Disclaimer: Nada ha cambiado desde la última vez que subí algo. Todo es de la Rowling salvo la trama, que extrañamente, es mía.
Dean
Dean está cansado. Lleva aquí dos meses casi justos. Lo dicen las marcas en la pared que hace cada día con la navaja y no se cansa de reseguir con los dedos una y otra vez. Pero para él han sido dos meses eternos.
Dos meses de sufrimiento, de, no ver, si no oír como Seamus se muere un par de metros a la derecha, dos meses largos, crudos y hambrientos. Dos meses que parecen dos años. Dos siglos incluso.
Al principio usó La navaja para intentar desatarse e investigar por toda la celda, pese a que el viejo de al lado le dijo que no serviría de nada. Por lo visto todo el mundo lo intentaba y nadie lo lograba.
Evidentemente no lo consiguió y tuvo que tragarse todas las veces que le envió a la mierda. Como tantos otros, posiblemente.
Más tarde estuvo exigiendo a todos los compañeros que alcanzaba a golpear con el pié para que le hicieran caso que le contaran como era la celda en su rincón, y si había alguna forma de salir desde donde estaban.
"No sé de qué te servirá,- le dijo el viejo.- al fin y al cabo tampoco te podrías desplazar hasta allí para largarte..."
Pero él siguió intentándolo hasta que un día se encontró al vecino de al lado aguantando La navaja a un par de milímetros de su cuello. Por lo visto se habían cansado de tanta pregunta y sus aires de sabihondo.
Su compañero no debería haberse molestado, unos días después lanzaron a Seamus en su misma celda, un par de metros a la derecha. Respiraba roncamente, tosía cada cinco minutos y nadie se preocupó por ayudarle.
Todo aquel he era devuelto por los elfos había pasado por la Sala de Interrogatorios. Y todo aquel que hubiese pasado por la Sala de interrogatorios se moría sin remedio poco después. Las cosas iban así.
Intentó aguantar, eso lo saben todos los que estuvieron allí. Hay quienes incluso le ayudaron a sobrellevar los días lo mejor posible, dándole de beber gota a gota y colocándole algo de paja detrás de la espalda, pero el desenlace era más que predecible e inevitable en las cirunstancias que se encontraban.
Seamus ha muerto esta mañana, y Dean ya no volverá a preguntar por la salida.
En dos meses ha pasado de ser un chico, un hombre, vital, atrevido, que combinaba la guerra con bromas constantes y algo temerario a ser una especie de sombra. Una sombra que solloza cada noche sumándose a ese montón de almas rotas que viven entre penumbras, un prisionero sin esperanza, un hombre que solo le faltaba la muerte de su mejor amigo para dejarse ir, un chiquillo sin hogar, rodeado de extraños que lo único que quiere es dormir en su cama suave y levantarse por la mañana con el desayuno en la mesa y su madre parloteando mientras le arregla el flequillo.
Seamus ha muerto esta mañana. Y Dean no tardará en seguirle.
