.

Delegados, ¡Las formas!:

Una trágica historia de amor dentro de un Modelo de Naciones Unidas.

. . .

2. Día 1: Mañana

Afuera de la institución Netherfield, en la vereda, cientos de adolescentes estaban parados, vistiendo anormalmente formales para ser las nueve de la mañana de un viernes. Se reunían en pequeños grupos de no más de tres personas, las delegaciones, y esperaban a que abriesen las puertas para poder entrar.

Elizabeth se sentía incómoda. El pantalón que al final la habían convencido de usar le quedaba demasiado ajustado para su gusto. El lado positivo era que le alargaba las piernas y la hacía lucir delgada, por más que ya lo era. La malo era que casi todo el resto de la gente iba de blanco, negro o gris, y ella estaba de verde. No le molestaba el color, tampoco le molestaba llamar un poco la atención, pero prefería otros tipos de colores. El verde contrastaba con su clara piel, resaltando sus ojos negros y sus ondas color chocolate rojizo. Jane la había maquillado, poniéndole mucha máscara de pestañas y delineador, causando un efecto drástico. Se sentía observada.

–Lizzy, tranquilizate, te ves muy bien, no como otras –comentó Charlotte, señalando con la cabeza a una chica con dos varones que se encontraban a la izquierda de las chicas.

La chica de la izquierda tenía su pelo rojizo, con reflejos rubios teñidos, suelto de una forma descontrolada. Un minúsculo vestido escarlata no dejaba demasiado a la imaginación, y los tacos mostraban su desesperación por ser más alta. Sus dos acompañantes diferían mucho de ella.

Uno estaba sonriendo. Con el cabello rubio algo despeinado, ojos azules, y piel bronceada, parecía pertenecer más a un ambiente de playa que a una formal asamblea, por más que su traje era de muy buen gusto.

El otro no estaba sonriendo. Tenía una cara de estar sufriendo, que no le restaba belleza a sus ojos color ámbar. Con el pelo negro y la tez bronceada como la de su amigo, tenía un aire tan formal que lo podrían haber hecho pasar por presidente real, y si no hubiera sido por su corta edad, hubiera sido totalmente creíble.

El rubio se dio vuelta, y se fijó en las tres chicas que lo estaban mirando. Una era sencilla, si bien no era hermosa, tenía una expresión de sensatez e inteligencia notable. La segunda, Elizabeth, tenía una mueca burlona en el rostro que la volvía interesante, y sus brillantes ojos negros relucían. Pero fue la tercera la que le llamó la atención. Alta, rubia y simplemente el paradigma de la belleza perfecta personificado con una bondad que irradiaba a su alrededor.

Charles esperó poder verla otra vez.

– ¿Hermano, qué mirás? –preguntó Caroline.

Él no respondió, se limitó a sonreír de una forma algo tonta.

– ¿Darcy, qué le pasa?

–No sé –dijo él, que tenía la vista perdida por algún lejano lugar de pensamiento.

– ¡Will, este lugar está repleto de chicas bellas! –comentó entusiastamente Charles, sin quitarle la vista de encima a Jane.

–Esa rubia es la única más o menos linda –observó con su ojo crítico.

–La de verde no es fea –dijo, apuntando a Elizabeth.

–Tolerable, pero no lo suficientemente como para tentarme –respondió, sin darse cuenta que ella estaba lo suficientemente cerca como para escucharlo. Sus ojos negros se clavaron en él con furia. Y él se dio cuenta de lo extraordinariamente profundos que era los ojos de ella, por más que no lo quiso admitir.

Jane sintió un flash desde alguna parte venir. Inmediatamente, las tres chicas de la delegación de Longbourn vieron que se les acercaba un chico no muy alto, de rostro gracioso, con cámara de fotos en mano. Colgaba de su cuello una tarjeta de color negro.

– ¡Hola chicas! Yo soy Fitzwilliam, y soy parte de la prensa del Modelo de Naciones Unidas, así que me van a ver por todas partes sacando fotos –se presentó alegremente.

–Bueno, pero a las fotos se las sacás a Jane –dijo Elizabeth, señalando a su hermana, riéndose muy divertida por la cara que puso Fitzwilliam, "shockeado ante la belleza de Jane Bennet", sacándole una foto.

Desde cerca, Caroline escuchaba todo atentamente, igual que su hermano Charles, pero lo hacían por diferentes razones. Mientras que Charles escuchaba solo para poder averiguar quién era esa chica rubia y por sentir el sonido de su voz, Caroline se ponía verde de envidia de que a ella todavía nadie de prensa había venido a sacarle fotos. Darcy trataba de concentrarse en sus apuntes, por más que ya se los sabía, y que en realidad lo que no podía sacarse de la cabeza eran esos furiosos e indignados ojos negros.

