Dos: Preparativos.

La joven que había llegado a la librería de Harrod's y saludó a Paatrick con un beso en la mejilla era una de las primas de Rose, Frida Weasley. Era una chica de lo más risueña y en aquellos días lo estaba más que nunca. Y el motivo era, precisamente, Patrick Malfoy.

—¿Estás listo? —le preguntó la chica al rubio.

—Claro que sí —Patrick sonrió.

Frida lo tomó del brazo y salieron de la librería, encaminándose al exterior de los almacenes hablándose en susurros. Varios muchachos de su edad que pasaban en aquel momento por allí se volvieron a admirar a aquella pelirroja tan guapa, pero desistieron cuando notaron la mirada que ella le dirigía a su acompañante.

—Muy bien¿a dónde nos toca ir esta vez? —preguntó Patrick aparentando resignación, estando en la soleada calle.

—A la tienda de túnicas de la casa Calvin–Thomas, si no te importa —Frida fingió a su vez algo de pena —La señora Thomas me pidió de favor que fuera a ver las túnicas de las damas de honor y la de la madrina, ya casi están.

—¿Y no podrían ir a verlas las interesadas? —Patrick hizo una leve mueca.

—Ninguna está en el país ahora, llegarán el fin de semana —le recordó ella.

Patrick asintió y comenzaron a andar, charlando de la mañana que cada uno había tenido. Ella trabajaba en el negocio de su padre y el gemelo de éste, una conocida tienda de artículos de broma llamada Sortilegios Weasley. Frida se había ofrecido a ir a la nueva sucursal, localizada en Nueva York, y su padre había aceptado. Así que mientras se iba, la chica necesitaba adquirir experiencia y la ganaba en la sucursal que funcionaba como matriz, la del Callejón Diagon.

—¿Y tu atuendo? —inquirió Frida entonces.

—Ya lo tengo, te dije ayer. Lástima que no pueda ver tu túnica, debes verte muy bien.

—Pues me la probé hace unos días y está quedando bastante bonita. Aunque déjame decirte que no esperes verme muy linda, porque entonces te llevarás una decepción.

Patrick se rió con verdadera alegría.

—Sí, claro —soltó cuando pudo calmarse un poco —¿Y la túnica para Danny?

—Quería una verde¿verdad? Pues encontré una en un tono claro que estoy segura que le gustará. Se la daré mañana como regalo de cumpleaños¿te importa?

Patrick negó con la cabeza y sonrió.

—Será bueno que reciba un regalo aparte de los de sus amigos y del mío. Pensé en hacerle una fiesta, nunca ha tenido una, pero Hally Potter la invitó a su casa mañana. ¿No te parece una coincidencia que las dos tengan el cumpleaños el mismo día?

Frida lo consideró un momento y rió con ganas.

—Bueno, tal vez sea una conspiración cósmica —dijo con tono místico, imitando a Alvin Cassidy, su profesor de Adivinación en el colegio —O una jugarreta del destino.

—Aún no entiendo porqué tomaste Adivinación, pero no importa. Hablando de las damas y la madrina¿sabes dónde están ahora?

Frida frunció el entrecejo un momento, para luego revolver el interior de uno de los bolsillos de su pantalón rojo y sacar un trozo de pergamino doblado en varias partes.

—No puedo aprenderme de memoria tantos itinerarios —se disculpó, desdoblando el pergamino y fijando la vista en la lista escrita en él —Veamos… Sun Mei llegó a los Alpes suizos ayer, Rebecca trabaja duro en Irlanda desde hace una semana, Gina tendrá mañana una junta con magos australianos en Melbourne para exportar los Sortilegios Weasley allá, Mindy está de vacaciones en Canadá con unos parientes y fue muy amable en invitar a Judith a irse con ella. La pobre ya no aguantaba un día más con su madre.

—Es bueno para Bruce tener tan excelentes amigas —comentó Patrick, fijando la mirada en un punto a su derecha —Llegamos.

Tenían ante ellos la entrada oscura y un tanto mugrienta de El Caldero Chorreante. Entraron, pidieron permiso para pasar al patio y diez minutos después, con ayuda de la varita de ella, habían abierto la entrada al Callejón Diagon y caminaban por la larga calle adoquinada hacia la famosa tienda de túnicas. Frida se había guardado el pergamino donde estaba escritos los lugares donde estaban su prima y sus amigas y había sacado otro, el cual marcaba en ciertos puntos con una pluma.

—Es bueno que tengamos todo listo —comentó, estando ante las puertas de la tienda de túnicas —¿William estará aquí, verdad?

—Ya te dije que sí —Patrick suspiró brevemente —Sus vacaciones serán la próxima semana. Así, comenzará su empleo a la siguiente y tendrá que estar aquí. ¿Contenta?

—Lo siento, es que me pone nerviosa pensar que algo pueda salir mal.

