Desde aquella tarde, Hermione Granger había estado imaginándose la mirada de su flechado profesor de pociones. ¡Si hubiese podido, la devoraba viva con un beso! Nunca había sentido tanto miedo, desde que había soñado con un examen de adivinación. ¡Obviamente ella lo reprobaría en un santiamén!
El hombre, parecía loco. Era bastante preocupante, el hecho de que se comportara de esa forma. Sin embargo, Hermione tenía la ligera impresión de que podría encontrar algo que frenara sus escandalosos deseos para con ella. Aunque, en ese instante, no precisaba la mejor manera de hacerlo. No podía pensar.
Ya varias estudiantes lo había visto, detenido frente al retrato de la dama gorda. Ginny había salido muy temprano, y para ese entonces ella no lo vio. Aún así, era hasta posible que él amenazara con quedarse a dormir fuera del retrato, hasta que ella saliese. Y le daba escalofrío pensar en eso.
Pensó en entrar furtivamente en su despacho, para buscar evidencias o algo que detuviera su comportamiento. Sonaba extraño el decir, que tendría que entrar para justamente encontrarse con lo que era su problema. ¡Pero, nada más se le ocurría! ¡Algo tenía que hacer! ¡Aunque eso significara que Snape, le brincase encima!
Suspiró, cuando se decidía a salir de la sala común. Sin embargo aún temía que sucediese otra catastrófica aparición del hombre ¡Seguramente se le pasaría con el tiempo! ¡Pero ella no tenía el suficiente para estar huyendo de él!
Bien, para cuando puso un pie fuera de su sala común, él ya estaba allí y parecía que la esperaba. ¿Qué diantres iba a hacer? ¡Tenía que asistir a sus clases! Emitió un suspiro de frustración. Quizás, pudiera pedirle a Harry su capa de invisibilidad prestada, seguro no la necesitaba. Aunque, no podía estarse escondiendo por todo el castillo ¿Qué demonios debía hacer?
Pues ya Severus Snape, la había divisado y la observaba tan fijamente que creyó que le brincaría encima en cualquiero momento ¡Y así fue! Se detuvo a su lado y le dijo una gran cantidad de cosas que ella apenas llegó a entender, mientras corría en dirección contraria con el rostro hecho un manojo de nervios. Llegó hasta el comedor y se colocó una mano al pecho para respirar.
- ¿Qué sucede Hermione? ¡parece que viste a un mortífago!- Exclamó su amigo Ron, un tanto fatalista.
- Yo- Severus, caminaba hacia ellos buscando con la vista a Hermione- ¡Escóndeme Ron! ¡Escóndeme del profesor Snape!
- Ya sé que es feo e imbécil. Pero ¿Por qué te escondes?
- ¡Ya te lo explicaré luego, sólo escóndeme!
Ron suspiró, quitándose el chaleco de Quidditch y echándoselo encima. Para cuando Snape pasó, sólo divisó una masa arrugada en el suelo. Ceñudo, sólo le dirigió a Ron una mirada de odio y prosiguió su camino. Hermione emitió un quejido y se levantó violentamente.
- ¿Qué demonios huele tan mal en esto?- exclamó sosteniendo el chaleco con dos dedos- ¡Qué desagradable Ron!
- Es la muestra de un trabajo bien hecho- musitó el chico con satisfacción.
- Sí y la muestra de que hay algo muerto en ti. Satisfactoriamente muerto, yo diría.
- Será mejor que te calles, allí viene Snape de nuevo.
Hermione soltó un chillido y corrió nuevamente. Esta vez hacia la biblioteca. En un suspiro, había llegado y tomó n cantidad de libros. Para cuando se dirigía a una mesa apartada, recordó que Snape bien sabía a donde iba ella.
Y así fue, en ese instante interrogaba a madam Pince sobre ella y la mujer señalaba unas mesas apartadas ¿Qué hacía? ¿a dónde huía? Hizo una torre con los libros, tratando de ocultarse tras ella.
- Granger- dijo el hombre, sentándosele a un lado- La he estado buscando por todas partes.
Hermione observó su libro, con cierta incomodidad y alzó la cabeza. Tal vez, entraría alguien milagroso que pudiera sacarla de su dilema. No quería gritarle, ni pelearse con el profesor. Sólo quería que la dejara en paz. ¿Un romance entre ambos? ¡Eso no tenía sentido! Hermione dejó de ojear el libro, cuando la mirada del profesor se hacía tan intensa que bien pudo quemarla si despidiera ese calor.
