La tormenta – Sidecars
Lily y Alice llegaron al piso puntuales y llamaron al timbre. Albus abrió rápidamente y le dio un beso dulce a su novia.
–Hola, mi amor –murmuró.
–Hola, cariño –respondió ella, sonriendo–. Qué guapo te has puesto, ¿no?
–Pues solo he tenido diez minutos para arreglarme –contestó–. Anda, pasad, os he traído Frappuccinos.
–¿De fresa con leche de soja?
–Por supuesto.
–Eres genial.
Alice sonrió y lo siguió dentro, pero Lily se apoyó en el marco de la puerta y bufó.
–¿Pero os queda mucho? –Preguntó–. Porque, cuanto antes vayamos…
–El concierto no va a empezar antes por muy temprano que lleguemos –dijo su hermano desde el interior–. Anda, pasa.
–Está bien, está bien. Pero no os enrolléis demasiado, ¿eh?
Justo entonces, la puerta de enfrente se abrió y Theo salió. Miró a la pelirroja de espaldas de arriba abajo y silbó.
–Vaya, vecina, que guapa. ¿Sales esta noche?
Lily se giró y frunció el ceño, aunque en seguida sonrió al ver al chico. No estaba nada mal.
–No soy tu vecina –contestó mientras se acercaba a él–. Soy Lily, la prima de Rose y hermana de Albus.
–Ah, pues encantado y perdona la confusión. Es que como las dos sois pelirrojas… Soy Theo, por cierto. –Le dio dos besos y amplió su sonrisa–. Un placer.
–Eso espero –murmuró. Carraspeó y se echó el pelo hacia atrás–. Albus no me había comentado que tenía vecinos nuevos.
–Hemos llegado esta mañana. Vivo con mi primo Scorpius.
–¿Y es tan simpático como tú?
–Nadie puede ser tan simpático como yo, mucho menos él que es un poco cascarrabias. –Se acercó al oído de Lily y bajó el tono de voz–. Pero no le digas que yo he dicho eso.
–Será nuestro secreto, tranquilo.
–Oye, Lils, ¿qué…? –Albus frunció levemente el ceño al salir al rellano aunque en seguida carraspeó ligeramente y sonrió–. Hola, tú debes ser uno de nuestros nuevos vecinos.
–Sí, soy Theo –contestó, separándose con desgana de la pelirroja–. Tú debes ser Albus.
–Exacto.
–Oye, Theo, nos vamos a un concierto, ¿por qué no te vienes? Bueno, tu primo también puede venir –sugirió, de repente, la pelirroja–. Es una banda un poco cutre, pero seguro que lo pasamos bien. ¿Os apuntáis?
–Mejor otro día. Llevamos todo el día de mudanza y la verdad es que lo único que me apetece es pedir una pizza e irme a dormir pronto.
–Qué aburrido…
–Otro día, vamos donde quieras.
–Te tomo la palabra. –Lily lanzó una carcajada y negó con la cabeza–. Bueno, debería entrar para ver cuánto le queda a Rose. Ya nos veremos.
–Hasta otra, Lily.
Theo se dirigió hacia las escaleras para bajar abajo un par de cajas vacías y los dos hermanos pasaron al interior del piso. Albus enarcó una ceja y negó con la cabeza y la chica rió.
–¿Qué?
–Nada. Es solo que todavía me sorprende esa habilidad que tienes para conseguir que todos los tíos acaben rendidos a tus pies.
–¿Qué puedo decir? Es algo innato –le guiñó el ojo y se dejó caer en el sofá–. Me muero de hambre, ¿cuánto le queda a Rose?
–Eres una impaciente. –Alice se sentó a su lado y le pasó otro vaso de café frío–. Anda, toma. Calma un poco el apetito. Es un mocha, tu favorito.
–Aun así espero que no tarde mucho. –Aceptó la bebida y suspiró–. No sé para qué se arregla. Solo vamos al estúpido concierto de James.
–Tú también te has arreglado. –Le recordó su amiga–. Además, ¿piensas pasarte toda la noche quejándote por todo?
–Seguro que no está tan mal –añadió Albus, sentándose en el brazo del sofá. Le pasó un brazo por encima de los hombros a su hermana y sonrió–. Y siempre podemos meternos con él cuando acabe.
–Creo que eso es lo único bueno…
De repente, la puerta del dormitorio se abrió y la pelirroja salió con una pequeña sonrisa. Llevaba un top con un escote de infarto y la espalda descubierta, unos pantalones negros y unos taconazos que hicieron que los otros tres abrieran mucho los ojos.
