Disclaimer:
UFFFFFFFFFFFFFFF
Ya está aquí. He tardado lo mío, pero es que por una cosa o por otra esto siempre quedaba relegado a un segundo plano. Quiero dar las gracias a Lindo Usagi especialmente por leer el prólogo y por su review. Espero que de verdad te guste.
Al ir escribiendo esto, me he dado cuenta con cierta rabia que aún no estoy cómoda y acostumbrada a estos personajes. Y me ha costado la verdad, pero espero que poco a poco esto se solucione.
Ya sabéis, si lo leéis, dejadme review andaaaaaaaaaaa para que yo sepa si os va gustando o no.
"Adaptarse o morir"
Fue justamente lo que pensó X-23 aquel día en el que terminó todo. Con los sentidos embotados por las largas horas de lucha sin tregua, sangre enemiga y amiga cubriendo cada poro de su piel y los cuerpos sin vida de decenas de amigos y mentores a sus pies, tomó la decisión de su vida.
Lloró, por primera vez en su vida X-23, la eterna clon sin sentimientos, lloró. No es algo a lo que estuviera acostumbrada, por eso, en cuanto notó la humedad sobre sus mejillas se asustó. Con las manos sucias se frotó la cara, aumentando más la suciedad en ésta, pero no sirvió de mucho. Las lágrimas seguían allí, acompañadas de unas cuantas más, simplemente no podía parar.
Siguió adelante, rodeada de aquel horror. Lo único en lo que podía pensar era en encontrar una salida. No podía explicarse cómo había acabado todo de aquella manera. El plan no daba lugar a error, ella misma había ayudado a forjarlo. Y si ella no era buena en tácticas de guerra… entonces ¿en qué lo era? Scott trabajó en él día y noche, todos tenían su papel bien encomendado, lo habían ensayado decenas de veces.
¿Qué demonios había salido mal? ¿Por qué habían muerto todos lo de su equipo? ¿Por qué ella había sobrevivido?
En un momento, ella luchaba codo con codo junto a Sendero de Guerra y Loba Venenosa, al minuto siguiente solo había oscuridad y un dolor que le impedía morir en paz. Dos días después y sin saber cómo, todo había cesado, se levantó rodeada por el olor a putrefacción de los cuerpos de sus compañeros y salió de la fortificación que habían decidido atacar.
Recuerda lo tormentosa que resultó ser aquella noche. Allí, bajo la lluvia y sus lágrimas decidió abandonarlo todo. Hacer lo que fuera necesario para dejar de ser X-23 y renacer como Laura Kinney, alguien que de verdad sí pudiera sobrevivir en aquel mundo solamente humano que se estaba forjando. Escondió sus garras en su piel y se obligó a olvidarse si quiera de cómo usarlas.
-¿Señorita Kinney? –la voz de su secretaria a través del intercomunicador la sacó de su ensimismamiento. –Solo quería recordarle su cita de las 5. El caballero se encuentra aquí fuera esperándole.
-Está bien, Elsa, gracias. Dame un par de minutos y hazle pasar.
-Entendido, jefa. –Laura arrugó la frente en un gesto de desaprobación por aquel comentario.
Retomó el hilo de sus pensamientos. Cerró su mano derecha en un puño y el cosquilleo que sintió no le gustó demasiado. Había pasado más de una semana desde su último encuentro con Mística y desde entonces X-23 estaba más presente de lo que ha ella le gustaba admitir.
-Maldita sea –susurró.
Se levantó y cogió una carpeta que había sobre su escritorio en el mismo instante en el que la puerta se abrió, dando paso a un atractivo joven de mirada altiva y pelo plateado. Laura se giró, quedando petrificada en el sitio. Aquel rostro era demasiado similar para ser una simple coincidencia.
"No puede ser"
El muchacho se acercó a su escritorio y le tendió la mano esbozando la sonrisa más encantadora y jodidamente sexy que Laura había visto en mucho tiempo.
