Capitulo II: Te amo.

Los dragones son fieles hasta la medula. Dan todo su amor a sus dueños, hasta sus vidas si es necesario y siempre velan por su felicidad. Ahora mostraremos ejemplos del cariño que los dragones pueden darle a su amo, y hoy usaremos a nuestra jinete de ojos azules favorita:

Con un humano:

Hey, Brutilda, ¿tienes un minuto?

— Eh… no.

Con Tormenta:

—¿Tienes un minuto tormenta?

Te escucho, te amo.

Con un humano:

— Espero que te haya gustado mi regalo [Un sweater], Patapez.

— Eh… Si… es genial… (Tal vez el mercader Johan me lo cambie por algo)

Con Tormenta:

Espero que te haya gustado mi regalo [Un sweater], Tormenta.

Me encanta, te amo.

Con un humano:

— ¡Feliz aniversario Hipo!— Astrid le dio un beso en la mejilla mientras le abrazaba por detrás

Una gota de sudor bajó por su nuca, dejó caer las herramientas con las cuales estaba arreglando la cola de Chimuelo con una lata media abierta a su lado, rápidamente dirigió su mano hacia uno de los brazos de Astrid.

— Si… eh… ¡A ti también! —se dio la vuelta rápidamente y la tomó por la cintura para darle un beso— Te amo tanto… Aún recuerdo perfectamente cuando te pedí ser mi novia.

Astrid sonrió ampliamente mientras Hipo soltaba el aire de sus pulmones y sentía su corazón latir de nuevo, o al menos hasta que Astrid le dio un golpe que lo tiró de su silla junto a la lata, la cual rodó hasta la salida desapareciendo por culpa del viento.

—No te acordas que pasó hoy hace cinco años, ¿verdad?

— ¿Nos besamos por primera vez?

Astrid se fue dando pisoteadas, ¡era el aniversario de su primer vuelvo con Chimuelo y él!

Con Tormenta:

Tormenta se coló por la ventana del cuarto de Astrid y dejó caer una flor sobre su cabeza

— Feliz aniversario, ama. Hoy es el quinto aniversario de nuestro primer enfrentamiento en el laberinto de la vieja academia. La primera vez que nos vimos. Te amo.

Y ahora como ejemplo final:

Astrid bajó las escaleras de su casa, su cabello no había sido atendido como era necesario. Aún estaba en piyama y tampoco veía la posibilidad de querer ponerse su ropa. Esos días estaba deprimida; ya no veía las cosas de la misma manera, ¿qué le pasará a nuestra querida jinete?

Arrastró los pies hasta la mesa y se sentó dejándose caer en la mesa dando su nariz contra la fría madera de la mesa. Su madre se acercó estoicamente con un plato en su mano, el cual dejó caer delante de su hija. Esta levantó la vista levemente para ver el plato de huevos y carne de Jack, dirigió su vista a su madre quien la levantó de la mesa agarrándola del cuello de la camisa -y algunos mechones de su cabello- Astrid cerró los ojos del dolor y miró enojada a su madre.

— Escúpelo.

Astrid escupió aire.

— ¿Qué te pasa?— preguntó con fría vehemencia. Astrid bajó la mirada y exhaló, esto le iba a doler.

— Creo que no soy tan buena como creía.

— Tal vez tengas razón. — respondió para luego soltarla.

Astrid no tenía las ganas para levantar los pies lo suficiente para no causar ruido, las había gastado en ponerse su ropa. Caminó directamente hasta la playa sin dirigirle la mirada a nadie más que al aire frente a ella con Tormenta siguiéndola por detrás.

— Sabes Tormenta… — Astrid levantó la vista al ya oscuro cielo de otoño, escuchó un trueno a la distancia, cerró los ojos por reflejo hasta que sintió que no estaba en peligro— A veces… pienso que soy tan buena.

Tormenta no dudo ni un segundo antes de responder al comentario de su dueña. Su respuesta salió inmediatamente después que la voz de su jinete bajara una nota.

Eres la mejor, te amo.

OTOÑO

Ahora sí que era un superviviente. Jimmy y su lombriz DD caminaban solos por el mundo hacia un futuro incierto destinado para una hormiga y su lombriz.

Sé que es duro DD, pero juntos lograremos salir adelante.

Su lombriz lo miró por unos segundos y luego continuó arrastrándose por aquel camino de tierra rodeado de árboles gigantes. Los días eran lentamente tortuosos, el frío viento de otoño les rodeó por unos segundos.

Busquemos un lugar para refugiarnos.

Fácilmente encontraron una lata media abierta donde ambos entraban cómodamente. Jimmy acomodó sus pocas pertenencias, ya casi no tenían comida. Suspiró. Miró como DD se achicaba en un rincón, Jimmy se paró y salió de la lata para buscar provisiones. Tal vez encontraría una hoja fresca.

Unos minutos después de salir encontró una hoja al otro lado de un roble. Corrió hacia ella, eso le iba a dar meses de comida, la agarró y comenzó a tirar hasta arrancarla, cayó al suelo con la hoja en sus manos, la dobló a la mitad y la colocó debajo de la axila preparado para volver.

A lo lejos vio la lata, y también vio como le cayó un rayo. Soltó la hoja, esta se mantuvo a su lado unos segundos después se fue volando.

Mataste a mis amigos… mataste a mi familia… mataste a mi novia… Eso lo superaré. Pero… Mataste… ¡A MI LOMBRIZ!, ¿¡QUÉ CLASE DE MOUNSTRO ERES!?, ¡MATASTE A MI PUTA LOMBRIZ! ¡TE MATARÉ ODIN!, ¡TE MATARÉ!