El segundo capítulo... Espero que os guste... *.*


Sunburn

Baki le entregó el enorme abanico todavía envuelto con el embalaje. Temari, que en aquel momento tenía diez años, daba saltos de alegría.

-Aquí lo tienes. Va a ser tu compañero por mucho tiempo, así que te aconsejo cuidarlo más que los que has estado usando hasta ahora para practicar. Tienes que empezar a poner en práctica desde hoy mismo todo el proceso de mantenimiento para que el acero no se oxide, y también tenemos que pintarle las tres lunas, pero ya habrá tiempo para ello.

-¡Es perfecto! –gritó emocionada la niña, desenvolviéndolo con ferocidad, ansiosa por abrirlo y probarlo. Era mucho más grande que cualquiera de los que había usado hasta entonces, al igual que más amplio, unos ciento veinte grados.

Trató de levantarlo para lanzar una sacudida de aire, pero del peso se balanceó y perdió el equilibrio. En seguida su sensei la reprendió:

-¡Con cuidado! Este no es de madera, sino de acero. Te avisé de que tendrás que hacerte mucho más fuerte antes de que puedas manejarte con él.

-¡Ya iré haciendo brazo! ¿Acaso he fallado en alguno de mis propósitos?

Baki sonrió. La niña tenía razón. No sabía si era por ser la hija de un Kage, por la firmeza que había tenido su madre y que sin duda le había transmitido o simplemente por las duras cosas que había tenido que asumir desde tan pequeña: la muerte había visitado su hogar más de una vez, hermana mayor de un jinchuriki fuera de control, un padre tan estricto… Desde luego que fácil no había tenido las cosas. Pero a ella parecía no afectarla, tan sólo parecía volverse más decidida y más cruel, las característica óptimas que se querían para los shinobis en aquel país.

-Oye, Baki –la niña interrumpió sus pensamientos - ¿Cuándo me vas a enseñar esa nueva técnica que me hablaste? La que decías que tenía que ver con hurones o ratas.

-¿Te refieres a la invocación de una kamaitachi? No corras tanto, Temari. Para empezar, de eso se tendrá que encargar tu padre, porque yo no tengo el contrato de sangre. Y aparte, todavía te queda mucho por hacer antes de estar al nivel suficiente. Céntrate primero en acostumbrarte a este abanico y luego ya empezaremos con movimientos más elaborados. Pero sé paciente con la invocación o si no nunca lo lograrás. Y te recomiendo que lo logres.

La niña frunció el ceño. -¿Como que me lo recomiendas? ¿A qué te refieres?

Baki la miró con seriedad, como si estuviese decidiéndose a esconderle algo o no. Pese a ser tan pequeña Temari fue consciente de que Baki iba a hacerle una valoración personal, algo atrevido teniendo en cuenta que ella era "princesa".

-Me refiero a que un día llegará el momento de que decidas qué camino tomar en tu vida. Teniendo en cuenta tu situación podrás adoptar dos papeles distintos: el de princesa o el de kunoichi. El primero es el más fácil pero el que tú nunca elegirás. Y ser una kunoichi del montón tampoco le bastará a una chica tan exigente como tú. Un día te encontrarás queriendo ser las dos cosas a la vez, o una combinación de ambas; pero ése es un tercer camino que tú tendrás que despejar. Así que más te vale convertirte en una mujer fuerte para que el día que te fuercen puedas resistirte y seguir caminando por donde desees; y para ser fuerte tendrás que aprender, por ejemplo, la técnica de la invocación. Eso quería decir.


Temari resopló con fastidio mirando a su alrededor. Cualquiera diría que por aquí ha pasado una tormenta de arena…

El despacho de su padre, es decir, el despacho personal del Kazekage, estaba patas arriba, con los cajones abiertos, los papeles desperdigados por la mesa e incluso el suelo… Incluso un montón de crónicas de misiones antiguas que habían sido revueltas y revisadas por los miembros del consejo. Éstos se habían otorgado el permiso para husmear entre las decenas de carpetas de su padre para encontrar quién sabe qué entre los papeles oficiales, apuntes personales y datos estatales. Se preguntó qué podía ser tan importante para una serie de personas cuyo trabajo supuestamente no debía variar de cuando estaba el Kazekage a cuando no. Sólo se le ocurría una cosa por la cual podían estar interesados: Lo mismo mi padre tenía alguna lista de posibles sucesores o personas cualificadas para la tarea… Teniendo en cuenta las pocas opciones que parece haber lo más lógico sería prestar atención a sus recomendaciones…

