¡ES UN MILAGRO! ¡Sigo enferma y llena de malsana inspiración para arruinarle la reputación al pobre de Kanda! +se abre el cielo y la ilumina, no más para tenerla lejos+.
Bien, pasemos a lo que nos compete, o sea, contestar estos preciosos reviews que me han llegado y llenado el corazón (¡Qué lindo es vivir! +los abraza mucho+).
Mandragorapurple: El fic sigue dedicado a ustedes porque son las mejores corrompedoras de mi mente. Su corrupción potencia mi fiebre y hace las cosas sean aún más incoherentes. ¡Gracias! +abrazos a por millón+
Dagmw: Cuando vi por primera vez a Kanda en el manga juré que era mujer. En serio, pensaba "¡Qué buen personaje femenino! Tiene unas agallas increíbles" y luego me dí cuenta que era varón, así que bueno, no me sorprende que hayan pensado eso XD Aunque, si lo piensas de cierta forma, todas las maldiciones de amor se les aplican a las mujeres, así que no sería raro pensar que iba a nacer una nena.
Gracias por desear que me cure pronto, lo intentaré aunque espero me dure un poco más para pensar cosas locas para el fic.
Kristy: Gracias por desearme que me cure pronto +brazo bien fuerte+ Si, este fic es medio raro, para empezar lo escribí yo anoche con fiebre XD Ya saben por el foro que no se puede confiar en mi :P
Chibi – Hinata: ¡Jajaja! Si canto yo se mueren los perros de mi cuadra, pero no te preocupes, cantar se cantará en este fic, ¡es Disney después de todo! Tal vez hago cantar a Timcampy o a algún cangrejo XD.
Si, el nombre de Yuu significa Gentileza y también Altanería, y en chino, que Yu, significa felicidad. Cosas que una descubre con la internet.
Mai – Kusakabe: ¡Jajaja! Sí, pobrecito Kanda, todos le querían de trofeo, pero es obvio, es una cosa única e irrepetible, como todos los seres humanos, pero al haberse corrido la voz de que fue bendecido por la princesa de la Luna, bueno, se tentaron en tener algo único para ellos. Así es la gente.
Kini – Ainotsuki: Ya te estaba por gritar "¡Ey, tocaya!" cuando me avivé de nuestros nicknames. Sí, es Yullen porque le tengo mucho amor a esa pareja +los abraza y Kanda le sigue amenazando+ . La fiebre te manda muchos saludos y espera que este capítulo te guste como el anterior. Lo que será de Yuu, ya no sé, pero no importa, todo siempre arriba a buen puerto, o eso espero.
Chungyang-chan: ¿En serio? ¡Mil gracias! Traté de que cuadrase con DGM y bueno, Kanda terminó como siempre transformado en mi víctima principal. Voy a tratar de continuar este fic lo más seguido posible, aunque no será muy largo (eso espero).
Y lo mismo digo, ¡es tan lindo encontrar más fans tan locas como nosotras!
Gravity Girl: Sería de hecho un honor que me agregases y ¡Mil gracias por ello! +abrazo bien fuerte+. Fiebre al parecer tendré por un rato, espero que coincidan los turnos cuando escribo y la padezco al mismo tiempo XD.
¡Espero te guste este capítulo!
.kilian.: Es que siempre me gustaron los cuentos de hadas, de hecho me la pasaba todos los días, cuando tenía unos 6 años más o menos, leyéndolos mientras imaginaba a las princesas con sus príncipes. Igual te admito que me costó el alma comenzar con ese infame "Érase..." y Mandrágora y Mai lo saben (¡como las moleste ese día XD!).
Por ahora el cuento tipo fábula se ha terminado, pero volverá, siempre vuelve.
Kyurengo: ¡Espero que siga sonando bueno después de este capítulo! XD Le puse toda la onda y Mai me amenazó apropiadamente para que lo continue. Así que espero te siga gustando.
Exorcist Y.N Hikari: +se sonroja masivamente+ ¡Gracias por tan lindo comentario, Naru! Voy a tratar de falsear la voz para que me quede tipo abuelita o mamá así entras en tono ;) Espero que este capítulo te guste, le puse todo mi empeño.
