Nota traductora: Bueno, después de meses, les traigo la continuación ^.^U

Disclaimer: La historia pertenece a Sheitan, quien amablemente me dio autorización para traducirla, si desean leerla en Ingles (lo recomiendo) usen este link: s/3881623/2/Make-lemonade-not-war o búsquenlo en mis "favoritos" con el titulo de "Make lemonade, not war". Los personajes pertenecen a Tite Kubo.


Nota de la autora: Semi-AU. Esto pasa durante el arco Arrancar. He jugado un poco e hice un caos con la línea de tiempo original y el clima, para que se ajusten a mis nefastos propósitos. Y de alguna manera, esto se transformó en un algo con más capítulos de los que planeé.

Se llama "gatito"

Esta distaba mucho de ser una de sus mejores noches en el mundo humano. Agachado entre la maleza húmeda afuera de la morada Kurosaki, a altas horas de la noche, con sus bolsillos llenos de un variado surtido de preservativos y dándose esporádicamente bofetadas en el rostro con una mano, para no desplomarse por el sueño. Y para empeorar las cosas, una ligera llovizna decidió unirse a la diversión. Sí, nada podría ser peor.

Malditos y calientes hijos de puta. Como si ya no fuera lo bastante difícil conseguir unos segundos de sueño en la tienda, entre la pequeña amenaza de cabello púrpura tratando de atrapar su cola de caballo y con los padres del pequeño demonio poniéndose al día en el dormitorio, le era casi imposible pegar ojo. Y ahora tenía que ser un mandadero de mierda, también. Gruñendo, él tiró otra piedra a la ventana oscura. ¡Vamos, chicos, no me digan que se quedaron dormidos!

La ventana se abrió de golpe, y pudo escuchar susurros cargados de palabras tensas a la deriva desde arriba. Renji resistió el impulso de golpearse la frente.

– ¡No fui yo quien se olvidó de comprarlos! ¡O la que tiene un padre al acecho como un lobo hambriento de carne!

– ¡Y tú sabes que la píldora también funciona en gigais!

– ¡Chicos…! dejen de pelear – pero ninguno pareció prestarle atención a Renji.

– ¡¿Vas a confiar en Urahara sobre los anticonceptivos?!

–Sí, ¿y qué? ¿Vas a saltar y morder mi dedo del pie?

– ¡Cállate, Ichigo, o voy a saltar mucho más alto cuando te muerda! ¡Y entonces no tendremos que preocuparnos por nada!

De repente, una cabeza de pelo oscuro se asomó por la ventana, y un par de grandes ojos violeta enfocaron al pelirrojo en cuclillas entre los arbustos.

– Muchas gracias por hacer esto, Renji –Rukia le dedicó una sonrisa –Ahora lánzalos hacía aquí.

– Me debes una grande, Rukia –murmuró, y metió una mano en el bolsillo, estremeciéndose internamente al recordar la gran variedad de preservativos que había descubierto, cuando cierta persona lo despertó bruscamente con una llamada y le ordenó convertirse en repartidor de preservativos a domicilio. Fue un alivio para Renji dar con el insalubre lugar bajo el escritorio donde Urahara escondía una caja de condones. Sin tapa, que conste.

¡Flick! Las ventanas de la habitación de Isshin se iluminaron, con esa precisión y determinación ominosa que es solamente alcanzada para aquellos padres sobreprotectores que huelen cuando sus crías estaban haciendo alguna travesura.

Renji saltó como una rana en una sartén caliente, y el contenido de sus manos se perdió por los aires, los pequeños paquetes de papel de aluminio parpadeando alegremente en la noche oscura.

– ¡Mierda! –se las arregló para agarrar unos condones del suelo, y lanzárselos a Rukia, que colgaba por la ventana viéndose como toda una depredadora. Bueno, necesitaría de eso y más cuando el maníaco padre de Ichigo avanzara por el pasillo y pateara la puerta abajo, con espuma en la boca, sin duda.

Renji se escabulló de los arbustos, y corrió lejos, muy lejos. Mientras la lluvia seguía cayendo.


Urahara fue cruelmente arrancado de un placentero sueño que implicaba el acelerador de partículas más grande del mundo, una bañera llena de helado y dos cerdos voladores, por un fuerte dolor en el hombro. Murmurando, él dio un manotazo a la perturbación, y su mano se encontró con algo peludo y caliente.

– Yoruichi, detente... – él gimió –Quiero dormir… – 3 kilos de furia peluda aterrizaron en su pecho, clavándole las garras en la piel sensible y arañándolo.

– ¡Ay! – Urahara se levantó. O lo intentó. Hubo un "puf", un remolino de humo, y una muy desnuda Yoruichi estaba sentada sobre su pecho, derribándolo de nuevo en el futón. La diferencia sustancial en el peso sacó el aire de los pulmones de Urahara con un sonido parecido a un globo desinflándose. Eso, junto a la mirada afligida en el rostro de la ex capitana de la segunda división, fue lo que le impidió disfrutar de su repentino encuentro cercano con los grandes pechos de la mujer.

