Desclaimer: Hetalia y sus personajes no me pertenecen si no a Himaruya que si pusiera romance en su serie yo no estaría escribiendo esto.

Aclaración:Este Fic Puede variar de universo, OCC marcado en los personajes, variaran las parejas.

Advertencias: Parejas Hombre x Hombre, Muerte de personajes, falta de estabilidad mental en varios protagonistas.

Dedicatoria:LadyAlex04 Quien esta revisando mis atrocidades sin editar a lo que yo llamó Fic, gracias mi pequeña saltamontes, y como te prometí seguiras revisando esto.

Pareja: Franada. Francis x Matthew


Ahí estaba él, con su traje blanco y su fiel cuchillo de chef.

Sus manos estaban llenas de sangre mientras unos bracitos lo golpeaban débilmente.

Tomó las manos del infante y con una sonrisa retorcida clavó el filoso cuchillo en su cuello, odiaba que lo mirara de esa manera, con temor y miedo. ¿Qué lo creía? ¿Un monstruo?

Se levantó, demostrando que minutos antes había profanado, de la manera más cruel, el cuerpo de aquel angelito; del que no dejó ni las alas.

Con su sonrisa desquiciante comenzó a destazar el cuerpo sin ningún acto de piedad.

La noche llegó completamente; la gente ya no pasaba por esas calles. El hombre de pelo rubio atado en una coleta miró su reloj: "11:40". Vaya, sí que era tarde.

Apresuró el paso hasta llegar a su fino automóvil, condujo con tal agilidad que en menos de diez minutos se encontraba en su hogar. Introdujo lentamente la llave sobre la cerradura procurando no hacer ruido.

Abrió la puerta con cierto sigilo, pero su intento de no hacer ruido fue en vano: un lindo gatito corrió a su encuentro causando cierto alboroto.

—¿Papá?

Se escuchó una suave y armoniosa voz. Un hermoso niño de unos cuatro años, la misma edad del infante que recientemente asesinó, de pelo rubio y ojos azules cargaba a un lindo osito de peluche blanco; se notaba que había estado dormido pues se tallaba sus lindos ojitos con las manos mientras bostezaba.

—Lo siento tanto, Matthew ¿Te desperté?

El lindo infante negó suavemente con la cabeza mientras el mayor lo cargaba en sus brazos, gustoso ante el acto el rubio menor se acurrucó más en los brazos del hombre.

Llevó al pequeño hasta su habitación recostándolo suavemente en su mullida cama, una de las manitas del menor apretó fuertemente el abrigo del mayor, insistiéndole con la mirada para que se acostara a su lado, hecho que sin pensarlo dos veces realizó.

—Te extrañaba, papá —susurró el menor antes de caer dormido por el cansancio.

Francis lo miró tiernamente, acariciando su rostro con una devoción que casi rayaba en la locura. Amaba a ese infante, lo amaba con locura, deseaba tanto marcarlo como suyo, tener la dicha de devorar ese cuerpo, pero no, aún no era el momento.

El menor se quedó dormido; el vibrar de su celular hizo que se levantara molesto.

"Arthur" decía la pantalla; bufó molesto mientras contestaba.

¿Sí?—habló de mala gana, esperando la respuesta del otro lado.

Francis, espero y no olvides que mañana paso por Matthew…—el acento inglés sonó del otro lado de la línea.

Francis apretó el teléfono con molestia, gruñó mientras salía de la recámara; no quería despertar a su pequeño angelito.

Tú ya tienes a Alfred, Matthew es mio. Eso quedó claro cuando nos divorciamos.

Y crees que yo lo voy a dejar solo contigo, estás enfermo…

No te atrevas a llamarme así, Arthur. Tú ya tienes a tu adorado Alfred. Te repito: Matthew es mio—recalcó la palabra con un tono macabro.

Desde que decidimos adoptar te convertiste en otro; desde que sostuviste en tus brazos a Matthew cuando era bebé…

No te atrevas a culparlo de que tú no fueras una buena "esposa", lo nuestro simplemente dejó de funcionar.

Arthur guardó silencio por un rato, pensando en qué decir, qué pensar.