Patrick volvió a suspirar y entró tras ella a la tienda. Había varias túnicas en los escaparates, de todos los colores. Fueron al mostrador y Frida le preguntó a una dependienta castaña, flacucha y con aspecto engreído por la señora Thomas.

—Ella no recibe a nadie en estos días —respondió la dependienta con desdén —De todas formas, la anunciaré por si acaso. ¿Quién la busca?

—Frida Weasley —respondió la pelirroja.

La dependienta abandonó el mostrador y fue a una pequeña puerta de madera al fondo de la tienda, a la cual llamó y en cuanto escuchó una voz masculina y malhumorada darle permiso para pasar, la dependienta hizo una mueca y entró. Cinco segundos después la puerta volvió a abrirse, para dar paso a un hombre castaño y que a diferencia de la dependienta, tenía toda la facha de ser amistoso y cordial. Tras él, venía una mujer morena y de cabello castaño rojizo y ojos azules, de buena figura y sonrisa franca, y la dependienta cerraba la marcha con un gesto de incredulidad en la cara.

—¡Frida, linda! —saludó la mujer de cabello castaño rojizo, dándole un abrazo —Es bueno que llegaras puntual. Disculparás a Miranda —señaló a la dependienta, quien dio un respingo de enfado —pero es nueva. No tiene idea de quiénes son clientes y quiénes no.

Frida hizo un gesto de que no tenía importancia y procedió a presentar a Patrick.

—Miren, él es el afortunado con el que voy a casarme: Patrick Malfoy. Pat, te presento a los Thomas, son amigos de la familia desde hace años.

Patrick saludó cortésmente, aunque alcanzó a percibir leves muecas por parte de los Thomas al escuchar su apellido, cosa que no lo sorprendió. Enseguida, los cuatro pasaron a la parte posterior de la tienda, para entrar a la estancia cuidada por la pequeña puerta de madera. Ahí estaba el paraíso de cualquier joven bruja apasionada por la moda: maniquíes y perchas llenos de túnicas exclusivas, de todos los colores y estilos posibles, con una variedad inimaginable de bordados. Había más túnicas para mujeres que para hombres, pero para ellos también había uno que otro modelo espectacular. Frida apenas si le dirigió la mirada a los maniquíes y a las perchas, pues había estado antes en ese lugar. En cuanto a Patrick, vio con discreción los modelos, imaginándose a su prometida con algunos y pensando en que se vería más hermosa de lo que ya era.

El matrimonio Thomas era de lo más extraño, o al menos eso decía la prensa dedicada a la farándula. El señor Thomas no era un diseñador de modas en sí, trabajaba para el Ministerio y era especialista en tratar con muggles, puesto que su familia era muggle. Sin embargo, fue su boda con la famosa modista del mundo mágico Joyce Calvin lo que causó revuelo. Y es que la diseñadora era bien conocida porque siempre se le veía con un novio distinto cada mes y había declarado que el matrimonio no era para ella.

Pero al parecer, Dean Thomas sí era para ella y la relación fue la más larga de su historial: salieron juntos alrededor de tres años antes de que fuera ella, y no él, quien sacara a colación la posibilidad de casarse. El señor Thomas lo dudó, pues sabía la fama que la diseñadora tenía, pero ella terminó por ganárselo y accedió. Aunque muchos apostaron a que el matrimonio sería un fracaso y no duraría, se sorprendieron con el hecho de que entre más tiempo pasaba, mejor se llevaban y luego ella instó a su marido a aprovechar su don para el dibujo en diseñar ropa, cosa que él aceptó encantado. Sus diseños se vendieron como pan caliente y nadie podía creer que la casa Calvin–Thomas (como le puso la modista a su casa diseñadora después de casarse) fuera subiendo en el gusto del público. Y el colmo de las buenas noticias referentes a los Thomas fue el anuncio de que esperaban familia. Su único hijo, Nigel, al principio era bastante acosado por los fotógrafos, pero unos elocuentes vociferadores del señor Thomas a los mismos terminó con el asedio. Ahora el chico estaba bastante bien: iba a iniciar su sexto curso en Hogwarts y era el mejor amigo de uno de los primos de Frida, Dean Longbottom.

—Muy bien, linda, éstas son las túnicas —indicó de pronto la señora Thomas —Las de los maniquíes grises.

Frida vio los citados maniquíes y soltó un gritillo de alegría y asombro. Las túnicas eran preciosas, y aunque idénticas en diseño eran distintas en colores: había una color lavanda, otra azul cielo, una más de color amarillo claro, una de un tono naranja pálido y una más verde. La pelirroja se sacó un tercer trozo de pergamino doblado de otro bolsillo de su pantalón y desdoblándolo, se acercó a la señora Thomas con una sonrisa.

—Necesito verificar que sean todos, tengo la cabeza hecha un lío —se excusó, leyendo el pergamino a toda velocidad —Muy bien… La lavanda es para Sun Mei, la azul para Gina, la amarilla para Rebecca, la naranja para Mindy y la verde para Judith… —se quedó pensativa, mirando las túnicas, hasta que se acercó a la azul cielo y miró a la señora Thomas —Disculpe¿podría hacerle un cambio a las túnicas aún? Creo que les falta algo.