– ¿Que está mal? –Él jadeó – ¿Por qué me arañaste?

Unos preocupados ojos dorados se clavaron en los suyos, y sus tripas hicieron una voltereta hacia atrás por la preocupación. Yoruichi nunca se había visto así, ni siquiera cuando se enteró de que estaba embarazada.

– Se ha ido, Kisuke –dijo entre dientes– ¡Alguien dejó la puerta abierta!

–Mierda –él respondió claramente.

El tendero se levantó sobre un codo, derribando a Yoruichi sobre las mantas arrugadas. Ella se retorció, agarró sus ropas de entre las sabanas del futón y, literalmente, se vistió en un segundo.

– ¡Saca el culo fuera de la cama!– gritó ella, arrojándole el sombrero. Urahara se lo arrebató hábilmente en el aire, y lo presionó hacia abajo sobre su pelo rubio.

– ¿Qué pasó? –preguntó, haciendo su propia versión de vestimenta-shunpo.

Yoruichi dejó escapar un suspiro de exasperación.

– Yo estaba alimentando a Ichihiki cuando se transformó y me mordió. – Ella lo miró, y pese a la gravedad de la situación, Urahara no pudo evitar sonreír. Cada vez que su prodigioso hijo hizo ese pequeño truco y hundía sus dientes en esa parte tan íntima de Yoruichi, ella gritaba con vehemencia:"¡Ven a buscar al monstruo que tienes de hijo, Urahara!".

– Lo dejé –ella continuó, sonrojándose con aire de culpabilidad –Él es tan dormilón, quiero decir, nunca antes se ha escapado en el medio de la noche – Como tal padre, tal hijo. Aunque Ichihiki tenía los colores de su madre, hasta los ojos dorados, en su interior era - como muchos habían señalado - todo Urahara.

–Y entonces él sintió la presencia de un Hollow o algo así, porque salió corriendo hacia la tienda.

– Tranquila, ahí tienes, amor –Urahara dijo con dulzura, inmensamente aliviado – Me comprometo a mantener la puerta del dormitorio cerrada esta noche – Las lágrimas brillaron en las esquinas de los ojos de Yoruichi, y Urahara quedó en completo shock. ¿Lágrimas? Pero sólo tenían que buscar en la tienda, lo cual no quitaba que sería una tarea tediosa. Realmente no esperaba que Ichihiki se hubiese deslizado debajo del congelador de nuevo…

– ¡Usa ese cerebro brillante que tienes, querido! – Yoruichi le gritó al oído derecho con tal fuerza que sus tímpanos estuvieron a punto de reventar – ¿De verdad piensas, que me tomaría toda la molestia de tratar de despertante, por algo como eso? ¡No, alguien dejó la puerta de abajo abierta! Se ha ido, Kisuke. ¡Nuestro hijo está fuera en la ciudad, el cielo sabe dónde, y está lloviendo a más no poder!

Ella se levantó y salió en un parpadeo. Con una maldición bastante grosera, Urahara la siguió, deteniéndose sólo para conseguir un par de linternas de detrás del mostrador.

Yoruichi no había exagerado. Afuera el cielo nocturno se desgarraba en torrentes de lluvia inclemente sobre los techos de la ciudad de Karakura. Ignorando el temporal violento que caía sobre la tienda, la mujer delgada se escabulló por el hueco de la puerta entreabierta, llamando a gritos a su hijo, con la voz rota por la desesperación.

Urahara encendió la linterna, y dejó que el haz de luz cortara una amplia franja a través de la oscuridad. Contenedores, bolsas negras de basuras, vallas, asfalto mojado, restos de envoltorios de caramelos flotando en charcos negros – prueba inequívoca de que Jinta había vuelto a eludir sus deberes.

Apagó la linterna. No sirvió de nada. Detectar a un pequeño gatito con este clima - incluso si era de color púrpura - era casi tan difícil como hacer a Soifon sonreír - y, además, tenía el sentimiento desgarrador de que Ichihiki no se encontraba cerca. Algo había asustado al pobre bebé fuera de su piel, literalmente.

–No es tu culpa– Kisuke le aseguró con voz entrecortada. Normalmente, nunca intentaría ese tipo de razonamiento con Yoruichi, pero ella estaba sufriendo como nunca antes la había visto. Para bien o para mal, la maternidad había sacado a relucir un lado vulnerable, sin embargo, salvaje, de la feroz guerrera, un lado con el cual Urahara no sabía bien cómo tratar. No es que él estuviera mejor –o peor – tenía que admitir. Justo el otro día, Tessai había tenido que intervenir con fuerza bruta, cuando él estaba tratando de reducir uno de sus sombreros a tamaño bebé mediante el uso de la secadora de ropa y una sustancia que parecía y olía como lechuga licuada. Tuvieron que practicarle la eutanasia humanitariamente al sombrero después.

