Hola! Decidí seguir con este fic gracias a una canción de mi mamá…ahorita verán cual y porque y tal vez se imaginen el contenido del capítulo. Me dio flojera seguir escribiendo con la mente de Katara y mejor continuo con narración heterodiegética… en cristiano, yo soy la narradora jaja…bueno, sin más rodeos les dejo la invención de mi mente :)

Un dato curioso es que cuando ya no sabía que escribir, comencé a comerme una manzana…ya sabrán porqué.

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"Como hacen los mayores

Hoy dos rosas te compre

Yo no sé si sirven de algo

Se hizo tarde ya lo ves

Para que nadie las viera

Las trataba de esconder

Cuando al fin dieron conmigo

Castigado y sin comer"

-Emmanuel

CAPITULO 2: Dos flores.

Todos sus amigos comentaban que estaba extraño. Callado, aislado y pensativo. Ni siquiera quiso cenar.

Los monjes escucharon el rumor de pasillo: "Aang no ha salido" "Está extraño" "Está distraído"

Los monjes hablaron con Gyatzo. Le pidieron que hablara con Aang y que averiguara que le sucedía.

Esa tarde, después del mediodía, Gyatzo se acercó a la habitación de su pupilo y llamó a la puerta.

-Aang? Puedo pasar?

-Si. Adelante- contestó en un tono distante.

Gyatzo abrió la puerta y ahí estaba él. Recargado contra el marco de la ventana y mirando a lo lejos.

-Puedo hablar contigo Aang?

Aang dejó de mirar por la ventana y se sentó en la orilla de la cama.

-Que sucede?- le preguntó.

-Desde ayer los chicos comentan que te han visto distraído, ni siquiera quisiste bajar a comer. Los monjes también se dieron cuenta y me pidieron que hablara contigo.

Aang se puso nervioso y comenzó a jugar con sus manos.

-Yo…creo que…estoy enamorado- dijo en voz muy baja y las mejillas se le encendieron.

-De quién?- preguntó Gyatzo muy sorprendido.

-De…la chica que de la Tribu Agua.

-Tu maestra?

Aang cabeceó sólo una vez.

-Por favor- le suplicó a Gyatzo- No se lo vayas a contar a los demás monjes! Si se enteran, no van a permitir que ella venga de nuevo al templo!

Gyatzo suspiró y asintió sólo una vez.

-No te preocupes Aang.

-Gracias- le dijo y miró a lo lejos por su ventana, sonriendo.

Katara estaba nerviosa mientras volaba hacia el templo. Aún no olvidaba lo que había sucedido y se preguntaba como estaría hoy Aang.

-Estás callada- le comentó Ikki- Te mareaste?

-No. Es solo…estoy bien…

Sokka la miró con extrañeza.

Cuando por fin divisaron la torre, a Katara se le aceleró el pulso y le sudaban las manos.

Ikki aterrizó y bajo de un salto. Acarició la cabeza del bisonte y esperó a que los hermanos bajaran.

Katara dio media vuelta y vio a Aang y Gyatzo frente a ellos. La cara se les puso totalmente colorada. Gyatzo miraba discretamente a uno y otro en intervalos pequeños de tiempo.

Katara se inclinó.

-Buenos días, maestro Gyatzo…Hola Aang.

Le dio un codazo a Sokka para que hiciera lo mismo y se inclinó rápidamente.

Gyatzo les correspondió el gesto.

-Gracias. Bienvenidos sean de nuevo. Les gustaría comenzar el entrenamiento?

Katara se frotó las manos nerviosamente.

-Sí, adelante.

Aang asintió.

-Vamos!- dijo muy entusiasmado y le tomó la mano a Katara para guiarla.

-Lograste llegar a tiempo ayer?- le preguntó-No quiero que por mi culpa descuides a tu gente

A Katara le sorprendió la desenfadada pregunta.

-Ahh…sí. No te preocupes.

Aang se detuvo y la miró. Entonces repitió la misma pregunta de toda la mañana.

-Te sientes bien? Estás mareada?

"Tanto se nota?" se preguntó a ella misma.

-No! Claro que no. Estoy perfecta- Katara jaló a Aang de la mano para que siguieran su camino.

-Podría jurar que te sentías mal. Enserio, si te ocurre algo, solo dímelo- le dijo con una pequeña sonrisa.

Para entonces, ya estaban en el lugar donde entrenaron el día anterior.

Katara lo soltó.

-Bueno…yo…no esperaba lo de ayer…

Aang agachó la cabeza con vergüenza.

-Oh! No sabes cuánto lo siento…! No debí…! Yo no quise…!

Katara le tapó la boca.

-No! No te preocupes. No me ofendí ni nada parecido. Está bien.

Ella lo dejó libre y Aang le sonrió.

-Gracias Sifu.

Katara no pudo evitar devolverle el gesto.

-Bueno, comencemos antes de que se haga tarde.

Una vez que acabaron la sesión, había vuelto el ocaso. Se habían sentado a comer unas manzanas que Ikki les trajo a mitad del entrenamiento. Aang terminó tres manzanas y le dijo a Katara:

-Espera, ahora vuelvo.

Katara miró a Aang como corría detrás de unos arbustos cubiertos de nieve. Regresó rápidamente, con las manos tras la espalda.

-Hey Katara- le dijo y agachó la mirada- Yo…te quería dar esto en agradecimiento- sacó las manos de la espalda y le entregó dos flores blancas. Eran completamente blancas, incluso los pistilos, y el tallo tenía un color lavanda pálido.

-Oh! Son muy lindas!- dijo con sorpresa- En realidad, casi nunca he visto flores. No es que en el Polo Sur se den.

-Son flores de nieve. Solo se dan aquí y en el Templo del Norte- le explicó Aang.

-Son muy hermosas- dijo de nuevo Katara- Pero con el clima del Sur no creo que sobrevivan- le dijo con tristeza.

-No te preocupes, están acostumbradas.

Katara esbozó una pequeña sonrisa y las aceptó.

-Gracias.

De regreso a casa, Katara iba examinando las flores. Sokka se dio cuenta y frunció el ceño.

-Y esas flores?

-Bueno, me las dio el Avatar- le contestó restándole importancia a el tono de Sokka.

Ikki miró de reojo.

-Ah sí? Con que fin? Acaso es tu novio?- preguntó Sokka en el mismo tono de sospecha y prejuicio.

Katara volteó y le frunció el ceño de vuelta.

-No seas tonto. Me las dio por agradecimiento. Por qué le estoy ayudando en el Agua Control.

-Bueno, más te vale si no quieres que le diga a papá! Así ya no te dejará ir al Templo y…

Katara decidió ignorar el ataque protector de Sokka y siguió examinando sus flores.