Bueno, contestadas las reviews, proseguiremos con el himno nacional y luego con el fic. ¡Ahí les va!
+le mira el público con cara de "algo te está faltando, además de la cordura"+ ¡Ah, sí!
Aclaración: D.Gray-Man no me pertenece, si me perteneciese hace mucho que Yuu Kanda me hubiese iniciado un juicio oral y público por difamación. Como con esto no me ganaría ni un pobre sueldo, por favor, no me enjuicien, los personajes pertenecen a la linda mangaka Hoshino y no a mi.
Anotaciones: A pesar de que va a haber Yullen, también habrá Kanda X OCs, ¡pero no desfallezcan! Solo habrá amor de parte de los Ocs a Kanda, porque el samurai solo ama a su garbancito portátil.
Advertencia: Como a Kanda no le ha gustado que lo transforme en princesa, ha empezado a hacer uso de su bellísimo léxico. Si bien las malas palabras son las clásicas, les advierto en caso de que tengan menores en los alrededores porque de 9 de 10 infantes seguro que se las aprenderán de memoria metiéndoles en problemas.
Y ahora sí, ¡ahí les va!
Capítulo 1 – El príncipe azul que yo soñé
.-.
Kanda suspiró dramáticamente mientras se tumbaba hacia el otro lado, tratando de ignorar el llamado que provenía de su ventana. Como todos los días a las 4 y media de la mañana en punto, ni un segundo más, ni un segundo menos, se encontraban allí, ansiosos, esperándole con ilusiones en sus pequeños ojitos para que saliese a visitarles y así poder proseguir con sus mañanas usuales.
- "Cochinos bichos de mierda" – se dijo a si mismo mientras trataba de enterrar su rostro en la almohada, aún a sabiendas que jamás podría ignorar aquel llamado tan cruel de aquellos seres tan degenerados. Y de si tratar se hablaba, créanme cuando les digo que Yuu Kanda, ya de unos lindos 19 años y medio, había intentado de todo, pero de todo, para ignorar aquel particular llamado. La ocasión más extraña pero sin lugar a dudas divertida (para todos menos para Yuu) fue aquella en la que se encerró en su cuarto en la Orden Negra y ató sus pies al respaldo de la cama. Muchos todavía se preguntan como hizo una cama para terminar en el bosque, pero a nadie le importó averiguarlo; una mirada de Yuu les bastó para no hacer más preguntas, después de todo, quien no pregunta sobre Yuu, vive para ser amenazado el día siguiente.
Finalmente una suerte de lloriqueo se escuchó a través de la ventana y Kanda supo que no podía posponerlo más. Si se atrevía a hacerles esperar de nuevo (aquella vez casi resultó fatal, suerte que solo era un criajo de unos 8 años y las cosas extrañas eran la moneda corriente de su hogar) entrarían a su habitación, y si bien podría disipar dudas a fuerza de katanazos, la impresión y las preguntas quedarían haciendo que los más curiosos (léase Lavi) descubriesen e investigasen sobre lo que sucedía todos los días a la mañana, cuando el sol recién salía y todos aún estaban en lo de Morfeo.
Presuroso y de mala gana, se vistió con sus atuendos de práctica, la mejor excusa que había encontrado desde que llegó a la Orden, y partió corriendo por los pasillos hacia el bosque, aumentado la prisa cuando los bichos desagradables empezaron a seguirle y una fuerza en su interior le urgía inmediatamente hacer lo que debía.
- "¡Estúpida maldición!" – insultó mentalmente mientras se internaba más y más a fondo del lugar, rogando que nadie se le hubiese dado por pasear o un desgraciado gollem hubiese decidido perseguirle para luego filmarle in fragantti.
Y cuando comprobó que nadie le seguía, y cuando finalmente los pajaritos se montaron sobre sus brazos, los conejitos y las ardillas se acomodaron en sus lugares, y las mariposas, gráciles y elegantes flotaron a su alrededor, recién allí y con su terrible insulto inicial, se puso a cantar con la más melodiosa voz del reino.
Mierda, si que odiaba vivir.