-Thomas Sheperd –dijo a modo de presentación. Incluso su voz resultaba insinuante y atrayente. ¡Dios! –Se preguntará quién soy y por qué estoy aquí señorita Kinney. Tomaré asiento si no le importa. –viendo que la muchacha seguía sin reaccionar preguntó: -¿Ocurre algo?
Laura volvió a la realidad.
-N-No, lo siento. Es que… bueno, si no fuera por… –su olor, pensó.
-¿Si no fuera por?
-Déjelo. Es solo que se parece usted a alguien que conocí hace tiempo.
-¿Mucho tiempo? –preguntó Thomas divertido mientras su anfitriona tomaba asiento.
-Otra vida. –la respuesta fue escueta y cortante –Pero olvidémonos de eso, ¿qué es lo que le trae hasta aquí? Entenderá que soy una persona muy ocupada y no…
-Sí –le cortó él. –Entiendo que la secretaria personal de Nicolás Stark debe estar muy ocupada, pero entienda usted que yo también vengo en nombre de alguien bastante… poderoso.
A Laura la manera en la que él pronunció la palabra "poderoso", como si disfrutara de un chiste oculto que solo él conocía, no le gustó en absoluto. Tuvo un mal presentimiento.
"Oh no. Otra vez no".
-No es fácil arreglar una cita personal conmigo…
-No, ciertamente no lo es –la manía de aquel tipo de cortarle en cada frase estaba empezando a mosquearla.
-…pero deberá disculparme. Tengo otra cita en 10 minutos.
-Mentira.
-¿Perdón? –"¿cómo se atrevía?"
-Nunca supiste mentir demasiado bien, X-23. Supongo que no es algo demasiado importante como para incluirlo en un arma.
"Está bien, se acabó".
Furiosa, Laura se levantó de su silla haciéndola caer hacia atrás. Lanzó su mano directa hacia el botón para llamar a seguridad, pero antes de que pudiera hacer nada, aquel extraño y exasperante Thomas Sheperd estaba tras ella, apresando su brazo contra su espalda e inmovilizándola por completo.
-Sabía que había algo extraño en ti. ¿Cómo narices has pasado los controles mutantes? –la mutante se relajó y su voz adquirió la textura del hielo. –Suéltame o…
-¿O qué? –"¿Eso que hay en su cara es una maldita sonrisa?" -¿Sabes? Siempre me ha gustado esta postura. Yo, una chica guapa e indefensa… Lo demás podemos dejarlo a la imaginación. ¿De qué te ríes?
-De lo que acabas de decir –contestó sin parar de reír.
-¿A qué, exactamente? –el chico no estaba seguro de saber si quería saber la respuesta o no.
-Ya sabes, lo de… indefensa.
Sin pensarlo, actuando simple y llanamente por puro instinto, Laura le pateó la rodilla izquierda a su opresor. Thomas lanzó un grito de dolor, al tiempo que ella se giraba hacia él y golpeaba su cara con el revés de su mano. Algo dentro de ella chisporroteó y una sonrisa peligrosa se dibujó en su cara. Las garras de su mano derecha volvían a ver la luz.
"Solo un golpe certero más, así aprenderá. Busca su yugular".
-Ey. Estoy aquí –la voz del muchacho le llegó desde el otro lado de la habitación. –Eres buena. Un poco lenta quizás, pero eso se solucionará en cuanto vuelvas a la acción. Menudo derechazo tienes –añadió palpándose la mandíbula, allí donde el golpe le había acertado de lleno. –He dejado sobre tu escritorio un par de expedientes y un DVD. Échales un vistazo. Ya me contarás.
-La respuesta sigue siendo un no. Díselo a Raven.
-Sabes que Mística no es de esas personas que aceptan un no tan fácilmente. Solo échale un vistazo a lo que te he dejado. Si aún después de eso sigue siendo no, no te molestaremos más. Te necesitamos X.
-¿A mí? ¿Qué demonios queréis de mí?
-Nada en especial, pero antes que ellos preferimos tenerte nosotros.