Tenía razón. Francis era otro: un hombre celoso y trastornado. Nunca dejó que nadie más aparte de ellos cuidara al pequeño rubio. Dejó de prestarle atención; sólo era Matthew para él. En el divorcio no le importó dejar su casa, ni dinero, sólo quería al pequeño; no le importó Alfred. Sabía que algo malo le pasaba, lo conocía desde hace años, por eso tenía tanto miedo.

Como sea, Arthur. Mañana trabajo, así que buenas noches.

Colgó sin esperar respuesta del otro lado.

Se tumbó en su cama, recordando los hechos que esa noche había cometido, pero ¿qué hacia exactamente este hombre?

Todo se remonta a hace unos tres años o un poco más, tenía un año de casado con Arthur Kirkland, su amor de la infancia. Tenía un matrimonio perfecto al igual que sus trabajos. Un día decidieron adoptar a un pequeño y fue ahí cuando todo lo malo se desencadenó.

Fueron a un orfanatorio y se encontraron con unos gemelos recién abandonados; quienes en seguida, cautivaron la mirada de ambos hombres. Cada uno cargó a un bebé, pero cuando Francis cargó a Matthew, y sus ojitos se abrieron, sintió un golpe en el cuerpo, una extraña y enfermiza sensación lo recorrió por completo.

Desde ese día las demás cosas dejaron de tener importancia. Deseaba a ese niño, esa pequeña cosa inocente lo volvía loco, nadie más podía entenderlo, amaba a ese pequeño rubio de ojos azules claros, lo amaba, y sabía que sería suyo, pero Arthur también lo deseaba, lo sabía aunque el inglés lo negara y tachara de loco.

Por eso no perdió tiempo en divorciarse, ganando la custodia del menor. Alfred no dudó en irse con Arthur; igual no le importaba, Alfred no era como su lindo angelito.

Pero la primera noche que estuvieron solos en el departamento se dio cuenta de que Matthew era muy pequeño: era un niño de casi cuatro años, no podía amarlo como él quería, aun sería muy doloroso para él.

Esa noche, un pequeño de tres años, que estaba perdido, se le acercó pidiéndole ayuda. Cosa que no dudó en darle, lo llevó a un callejón oscuro donde lo violó. Pero el niño lloraba y le gritaba que era un monstruo, lo que le hizo darse cuenta que ese niño no era un angelito como el suyo, no, ese era un monstruo y como tal tenía que matarlo, y así lo hizo, lo descuartizó y luego lo botó en una parte lejana de la ciudad.

Desde ese día se dedicó a buscar a niños de la edad de su Matthew para así saber cuándo sería oportuno tocar a su pequeño.

Así pasaron los años, la policía se alarmaba al encontrar atroces escenas sin tener ni a un sólo sospechoso.

—Disculpe, señor ¿me podría decir la hora?

Un niño de cinco años se acercó con una linda sonrisa al francés, quien en sus manos llevaba el regalo de cumpleaños de su hermoso ángel, el cual acababa de cumplir cinco años, como los que tenía ese infante.

—Claro, pero primero dejo esto en el carro, ¿me acompañas?

El niño asintió feliz siguiendo al mayor.

—Mira, ayúdame a mantener abierta la cajuela.

El infante alzó sus manitas intentando mantener un poco abierta la cajuela.

—¿Así está bien, señor?

Pero el mayor no contestó, miró a todos los lados y nadie pasaba a su alrededor. Mostró una sonrisa perversa mientras empujaba al infante dentro del carro.

—Sí, está muy bien…

Lo siguiente que se supo de ese niño es que se encontró su brazo tirado en el río, pero sólo eso se encontró de él.

Los casos siguieron apareciendo. Año con año unos cuantos niños desaparecían, hasta que después de un tiempo dejaron de pasar; así de la nada la masacre se detuvo.

Hoy era el cumpleaños de Matthew, al fin cumpliría diez y siete años. El mencionado esperaba ansioso a su "padre".

Francis bajaba del carro con una sonrisa extraña en sus labios. Hoy era el gran día, siempre lo esperó y se moría por llevar a cabo eso que tanto añoró.

Subió con un pastel en las manos hasta su departamento. Matthew se había dormido en el sillón. Francis sacó de sus bolsillos unas esposas con las cuales ató las manos del rubio, quien seguía durmiendo, lo tomó entre sus brazos hasta llevarlo a su recámara.

Su lindo angelito estaba listo; lo sabía desde hace siete años… hace siete años.