Afortunadamente la mañana pasó y también la tortura china de tener que cantar a vivo pulmón acerca de cosas estupidísimas como el amor verdadero, los príncipes y mil y un porquerías que solo cantaría Lenalee sobredosificada con estupefacientes y azúcar, semi ebria y totalmente loca por la terrible represión que Komui le cernía a la pobre buena mujer. Igual le cambiaría su maldición por la suya cualquier día de la semana.
Aún recordaba con amargura su despertar "cantaresco": Tenía solo unos lindos 5 añitos, una preciosidad de inocencia encarnada era él con un temperamento digno de un tsunami en un huracán con un terremoto, como todos los niños de su edad que se precien de tal y actúen como tiranos cual la edad les dicta. Estaba muy feliz al lado de su linda mamá mientras ella tocaba con gracia el koto. Siempre había sido una mujer sumamente habilidosa en las artes y eso era lo que había hecho, entre mil cosas más, que su padre luchase contra viento y marea para que fuese su esposa. Su forma de tocar era delicada y las melodías le llegaban al alma incluso hasta el más desalmado. Y fue uno de esos días, más precisamente el día de su cumpleaños, cuando las ganas de cantar se volvieron demasiado fuertes y con su pequeña vocecita intentó seguir los compases que su madre le tocaba. Desde ese día entonces ya no pudo dejar de cantar, y cada mañana, cuando salía el sol o un poco antes, se despertaba para entonar las primeras frases que su corazón le dictaban.
Mierda, si que odiaba vivir.
Para colmo de males, desde que empezó a cantar, por alguna suerte de embrujo mágico o porque el cliché así lo mandaba, los animalitos de su jardín y muchos otros más de las zonas aledañas empezaron a seguirle mientras cantaba, entonando sus melodías para acompañarle o simplemente haciendo una suerte de bizarra danza mientras le seguían cual zombies por todos lados.
Con Mugen como testigo, sabrá Dios cuantas veces les dio de piedrazos, karatazos, katanazos y muchas acciones terminadas en '-azos' para liberarse de esas criaturitas que regresaban cual villanos de secuela de novela. Intentó incluso amenazándoles, maldiciéndoles y también otros muchos '-endoles' verbales, pero no funcionó, así que, después de varios años e intentos frustrados por liberarse de la pestilente necesidad de cantar, se resignó a hacer acto de presencia cada mañana para cantarles a las criaturitas hasta que sus corazoncitos estuviesen felices. No porque quisiese, sino porque las miserables ratas le seguirían hasta el baño mismo si pudiesen.
Gracias al cielo que el conejo idiota todavía no le había descubierto, no podría dejarlo vivir tras semejante humillación, especialmente sabiendo que el muy bocazas esparciría la voz como si del último chisme de moda se tratase. Y si llegaba a caer el secreto en los oídos de Komui, ¡o peor!, en los de su hermana.
Un escalofrío le recorrió la espalda ante ese pensamiento.
Pero igual, esa parte de la maldición no era tan mala (en realidad la maldición entera era un asco, pero después de tantos años Kanda la había segmentado en partes que daban más asco y las que daban menos ascos pero le horrorizaban. Cantar estaba entre ambas), peor era el hecho de morirse por no encontrar a 'ese alguien' antes de sus 20 años, que por cierto, ya estaban cerca.
Maldición del demonio, ¡¿podría esa vieja arpía que sedujo a su padre con semejante promesa hacérsela más difícil?! ¡Una pareja! ¡Un amor de toda la vida! ¡Por mil y un demonios! ¿Por qué el cliché? ¿Por qué? ¡¿POR QUÉ?!
Podría haber sido cualquier cosa, desde ir a buscar la fuente de la juventud hasta pelear con Jerry en uno 'de esos días' tan particulares que de vez en cuando tenía el cocinero, pero buscar a 'ese alguien'... Estaba condenado.
Por varios años trató de encontrar a 'ese alguien' como su madre le había dicho momentos antes de la destrucción total de su ciudad. Había tratado de hacerlo por su memoria y la de su padre, y sin embargo había fracasado rotundamente.