La señora Thomas asintió sonriente y ambas se pusieron a conversar sobre los cambios a las túnicas, mientras que el señor Thomas le hacía compañía a Patrick.

—Andas como ella¿no? —comentó el señor Thomas.

—Sí, un poco —reconoció Patrick, sonriendo nerviosamente.

—No creo que debas estarlo —le aconsejó el señor Thomas —Se ve que quiere hacer esto. Joyce estuvo igual cuando íbamos a casarnos. ¿Y qué dice tu familia al respecto?

—Mi hermana está feliz por mí —respondió Patrick al instante, un tanto brusco.

El señor Thomas asintió y no hizo comentarios. Él, como la mayoría de la comunidad mágica, sabía la suerte del matrimonio Malfoy y era evidente que el tema no era del agrado del chico. Se preguntó, como muchos, cómo era posible que en una familia como aquella Patrick se hubiera salvado de volverse igual a sus padres. Y el señor Thomas creyó hallar la respuesta en la mirada que Patrick le dedicaba a Frida, mientras ella seguía discutiendo los últimos toques de las túnicas que veía.

Y es que el señor Thomas lo sabía perfectamente, el amor puede realizar milagros. Incluso cambiar para bien a una persona.


Mientras esas cosas ocurrían en Inglaterra, en América aún era de mañana. Al menos lo era en México, donde acababa de amanecer hacía apenas una hora y muchos jóvenes se despertaban para correr a las aulas con ansiedad, ya que era la última semana de su ciclo escolar. Y eso era igual para magos y muggles.

—¡Dense prisa, está sonando la segunda llamada de la sección! —protestó un joven moreno, de cabello castaño claro y ojos miel, en la puerta de un dormitorio, mirando algunas de las camas en él —Péinense en el camino, llegaremos tarde a Mutaciones.

—Mira, adelántate y vele diciendo al profe que ya vamos —rogó otro joven, sentado en una de las camas que el primero miraba con insistencia —No seas malo, hazlo.

—Bueno, pero no se tarden —aceptó el primer muchacho y salió apresuradamente.

Bajó unas escaleras, dio un parcial giro hacia la derecha en un rellano y siguió bajando. Pronto llegó a lo que parecía la de sala de estar de una casa, pero mucho más grande, pues tenía varios sillones y sofás, pero además, en una pared se veía un tablero de anuncios y en la pared opuesta, se encontraban apoyadas varias mesas. El joven no se entretuvo en ver a ninguna parte y se dirigió a una puerta de madera, la cual abrió apuradamente y luego la cerró de la misma forma. Se encontró en el pasillo de un bello patio, un patio interior de un edificio bastante peculiar, pero el joven no se detuvo. Consultó su reloj, vio que aún le quedaban cinco minutos y sonriendo levemente, corrió lo más rápido que pudo hacia el extremo contrario del pasillo, donde se divisaba otra puerta. La abrió y se halló ante un comedor inmenso, en aquellos momentos casi vacío, en el que había acomodadas cinco largas mesas en forma perpendicular con una sexta que se encontraba al fondo. El joven vio las mesas y fue hacia la del extremo derecho, y agarró sin mucha atención la primera fruta que alcanzó de un frutero de mimbre: un plátano. Empezó a pelarlo y estaba por darle la primera mordida cuando recordó que tenía qué irse y se fue por donde había llegado, sólo que en vez de regresar a la puerta de madera, cruzó el patio interior, rodeó una fuente de cantera que estaba justo al centro con las estatuas de cinco criaturas (un águila, un jaguar, un colibrí, una iguana y una serpiente cubierta de plumas) y siguió su camino, masticando el plátano lo más deprisa que podía. Alcanzó unas puertas dobles de madera oscura, llamó a ellas y sin esperar respuesta, asomó la cabeza al tiempo que tragaba para poder decir.

—Buenos días, profe¿puedo pasar?

Había llegado a un enorme salón de clases, donde varias cabezas se volvieron hacia él. Los jóvenes ya sentados (y que aparte lo miraban) le dirigieron una mirada tranquilizadora y una chica de las bancas del fondo se levantó y lo saludó.

—¡Hola, Ton! Entra, el profe todavía no llega.

El joven le sonrió y la miró un segundo antes de ocupar su lugar, que de hecho era a la izquierda de la chica. Era una joven morena, de cabello castaño oscuro y ojos castaños. Usaba anteojos rectangulares sin arillo y el cabello cortado en capas, lo que hacía que sus puntas se rizaran y se acomodaran hacia afuera. Después de saludar al joven recién llegado, se había sentado de nuevo y luego de tomar un lápiz, hizo ademán de pensar intensamente y se puso a escribir velozmente en un cuaderno de cuadrícula chica. Así estuvo hasta que la puerta del salón se abrió y entraron tres muchachos, a los cuales la chica miró un instante antes de seguir escribiendo. El trío de muchachos se sentó en las bancas frente a la chica y enseguida giraron la cabeza y la vieron a ella y al recién llegado.