–Ya estoy lista –dijo, tratando de aguantar la risa debido a sus caras de sorpresa–. ¿Nos vamos?
–¿Se escucha bien entonces?
James bajó del escenario de un salto y se acercó a Lizzy, que asentía con la cabeza.
–Que sí, pesado. Te lo he dicho ya como diez veces. –Puso los ojos en blanco–. Te pones muy melodramático antes de los conciertos.
–Me gusta que todo salga perfecto. –Sonrió y le dio un pequeño pellizco en la mejilla–. Estos deben estar ya al llegar. Le he dicho a los de seguridad que los dejen entrar antes de abrir las puertas.
–Todavía no puedo creerme que Rose sea tu prima. –La morena se mordió el labio. Mientras cenaban en un bar cercano, habían vuelto a hablar tanto de la familia de James como de su compañera de clase y no habían tardado en darse cuenta de que estaban hablando de la misma persona–. ¡Le conté que nos acostamos! Si llego a saberlo…
–Se lo habrías contado igual. –Él le guiñó el ojo y sonrió–. Aunque debo decirte que has quedado totalmente como una grouppie.
–¡Pero si fuiste tú quién me entró! –Protestó y le dio un golpe en el hombro.
–Yo no recuerdo eso para nada…
–Tienes muy mala memoria para algunas cosas. Pero, por suerte, yo recuerdo perfectamente lo que pasó aquella primera noche.
–Sabelotodo. –Le dio un beso en la mejilla, desvió la mirada hacia la puerta y sonrió al verla abrirse–. Seguro que son ellos.
Lizzy se giró y sonrió al ver entrar a Rose acompañada de otra pelirroja y un chico muy parecido a James que iba de la mano de una chica castaña.
–¡Chicos! –Los llamó el pelinegro, haciendo un gesto con la mano.
Su prima se detuvo, frunció el ceño y paseó la mirada entre ambos.
–James y… ¡Lizzy! –Dijo tras unos instantes de silencio. Terminó de acercarse y, finalmente, sonrió–. Albus, chicas, esta es Lizzy, mi compañera de clases de alemán.
–Esperad, ¿vosotros dos ya os conocéis? –Preguntó Albus, frunciendo el ceño.
–Sí. Es mi vecino –contestó Lizzy, dedicándole una mirada cargada de significado a Rose.
–¿Ese vecino? –Preguntó, enarcando ambas cejas.
–Ajam.
–Pues rechazo definitivamente tu idea de presentármelo.
–Espera, ¿no me digas que la compañera de clase de Rose es una de las vecinas con las que te has liado? –El mediano de los Potter miró a su hermano y sonrió de medio lado.
–Al…
–¿La monitora de yoga?
–No.
–Oh, entonces, ¿la que le puso los cuernos a su novio contigo?
–No.
–¿La…?
–Suficiente, Albus. –James lo fulminó con la mirada y Lizzy empezó a reír sin poder evitarlo.
–Soy la traductora a la que se tiró en el ascensor a eso de las tres de la mañana.
–¡Ah, claro! La que despertó a medio edificio.
–¡Eso se suponía que iba a quedar entre tú y yo! –Replicó el otro rápidamente.
–Además, es una exageración: no desperté a nadie. Sobrevalora sus habilidades.
–Pues te recuerdo que no puedes mirar a mi vecina de enfrente sin morirte de vergüenza.
–Pero eso no es por lo de esa noche –contestó ella, haciendo especial énfasis en "esa".
–Bueno…
–La cuestión es que estuvimos liándonos un par de meses, pero ahora solo somos amigos. Buenos amigos.
–Sí, es mi vecina de arriba y sería muy incómodo llevarnos mal. Además, es genial.
–Espera –Albus frunció el ceño–, ¿esta Lizzy es esa Lizzy? Oh, claro que sí, no puedes tener dos vecinas que se llaman igual y haberte acostado con ambas. No sé cómo no he caído antes, parezco idiota.
–Oh, la famosa Lizzy. –Lily sonrió–. Mis padres dicen que parece que compartís piso.
–Los míos dicen lo mismo –contestó la morena.
–Me alegra ver que os lleváis tan bien. –Rose se encogió de hombros–. Y no sé cómo no nos dimos cuenta antes de que las dos conocíamos al mismo miembro de la banda.