Laura aun respiraba con dificultad. Estaba más excitada de lo que jamás admitiría. Aquel chico insufrible había despertado en ella un fuego que no había sentido en mucho tiempo y no pudo más que sonreír cuando la puerta se cerró tras él. Por fin todo volvía a adquirir un sentido, una razón para existir. Aquellos pensamientos pertenecían a la mutante que llevaba dentro y a la humana no le importaba en absoluto. Laura Kinney llegaba a su fin y X-23 lo sabía, aunque ambas se negaran a admitirlo.
-Agente Hill, encárguese de los sujetos Mendoza y Keller –Laura se tensó al escuchar el segundo apellido. Un gesto que no pasó desapercibido para ninguno de los presentes. -¿Algún problema señorita Kinney?
-No. Ningún problema, señor Stark.
-Tengo entendido que hubo un tiempo en el que usted y Julian Keller fueron íntimos. Espero que no haya ningún tipo de problema. Supongo que comprende usted muy bien la situación en la que se encuentra. Siendo mutante…
-No habrá ningún problema señor. –la decisión en su voz disipó cualquier tipo de duda que hubiera en el ambiente. "¿Así que las armas no saben mentir eh?" –Y nunca llegamos a ser nada parecido a "íntimos".
Nicolás Stark esbozó una sonrisa traviesa.
-Me alegra oír eso.
La reunión se alargó más tiempo del que Laura esperaba. Cuando salieron del despacho de reuniones, casi todos los empleados ya se habían marchado a casa. Cansada, la morena recordó los expedientes que aquel tipo le había dejado en su despacho. Se dirigió al ascensor, esperó dos interminables minutos y cuando la puerta se abrió la vio.
-Buenas noches. –una rubia despampanante la esperaba dentro del ascensor. Llevaba un ajustado traje de chaqueta verde oscuro y una enorme trenza que le caía por su hombro derecho. -¿Sube?
Laura se montó y presionó el botón de su piso.
-Vaya, parece que la reunión se ha alargado más de la cuenta ¿no? –al parecer la chica tenía intención de entablar una conversación. –Es una putada que nos hagan trabajar hasta esta hora, ¿no crees?
-Supongo –Laura solo quería llegar a casa y darse el baño más largo de su vida. ¿Por qué tenía que toparse con alguien como ella?
-Vaya, que respuesta más diplomática. ¿Sabes? Esta debe ser la décima vez que nos cruzamos en el ascensor y es la primera vez que intercambiamos algo más que un hola y adiós. Ni siquiera te molesta no saber mi nombre.
Solo quedaban diecisiete pisos más. Los diecisiete pisos más largos de toda su vida.
-Es curioso, ¿no? No ha habido ni una sola vez que me haya montado en este cacharro y tú no hayas aparecido. ¿Qué coincidencia, eh? –"¿esta Barbie está hablando en serio? ¡Vamos no me jodas!"
-Una persona precavida no lo tacharía de coincidencia, precisamente. –"¡Idiota! No entres en su juego. No le sigas el rollo", se reprendió ella a sí misma.
-Eso es ser paranoica –respondió la rubia escuetamente.
-Seré paranoica entonces. –"solo diez pisos más".
-En cambio hay otro tipo de personas, los soñadores, que lo tacharían de destino.
La rubia se giró para mirar directamente a X-23. Sonreía con sus dientes blancos y perfectos. Algo en sus ojos resplandecía, una intención oculta, una importancia suprema en lo que acababa de decir. Laura estaba más que harta de ojos resplandecientes. Primero el rarito del pelo plateado y ahora la rubia asquerosamente perfecta. Añadiría un whisky a su baño de burbujas sin dudarlo.
En cuanto llegó a su piso, se bajó y ni siquiera se despidió. Recogió sus cosas de su despacho y se marchó a casa. Esta vez tuvo la suficiente cabeza fría como para usar las escaleras. Laura nunca había creído en las coincidencias.