Al parecer la noble mujer, o jamás oyó la otra parte de la maldición o por puras prisas no la mencionó, pero la maldición se extendía más allá de lo que el ojo veía. No solo le obligaba a cantar y a desposarse pronto, sino que también le obligaba a comportarse como un rotundo imbécil cada vez que trataba de hablarle a la persona que había capturado su corazón.
Y así le sucedió cuando tenía unos dulces 11 años y se enamoró de su pediatra. Recordaba con cariño a aquella mujer que le trataba como un hombrecito pero sin embargo aún le mimaba como el niño que era, con sus palmadas en la cabeza cuando se portaba bien, cuando le soplaba aquel líquido que usaba para esterilizar cortes y raspones para que no le ardiesen, cuando le daba caramelos por cada inyección y recordaba y le daba buenos y eficientes regalos en sus cumpleaños.
Con más vergüenza recordaba cuando le dijo que la quería mucho entre tartamudeos, sonrojos y tras muchos, pero muchos y graciosos (para todos, menos para Yuu) intentos fallidos, y como ella lo interpretó como un cariño de hermanos, para luego descubrir él al galante prometido de esta mujer que se la llevaría lejos, muy lejos de la orden, a trabajar a Ecuador, a la sede de la Orden de aquel país.
Ella le había destrozado el corazón, pero le había probado algo más: sin importar lo que hiciese para confesar sus sentimientos estos jamás salían, o terminaba diciendo lo opuesto, o simplemente se paralizaba, y como último recurso, iba a darles de katanazos a medio mundo para sobrellevar esa imposibilidad con la que se había encontrado.
Era simplemente una gran frustración el no poder decir lo que albergaba en su corazón, y sabía que si no lograba sobreponerse solo dependería del otro, de 'ese alguien' especial, para traducir sus sentimientos, y traducir de Kanda a Romance, bueno, el diccionario hacia rato que se había perdido.
Al menos ya tenía un alivio en cierta forma, aquellos que alguna vez le asediaron buscando que les favoreciera ya no se encontraban más en vida o cerca suyo para molestarle. Si bien podía comprender el accionar de su padre y de su madre, había sido muy infeliz al estar encerrado tras aquellas grandes murallas con personas que no le agradaban o eran falsas para ganar su afecto. Si solamente hubiesen sido sinceros, si solamente hubiesen querido jugar con él y no quererlo como un trofeo, tal vez hubiese sido mejor amigo, pero ya no importaba más, el tiempo había pasado y ellos habían quedado allá, lejos, sabe Dios donde.
Kanda chasqueó su lengua contra el paladar al sentir como pequeñas patitas tironeaban de sus pantalones, tratando de sacarle de sus pensamientos. Allí, cual caricatura, estaba sentada una simpática ardillita que le miraba con los ojos iluminados, esperando lo que todas las criaturitas del bosque esperaban de él cada mañana. Al parecer el condenado bicho se había quedado rezagado y no había escuchado su canción.
- "Pues te jodes, bicho inmundo, no canto más de dos veces por puto día, así que vente mañana" – Y tironeó de sus pantalones haciendo que esas pequeñas patitas le soltasen de una vez por todas, para así marcharse al comedor a desayunar.
Pero solo pudo dar unos pocos pasos antes de que su conciencia le forzase a detenerse. Por alguna razón sentía como si aquellos ojitos llorosos de esa ardilla se le clavasen en la espalda, dándole un sentimiento de culpa que como maldito (no princesa, maldito) le afectaba mucho. Mirándole de reojo comprobó que de hecho, la simpática ardillita parecía estarle haciendo pucheros, triste, pero muy triste, por habérsele negado una canción.
Tomando al bicho del pellejo de su espalda, lo levantó hasta este quedar a la altura de su ojos para que así su mirada patentada de odio puro tuviese total y completo efecto. Desafortunadamente para el samurai, la ardillita se limitó a mirarle con admiración y cariño, aquellos ojitos pareciendo agrandarse aún más y volverse más llorosos. Kanda entró brevemente en una lucha de poderes interna, pero como dije, fue breve, pues la culpa le ganó al orgullo en un santiamén.
