Infiel

Capitulo 2

by yesterdayForgetful

Misaki se encontraba limpiando el departamento, estaba hecho un desastre. Se concentró en primero acomodar la sala, ya que estaba inundada de libros que el escritor había dejado por ahí, junto con camisas sucias, corbatas y miles de juguetes. Había sido una semana difícil, de nuevo le presionaban en la editorial sobre sus trabajos; y Misaki terminaba pagándolas todas.

El pobre se miraba cansado, estresado y simplemente parecía un animal salvaje respirando hondo, tratando de calmar sus enfados, una oscura aura violeta lo cubría mientras sostenía aquella escoba y miraba el horizonte por la ventana.

—¿Misaki, no has visto mi...?

El mencionado volteó lentamente hasta que lo miró a los ojos. Si alguien pudiera describir aquella extraña criatura solo dirá: PERDIÓ. LA. JODIDA. CABEZA.

—... Olvídalo, yo lo busco.

De nuevo volteó la vista a la ventana como esperando algo. Notó que ya era de tarde, se sentía raro pues sentía la sensación de que había olvidado algo, de que algo le faltaba. Pero por más vueltas que le diera simplemente ya había echo todos sus pendientes. ¿Entonces? Casi como si su pensamiento saliera a flote, sus labios se entreabrieron y sin notarlo habló con la mirada perdida.

—Usagi-san... ¿No vendrá Hiroki hoy?

—¿Eh?...— No pudo ocultarlo, le sorprendió la pregunta que le había echo su pareja, después de un momento contestó de forma neutral. —Pues, no lo sé. Suele venir los domingos, pero no he sabido nada de él en toda la semana— Después de finalizar la frase, Usagi entrecerró la mirada. Misaki en su vida había preguntado por su mejor amigo... ¿Entonces por qué ahora? La vez pasada que estuvo aquí, los encontró platicando de una manera como nunca antes. ¿No habrá sido que se encariñó con él? ¿Eso realmente es malo? Solo es su profesor, no tendría porque ser raro... Sacudió la cabeza en negación, estaba pensando de más, estaba también muy cansado por la dura semana. Solo necesitaba dormir un poco y no pensar más en el tema. Subió las escaleras dejando a Misaki solo, quien seguía sintiéndose extraño y confuso.

Al día siguiente en la Universidad al término de una clase, y aun hundido en sus pensamientos del día anterior, por ir distraído chocó contra alguien al doblar en una esquina. Lo último que vio al alzar la mirada eran miles de hojas blancas volando por todas partes.

—¡Discúlpeme, no lo vi!— Agachó la cabeza sintiéndose el más idiota de todos, de inmediato se hincó a recoger todas las hojas regadas por el piso mientras se regañaba a si mismo por ir tan pensativo.

Era como si el destino le jugara una broma…

El mismo Kamijou lo miraba desde arriba con un aura asesina, los ojos rojos y brillantes y el puño firme listo para lo que sea que fuera a ocurrir.

—Tu... ¿Cómo es que osas ir de esa forma molestando a los demás?— La voz de ultratumba resonaba por los pasillos, parecía que un ente demoniaco había hecho aparición del mismísimo infierno, inundando la Universidad de misteriosa y densa tiniebla maldita. Hasta un espantoso relámpago se asomó por la ventana, haciendo la escena más dramática.

Misaki, aun con la vista abajo y como una presa que espera engañar a su depredador, se paralizó del nerviosismo y decidió no mover ni un solo dedo. Sudaba frio a chorros pero no se atrevía a hacer algo. La tensión subía de forma increíble hasta que volteó hacia arriba con una sonrisa nerviosa y...

—¿Misaki?

—¿Maestro?

Dijeron al unísono.

Ambos estupefactos.

—Y-yo...— Dijo, quería seguir hablando pero solo se le cruzó por la cabeza recoger todo el desastre que había causado. Lo hizo enseguida y no se detuvo hasta haberlo acabado.

Los humos de Hiroki se habían bajado simplemente al ver sus ojos verdes, solo lo veía sin saber que decir. Hasta el teatrito demoniaco iba desapareciendo lentamente. Ambos se sentían apenados. Misaki le entregó todas las hojas, pero no le veía a los ojos por alguna razón, quizá pena por lo que había pasado, se dijo a sí mismo, aunque ese sonrojo que Hiroki vio le pareció extraño.