Entonces, unos chicos de su edad con tarjetas rojas colgando del cuello abrieron las puertas de Netherfield, haciéndoles señas de que pasasen.

–Adelante, delegados –dijeron estos, que eran las autoridades.

Las chicas y chicos se dirigieron adentro. Allí, los condujeron a un salón de actos, en el cuál las chicas se sentaron juntas en una fila, y los de Pemberley en la fila de adelante.

Cuando ya todos se hubieron sentado, una señora de cierta edad tomó el micrófono. Lucía una ropa extremadamente rebuscada y extravagante, excesiva para esa hora de la mañana, las pesadas joyas insinuaban riqueza y ostentación de mal gusto. Carraspeó un par de veces con tal de que le prestasen atención.

–Buenos días a todos, soy la presidenta de Rosings, el comité organizador de este vigésimo primero Modelo de Naciones Unidas, y quería decir unas palabras antes de dar comienzo a los debates –habló solemnemente con una voz de tono autoritario y desagradable, que causó en Elizabeth instantáneamente un profundo prejuicio negativo.

Siendo las palabras molestas para ella, se ocupó en observar a la gente que la rodeaba. A su lado, un chico de su edad miraba con adoración a la presidenta del comité. Era muy feo, no sólo por sus rasgos, pero también por su expresión petulante. De tanto en tanto, asentía reverenciosamente durante el discurso.

No muy lejos, había un chico de cabello dorado y ojos verdes parado. Tenía una tarjeta roja, lo que significaba que era una autoridad. Cuando la descubrió mirándolo, le guiñó el ojo a Elizabeth.

Y, al fin, terminó el discurso.

–Dígame, Srta. Delegada, ¿ha escuchado alguna vez un mejor discurso? Siempre es un placer escuchar a la presidenta de Rosings, siempre tan elegante, tan refinada –le dijo repentinamente el presuntuoso y desagradable chico que se sentaba al lado de Lizzy.

–Encantador –respondió ella, tratando de que no se diera cuenta de la ironía, y de no reírse, el hombre ese la había tratado de usted.

– ¿De qué asamblea es? –le preguntó él esperanzado.

–"A" –fue su respuesta, mientras rogaba que no le tocase estar junto a él.

–Represento a la honorable delegación de Kent en la comisión "B" de la Asamblea General, es una pena no estar junto a usted –comentó, mientras Elizabeth no pudo disimular su alegría.

Pobre Charlotte, pensó ella.

–Y ahora, los delegados de la comisión "A", se van a retirar a la asamblea junto a las autoridades correspondientes, que van a tener sus carteles en alto –dijo la presidenta de Rosings.

Elizabeth se puso de pie al ver que el rubio que era autoridad tenía en alto un cartel que decía COMISIÓN "A". Leyó que su tarjeta decía George Wickham. No se dio cuenta, pero la siguió Darcy, sentado delante de ella.

Luego, los delegados de la comisión "B" se retiraron a su recinto, dejando a los embajadores juntos.

Jane pudo observar que el lindo rubio de adelante, Bingley, seguía en el salón de actos, lo que significaba que también era un embajador. Como el salón estaba bastante vacío, una autoridad pidió que se acercasen, para poder hablar más cómodamente. Jane, inocentemente, se sentó al lado de él.

Bingley vio cómo la hermosa chica que había divisado antes se sentaba a su lado. Se sintió muy afortunado, y sin que ella se diera cuenta, trató de leer la etiqueta de su carpeta, para ver su nombre, mas, no lo logró.

–Embajadores, cuando llame el nombre de su delegación, por favor, acérquense que les voy a entregar las tarjetas de identificación –dijo la autoridad.

Jane se sentó derecha, teniendo mucho cuidado de no cruzar las piernas, esperando a ser llamada, también con la secreta esperanza de captar el nombre de la delegación del rubio a su lado. En otras ocasiones, ella se hubiera aventurado a preguntarle cortésmente, pero, en tal situación, no sabía cuál sería la manera correcta de conducirse.

–Delegación de Longbourn –llamó la autoridad.

Jane se levantó, sin saber cuántos ojos estaban fijos en ella. Decididamente, los ojos que con más fervor la miraban, eran los de Charles, que ansiaba saber más de ella. Celebró que fuese de Longbourn, la de Pemberley y ésta solían mantener diversos tipos de relaciones…

La autoridad le entregó a Jane una tarjeta blanca, que decía su nombre, seguido por "embajadora de Longbourn". Cuando se sentó, se lo colocó cuidadosamente en el cuello, haciendo que Bingley pudiese enterarse de su nombre.

