitosa empresaria, quería que su único hijo tuviera una mujer de su mismo status social para que fuera su apoyo y generaran más dinero para no pasar carencias. Pero nunca miraba más allá de lo que su primogénito quería.
-Pero yo no la quiero a ella, entiende- la voz del joven se volvió más dura- ya tengo 23 años, déjame decidir por mi cuenta. Tu y mi padre ya influenciaron bastante hasta en lo que estudié, al menos en eso déjenme decidir, por favor.
-Ya te lo he dicho…
-Me lo has dicho muchas veces mamá- interrumpió- pero yo quiero hacer mi propio camino, no estar temiendo que pasaré por lo mismo que tu. Así que con todo respeto, déjame vivir- concluyó el bello hombre, desapareciendo detrás de la puerta al cerrarla.
-¡Albafica!- ella quiso alcanzarlo, pero se encontró con la puerta y cerró con fuerza sus ojos celestes intentando contener toda la rabia que sentía en ese momento para no jalar de los cabellos a su hijo y arrastrarlo por toda la casa para que entendiera.
Albafica caminó hacia la enorme ventana, corriendo las cortinas hacia un lado y deslizando uno de los vidrios de cristal, sintiendo el aire fresco acariciando su piel. Lo que podía ver, era el nevado paisaje cubriendo toda la superficie y los débiles rayos del sol asomándose de entre las espesas nubes, intentando iluminar los techos de las casas aledañas.
El groenlandés estaba cansado y no era por haber terminado todos sus enormes proyectos para su titulación hace unos días, si no que desde que había comenzado con esos sueños, era como si sus energías se consumieran poco a poco. A pesar de las desveladas que había pasado durante su carrera universitaria y las pocas veces que se alimentaba correctamente, era poco el tiempo en que estaba cansado. Quizás todo eso junto con el estrés que comenzó a pasar durante esos días se le había acumulado. Sí, eso debía de ser.
Cerró la ventana y se dejó caer en su enorme cama dispuesto a conciliar nuevamente el sueño. Aún era temprano y no había nada de malo en dormir un rato más.
Pero cuando Albafica cerró los ojos, esas mismas imágenes aterrizaron en su cabeza obligándolo a abrir sus orbes cobalto con brusquedad.
-¿Hasta cuando…?- habló para sí mismo con voz adormilada y frotándose su delicado rostro- ¿Por qué sueño tanto a esa jovencita?
Clavó su mirada en el techo y su mente daba vueltas y vueltas como una rueda de la fortuna. Algo le molestaba desde lo profundo de su corazón. Sentía que tenía que ir a buscarla ¿pero a dónde tenías que ir a buscar a alguien de la cual ni siquiera sabes en donde pueda encontrarse, como se llame y sobre todo… si es que existe…?
-De seguro alguien me embrujó…- dijo en voz baja, pero era una nula posibilidad. Además, ¿por qué alguien quisiera embrujarlo de esa manera? Comenzó a creer que se estaba volviendo loco. Mejor decidió cerrar sus ojos de una vez por todas.
Rodorio, tiempo actual…
Shion se despojó de sus vestiduras de patriarca y envistió su cuerpo con la armadura dorada de Aries para luego dirigirse lo más rápido posible, junto con Teneo de Tauro, hacia aquel lugar donde la distorsión comenzaba a desaparecer. El rubio tenía un muy mal presentimiento, y si era lo que él pensaba, las cosas de verdad se iban a poner muy mal.
Y como si los estuviera esperando, ahí estaba aquel ser encargado de haber mandado a Agasha a quien sabe que parte del espacio-tiempo. Tenía la espalda recargada en el tronco de un árbol mientras jugueteaba con su reloj de bolsillo pasándolo hábilmente entre sus dedos, mirando fijamente a los recién llegados.
-Youma…- habló con temor el lemuriano.
-Era imposible que no se dieran cuenta- mostró una sádica sonrisa mostrando sus dientes puntiagudos.
-¿Cómo es que sobrevivió…?- el nuevo santo de Tauro no encontraba respuesta lógica como para que el poderoso espectro hubiera salido del rosario de las 108 cuentas.
-Yo no soy tan estúpido- comentaba con tranquilidad, sin dejar de jugar con su reloj- pronto, todo este mundo será mío. Yo controlaré sus tiempos convirtiéndome en su amo y señor.
-¡¿QUE DICES?!- espetó Shion encolerizado, preparándose para atacar.
-No se precipite mi patriarca, le daré una semana a este mundo antes de que sea mío.- dio unos pasos hacia enfrente, sin dejar de ver al par de dorados.
-¿Qué fue lo que hiciste hace un momento?- cuestionó Teneo mirando a Youma con recelo.
-No se preocupen por eso, solamente quiero juntar a cierta parejita que muere por verse- contestó apático- lástima que será un reto imposible para que ese caballerito reconozca a la chica- libró una sutil risa de burla.
-¡¿QUE LE HICISTE A AGASHA?! ¡¿A DONDE LA LLEVASTE?!- Shion parecía que se quedaría sin voz en cualquier momento, pero el pensar que Agasha ahora estaba en quién sabe dónde y sentirse un completo inútil por no poder cumplirle la promesa a quien solía ser su amigo y compañero de armas lo estaba poniendo bastante mal.
