Hacía un frío infernal en Londres, era un primero de Diciembre, y ya había frío, un frío que te calaba hasta los huesos. Elizabeth se retorció en su pequeña habitación, que además era sala de estar, cocina, baño y dormitorio. No era mucho, pero, al menos era un techo para cubrirse del frío, aunque no hubiera calefacción. Se levantó para darse una ducha muy rápida, cómo todo en su pequeño hogar, estaba helado, el agua helada la despertó de inmediato y se aproximó a la pequeña nevera para servirse un tazón de cereales, al menos, tenía algo que comer, no se dio tantas prisas hasta que notó la hora en la pequeña radio. "9:35 minutos. Tengan buen día" Elizabeth soltó el cereal con prisas, que se botó un poco en el suelo de madera, tomó su bolso y salió disparada hacía la entrada de su casa para irse a la entrevista que tenía en una disquera conocida. Aunque quizás no tenía mucho, al menos había estudiado gracias a su único pariente o tutor mejor dicho "Jack" Jack había sido un hombre humilde que era panadero y le fascinaba la música, y los números, además de la buena cocina. Le había pagado la escuela y la universidad desde que la halló cuando tenía tan sólo un año de edad, perdida en algún punto de la ciudad.

Aún recuerda bien ese día.

Recuerdo.

La niña tenía frío, y caminaba torpemente, nadie se explicaba cómo una bebé podría andar sola en pleno invierno, pero nadie era capaz de acogerla, ni la policía. Su mala suerte le seguía, sus mejillas estaban sucias, marcadas por un negro, parecido al hollín que sale de las chimeneas. Y tosía, al parecer respiraba con dificultad, se cayó, por fortuna, antes de llegar a un extremo de la calle.

Un único hombre se aproximó, aunque con las mismas preguntas. ¿Cómo pudo una bebé llegar ahí sola? ¿Donde estarían sus padres? El hombre alto y rubio la miró con tristeza, la tomó en brazos y le susurró. -Jamás volverás a estar sola, Elizabeth- Y con un pequeño beso en su frente, selló un juramento.

Fin recuerdo.

Elizabeth había logrado salir adelante con su tutor, ella sabía que no era su padre, por que al cumplir los quince años, él le había contado toda la verdad, pero Jack, Jack había sido lo más cercano que tuvo a un padre, y lo amaría siempre. Lamentablemente, Jack había tenido un accidente en la cocina de la panadería. Jack siempre tuvo debilidad por los cigarrillos, decidió fumar uno, sin tener en cuenta que sería el último. Se había descuidado con el horno a gas encendido, y en cuanto dio la primera calada. El lugar explotó. Fue el mismo día en que Elizabeth se graduaría de Administración Empresarial.

Desde ahí, nada volvió a ser igual.

Elizabeth juró que saldría adelante, a pesar de que tuviera que vender la panadería para pagar el lugar en el que ahora vivía, y que ahora era suyo, o al menos eso era lo que quería, lo pagaría todo si le contrataban en aquella disquera para administrar el personal. Era una chica muy inteligente, se lo habían dicho el día de la entrevista, por eso, debía empezar a las 10 en punto, y tan solo faltaban ahora cinco minutos, y ella aún no llegaba, estaba a mitad de camino, y se dio cuenta la ropa que tenía, sólo unos jeans, un suéter, un saco encima y el cabello castaño casi rubio en una coleta alta. Se veía perdida, pero, realmente era una chica perdida. No tenía nada, pero la suerte se colocó de su lado, y llegó justamente a las diez en punto, entró corriendo a la disquera, obviando los discos de oro y platino que colgaban en un largo pasillo, corrió hasta que alguien más abrió la puerta, chocó con la persona, ambos cayeron al piso, y al alzar ambos la vista.

A Elizabeth le dio un vuelco el corazón.