Había pasado más de un mes desde la muerte de su padre y del retorno de la Hoja. Tras la semana de luto oficial por la muerte del Kage y los shinobis caídos en la batalla se había desatado la ansiedad y el nerviosismo a lo largo del país: estaba bastante claro que no había un sucesor predilecto, y la ausencia de una persona capacitada para tal cargo o de alguien lo suficientemente "popular" como para gustar a la mayoría hacía que el pueblo se sintiese inseguro y reclamase constantemente una decisión. Aparte, había aumentado el índice criminal y los saqueos por las zonas rurales, donde la presencia de los ninja no era tan notable como en la ciudad. Igualmente, los shinobis del país necesitaban un jefe, una persona para guiarlos, aconsejarlos y organizarlos. El Consejo que habitaba en la Aldea Oculta de la Arena se encargaba de todas las tareas administrativas y de gestionar las distintas misiones, pero aquello era insuficiente. La gente exigía más. Querían un Kage nuevo, y lo querían ya.

Al drama de ver su país sumido en aquel caos se sumaba su tragedia personal. Tras las primeras semanas de caos en las que poco pudo centrarse en sí misma sobrevino el silencio y la reflexión personal. Kankurô se encerró en su taller con sus marionetas con la repentina necesidad de crear una nueva. Temari sentía deseos de compartir tiempo con él, pero la primera vez que le vio desde su encierro en el taller le vio tan ausente y tan poco interesado en hablar que las palabras no fueron capaces de despegarse de sus labios. Un abismo se abrió entre ellos y ella se sintió incapaz de saltarlo; por ello decidió llevar la carga en silencio. Y Gaara… Gaara hace un mes estuvo a punto de matarme, se dijo a sí misma. Aún no había olvidado lo sucedido en la Aldea Oculta de la Hoja. No había olvidado aquel terrible golpetazo en el estómago que la lanzó por los aires, justo antes de que su hermano perdiese el control, ni había dejado de sufrir las heridas que aquello le había provocado. Suspiró pensativa. Sin embargo, tampoco he olvidado su disculpa. Aquel era el único "lo siento" que había oído de los labios de Gaara. Incluso apostaría a que era la única muestra de afecto, si es que podía calificarlo de esa manera, que había recibido de su hermano en años, puede que en toda su vida. Pero aún así su actitud seguía siendo fría, su voz monocorde y sus diálogos totalmente pragmáticos. La muerte de su padre no parecía haberle alterado lo más mínimo y entre unas cosas y otras Temari se sentía incapaz de entablar una conversación personal con él. En definitiva, tampoco podía compartir con él sus sentimientos.

Supongo que es cuestión de tiempo que lo acabe superando… No es la primera pérdida que he tenido… El vago recuerdo de su madre se le apareció según tenía estos pensamientos. Aquel último mes la recordaba con más frecuencia. Incluso creía sentir un pequeño peso haciéndose grande en su estómago; molesto, punzante. Es increíble que alguien que casi no llegué a conocer sea tanto para mí y que gente con la que convivo a diario desde siempre sea tan ajena y tan prescindible para mí… Pensaba en sus hermanos, sobre todo en Gaara. Aún así, por mucho que lo negase, tenía algún cierto tipo de sentimiento familiar hacia su hermano. Lo que no entendía era qué tipo en concreto.

Una voz la arrancó de su ensimismamiento.

–¿Temari?

Gaara estaba allí, en la puerta del despacho, como si hubiese acudido atraído por los pensamientos de su hermana.

–¡Vaya! Menudo susto… Estaba aquí tratando de organizar todo este revoltijo. –dudó unos instantes antes de preguntar: – ¿Me ayudas?

Su hermano negó con la cabeza. –Tengo cosas que hacer. Oí ruido desde el pasillo y me extrañó. Por cierto, ¿qué estás buscando?

De nuevo, pensó dos veces lo que decir. Aquella vez su decisión fue mentir:

-Nada importante, tan sólo unos documentos sobre nuestras antiguas misiones. Lo han revuelto todo tanto que no tengo ni idea de dónde están.

Gaara asintió. Murmuró algo sobre salir a dar un paseo y se fue.

Temari suspiró, inquieta. Parándose un momento a descansar al lado de la ventana, mirando el cielo nocturno. No era su historial lo que estaba buscando sino algo mucho más valioso y único. Era algo que llevaba esperando años poseer, un deseo que venía de muchos años atrás. Y necesitaba encontrarlo lo antes posible o tendría un problema.