—¡Hey, Ton! —saludó uno de los jóvenes, de cabello negro y ojos castaños, moreno y con una sonrisa muy notoria —¿Oíste las nuevas?

—¿Cuáles? —se interesó la chica al lado del que habían llamado Ton. Había cerrado su cuaderno y dejado su lápiz al borde de la paleta de la banca.

—Es que a lo mejor no tenemos Mutaciones —dijo el chico de cabello negro a modo de respuesta —¿Qué ya no se acuerdan? Hoy es el día de la elección de los candidatos para el viaje a Gran Bretaña. Vimos a varios maestros yendo a la dirección.

—¿Iba el profe Vargas? —inquirió el joven llamado Ton.

—No vimos —declaró otro de los jóvenes, a la izquierda del de cabello negro. Éste tenía el cabello castaño, como sus ojos —Pero si iban profes de toda nuestra sección…

—… Seguramente también iba el profe Vargas —completó la joven de anteojos, antes de tomar su lápiz de nueva cuenta —Algo leí en el tablero de anuncios de que habría una junta, pero como no pusieron la hora…

—Lo sabes todo, Itzi —masculló el tercer joven de los últimos que habían entrado, uno de cabello rubio oscuro con mechas doradas —¿Porqué lo sabes todo?

—Leo todos los avisos, Lalo —respondió la chica sin inmutarse y abrió su cuaderno.

—¿Y qué tanto escribes, por cierto? —comentó el chico de cabello negro que había hablado primero, intentando ver el cuaderno de la chica.

—Ya les dije que una historia y nadie la verá hasta que la acabe —la chica cerró su cuaderno de golpe, viendo al joven con el ceño fruncido —¿No escuchas nunca, Héctor?

—¡Uy, perdón! —Héctor se disculpó en el acto, y se oía sincero a pesar de su sonrisa un tanto bromista —Ya, Itzi. De veras lo siento.

—No importa —la joven sonrió y dejó su lápiz a un lado —En ti ya es costumbre. Cambiando el tema¿quiénes creen que sean elegidos para el viaje a Gran Bretaña? Será una oportunidad única.

—A ti te gustaría¿no? —Lalo la vio de arriba abajo —Según recuerdo, tienes clases vespertinas de Inglés y te va bien.

Izti se encogió de hombros, como sin darle importancia, y en eso las puertas del salón se abrieron para darle paso a algo que parecía una esfera luminosa flotante, que se deslizó rápidamente al frente de la clase y se colocó por encima del escritorio del profesor.

—¡Cállense, un aviso! —exclamó una de las chicas que se sentaba en la primera fila.

La esfera lanzó un breve destello y se hizo transparente, mostrando la cara de un hombre de cabello casi blanco y bigote abundante, vestido con una túnica negra.

—¡Válgame Dios! —dejó escapar el segundo muchacho que había hablado, el castaño —¡Mira, Ton! Si es el dire —le sonrió burlonamente.

—Muy gracioso, Beto —masculló Ton de mala gana.

—A todos los alumnos de la sección bachillerato, se les solicita ir al patio principal de su sección —dijo la imagen del hombre en la esfera —Se les dará un anuncio especial que seguramente han estado esperando. Los quiero allí en quince minutos.

Y sin más, la esfera lanzó otro destello y desapareció entre varias volutas de luz. Los jóvenes en el salón recogieron sus mochilas y salieron, encaminándose al patio interior donde estaba la fuente de los cinco animales. Ton y su grupo se quedaron hasta atrás, y todo porque Izti se tomaba su tiempo en guardar su cuaderno en la mochila junto con su lápiz y un lapicero rosa.

—Adelántense —les dijo ella —Los alcanzo luego.

Todos le hicieron caso menos Ton, quien se decidió a esperarla. Izti lo notó y en cuanto tuvo sus cosas listas, le sonrió y negó con resignación.

—Tú siempre tan amable —musitó y salió del lugar a toda prisa, seguida por Ton —Oye, Ton, dime algo¿porqué tus amigos te hacen burla cada vez que ven al director?

Ton hizo una mueca de disgusto, pero no respondió. Mejor apuró el paso para ir un poco por delante de la chica, quien se quedó un tanto extrañada y lo alcanzó.

—Perdón¿dije algo malo? —quiso saber.

El chico se encogió de hombros y trató de hacerle saber que no estaba enfadado, pero entonces llegaron a la fuente principal, rodeada ya de varios estudiantes vestidos con la misma túnica color azul oscuro que sólo presentaba ligeras diferencias en una banda en los brazos izquierdos de todos (en total, había cinco colores distintos de esas bandas), y tuvieron que reunirse con los compañeros que estaban antes en el mismo salón que ellos y esperaron pacientemente unos minutos hasta que alrededor de la fuente, casi pegados al brocal, se aparecieron varios adultos, todos con la misma túnica negra que el director, quien por cierto estaba de cara ante la clase de Ton y compañía.