—E-está bien, no pasa nada...— Le contestó sonriendo nervioso y batallando con la gran pila de hojas. —Solo te agradecería si me puedes ayudar a llevar esto a la sala de maestros. Se lo pediría a alguien más, pero por alguna razón terminan huyendo...— ¿Y quién no si se trata del mismo Demonio Kamijou?

—¡C-claro!— Contestó al instante mientras le quitaba la mitad de la pila de documentos y después de unas gracias por parte del mayor se dirigían hacia su destino. Misaki, bastante ansioso, no se hizo a esperar. Era su oportunidad perfecta. No dejaba de pensar en ese asunto y ahora que lo tenia cerca era el momento.

—Eh... Disculpe. Sé que no son mis asuntos pero... ¿Por qué no fue ayer a la casa? P-pensé que iría como acostumbra, pero nunca llego.

Hiroki entendía la situación, aunque las palabras de Misaki extrañamente le sabían un poco a reclamo.

—Estuve ocupado trabajando hasta tarde en unos exámenes, fue muy pesado pero por fin tengo los resultados y… la mayoría de mi clase son unos flojos— Dijo lo último sonando gracioso, lo cual era la intención he hizo reír a Misaki, ambos por un segundo compartieron la risa. Ya casi llegaban a la sala de maestros.

—¿Su madre no le dio regalos el fin de semana?

—Esta vez fueron ciruelas... Lamentablemente no esperaba ir a casa de Usagi hoy, así que las deje en mi casa. Quizá me pase en unos...

—¿¡Se-sería mala idea si paso por ellas!?— Lo interrumpió de golpe sorprendiendo a Hiroki. Ni él mismo sabía que estaba haciendo ni diciendo, su sonrojo era evidente y trataba de ocultarlo escondiendo la mirada. El mayor se quedó callado pensando en que decirle, la actitud del otro lo desconcertaba un poco.

—Creo que lo prudente sería avisar a Usagi antes de hacer nada.

Misaki bajó la mirada un poco triste, esperaba una respuesta diferente.

—Yo... Creo que me adelante, usted tiene razón. L-lo siento.

Hiroki aun lo miraba extrañado y muy, bastante, confundido. Abrió la puerta y dejó pasar al muchacho primero.

—Puedes ponerlas en mi escritorio. Muchas gracias... Ahora es mejor que te vayas o se te hará tarde para tomar tu clase— Aunque en realidad solo quería que Misaki se fuera de ahí rápido, se sentía extraño estando cerca del chico.

Misaki asintió cabizbajo, sabía que lo había arruinado... Lo prudente era mejor no decir nada y solo retirarse. Se sentía tan estúpido por comportarse de esa forma que ni él mismo entendía. Hiroki sabía que algo bueno no se avecinaba respecto al muchacho. Definitivamente el mayor debía tomar sus distancias.

Regresó a casa, estaba agotado, triste y desanimado... Sentía que el día había sido un fiasco gracias a sí mismo. Lo había arruinado, seguro Hiroki no le hablaría tan bien como antes. Tiró la mochila a un lado y se dejó caer al sofá.

—Misaki, ¿qué pasa?— Bajaba las escaleras Akihiko pero pudo notar a su pareja desanimada, no era habitual y le preocupaba lo que le ocurría.

—Nada... Solo estoy cansado.

—Vamos, dímelo— Pedía de nuevo sentándose a un lado del muchacho, tomando su cabeza y colocándola en sus piernas, forzándolo a verlo a los ojos. Misaki desvió la mirada, su semblante detonaba seriedad y angustia. —¿Y bien?

Hubo unos momentos de silencio, de sus labios solo salió un "Yo..." pero no pudo continuar, se levantó de Akihiko mientras se acomodaba el suéter, volvió a repetir que ocupaba dormir, que solo había sido un día agotador en la Universidad y se marchó. Usami sabía que había algo oculto, pero ocupaba más pistas para poder borrar ese posible pensamiento que traía en la cabeza del porque su amado Misaki actuaba tan extraño. Solo le quedaba esperar.