- "Si le llegas a decir a las demás ratas voladoras inmundas que te cante fuera de horario, te hago un par de guantes, ¡¿entendiste?!" – amenazó, antes de que la ardillita trepase por su brazo para poder finalmente escuchar aquella linda canción.
Ahora sí que estaba más cabreado que nadie en la vida. Pocas y contadas veces en la vida había cantado más de dos veces por mañana, y generalmente esas veces fueron porque su madre o su padre le pidieron de favor que les dedicase una bella canción, ya que ambos admiraban su canto tan melodioso sin igual. Por ellos hubiese hecho cualquier cosa, por los bichos inmundos, no.
Puto mundo de mierda y putas todas las cosas en ella.
Tenía ya demasiados problemas en su vida como para andar cantando ad honorem por la vida a bolas de pelos y plumas que le venían a molestar cada mañana bajo el pretexto idiota de que estaba maldito (no, no era princesa, estaba maldito). Tenía que encontrar a 'ese alguien' pronto o encontrar a la vieja arpía que le había puesto la maldición.
Bien se sabía por la Orden que la razón por la cual Kanda realizaba tantas misiones tan frecuentemente era porque andaba buscando a alguien, pero nadie sabía aún (y ojalá se mantuviese así o lo mantendría a fuerza de su katana) que lo que en la primera parte de su vida buscó fue a un alguien que le hiciese sentir y correspondiese su amor, y que desde más o menos sus 14 años en adelante empezó a buscar a la vieja arpía para que lo desencantase, y tras reventarle cada hueso de la anatomía por ser una vieja bruja que causó tanta miseria en su ciudad natal, viviría felizmente, cazando akumas y luchando contra el Conde.
Ninguna de las dos cosas había sucedido hasta ahora.
Bueno, en realidad miento, la primera ya había sucedido.
Una noche un tanto fría para ser verano un desparpajo de persona, también conocido como Allen Walker, había entrado a su vida de forma poco ortodoxa. Hacer que Yuu Kanda, berrinchudo exorcista homicida, casi te partiese al medio con su katana por una mala presentación con el guardián de la puerta que a grito pelado afirmaba estar frente a un akuma, definitivamente no era una forma de entrar en la vida de alguien, y menos en la de Yuu Kanda.
Sus mejillas ligeramente se sonrojaron ante el pensamiento del albino. Estúpido moyashi y más aún estúpida maldición que hacía que le insultase cada cinco segundos, lo quisiese partir con su katana o simplemente le congelase en su lugar cada vez que intentaba decirle siquiera algo amable, como "Buen día", o "Me gustas", o "Te quiero mucho", o cualquier chorrada de ese estilo que podrían encontrar en los libros que Lenalee y Lavi ocultaban bajo sus camas. Todavía se preguntaba porque el conejo idiota gustaba de leer novelas románticas de damas en aprietos y príncipes encantadores, esas cosas no existían en la vida real, salvo por él, claro esta (pero repetimos, Kanda afirma no ser una princesa).
Hacía ya mucho que esos sentimientos hacia el idiota albino se habían vueltos claros como el agua, y si bien no le disgustaban en lo absoluto porque sabía que esos sentimientos eran honestos y puros, tampoco le importaba mucho lo que dijeran los demás. Si tenían alguna objeción podrían dialogarlo con él y su katana, y si sobrevivían, entonces podrían intentar dialogar nuevamente.
¡Ah, si solo el estúpido moyashi pudiese entender sus sentimientos y decirle que también le amaba!, la maldición se rompería con la facilidad con la que fue impuesta; y si bien no sabía si vivirían felices por siempre jamás, tal vez, solo tal vez por ser ellos, vivirían lo más felices que podrían vivir dos personas en tiempo de guerra.
Kanda chasqueó su lengua contra su paladar ante ese pensamiento. Ya era suficiente por un día que había comenzado demasiado raro. Era hora de comer su rico plato de soba, porque por Mugen presente, gracias a cantarle a las criaturas peludas del bosque en las mañanas que ya no podía comer un solo plato hecho con animales. No era que fuese vegetariano o algo así, pero un día juró y perjuró que el pescado que le habían servido le había pedido una canción, desde entonces, nada que le pudiese pedir canciones sería comido por él (a menos que le cabreara, claro estaba).