Sonorus —dijo el hombre, señalándose la garganta con una varita de madera y al segundo siguiente, lo que decía se escuchaba por todo el patio —Gracias por obedecer tan pronto, jóvenes. Bien, se les citó aquí para que antes de terminar el curso, sepan de una buena vez quiénes serán los afortunados en viajar al colegio Hogwarts de Magia y Hechicería para ser considerado para el Torneo de las Tres Partes.

Los alumnos prorrumpieron en aplausos, silbidos y gritos de entusiasmo.

—Ahora silencio —prosiguió el director —Saben que sólo pueden ir los que tengan dieciséis años o más. Es una regla que impuso el Ministerio de Magia inglés —a esas palabras le siguieron unos cuantos abucheos —No es cosa nuestra. La lista la tiene la maestra Malo, así que si tuviera la bondad…

Una mujer alta, muy delgada, de piel clara y cabello oscuro y muy corto, se acercó al director con cara de pocos amigos y le entregó un rollo de pergamino. Miró de reojo a Ton, frunció el entrecejo y volvió al sitio donde estaba.

—¿Es mi imaginación o la maestra te vio feo? —le susurró Izti a Ton.

Ton se encogió de hombros, pero sospechaba el porqué del malestar de la maestra Malo y se confirmó su temor cuando a mitad de la lectura de la lista, el director leyó…

—García Quezada, Tonatiuh. Tercer semestre, sección bachillerato, Quetzalcóatl.

—¡Eso, Ton! —gritaron todos los compañeros de Ton, siendo Lalo, Héctor y Beto los que más celebraban.

Y después de unos cinco nombres más, el director leyó el de…

—Mercader Guerra, Eduardo. Tercer semestre, sección bachillerato, Quetzalcóatl.

—¡Lalo, me sorprendes! —Héctor le acomodó un coscorrón al rubio.

Y cuando el director leía el final del rollo de pergamino (que por cierto, era larguísimo y rozaba el suelo), llegó al nombre de…

—Salais Nicté, Itzel del Carmen. Tercer semestre, sección bachillerato, Quetzalcóatl.

Itzi no reaccionó hasta que varias de sus compañeras se le abalanzaron para abrazarla y decirle que era muy afortunada. La joven, sonreía medio atontada, casi sin poder creer en su buena suerte, y sólo dejó de sonreír cuando escuchó el siguiente nombre.

—Terruño Álvarez, Jonathan. Quinto semestre, sección bachillerato, Tezcatlipoca.

La cara de Itzi adoptó una expresión gélida, cosa que sólo Ton percibió, ya que los demás estaban demasiado ocupado en felicitar a todos los que nombraba el director. Se preguntó porqué a Itzi parecía desagradarle Jonathan.

—Muy bien, son todos —anunció el director, enrollando el pergamino —Tienen el resto de la hora libre, pero a su segunda clase llegan puntuales¿de acuerdo?

Los estudiantes asintieron en el acto y los profesores se desaparecieron. Los jóvenes, con edades entre los quince y los dieciocho años, se esparcieron por todas partes. Lalo propuso ir al comedor porque no había desayunado y sus amigos aceptaron.

—¿Quién diría que te irías a Gran Bretaña? —le comentó Héctor a Lalo con sarcasmo al sentarse a la mesa del extremo derecho partiendo de la puerta del comedor —Nunca creí que eso de tener buenas calificaciones sirviera de algo.

—Es que tú no tienes buenas calificaciones y no sabes lo que se siente —apuntó Beto.

—Gracias —ironizó Héctor, pero su expresión cambió al ver entrar a una pelirroja que se sentó a la mesa del centro —Disculpen, pero oigo el llamado de las águilas.

Y acto seguido se puso de pie y se dirigió hacia la pelirroja.

—Desde que anda con Martha, no lo reconozco —comentó Ton en son de broma —Y eso que no creí posible que alguien de Cuauhtémoc se llevara bien con un Quetzalcóatl.

—Bueno, eso es porque tú nunca has salido con alguien —recordó Lalo, poniéndose repentinamente serio —Ni con una de nuestra casa ni con nadie.

—Gracias por el dato —musitó Ton —Como si no lo supiera…

—A propósito de chavas, vengo en un minuto —Beto se levantó y fue a la mesa que estaba entre la central y la del extremo contrario a donde se encontraban y sus amigos lo vieron acercarse a una chica de largo cabello ondulado y saludarla con una sonrisa.

—Ya sabía yo que también nos dejaría —se burló Lalo —Aunque mejor no digo nada. Le costó mucho trabajo que Edith le hiciera caso. ¡Mira que son difíciles las de Itzamná!

Itzi se rió ante el comentario y la cara de resignación de Ton y tomó una manzana de un frutero de mimbre cercano.