– Lo sé –ella dijo finalmente, y se dio la vuelta, y se acurrucó en los brazos de Urahara – Me siento desgarrada por todas partes –susurró.

–Lo vamos a encontrar –Le dijo con firmeza, acariciándole el pelo mojado cuando ella se aferró a él.

Y la lluvia siguió cayendo.


Renji gruñó dando vueltas en el futón, y tiró la almohada sobre su cabeza. ¡Maldita sea!, si iban a empezar otra vez a follar... - por el amor de Dios ¿No tienen ninguna decencia? Un fuerte y doloroso sonido inconfundible atravesó el pasillo y asaltó sus oídos. Excelente. Ahora estaban agregando nalgadas a su interminable lista de "Diversión-Bajo (¿Encima?) - De - Las - Sábanas". Más ruidos, afortunadamente tenues y voces. Ahh, mucho mejor. Renji estaba a punto de subir al barco que lo llevaría a la tierra de los sueños, hacia esas orillas suaves de felicidad y tentadores plátanos al alcance de la mano, cuando un repentino estallido de energía espiritual le hizo saltar al instante despierto y de pie, con todos los rastros de somnolencia reducidos a cenizas.


Por encima de la ciudad de Karakura, el cielo se abrió, y seis figuras de diferentes tamaños, todos vestidos de blanco y negro, salieron por el agujero entre los mundos. El líder, un hombre con el pelo azul brillante y una feroz doble sonrisa, dejó que sus ojos se perdieran sobre el entorno tranquilo. Un suburbio lleno de personas que se preparaban para pasar la noche lluviosa, ventanas iluminadas y una mezcla de olores hogareños que habrían encantado a una nariz humana. El hombre de pelo azul, sin embargo, había vivido en la muerte durante tanto tiempo que ni siquiera el recuerdo de ser mortal y hacer las cosas mundanas persistió, y para él la paz sólo significaba que sería más fácil de localizar a sus objetivos.

Se volvió hacia sus cinco compañeros, y repartió sus instrucciones. ¿Qué podría ser mejor que un poco de derramamiento de sangre y de violencia sin sentido, para encubrir su verdadero propósito para venir aquí? El hombre de pelo azul se estremeció de ira. Las estúpidas prohibiciones de su amo…. ¡Tan – tan injustas! Le picaba la piel de los dedos por desgarrar una docena de gargantas.

– ¡Vamos a matar a todos! – siseó, mostrando los dientes. Frazada, voy por ti.


Con la mirada fija en el cielo, Urahara registró por el rabillo del ojo que Renji irrumpió fuera de la tienda, el traje de shinigami puesto y con Zabimaru en ristre.

– ¡Son los Arrancar! –el pelirrojo gritó – ¡Vamos a ir por ellos!

– No.

– ¿Qué...? – Renji se detuvo en medio de un paso, mirando a Yoruichi. – ¡No puede decir eso, Shihouin-san!

Yoruichi simplemente enfatizó sus palabras agitando la cabeza – El capitán Hitsugaya y el resto de ustedes deben ser suficientes para hacer frente a los intrusos. Yo voy a ir a buscar a mi hijo.

– ¿Hijo...? – Renji sentía que se estaba perdiendo de algo.

Urahara lo saludó con la mano –Parece que Ichihiki decidió dar un pequeño paseo bajo la lluvia. Al parecer, alguien dejó la puerta abierta– Renji hizo una curiosa mueca, y Urahara levantó una ceja. ¡Así que eso fue! Lo mejor sería que Yoruichi no se enterara, por el momento.

–Estamos un poco preocupados –continuó– así que sé un buen chico y ve a mantener a esos desagradables Arrancar ocupados mientras localizamos al pequeño cachorro.

– Eh, - ¡sí, señor! – Renji respondió y salió a toda velocidad.

–Kisuke – Yoruichi tiró suavemente, pero con firmeza, de su manga –Voy a ir al parque, y tú ve a buscar al mercado de pescados.

Él asintió con la cabeza y la besó rápidamente. Haciendo honor a su título como Diosa de la velocidad, ella se había ido en un abrir y cerrar de ojos. No pareció que hubiera conectado el comportamiento nervioso de Renji con la desaparición de Ichihiki. Lo cual era muy bueno, o la vanguardia habría tenido un hombre menos antes del combate.

Sonrió al alejarse en un shunpo. Había que hacer limonada, no la guerra.


Más notas de la autora: Al igual que en el primer capítulo, algunas cosas de este fic se basan en la vida real. Conozco a personas que han sido llamadas a tirar condones a las ventanas en el medio de la noche (bueno, fue después de una fiesta y la mujer involucrada estaba aparentemente desesperada) e incluso he salvado a Renji de hacerlo en ropa interior. Los dormitorios son divertidos... Y para el nombre del niño. Miren wikipedia en la sección de contadores japoneses. Mi maestro japonés me inspiró.

Nota traductora: ¡Espero que lo hayan disfrutado! Próximamente el último capítulo (que es, en mi opinión, el mejor de los tres)