–Desde luego. De haberlo sabido, te lo habría dicho hace tiempo.
–Bueno, chicos, están a punto de abrir las puertas así que tengo que ir al backstage con los demás. El concierto empezaré en unos quince minutos o así. Espero que os guste.
–Seguro que irá genial. –Lizzy le dio un beso en la mejilla y sonrió–. Muchísima suerte, James. Y dedícame una canción.
–Ya veremos, Lizz. –Le guiñó un ojo y salió corriendo hacia el escenario.
La morena se mordió el labio y negó con la cabeza y los otros cuatro intercambiaron miradas cómplices. Aquello podía resultar divertido.
El concierto empezó, tal y como el chico le había dicho a su vecina aquella misma tarde, con Princesas, como siempre, y siguió con diversas canciones de bandas y solitas nacionales. Lizzy bailó, cantó y saltó todo el rato, en primera fila, mientras los demás reían y, de vez en cuando, incluso le seguían la corriente. Al final el concierto no estaba tan mal y la banda tocaba bastante bien –y eso tuvo que admitirlo hasta la propia Lily–.
–Muy bien y ya hemos llegado a la última canción de esta noche. –Se escuchó una queja general en la sala y James sonrió–. Lo sé, lo sé. Nosotros tampoco queremos irnos, pero no podemos quedarnos más tiempo, pero pronto volveremos, lo prometemos. Y, bueno, esta última canción es una novedad que hemos incluido porque mi querida vecina de arriba es una pesada y me da miedo que se deje los grifos abiertos e inunde mi piso si no le hago caso y no, no pongas esa cara, Elizabeth, porque ambos sabemos que es verdad –dijo, mirándola–. Así que, bueno, ha sido un placer poder disfrutar de esta noche con todos vosotros y os dejamos con esta última canción. ¡Vamos!
Hizo un gesto a los demás y comenzaron a tocar y Lizzy no pudo evitar reír al reconocer la canción. Sí que era posible que le hubiera dado bastante la lata a James con La tormenta de Sidecars.
–«Voy a acabar mordiendo el polvo, me arrastraré hacia la salida. Porque sabemos la verdad, y en el fondo, tú no vas a aguantar toda la vida. Perdóname si no me escondo, si no guardé ningún misterio. Si tú te bajas, yo no respondo, pero no creo que lo digas en serio».
Cantó a gritos hasta que terminaron y, después, fue probablemente quien más aplaudió.
La banda al completo se acercó al borde del escenario y se inclinó antes de aplaudir al público, darles las gracias y despedirse hasta la próxima. Se marcharon del escenario y, poco a poco, los asistentes fueron abandonando la sala hasta que solo quedaron algunos amigos más cercanos y familiares. James finalmente salió y se acercó a los demás, que estaban hablando cerca de la puerta.
–Así que, claro, ¿qué se suponía que iba a hacer? Pues salir corriendo. –Lily lanzó una carcajada y se encogió de hombros–. Desde entonces no he podido volver a entrar a ese centro comercial, estoy segura de que todavía siguen buscándome.
–Si acaba de contarte la historia del árbol de Navidad gigante que se cargó solo diré que yo estaba allí y es una exageración –comentó el mayor, llegando hasta ellos–. Aunque sí que es verdad que los de seguridad no estaban muy contentos y que nuestra madre estuvo a punto de morirse de la vergüenza.
–Fue bastante divertido –añadió Albus, sonriendo.
–Bueno, da igual, ¿nos vamos ya o qué?
–Oh, yo me vuelvo ya al piso –se apresuró a decir Lizzy–. He tenido un día muy largo y mañana tengo que dar una clase por la mañana y…
–¡Oh, venga! –Protestó Rose–. Será divertido, Lizzy. No me he arreglado para volver ya a casa.
–Mejor otro día…
–Cuando se le mete algo en la cabeza, no hay quien la convenza de lo contrario. –James le dio un beso en la cabeza y sonrió–. Y la verdad es que yo también debería irme. Trabajo mañana temprano y este mes voy un poco mal. No he encasquetado demasiados seguros.
–¿De verdad vais a iros tan pronto? –Su prima negó con la cabeza–. ¡Sois unos aburridos!
–Pero te queremos, Rosie. –El pelinegro apoyó una mano en la cadera de Lizzy y la miró–. ¿Nos vamos? Solo tengo que coger mi guitarra, podemos salir por la puerta de atrás.