- Ah ¿Ah sí?- tartamudeó ella, intentando no verle a la cara- ¿Por qué?
- Bueno- suspiró el hombre ¿por qué tan incómodo?- En realidad, quería decirle que ¡La encuentro muy hermosa!
Hermione sintió detener su corazón y juró que se caería de la silla. En cuanto alzó la vista, Snape la observaba con tanta fijeza que daba miedo. Comenzó a acariciarse el cabello con cierta preocupación. ¡Tenía que hacer algo, o de lo contrario se desesperaría sin remedio! No estaba en contra del amor, pero justamente no necesitaba el amor del profesor.
- ¡Siento tanto, las veces que la insulté! ¡ahora me arrepiento y lamento el hecho de haberle lastimado!- le dijo, con una expresión diferente. Como si viera a una divinidad, con la que sólo conversó en sueños.
- Ah- suspiró ella- pues gracias, aunque tengo que.
- ¿Irse?- musitó, con cierta desesperanza- Me gustaría que.
- ¡Ginny!- estalló ella, cuando milagrosamente la pelirroja entraba para quizás culminar una tarea.
- ¿Hermione? ¿Qué haces tú? ¿Qué hace el profesor?
- ¡Sólo sácame de aquí!- susurró ella con fatalismo.
- ¡Pero Hermione!
- ¡Sácame de aquí!- indicó, sosteniéndole una mano y halándola hacia el exterior.
Para cuando estuvieron en la torre nuevamente, Ginny observó a Hermione con curiosidad y luego de ello comenzó a hablarle. Ceñuda por supuesto.
- ¿Me puedes explicar, qué es lo que te sucede?- espetó- Tenía que hacer un trabajo sobre Transformaciones.
- ¡Yo lo haré por ti si lo deseas, sólo no me dejes sola!
- ¿Qué te sucede?
- Es Snape, Ginny ¡Creo que se bebió una de sus pociones, o enloqueció. Desde ayer no deja de perseguirme! ¡Y hasta trató de besarme!
Ginny le miró con estupefacción, sin entender ni una sola palabra de lo que su amiga decía con velocidad descomunal. En un suspiro, sólo atinó a mirarle el rostro de gravedad que mantenía enarbolado. Tuvo que haber oído mal, sin duda. ¿Snape tratando de besar a Hermione? Seguro un troll podía golpearlo con su garrote, pero eso jamás sucedería. Aunque bien, estaban en Hogwarts y cualquier cosa era posible.
- ¿Estás diciendo, que Snape se enamoró de ti?
- Sí, hasta el tuétano y no sé cuanto dure esa estúpida pócima.
Ginny emitió un suspiro, que terminó en una audible risa. Hermione le miró con el entrecejo fruncido y una expresión de rabia ¡Era tan gracioso que ella se viese en ese lío! Además de imaginarse a Snape persiguiéndola. ¡Para morirse de risa!
- Espera- indicó Ginny luego de secarse las lágrimas de la risa- ¿Entonces, Snape, te perseguirá hasta que aceptes lo que siente?
- En su defecto- replicó ella abatida.
- Pues no podemos hacer nada. ¿Eso tiene algún remedio?
- ¡Yo que sé! Tendría que investigar, pero también tendría que quitármelo de encima.
- ¿Y las clases?
-Tendré que seguir asistiendo- se quejó la chica con el entrecejo mucho más fruncido de ser posible.
- ¿Los chicos ya lo saben?
- No se los diré, se reíran- suspiró ella, cuando la tensión no podía salir de otra manera.
- Pues, intentaré ayudarte aunque no sé aún como lo haremos. Pero lo solventaremos.
Esa mañana que siguió, Hermione temía enormemente salir de la sala común. Para cuando Ginny le indicó que estaba despejado; ella comenzó a caminar hacia afuera. Parecía que no había forma de que Snape le alcansase hacia su clase. Aunque, primero, debía pasar por el comedor.
Sin aspirar a nada, resignada, ella se adentró en el comedor. No estaba allí, denotó con alivio y se pudo sentar. A la mitad de la comida, se lamentó de habérselo creído.
Una lechuza negra, dejaba caer un pequeño paquete en su lugar. Hermione, nerviosa, lo tomó y comenzó a abrirlo. ¡Era un regalo suyo! Demonios ¡Sí que se lo tomaba enserio!
Lo guardó y le arrancó la nota. Suspiró con dificultad y salió de aquel lugar, para dirigirse a la clase de historia muggle. Sin duda, ese sería un día difícil.
Espero que les gustase, saludos y besos.
M&S