—Miren, no sé ustedes, pero esto del torneo en Gran Bretaña es emocionante —soltó la joven de improviso —No creí que me fueran a escoger, cumplo los dieciséis hasta mañana.

—¡Es cierto! —Lalo se llevó una mano a la frente —¿Y vas a hacer fiesta?

Itzi iba a llevarse la manzana a la boca, pero se detuvo y miró al rubio.

—Nunca hago nada y lo sabes —espetó y mordió la manzana con fuerza al tiempo que se levantaba y se iba.

Ton miró a su amigo de mal humor.

—Sabes cómo se pone con el tema de su cumpleaños y ahí vas y se lo recuerdas —le espetó con enojo —A veces no sé si eres tonto o te haces.

—Yo no tengo la culpa —se defendió Lalo —Ni siquiera sé porqué se pone así.

Ton soltó un bufido, se puso de pie y salió del comedor, intentando ver a todos lados para distinguir a su amiga. No tardó en encontrarla, cruzando el patio en dirección al salón de su siguiente clase. Iba con su cuaderno abierto, tratando de escribir algunas palabras, pero de pronto se dio cuenta que iba a chocar con un joven alto y bien parecido, de cabello castaño dorado y ojos negros y cerrando su cuaderno, intentó esquivarlo, pero no lo logró. El joven le obstruyó el paso a propósito.

—Oye, Itzel, escuché que también te vas a Hogwarts —comentó el joven.

—¿Acaso te importa, Terruño? —Itzi le habló de manera despectiva a Jonathan Terruño —Por favor, déjame pasar. Necesito dejar mis cosas en el salón de Zoología.

—¿Todavía sigues enojada por lo que pasó en la fiesta del día del Estudiante? —quiso saber el joven —Vamos, no fue para tanto. Yo no me enojé contigo.

Alzó la mano como queriendo tocarle la cara, pero la chica se apartó bruscamente.

—¡Idiota! —le gritó Itzi, antes de salir corriendo.

Jonathan la vio irse con una sonrisa burlona y se fue por otro camino. Ton, que no se había perdido detalle, de inmediato fue a ver a Itzi y la encontró en el salón de Zoología Mágica, tratando de acomodar sus cosas. O al menos eso parecía, porque solamente revolvía una y otra vez sus libros y cuadernos, como si buscara algo, pero sin poder encontrarlo. Musitaba cosas furiosa, sin percatarse que había alguien allí.

—¿Cómo se atreve el infeliz…? Si no fuera porque es de la familia que es, le echaba un maleficio afonador para que dejara de hablar de por vida. ¡Desgraciado!

—¿Hablas de Terruño, verdad? —se atrevió a preguntarle Ton.

La joven dio un respingo, giró la cabeza y al verlo, trató de fingir que no había dicho nada y cerró su mochila, bajándola al suelo.

—Tal vez —se decidió a contestar, acomodándose en la banca —¿Y dónde dejaste a Lalo, comiendo como siempre?

—Itzi, mejor dime qué sucede —Ton también dejó su mochila en el suelo y se sentó en una banca a la derecha de ella —No es común verte gritar.

Itzi abrió la boca, pero no logró emitir palabra. La volvió a cerrar, miró a su alrededor y luego inclinó la cabeza, frunciendo el entrecejo.

—Esto ya lo he visto —murmuró.

Ton frunció el entrecejo. Esa frase no era rara en su amiga, pero hacía mucho tiempo que no la oía y eso era lo raro.

—¿Y qué pasaba después? —le preguntó el chico con toda naturalidad.

Itzi cerró los ojos con fuerza y se concentró. Los abrió poco tiempo después.

—No lo recuerdo —masculló, molesta —¡Como siempre! A lo mejor luego me acuerdo, pero no estoy segura —se encogió de hombros, tratando de aparentar indiferencia —A propósito, no me contestaste.

Ton puso cara de extrañeza.

—¿Qué cosa? —quiso saber.

La joven frunció el entrecejo y alzó una mano, para luego agitarla con apatía.

—Olvídalo, cuando te acuerdes me contestas —dijo y desvió la vista hacia una ventana.

Ton iba a preguntar algo más, pero en eso llegaron sus compañeros de clase y con el bullicio que armaban al hablar del anuncio recién recibido, el chico no oía ni sus ideas.


Al otro lado del mundo, no en Inglaterra, sino mucho más allá, ya era de noche. Eran aproximadamente las diez de la noche en gran parte de China, y oculta en la cima de las montañas Tian Shan (1) (al menos las montañas del territorio chino) está una gran variedad de edificios que semejan más templos budistas y sintoístas que otra cosa, conectados unos con otros por largos pasillos y patios internos de diversas formas. En el centro de aquel complejo, está el más alto edificio de todos, una torre de varios niveles que terminaba maravillosamente en punta, como la mayoría de los edificios chinos. Allí, en el nivel más alto, podía verse que su único ocupante era un enorme gong de plata con el centro de oro, y una baqueta de gran tamaño a sus pies. El nivel carecía de paredes, entre el suelo del mismo y el techo sólo había columnas y se respiraba un aire de soledad. Era evidente que tanto en aquella torre como en el resto de los edificios estaba vacío. O casi.