Rossetto's estaba a más de quince minutos en dirección contraria a la Torre Stark. Lo que sumado a las colas que solía haber, le suponía a Laura más de media hora de retraso, lo que por una cosa u otra se traducía en una hora menos de sueño cada mañana, pero merecía la pena. Los bollos de Rossetto's eran los mejores de la ciudad. Y eso mismo pensaba Laura mientras se metía en su Land Rover con un bollo entre los dientes y la comisura de la boca manchada de polvo blanco. Dejó la caja con cinco bollos más en el asiento del copiloto y metió la llave en el contacto. Por el rabillo del ojo, vio la carpeta roja con los expedientes y el DVD que Thomas le había dado ayer. Alargó la mano para cogerlos pero en seguida la retiró, quería dejar todo lo ocurrido ayer en el ayer. Volvió su atención a la carretera y así se quedó, quieta y con la mente en blanco, durante diez minutos más. Harta de todo, cogió el DVD y con movimientos furiosos lo metió en el reproductor del coche al mismo tiempo que abría la carpeta para echarle un vistazo.
-¿Pero qué demonios…
Los supuestos "expedientes" no eran más que fotos de niños de no más de quince años con su nombre, su lugar de procedencia y sus… "¿poderes?. ¿Qué pretendía ese idiota? ¿Qué formara un ejército con un grupo de niñatos? ¿Hablar con las cucarachas? ¿Qué clase de poder asqueroso era ese? Tenían que estar de broma".
Una voz mecánica captó su atención. Miró la pantalla del navegador y lo que vio le heló la sangre. Unas voces fuera de cámara discutían resultados matemáticos, pero eso no le importaba. En el centro, un par de niñas miraban asustadas a todos lados. Totalmente idénticas, los ojos verdes, el pelo rosa, las membranas entre sus dedos, las branquias en su cuello. El ojo experto de Laura no fue capaz de localizar ninguna diferencia, por nimia que fuera.Las pupilas de las tres se dilataron cuando se dieron cuenta, ellas en la grabación y Laura en su coche, que la habitación acristalada donde se encontraban empezaba a llenarse de gas. Al principio no ocurrió nada, pero a los pocos minutos los ojos y oídos de la niña de la izquierda empezaron a sangrar. La mutante se contrajo de dolor mientras su igual no podía hacer otra cosa que mirarla desesperada. La niña cayó al suelo, muerta, mientras la otra se mantuvo en pie, impasible.
La grabación se cortó.
-¡Dios mío! –Laura no sabía bien cómo reaccionar.
Arrancó el coche como si fuera una autómata y puso el piloto automático hacia el trabajo. Su mente empezaba a procesar las imágenes que acababa de ver. ¿Qué narices era todo aquello? ¿Qué función podía tener todo aquello? ¿Asesinar niños? ¿Por qué?
Un par de coches la estaban siguiendo, se alegró de averiguar que aún era capaz de detectar ese tipo de cosas tan fácilmente. Quitó el piloto automático, pisó el acelerador a fondo y se encargó de perderlos. Aquello no le olía demasiado bien.
-El Presidente la espera en su despacho, señorita Kinney.
-Gracias Meggan.
"¡Mierda!"
Antes de llegar a su despacho, se las arregló para desviarse al baño. Necesitaba respirar. Abrió el grifo de agua fría y se mojó la cara. Respiró hondo un par de veces y se levantó para mirarse al espejo. Sus sentidos se habían agudizado, sus ojos exhumaban un fuego que hacía tiempo no habían vuelto a ver y su respiración estaba muy calmada, quizás demasiado. Laura se miraba al espejo y X-23 le devolvía el reflejo. Aquello le gustaba.
Entró en su despacho y efectivamente Nicolás Stark estaba allí. Él le sonrió y ella volvió a colocarse la máscara.
-Señor Stark –dijo ella devolviéndole la sonrisa.
-Laura –él se acercó más. –Ayer me dejaste bastante preocupado. Tu incomodidad, ese whisky doble, tu desvelo a las tres de la mañana.
La mutante enarcó una ceja.
-¿Por casualidad me está investigando, señor?
-Ya sabes lo pendiente que siempre he estado de ti –alargó su mano hasta la cintura de avispa de ella.
-No me cabe la menor duda.