En ese mismo instante, Elizabeth, luego de haber sido nombrada, estaba mirando cómo le entregaban una de las tarjetas verdes de delegados de la comisión "A" al desagradable chico que la había clasificado como "no lo suficientemente linda como para tentarlo". Furiosa de saber que iba a tener que estar con él hasta las nueve de la noche del domingo, sus ojos negros se clavaron en los ambarinos de él.

Él había escuchado que ella pertenecía a Longbourn casi con tanta atención como lo había hecho Charles, pero con motivos abruptamente diferentes. Él quería ir pensando en cómo atacar, ya que debía tener en mente que decir para poder ganar.

"Delegado de Pemberley", pensó ella, meditando formas de atacarlo, cuando él bajó del estrado.

Sobre lo que se dijo mientras las autoridades consejeras explicaban en qué consistía el modelo por si a alguien le quedaban dudas, no creo necesario profundizar, ya que ni Elizabeth ni Darcy prestaron demasiada atención. Bien era que ellos sabían cuáles eran sus tareas y cómo debían hacerlas.

Entró presidencia (compuesta por un presidente y dos vice presidentas) y la secretaria general, que pasó a dar su discurso y luego se fue. Presidencia se presentó, y comunicó:

–A continuación, invitamos que todas las delegaciones que deseen dar un discurso sobre la postura de su país sobre el tema del cambio climático, por favor, levanten los carteles con el nombre de sus delegaciones que están en sus asientos.

Elizabeth, sin pensarlo dos veces, levantó en alto su cartel. Lo mismo hizo Darcy, sólo que en vez de tener una sonrisa burlona en la cara, tenía una típica cara de seriedad absoluta, con algo de superioridad asumida.

Al cabo de un rato en que presidencia anotó los nombres de las delegaciones por hablar, dijo:

–Tiene la palabra el delegado de Pemberley.

Darcy se puso de pie con una altanería que le dio ganas de vomitar a Elizabeth. Con una sonrisa de exceso de confianza en sí mismo, comenzó a hablar por el micrófono.

–Sr. Presidente, por medio de su persona, daré mi discurso, no sin antes mencionar que me someteré a interpelación de carácter doble.

El presidente asintió.

Él habló de la postura de Pemberley sobre el cambio climático. Quería hacer que se creasen represas como método de evitar inundaciones, e hizo hincapié en la importancia de encontrar una forma de solucionar las sequías. Concluyó con que en su país se estaban ocupando de suavizar las consecuencias del calentamiento global.

–Muchas gracias –dijo él al micrófono al finalizar su discurso, con una sonrisa egocéntrica pegada en la cara.

–A usted, ahora, las delegaciones que deseen hacer uso de la primera interpelación, por favor, levanten sus carteles.

Obviamente, Elizabeth, que ya tenía en mente la forma de atacarlo, levantó en alto su cartel.

–Tiene la palabra la delegación de Grosvenor –comunicó el presidente.

Una de las autoridades le pasó el micrófono al delegado de aquella delegación.

–Sr. Presidente, mediante su excelentísima persona, me dirijo ante esta honorable asamblea para hacer uso de la primera interpelación –dijo de forma ridícula el delegado.

–Prosiga –habló presidencia.

–Delegado de Pemberley, me gustaría saber con qué fondos piensan financiar la investigación científica que ha mencionado para solucionar las sequías.

Darcy puso una cara de "¿para esto levantaste el cartel?", ya que esa pregunta era el típico cliché. Siempre la hacía alguien con tal de quedar bien.

–Sr. Presidente, con su autorización, me dirigiré a responderle al delegado de Grosvenor –el presidente asintió. –Como todos deberían saber, Pemberley posee vastos recursos que le permiten disfrutar de una posición económica envidiable, por lo que no necesita ningún proyecto especial para recaudar fondos. Muchas gracias.

"¿Cómo puede ser que sea tan creído de refregárselo en la cara a los países más pobres que a él le chorrea el dinero en su "país"?", pensó Elizabeth, indignada.

–A usted, levanten los carteles las delegaciones que deseen hacer uso de la segunda y última interpelación –pidió el presidente.

Elizabeth se aseguró de levantarlo bien en alto, no podía dejar pasar esa oportunidad de tirar una bomba como la que tenía planeada.

–Tiene la palabra la delegación de Longbourn.

Wickham, autoridad, le pasó el micrófono a ella, quien recordó que debía mantener el cartel en alto mientras hablaba.