-¡¿A caso reviviste a Albafica?!- intervino el de Tauro, haciendo que el lemuriano no pudiera creer en todo lo que estaba pasando.
-Algo así- volvió a responder flemático- antes que ese jovencito "muriera", se podría decir que detuve su tiempo, así que no estaba completamente muerto como todos lo creían. Y si se fijan- dibujó una sonrisa burlesca- su lápida no existe, no la encontrarán. Es más, no hay registros de él en el santuario.
-¡¿A CASO HICISTE QUE ALBAFICA NUNCA FUERA CABALLERO?!- Shion estaba atónito al igual que Teneo. No podía creer ni una sola palabra de lo que decía ese espectro. ¿Cómo era posible que así de fácil modificara la vida de una persona?
-Su energía me da más poder…- aspiraba con fuerza mientras iba desapareciendo rápidamente.
-¡NO TE VAYAS!- ordenó Teneo mientras él y Aries corrieron hacia Youma, pero no lograron alcanzarlo.
Ambos tenían sus ojos clavados en el lugar dónde había desaparecido ese ser tan despreciable. No podían asimilar ni creer en nada, solamente les quedaba esperar problemas y miles de preguntas sin respuestas. ¿Qué fueron de Albafica y Agasha?
-Patriarca- el de Tauro lo miró con seriedad- sería bueno que vayamos al cementerio de los caballeros para confirmar si es verdad que esa lápida no está.
El rubio asintió y ambos corrieron lo más rápido que podían, deseando que no fuera verdad, que las palabras de Youma fuesen mentira.
Pero sus miedos fueron confirmados.
En efecto, en donde debería de estar la tumba de Albafica, no había absolutamente nada. Nunca existió.
Shion se dirigió con rapidez a los aposentos patriarcales y buscó por horas los expedientes del santo de Piscis, pero no había rastro de que alguna vez Alabafica hubiese sido caballero, ni sus misiones estaban escritas.
El ex santo se levantó rápidamente mirando el desastre de papeles que estaban sobre su escritorio, mirándolos con terror y cavilando profundamente qué demonios era lo que pasaría próximamente. Y en eso, sus ojos se clavaron en el expediente que debía de ser del mencionado, sintiendo un escalofrío erizándole cada poro de su piel y abriendo su boca siendo incapaz de cerrarse: en la parte superior del pergamino tenía escrito "Piscis", y más abajo, dónde debería de estar el nombre de Albafica, por si solo se estaba trazando un nombre de otro caballero. Shion retrocedió un par de pasos al mirar que ese santo no pertenecía ya a su generación, sino a la anterior. Ese nombre era Lugonis de Piscis.
-No puede ser verdad…- apenas pudo pronunciar en un hilo de voz, sin despegar su vista del pergamino en donde se seguían escribiendo palabras y palabras describiendo todo lo que, quien solía ser el maestro de Albafica, había hecho, o más bien… estaba haciendo… como si aún siguiera con vida.
Se volvió a acercar cauteloso, y por poco y le daba un síncope al leer una parte de ese "nuevo" expediente donde mencionaba que Lugonis estaba casado y que tenía una hija llamada Agasha.
-No puede ser la Agasha que conocemos…
Shion necesitaba tomar aire, pero no podía quitarle los ojos a esos papeles, pero por un segundo, sus orbes borgoña se desviaron a otro expediente perteneciente a Kardia de Escorpio, que estaba en el suelo, y cuando sentía que ya nada más lo podía sorprender, pudo mirar cómo el nombre de su compañero se iba borrando para tomar lugar de otro caballero también perteneciente a la generación de Lugonis. Las cosas no podían poner peor.
El lemuriano comenzó a buscar todos los expedientes de sus compañeros para confirmar sus temores: varios de los expedientes estaban siendo modificados, cómo si los guerreros que habían perecido en esa guarra santa nunca hubiesen existido.
-Maldita sea…- masculló.
Groenlandia, en otro tiempo…
Albafica estaba sumergido en el mundo onírico, en donde volvía a aparecer vestido de caballero, justo en medio de una plaza de un supuesto pueblo donde todo era humilde pero muy productivo. Miraba calles empedradas y casas rústicas con un toque griego. Y al estar en el centro, todo estaba abarrotado de comercios. Y en eso la volvió a ver…
Aquella jovencita delgada de cabello castaño le daba la espalda, volteó a verlo por arriba de su hombro y le regaló una cálida sonrisa.
-Sr. Albafica… venga por mí a Rodorio…
El de cabellos celestes se levantó sobresaltado, jadeando desesperadamente y sudando frio.
-¿A Rodorio…?- habló para sí mismo con dificultad.
Para darles la idea, Groenlandia la intenté situar mas o menos con en el siglo XVIII, pero por mas que investigué, no encontré mucho, así que improvisaré un poco (de todas formas aquí se puede hacer lo que a uno le pegue la gana xD). Pobre Albita, vaya problemas en los que está metido por una jovencita malcriada.
Youma= problemas a la quinceaba potencia, no esperen cosas bonitas de este fic con ese tipo suelto. Y sí, al parecer le está robando energía a alguien y se le ocurrió comenzar a reescribir otra historia por así decirlo, ya lo descubrirán más detalládamente en los siguientes capítulos.
Nos leemos n.n