Sin mirarlo una sola vez, Laura se dirigió hasta su escritorio para encontrarse todos sus papeles revueltos. Ella miró hacia la puerta en el mismo instante en el que un par de guardias de seguridad entraban por ella. Dos agentes de S.H.I.E.L.D completamente escudados.
-¿Qué significa todo esto? –preguntó ofendida.
-Hemos detectados ciertas… irregularidades que nos han alertado.
-¿Qué clase de irregularidades justifican tal invasión de mi intimidad?
Su jefe se tomó su tiempo en contestar. Le lanzó un par de miradas silenciosas cargadas de significado y habló.
-La clase que nos hace sospechar que quizás no eres todo lo que dices ser.
La mujer guardó silencio, en momentos como aquellos sin duda era la mejor opción. Miró a las guardias y vio como uno de ellos sacaba un arma y la disparaba. Un dardo rojo le alcanzó en el hombro y ella siguió sin inmutarse.
-Sea lo que sea lo que haya en esta cosa mi organismo lo contrarrestará en un par de minutos.
-Puede que antes lo hiciera –Laura empezó a sentir cierta debilidad en las piernas y tuvo que sujetarse al escritorio. –Veo que esto actúa antes de lo que estimamos. Verás, lo que ahora mismo corre por tu torrente sanguíneo es la última droga de diseño que hay en la calle. Los niños lo flipan con ella y tengo entendido que da ciertos subidotes, con sus correspondientes bajones. Esta está un poco adulterada. ¿Adivinas que parte hemos omitido?
La cabeza empezaba a darle vueltas.
-No entiendo. ¿Por qué no…
-¿Qué por qué no tu poder de regeneración no elimina la toxina? Bueno, démosle las gracias a una de las fórmulas de la Doctora Rao –Nicolás Stark con su pelo perfectamente engominado y su olor a colonia cara se acercó a Laura. Le sonreía y eso a ella le hervía la sangre. –El ser humano es un animal de costumbres y tú no eres una excepción. Te has vuelto descuidada, Laura. X-23 nunca hubiera permitido ese café más amargo de lo normal, ni la mantequilla con un olor extraño en su sándwich de atún. Tanto te empeñaste en ser humana, que por una razón o por otra querías poder llegar a creértelo.
-Hijo de pu…
-Shhh –la silenció con sus propios dedos. –Las niñas buenas no dicen ese tipo de cosas. Pero tranquila, no es nada permanente. Ya perdimos a Arma-X en esa estúpida Guerra de los Genes. No íbamos a cometer el mismo error contigo. Ese poder tuyo es demasiado preciado para nosotros y nuestro proyecto.
Nicolás cogió a Laura de un puñado de pelo y tiró con fuerza hasta arrancarle unos cuantos de sus cabellos y tendérselos a uno de los guardias que los guardó en una bolsa de plástico. Ella gritó, más por rabia que por dolor. Escupió a los pies de su jefe y le miró con odio.
-Mátame –susurró.
-¿Qué?
-Que me mates, aquí y ahora, o la próxima vez que nos veamos verás tu corazón caliente y palpitante entre mis manos.
Él comenzó a reírse. Dio señales a sus hombres para que se llevaran a Laura y se levantó.
-Me lo he pasado muy bien contigo. ¿Quién sabe? Puede que te conserve después de que todo esto acabe. No es fácil encontrar a alguien como tú.
Los guardias tomaron a Laura por los brazos, uno a cada lado. Su cuerpo sin fuerza colgaba entre ambos. Sus zapatos cayeron al suelo.
-Bueno… -volvió a susurrar. –Ya sabes lo que dicen. Ahora yo soy la mejor en lo que hago.
Nicolás se volvió alarmado ante aquellas palabras, a tiempo de ver como la cuchilla del pie derecho de Laura traspasaba la armadura y degollaba al soldado de su izquierda. Con un par de golpes rápidos y certeros más, se deshizo de su otro opresor, rompiéndole ambas rodillas para que cayera al suelo y partiéndole el cuello.