Pasaron los días en la Universidad, Misaki se seguía sintiendo mal por haberlo arruinado, aparte de que se sentía raro cuando miraba a Hiroki. Incluso él mismo pensó en la idea de que quizá le gustaba un poco, pero luego se autocorrigió y dio mil y una ideas que supuestamente decían lo contrario, pero cada vez que le tocaba la clase de literatura, miraba desde su asiento al profesor sin poder dejar de pensar en otra cosa más que en aquella sonrisa que el castaño le brindó hace días atrás, esa sonrisa que ya no había vuelto a ver.

Miraba con detalle sus bellos ojos cafés, un color que resultaba tan simple pero no en Hiroki, en el resaltaban hermosos y grandes ojos cafés bañados de esas pestañas negras que le sentaban tan bien, y con esos lentes negros de pasta dura se veía increíble. Su cabello castaño haciendo juego con sus ojos le parecía simplemente perfecto, a veces tenía ganas de tocarlo solo por curiosidad, y en sus adentros se imaginaba que era lacio y suave, que incluso tenía un agradable aroma, pero nunca había estado tan cerca del otro como para poder saberlo. Esa piel que él mismo juraría si pudiera tocar, quizá la sentiría suave y dulce como a veces se imaginaba, pero eso le era prohibido, pues nunca antes había tenido contacto físico con el maestro, no eran tan cercanos para poder estrechar su mano, mucho menos tocar su rostro como él a veces deseaba, solo podía hacer eso, desear, pues no había nada que los acercara de esa forma tan profunda como él, solo por querer saber, hubiera concedido.

De repente, mientras daba su clase y veía a los alumnos se topó con la mirada del otro, notó que lo veía de una forma extraña, como si estuviera embobado, pensó que no estaba poniendo atención a clase, pobre de él, si tan solo supiera que Misaki estaba fantaseando con poder tocar su rostro.

—¿Misaki?

El mencionado despertó de su hechizo como quien truena los dedos, volteó a los lados viendo que sus compañeros reían en voz baja. Se sintió avergonzado y con la cara y orejas calientes. "Qué vergüenza..." Pensaba mirando el suelo cuando de pronto sonó la campana y todo el mundo se olvidó de él, pues les importaba más salir de ahí que nada.

—Misaki, ven por favor— Pidió Kamijou mientras se quitaba los lentes y acomodaba sus libros, todos ya estaban saliendo pero el ojos verdes solo se resignó a meter sus libros en la mochila y encaminarse hacia Hiroki con mucha pena por lo sucedido.

—L-lo siento... Y-yo...

—Tranquilo, no pasa nada, solo trata de concentrarte en mi clase.

—E-eso intento pero...— Abrió los ojos de golpe y selló su boca, casi confiesa que no podía porque no dejaba de verlo. Sintió que moriría ahí mismo.

—¿Qué? ¿Pasa algo, acaso alguien te está molestando fuera de clases? Cualquier cosa que pase puedes contarme, soy tu profesor, pero también el mejor amigo de... Ya sabes. Me interesa que estés bien— El menor juró que su corazón latía más fuerte, ¿cómo es que ese adulto podía jugar de esa forma con sus sentimientos y ni siquiera darse cuenta de lo que causaba en él?

—¡N-no maestro, no pasa nada! En serio estoy bien...

—No mientas. Te he notado distraído, solo que no había querido llamarte la atención— Hiroki dio un paso en frente, metiendo presión en el otro para que confesara que es lo que le sucedía, pero simplemente Misaki no podría permitirse aquello. Lo sintió más cerca y empezó a sentirse acalorado, tenía que salir de ahí y rápido.

—¡Discúlpeme!— Dijo con un leve sonrojo y salió de ahí lo más rápido que pudo, dejando a Kamijou más preocupado que antes, pero prefirió no seguir porque sentía que ya era demasiado.

Se dignó en tomar sus libros y encaminarse a la sala de maestros. Ya estando ahí los dejó en el escritorio y se recargó en él, viendo un recuerdo que Nowaki le había traído de E.U. mientras permanecía pensativo. Pensó que algo malo le pasaba a su alumno y decidió llamar a Akihiko, pero la idea le pareció muy precipitada y desistió al instante. Desde ese día lo seguía viendo en silencio, pero ya no le volvió a preguntar si se sentía mal, no quería presionarlo, aunque era evidente que se preocupaba por él; y pensó decírselo a Usami, pero aun no era el momento.