No había olvidado la conversación que seis años atrás había tenido con su sensei. Aquella vez había sido demasiado pequeña e inocente, pero ahora sí era capaz de entender lo que su sensei había tratado de decirle: llegaría un momento en el que la intentarían "casar". ¿Y acaso no había una ocasión mejor que cuando un país se ha quedado sin dirigente? Hacer negocios de ese estilo era lo más común en tiempos de crisis… Pero si algo tengo claro es que no quiero acabar como las hijas de los señores feudales; no, yo soy y seré toda mi vida una kunoichi. Cuanto más poderosa fuese como guerrera, más valiosa sería y menos razones tendrían aquellos tipejos del Consejo para apartarla de su actual función; la lógica era clara, no había duda.

Baki había dejado claro que él no podía encargarse de la fase final de su aprendizaje con el abanico, alegando que era algo que dependía de su padre. También sabía que las invocaciones estaban sujetas a un contrato que se debía hacer en un pergamino especial, asociado con el animal concreto que se quería invocar. Por lo tanto había concluido que el pergamino en el que estaba escrita la técnica que quería aprender debía estar entre las pertenencias de su padre. Estuvo una semana revolviendo los aposentos privados de su padre sin encontrar nada, por lo que sólo quedaba una opción: el despacho personal del Kazekage.

-Argh, un armario cerrado con llave… Qué manía con las llaves… -sacó un kunai que llevaba escondido en el obi de su vestido y destrozó el pestillo sin miramientos. En el interior encontró más carpetas, unos sobres y…

-¡Bingo! –un pergamino enrollado sobre sí mismo descansaba al fondo del armario. Temari lo cogió, comprobando si era lo que buscaba. Era tan largo como su brazo y tenía dibujado en la superficie una guadaña (¿Una guadaña?, pensó Temari) y el kanji del viento, lo cual no aclaraba nada. Sin embargo era su última oportunidad, por lo que se quitó el obi, envolvió el rollo con él y salió silenciosamente del despacho cerrando a su salida.

Lo mejor será que me lo lleve a nuestras habitaciones… por aquí podría pasar cualquiera y quiero que me dejen en paz. Tan ansiosa estaba por abrirlo que salió corriendo por los pasillos del edificio, ganándose las caras de enfado de algún miembro del Consejo con los que se cruzó.

-¡Temari, no salgas a la calle! Parece que se avecina una tormenta de arena. –le advirtió uno de ellos.

Una vez en su habitación cerró la puerta con llave. Hizo un hueco en la mesa de su tocador y extendió el pergamino sobre él.

En el interior se leía en una impecable caligrafía: "Contrato de sangre con la Kamaitachi" y debajo se podía ver nombres de antiguos shinobis; algunos de los nombres eran de familiares difuntos. Tardó unos segundos en comprender por qué la tinta empleada era granate. No es tinta… ¡es sangre! Parece que más que un contrato estás estableciendo un vínculo…

Sin dudarlo, se mordió el dedo con fuerza. Era la primera vez que tenía que hacer algo así, por lo que no esperaba que el dolor que se extendió como una corriente eléctrica por su mano fuese a ser tan grande. Escribió su nombre con dolor y luego manchó sus cinco dedos de la mano y dejó sus huellas, imitando lo que el resto había hecho.

¿Ahora qué? Había visto anteriormente a otros realizando invocaciones, por lo que se sabía los sellos que tenía que hacer. Sin embargo era la primera vez que lo iba a intentar y no sabía qué demonios era una kamaitachi.

-En fin, sin miedo. –murmuró para sí. Elevó las manos hasta su pecho y con cuidado ejecutó los sellos: - Jabalí. Perro. Pájaro. Mono. Carnero. ¡Kuchiyose no jutsu!

Lanzó su mano abierta contra el suelo y tras un plop la habitación se llenó de humo. Temari trató de apartarlo con las manos, ansiosa por ver qué había aparecido. Sin embargo donde había estado su mano no había nada.

De repente una vocecita chillona que salía de algún lugar indeterminado de la habitación le hizo saltar de su sitio.

-Oye, ¿quién eres tú?


Sí, lo sé... El capi anterior molaba mucho más... era más emotivo... Y encima a Shikamaru ni se le menciona... T_T En mi defensa alegaré que cada cosa lleva su tiempo, y que lo bueno se hace esperar... xD

Cancioncita para el cap (esta vez no había ninguna demasiado clara): /watch?v=N9SZaOJEWXU&ob=av3e

Muchas gracias por leer, se apreciarán los reviews!

Y.L.