Stark no se atrevía a decir una sola palabra. Se llevó la mano a su bolsillo izquierdo.
-¡Ni se te ocurra! –gritó la mutante, pero antes de que pudiera hacer nada ya había presionado el botón y dado la alarma. –Me las vas a pagar, Nicolás Stark, pero no será hoy. Quiero poder disfrutar del olor de tu miedo cuando te aceche y te cace.
Ella se enderezó, soltó el cuerpo sin vida del pobre diablo al que acababa de partirle el cuello y se dirigió a su jefe. No dijo nada simplemente alzó su brazo, cerró su mano en un puño y lo descargó contra la nariz del hombre frente a ella.
Se volvió rápidamente y cogió todo lo que pudo en apenas diez segundos. Lo metió en su maletín y se dirigió con pasos vacilantes hacia el ascensor. Aquella droga aún seguía en su cuerpo y el ejercicio de apenas unos minutos no había hecho más que aumentar su efecto. Su secretaria la miró horrorizada, huyendo de allí de inmediato. Laura pulsó el botón del ascensor y esperó. Aquello le parecía demasiado surrealista para ser verdad. Volvía a los viejos tiempos y por la puerta grande nada menos.
La puerta se abrió, se metió dentro y se volvió a girar hacia la puerta para pulsar el botón de la planta baja, a tiempo de ver una docena de guardias disparar hacia la puerta cerrada.
Se estremeció. Si era verdad que sus poderes había menguado las balas que seguramente recibiría cuando saliera de allí iban a dolerle, y mucho.
-Hola –"¡Oh no! Otra vez no" -¿Te encuentras bien? No tienes muy buena pinta.
Laura se giró para encontrarse cara a cara con la rubia.
-No me digas.
Volvió a girarse, esperando que aquella entrometida diera la charla por terminada.
-Un centavo por tus pensamientos.
-¡¿Qué?!
Podía notar la sonrisa de la rubia clavada en su espalda.
-Un centavo por tus pensamientos –repitió. –Solía jugar con mi hermano a ese juego cuando era pequeña y siempre conseguía hacerme reír. Desde que mi hermano murió, no he tenido a nadie con quien jugar.
-Bueno, la vida es dura. En menos de lo que este cacharro tarde en tocar el suelo, tengo que averiguar como sacarte de aquí y evitar al ejército que me espera en la plata baja. Y sinceramente, no estoy en uno de mis mejores momentos.
La morena se tambaleó.
-Puedes sacar a un hombre-x de la lucha pero jamás conseguirás sacar la necesidad de la emoción y el peligro de la lucha de una mujer-x, ¿eh? –Laura estaba demasiado aturdida como para sorprenderse y replicar. -¿Sabes? Me sorprendió bastante que no me recocieras la primera vez que nos vimos. Sí, vale, he cambiado ligeramente de aspecto y a lo mejor no es fácil reconocerme sin mi aura demoníaca envolviéndome, pero aún así tú eres X-23. Me divertí mucho con este jueguecito de encontronazos, dándote pistas, dejándolo caer… Y empecé a preguntarme, ¿qué demonios le pasa a esta? Ya no va olisqueando por ahí, se pasea con trajes de Armani y asiste a galas donde el cubierto no baja de los mil dólares.
-¿Quién coño eres? –consiguió articular haciendo un gran esfuerzo.
-¿Pensaste en lo que hablamos ayer? –ante el silencio de su compañera, la rubia siguió. –En lo de si eres de esas personas paranoicas o de las soñadoras.
-No tengo tiempo para…
-Contéstame.
El cerebro se acababa de declarar en huelga, seguido por escasos segundos de su fuerza de voluntad.
-Un poco de ambas –dijo al fin.
-Buena respuesta.
La exuberante mujer tomó a Laura entre sus brazos mientras esta se debatía entre la consciencia y la inconsciencia. Un portal transportador se abrió a los pies de ambas.
-Por cierto, Rasputín. Mi nombre es Illyana Rasputín.
¿Qué tal? Dadle al GO y dejad alguna review!!