—Eso es todo por hoy chicos, recuerden que llevan tarea y quiero sus ensayos este próximo lunes. Feliz fin de semana— Finalizaba Kamijou mientras borraba el pizarrón al finalizar la clase. Los jóvenes salían del aula haciendo barullo, riendo y conversando sobre sus planes para divertirse esa misma noche. De entre ellos resalto Misaki, un poco inseguro caminaba hacia el escritorio de Kamijou a paso lento. Sostenía ambos tirantes de su mochila y mantenía la mirada baja. Parecía un cachorrito que se había perdido.

Hiroki terminó de borrar el pizarrón y volteó, encontrándose con el aula vacía y con ese joven tímido frente a sí. Se sorprendió pero trato de disimularlo al instante.

—¿Misaki? ¿Tienes alguna duda sobre mi clase?

El joven negó con la cabeza, no pronunció ni una palabra y sus ojos verdes no se atrevían a mirarlo. Su cara se miraba triste.

—¿Qué pasa entonces?

—Solo... quería disculparme con usted si he estado actuando raro. Lo siento.

Kamijou estaba confundido, y lo estuvo aún más cuando vio que Misaki puso su mochila en el escritorio y empezó a buscar algo dentro de ella. De repente vio que sacaba un ejemplar de Flor de Loto, el libro que tanto deseaba. Los ojos del profesor brillaron un momento.

—E-esto es para usted... En modo de disculpa si lo hice sentir extraño— Le extendió el libro esperando a que el otro lo tomara.

—Y-yo... No sé qué decir. No tenías por qué hacer esto.

—Sentí que lo debía hacer, por favor acéptelo.

Hiroki aceptó el presente sintiéndose extraño, no se sentía mal, pero era una mezcla de emociones que ni el mismo adulto podía descifrar. Cuando tuvo el libro en sus manos lo vio con detalle y sonrió mientras lo acariciaba con el pulgar. Misaki suspiró de sorpresa cuando lo vio sonreír de nuevo, pero no era la misma sonrisa... Se dio cuenta de que había conmovido al mayor. Sus ojos brillaban al ver el rostro de Hiroki conmovido, un leve sonrojo aparecía en su cara, se sentía satisfecho consigo mismo.

Volteó hacia el joven y notó que lo veía de una forma extraña, se sintió apenado pero carraspeo para hablar.

—Yo también tengo que disculparme, Misaki. En este tiempo estuviste actuando raro, me desconcertaste un poco... Pero yo no veía más allá de eso, no pensaba si tenías problemas en casa, en la escuela o que tú mismo estuvieras pasando por alguna situación difícil. Lo único que hice fue alejarme, cuando yo soy tu maestro y se supone que estoy aquí para ayudar a mis alumnos.

—¡N-no se preocupe, en realidad estoy bien!— Contestó de inmediato cuando vio que la mirada del otro empezaba a entristecerse.

—No tienes por qué hacerte el fuerte, tonto— Dijo con su característica forma tsundere. —Lo siento yo también.

—Maestro...

Hiroki le regaló una sonrisa cálida y llena de ánimos, y por primera vez tuvo contacto físico con el otro al acariciarle la cabeza de manera dulce. Esa caricia le pareció exquisita y tan acogedora al menor, era la primera vez que Hiroki lo tocaba, aquel al que todos temían por ser un maestro muy estricto e implacable le estaba acariciando la cabeza. Se sintió tan bien. Sus manos eran tan cálidas, su caricia tan tranquilizadora, se sentía seguro con él.

—De todos mis alumnos, tengo que admitir que eres uno de los mejores.

—¿De verdad?

—Tampoco te emociones tanto— Dijo cortante. Misaki sintió que una gran flecha le atravesaba el corazón mientras moría en soledad y sufrimiento, realmente era un demonio.

Caminó hasta estar en el marco de la puerta, y volteó por encima del hombro con el ceño fruncido, viendo al joven de forma tajante.

—¿No piensas venir? Esas ciruelas no se quedaran esperando.