En el nivel inferior inmediato al del gong, se podía oír un poco de barullo. Y es que se estaba llevando a cabo una importante reunión entre varios adultos de túnicas blancas con bordes dorados y clara semejanza con las ropas tradicionales chinas. El único adulto callado era un hombre mayor, de larga y delgada barba gris, sentado tras un escritorio de madera con aplicaciones de oro y que escuchaba con toda paciencia los comentarios a su alrededor. De pronto, una mujer delgada, de piel tostada y ojos rasgados y oscuros, cuyo cabello estaba recogido en un chongo en lo alto de su cabeza, soltó una exclamación.

—¡Esto es un completo error!

Fue entonces que el hombre de larga barba se puso de pie y todos los que se encontraban en la habitación guardaron silencio. El hombre, por un segundo, cerró los ojos, para luego tomar aire y abrirlos, mirando fijamente a la mujer que había soltado la última exclamación.

—Querida amiga, tenga la amabilidad de sentarse, y los demás también. Necesito hablarles acerca de mi decisión de que Zen haya aceptado participar en esa competencia.

Los adultos, casi diez en total, obedecieron en el acto.

—Verán, siempre nos hemos considerado por encima de nuestros semejantes —comenzó el hombre de la barba —Y eso, si me permiten expresar mi opinión, está mal. Nosotros no somos más que los de nuestra clase, pero tampoco menos. Además, hemos permanecido tanto tiempo ocultos, que muchos nos consideran extintos. Es por eso y para establecer nuevas relaciones con el mundo, que accedí a que nuestro Ministerio de Magia le avisara al de Gran Bretaña que con gusto irán algunos alumnos de Zen a su torneo.

—Pero lo que no entendemos, señor, es porqué eligió a ciertos alumnos —volvió al ataque la mujer delgada, blandiendo en la mano un rollo de pergamino —Algunos de ellos son verdaderos desastres. ¡Y por si fuera poco, la chica Ming (2)…!

A la mención de aquel nombre, algunos de los adultos se sobresaltaron, como si esa palabra les recordara alguna calamidad. Pero el hombre de la barba permaneció impasible.

—La señorita Ming es una excelente bruja —sentenció el hombre al cabo de unos segundos —No sé porqué le extraña que esté entre los candidatos para representar a nuestra escuela, querida Hou (3) —miró a la mujer con severidad y ésta, repentinamente, se quedó sin palabras —Los candidatos fueron escogidos y ahora van camino a casa a darle la buena nueva a sus familias¿quieren que por un infundado temor suyo de que nuestros estudiantes nos pongan en vergüenza, me retracte de mi elección?

A ese argumento, ninguno de los presentes, ni siquiera la mujer llamada Hou, pudo poner reparos. Se levantaron de sus asientos y se dirigieron a la puerta de la habitación, encontrándose con que del otro lado, una joven de unos dieciséis años, alta, delgada y de cabello negro recogido en dos chongos a ambos lados de la cabeza y atados con cintas rojas, del mismo color que su túnica, esperaba de pie con una charola en las manos, la cual tenía un juego de té. Los adultos pasaron junto a ella sin siquiera mirarla, a excepción de la mujer de nombre Hou.

—Sí que tienes suerte —le dijo en tono despectivo y se retiró.

La joven inclinó la cabeza, cerrando sus rasgados y claros ojos azules, que la hacían bastante especial, pues entre los chinos es casi imposible encontrar ese color de ojos. La joven, en cuanto la mujer se retiró, llamó a la puerta de la habitación que acababan de abandonar todos aquellos adultos y pronto una voz ronca le dijo que podía pasar.

—Aquí tiene el té —anunció, depositando la charola en el escritorio para luego servirlo con presteza —¿Todo fue bien en la reunión, maestro?

El hombre asintió y al extenderle la joven una taza de té, la tomó con ambas manos y le dio un sorbo antes de decir.

—No quieren que vayas, querida Yue Lin (3).

La joven inclinó la cabeza con humildad.

—Sus razones tendrán —dijo, sin alzar la vista —No tengo porqué enfadarme.

—Muy cierto, pero sus razones no tienen fundamento —contradijo suavemente el hombre, mirando a la joven con una pizca de compasión —Ellos siempre han creído que el simple hecho de que tengas el nombre que tienes y ese inusual color de ojos, es de mal augurio para ti y los que te rodean. Eso les pasa por no tener la mente abierta.

—A mí eso no me preocupa —aseguró la joven, levantando de pronto la vista —Soy feliz al poder tener al menos casa y sustento y cualquier don más que se me presente, lo aprovecho. ¿Acaso es eso malo, maestro?