Cuando estaba atacando a un niño de diez años, había terminado de correrse dentro de ese pequeño cuerpo, aún podía ver las lágrimas correr libremente por las blancas mejillas del infante.

Estaba apunto de tomar su cuchillo cuando una gruesa voz llamó su atención.

—¡Julio, Julio!

Un joven de diez y siete años corrió pateando al francés, movió el cuerpo del niño llamándolo. Francis lo miró y un extraño pensamiento vino a su mente ¿así sería su Matthew cuando creciera?

Rubio, con el pelo largo y facciones finas, tal como el joven delante de él. El muchacho estaba distraído intentando reanimar al que parecía ser su hermano.

—Eres un monstruo—gritó enojado el muchacho.

—No vuelvas a llamarme así—le soltó una cachetada al joven.

Aprovechándose de que tenía más fuerza lo inmovilizó, se quitó su corbata y la colocó en la boca del joven, mientras que con su cinturón ataba sus manos. Una vez que lo tenía a su merced, comenzó a desnudarlo; el joven se movía intentando escapar, pero cuando su mano tocó su entrepierna un gemido escapó de sus labios. Francis siguió con su labor, masturbando al otro.

Preparando su entrada, el joven no hacía otra cosa más que llorar y gemir. Francis entró en él, haciendo estremecer el cuerpo debajo suyo, y fue ahí cuando lo supo: la edad perfecta era esa. Y pensó en el cuerpo de Matthew. Aumentó la fuerza de sus embestidas mientras que con el cuchillo causaba heridas en el pecho desnudo de aquel extraño.

Cuando acabó el joven le intentó patear con una mirada de odio que hizo estremecer al francés, quien con una mirada llena de locura comenzó a apuñalar su pecho, manchando de rojo aquella blanca piel y se deleitó viendo cómo eso pasaba.

El joven dejó de moverse, mientras que Francis en su delirio de locura comenzó a cortar las partes de su cuerpo, llenándose de gozo al notar qué tan fácil era quitarle sus extremidades. Desde entonces dejó de atacar a las personas, espero ansioso hasta ese día…

—Agh ah Francis no agh n-no tan rápido—gemía el menor bajo el cuerpo del francés.

Este salió de sus recuerdos enfocándose en el cuerpo de aquel ángel que por fin era suyo. Comenzó a moverse con más fuerza friccionando su miembro con la entrada del menor, el cual gemía con gran fuerza.

Extasiado con tantas emociones pasó sus manos esposadas por el cuello del rubio mayor para acercar sus cuerpos, causando mayor contacto y excitando más al mayor.

Francis comenzó a moverse frenéticamente; la cama rechinaba y los suspiros salían por todos lados. Antes de llegar al punto cúspide tomó su cuchillo e hizo un leve corte en el cuello del menor haciendo que pequeñas gotas de sangre brotaran sobre este. Encendiéndose más al ver aquel blanco pedazo de piel tiñéndose de rojo, pasó la lengua por aquella parte mientras se hundía más en el otro cuerpo.

Matthew cerró los ojos sintiendo cómo tocaba el cielo y suspirando el nombre del otro cayó rendido sobre la cama.

El francés lo miró lleno de gozo mientras seguía moviéndose sobre él. Tomó nuevamente su cuchillo haciendo más cortes en el cuerpo del menor.

Cerró los ojos cayendo completamente en la locura, embistiendo una última vez dejó salir aquel líquido extraño dentro del cuerpo del otro.

Su cuchillo dejaba gotear pequeñas gotitas de sangre.

—Francis… te amo—habló el menor entre sueños.

—Yo también te amo y con locura.

Volvió a abrir una herida en el cuerpo del menor mientras se recostaba en la sangre que brotaba de esta.

—Buenas noches, mi dulce ángel.


Eh aquí el otro capitulo, ¿qué les pareció?

Y a quienes se pregunten si Francis termino de volverse loco, pues déjenme decirles que no, solo le hizo "cortaditas" lo suficiente hondas para que sangrara, es medio sádico este hombre

Espero y les guste.

Ahora ~

Siguiente pareja: SuFin

Estoy pensando hacerlo en el universo de Hetalia, en fin, Les agradezco por leer mis cosas raras.

Porque yo apoyo a:

"Un mundo con un Alfred más salvaje grr~"

Y:

"A un mundo por un Matthew más grr ~.