–Sr. Presidente, mediante su persona es que haré uso de la segunda interpelación –presidencia asintió. –Delegado, usted habló sobre cómo sobrellevar las consecuencias del cambio climático, pero no mencionó el hecho de que a los problemas hay que solucionarlos de raíz, hay que solucionar las causas antes que las consecuencias. Me pregunto, sabiendo que Pemberley es uno de los países que más dióxido de carbono emite, ¿plantea alguna solución eficaz para este problema?

Darcy se quedó boquiabierto. La chica linda pero no lo suficiente, por más que tenía bellos ojos, le había hecho una de esas preguntas imposibles de responder. ¿Quién se lo hubiese esperado? Por lo pronto, no él.

Elizabeth sabía que él no podía defender una postura indefendible, así que esperó con su típica sonrisa burlona, tratando de contener la risa ante su cara.

–Sr. Presidente, es por medio de su envestidura que le contestaré a la delegada de Longbourn.

–Prosiga.

–Delegada de Longbourn, Pemberley está completamente preocupado por los niveles de dióxido de carbono emitidos y planea reducirlos. Gracias.

Darcy se quedó parado en el estrado, esperando que la delegada gritase "moción subsecuente", ya que la respuesta que acababa de dar no respondía la pregunta de ella. Mas, ella no emitió sonido, sólo se sentó muy complacida de saber que él no la había podido superar.

–Gracias a usted, delegado, puede descender del estrado –indicó presidencia.

Darcy se sentó en su lugar, que, cómo era alfabéticamente, estaba más atrás que el de Lizzy. Nunca le quitó sus ojos de encima durante todo el trayecto. Él no sabía qué pensar. ¿Era posible que le hubiese hecho eso, pero no decir una moción subsecuente? ¿Por qué no dejaba de sonreír? ¿Por qué sus hermosos ojos brillaban más que nunca?

Así que tomó una de las hojas especiales que le habían entregado en una carpeta, y comenzó a escribir.

Por su parte, Elizabeth estaba prestando bastante atención a la delegación en el estrado, queriendo interpelarlos, por más que sabía que no la iban a llamar a ella. De tanto en tanto, sintió una par de ojos posarse en ella. Levantó la mirada, y vio que Wickham la miraba, y le guiñó el ojo otra vez. Elizabeth miró hacia abajo. Darcy, que lo estaba viendo todo, se enojó de repente, sin saber porqué.

Le entregó el papel a una de las autoridades más cercanas. Ésta lo leyó rápidamente, y se lo pasó a Wickham, quien también lo leyó. Por alguna extraña razón, le quitó la sonrisa. Se lo entregó a Elizabeth silenciosamente.

Ella lo leyó para sí, fijándose en la perfecta caligrafía.

MENSAJE

Delegación que lo envía: Pemberley

Delegación que lo recibe: Longbourn

Delegada de Longbourn: Me gustaría hacerle una pregunta, ¿por qué dejó que yo descendiera del estrado sin responder correctamente su pregunta, sabiendo que existe la Moción Subsecuente?

Entonces ella se puso a componer su respuesta. Sonriendo maliciosamente.

Al cabo de un par de minutos, William abrió el mensaje.

MENSAJE

Delegación que lo envía: Longbourn

Delegación que lo recibe: Pemberley

Delegado de Pemberley: La respuesta es tan simple que parece estar en mayúsculas. YO NO SOYComo apaRenta UstEd serLo, ¿entendido?

Había algo en la oración que no tenía sentido, así que lo leyó con atención. Fijándose en que había algunas letras en mayúscula y remarcadas. YO NO SOY C-R-U-E-L. No pudo evitar reírse del ingenio de la chica.

Entonces, mientras pensaban en sus mensajes, presidencia pidió que se pusieran de pie para poder retirarse.

–Delegados, pónganse en filas, para poder acudir al refrigerio.

Elizabeth quiso saber la hora, ¿no eran como las nueve de la mañana todavía? Demasiado temprano como para almorzar. Se acordó que tenía el celular apagado, y como no usaba reloj se sintió perdida.

Wickham pasó por delante de ella, entonces ella lo llamó.

–Disculpe, ¿sabe qué hora es?

–Es la una de la tarde –respondió sonriendo cautivadoramente.

A Lizzy le pareció que el tiempo había pasado volando.

Darcy se había enojado una vez más por alguna incomprensible razón. Está bien, odiaba a George Wickham, ¿pero por qué le molestaba que hablase con la de Longbourn?

.

Hola de nuevo!!!!!!!

Gracias por sus reviews: Aldi y Embajador cara–caída, son los únicos que leyeron mi loco fic… jeje, no sé que tiene de loco…

En fin, espero que les guste este capítulo, dejen reviews y nada,

Fer