—No, pero temen que llegue a serlo —el hombre suspiró levemente —Querida Yue Lin, sólo quiero que sepas que debes esforzarte mucho. Ha sido la historia de tu vida, lo sé, pero de ahora en adelante, será únicamente un elemento más para que alcances cualquier cosa que te propongas. Y otra cosa: nunca te dejes llevar por las apariencias. Eso han hecho contigo y sabes porqué lo digo. En Gran Bretaña hay cosas que aquí nunca se han visto y deberás tener cuidado.

—Como usted diga, maestro.

La joven acomodó el juego de té y estaba por retirarse cuando el hombre la llamó.

—Disculpa, querida, pero no tomaste té hoy¿algo te preocupa?

La joven se detuvo, cayendo en la cuenta de que el hombre decía la verdad.

—No precisamente —reconoció la joven —Maestro¿usted cree que… hay algo de cierto en lo que dicen de mí¿Que soy un fenómeno?

—No por completo —reconoció el hombre —Eres diferente, que no es lo mismo. Sabes que cuando las personas se encuentran con algo que no comprenden, suelen despreciarlo. Tú no te pareces mucho a los demás de Zen, así que es lógico que digan esas cosas.

La joven asintió lentamente, como con pesar, y se retiró. El hombre la vio irse para luego ponerse de pie y divisar el exterior por una larga ventana rectangular. La oscuridad lo cubría todo, pero las múltiples antorchas mágicas ya se habían encendido en corredores y patios y el hombre, que no supo cuánto tiempo estuvo viendo los edificios, distinguió a lo lejos, por uno de los patios, una figura solitaria con una lámpara de papel en una mano. Se cubría la cara con la capucha de una capa negra, pero supo quién era.

—Yue Lin —susurró con melancolía —¿Qué tendrá el destino reservado para ti, mi pobre niña? Ojalá que no sean más sufrimientos. Ya has tenido bastantes.

(1)Tian Shan significa, en chino, montañas celestiales

(2) Ming normalmente significa mandato, sobre todo en conjunto con otras palabras.

(3) La palabra Hou es el nombre original del horóscopo chino del Mono

(4) La palabra Yue significa luna en chino, mientras que Lin quiere decir cascabel. Por lo tanto, las dos palabras juntas querrían decir algo así como cascabel de la luna


Hola, gente bonita, soy Bell Potter. Aquí estoy de nuevo, dando más lata que nunca. Sí, muchos han de estar pensando en ahorcarme, felicitarme o ambas cosas, dada la cantidad de cosas que puse en este capi, pero por favor, no vayan a hacer la primera opción. Miren que me desanimo fácilmente.

Ahora sí, las curiosidades de este capi.

La casa Calvin–Thomas. Recordé a buena hora que Dean Thomas, en los libros, era bueno en dibujo, así que solamente le puse de esposa a una diseñadora mágica famosa para que además de su trabajo normal, aprovechara el don¿qué les parece? Respecto al apellido de soltera de la diseñadora, creo que se imaginan de dónde lo saqué, y si no, se los diré: de la famosísima marca "Calvin Klein". El nombre, Joyce, me gusta mucho, en un remoto pasado lo tenía pensado para Gina Weasley, pero me arrepentí por alguna cosa rara del destino. ¿O ustedes qué creen, debí hacer que en lugar de Gina, el personaje se llamara Joyce? Eso hubiera representado un problema, porque entonces sonaría muy raro haber nombrado a los gemelos de George y Alicia "Joyce y John"¿no les parece? Le habría puesto a John entonces otro nombre y… mejor ni imaginarlo. Además, ya no puedo imaginarme a Gina con otro nombre, así está muy bien.

En cuanto a lo nuevo, lo de las escuelas de diferentes ciudades… En fin, Calmécac ya se había mencionado, es la escuela de México donde estudiaron Abil, Anom y Acab Nicté. Los nombres de los chicos y chicas tuve que verlos bien, tenían que ser comunes en México, aunque no se crean. El nombre de Ton, Tonatiuh, no lo hayan fácil aquí en mi tierra hermosa. Actualmente son muy malinchistas (si no les he explicado qué es eso, no se desesperen. En próximos capítulos lo hago). El nombre de Itzi, Itzel, todavía es más común, yo conocí a una muchacha con ese nombre en la secundaria¡ah, qué tiempos aquellos! Y les digo de una vez que Itzi, físicamente, es casi idéntica a mí¡y de carácter más o menos también! Se la pasa escribiendo en la escuela cada vez que tiene un rato libre¡así como yo! En cuanto a lo de las visiones raras… Eso se explica después.

Y la escuela china, la querida Zen, también se había mencionado antes. Es donde el padre de Ryo estudió, solamente me faltaba idearla un poco. Los significados de los nombres tuve que sacarlos de lo poco que he leído acerca de ellos, así que procuro que sean lo más fieles posibles. Tal vez ni es cierto lo que digo que significan, pero los elegí para la historia por el significado que conozco de ellos, puesto que eso será importante. No les digo más porque luego les arruino el misterio y la sorpresa. Ojalá que el capi les haya gustado y nos leemos pronto.