–Claro. –Asintió ella–. Un auténtico placer conoceros, chicos. Ya nos veremos otro día y pasadlo muy bien.
–Nos vemos en alemán, Lizzy.
Se despidieron con un gesto y se dirigieron hacia el backstage mientras los otros cuatro salían del local, dispuestos a pasar una buena noche de fiesta.
–Creo que voy a pasar de ir a clase en… –Lily sacó su móvil y, tras entornar los ojos y forzar un poco la vista hasta conseguir que los números se vieran claros y estuvieran quietos, enarcó una ceja–. Una hora.
–Lo hemos imaginado. –Su hermano puso los ojos en blanco–. Si no, te habrías ido directamente a tu piso.
–Probablemente. Menos mal que Rose siempre tiene un hueco para mí.
–Lo que sea por mi prima favorita.
El ascensor se detuvo por fin en su planta y los cuatro salieron al rellano, donde se encontraron de frente con un rubio trajeado que les dedicó una mirada de profunda desaprobación.
–Buenos días –saludó Alice, dedicándole una pequeña sonrisa.
–Supongo que para vosotros serán «buenas noches» más bien –replicó, con frialdad. Miró a Rose y esta enarcó una ceja–. ¿Me dejáis pasar, por favor? Tengo prisa, algunos trabajamos.
–Algunos, además de trabajar, también sabemos divertirnos –replicó esta. Bufó y se dirigió hacia la puerta de su piso–. Adiós, Tarantulux. ¿O era Libelulae? Sé que tenías nombre de bicho con terminación latina.
–Scorpius –contestó él. La miró de arriba abajo y detuvo la vista, sin poder evitarlo, en su culo–. Adiós, chica con nombre de flor.
Rose se giró unos instantes y le dedicó una mirada ofendida al darse cuenta de qué estaba mirando.
–Eres un cerdo. –Sacó las llaves del bolso y entró rápidamente al piso.
–Hasta otra, vecino –se despidió Albus antes de seguirla junto a las otras dos chicas.
Cerraron la puerta y, mientras la pareja iba hacia una habitación, Lily se dirigió hacia la de su prima, que ya había empezado a cambiarse, todavía enfadada. ¿Pero el gilipollas de su vecino quién se creía que era?
–Que majo ese tal Scorpius, ¿no? –Comentó la pequeña, con sarcasmo–. ¿De verdad Theo y él son primos? Creía que exageraba para impresionarme cuando me ha dicho que era un cascarrabias, pero parece que decía la verdad.
–¿De qué conoces a Theo? –Le preguntó la otra, mirándola con el ceño fruncido. No tenía ganas de hablar de ese rubio imbécil, no se merecía que le dedicara ni un solo segundo de su tiempo.
–Lo conocí al llegar anoche. Me vio de espaldas y nos confundió. Quiero tirármelo, está muy bueno. ¿A ti qué te parece?
–Que adelante. Tiene pinta de ser un tío simpático.
–Mientras nos entendamos en la cama…
–Me muero porque te enamores un día.
–Eso no pasará nunca. –Le guiñó un ojo y sonrió–. Me apuesto lo que quieras, Rosie.
–Nunca digas de esta agua no beberé…
–… que el camino es largo y te puede dar sed –terminó por ella–. Cada día te pareces más a la abuela.
–Tú no me hagas caso, pero ya verás como al final acabará pasando.
–Sigo creyendo que eso es imposible.
–Ya veremos… –Rose negó con la cabeza–. ¿Te presto algo de ropa o vas a quedarte así?
–Sí, por favor, necesito ponerme algo cómodo y dormir un rato o no seré persona el resto del día.
–Pues coge lo que quieras del primer cajón, anda.
Rose se dejó caer de espaldas sobre la cama y cerró los ojos. Estaba tan cansada que lo único que quería era dormir y olvidarse de ese pedante que tenía de vecino.
Hola a todos :)
En primer lugar me gustaría daros las gracias por todo vuestro apoyo, de verdad, ¡sois geniales! :)
En segundo, espero que os haya gustado también este capítulo ;) Vaya con Rose y Scorpius xD (Y con el resto, la verdad jajaja)
Nos leemos el próximo miércoles y os dejo por aquí la lista de Spotify a la que iré añadiendo canciones como os dije: open . spotify user / ladyluna10 / playlist / 2C35Kz1YwotztiR27JagLD (quitadle los espacios y espero que el enlace sirva xD)
Un beso enorme,
María :)