Tras haberle realizado su petición usual a Jerry y recibido tan deliciosa creación, se dispuso a sentarse en su mesa habitual, ignorando a cuanto ser humano, conejo idiota, fangirl del closet y moyashi albino tratase de entablar conversación con él. Mientras más rápido comiese y partiese, menos chances tendría de cometer alguna estupidez enfrente de su secretamente amado moyashi idiota, y su particular maldición y condición de pseudo princesa no serían delatados.
Pero como la vida es cruel y el destino se ríe de aquellos con desgracias a largo plazo, el día anunciaba que el pobre joven aún tenía las de padecer, y por mucho tiempo, cuando un muy exaltado Komui corría por la congregación a viva voz diciendo que por fin los reyes magos le habían visitado para regalarle el tiempo libre que tanto ansiaba, haciendo que los curiosos de por aquí y allá le siguiesen hipnotizados.
Muy a pesar de que en lo profundo de su orgullosa personalidad había un mini Kanda gritándole a viva voz que debía ser fiel a su persona y no mostrar interés en algo tan estúpido como un idiota saltando mientras gritaba cosas sin sentido, seguido aún por más idiotas, entre ellos su moyashi idiota. Era demasiado indigno para un ser como él, que estaba por sobre todas esas cosas.
Aún así la curiosidad pudo más, digo, esperen, no, el miedo fue el que pudo más cuando aquellos animalitos empedernidos que le buscaban todas las mañanas se aparecieron en el ya desolado comedor. Los pajaritos empezaron a tironear de sus mangas y los conejitos saltaban alrededor de Kanda, rogando que sus vanos intentos para llamar la atención hiciesen que el neurótico samurai se diese cuenta de lo que estaba sucediendo puertas abiertas.
En un principio Kanda les vio como solo el Moyashi vería a un restaurante con un gran cartel de 'Entre y coma todo lo que pueda por solo 50 centavos' pegado en la puerta, pero luego su memoria decidió que era propicio trabajar, revelándole así una terrible verdad: La última vez que había sucedido algo similar había sido hace mucho tiempo, aquel fatídico día...
Tirando el bowl con su soba por los aires, y medio atragantado por las horribles noticias, Kanda corrió despavorido (pero sin demostrarlo porque es Kanda) hacia la entrada principal con su séquito de bichos persiguiéndole los talones.
Finalmente la expresión 'Mierda, ¡si que odiaba vivir!' cobraría más potencia.
Afuera el jolgorio, el ruido y las luces eran la moneda corriente. Sabe Dios como, cuando y dónde, pero especialmente como, una armada de centenares de hombres ataviados con brillantes armaduras japonesas y cascos con penachos demasiados altos presidían una gran caravana de grandes carros de belleza y opulencia excepcional; seguidos por hombres que caminaban a pie cargando estandartes con banderas japonesas, y por ahí, en medio delirio por no haber comido ni dormido por días, Johnny y Tapp afirmaban haber visto un gran elefante cargando adornos sobre su espalda, pero luego resultó ser que en su delirio habían confundido su pelo enmarañado que caía ahora sobre sus cansadas frentes.
Sea quienes fueran los extraños, era más que obvio que no eran los Noahs o el Conde, siquiera akumas. Si realmente querían atacar con sigilo, les estaba saliendo todo demasiado, pero demasiado mal, especialmente por aquella música que parecía resonar en cada rincón de la Orden, aunque vale destacar que era pegadiza, muy pegadiza.
Komui, por supuesto, pareció no importarle o pensar por al menos un nanosegundo de que podría ser alguna suerte de ataque extraño por parte del enemigo, y se limitó a correr cual niño de 5 años hacia la caravana mientras gritaba la misma tontada de hacia rato. O el sueño le escaseaba al pobre hombre, o Lenalee secretamente le había dopado para fugarse a comprar ropa. Las dos parecían opciones viables en el momento.
Unos hombres se acercaron cortándole el paso a Komui, pero antes de que este pudiese chistar, la gran caravana se frenó y la tropa se abrió para revelar a tres graciosas figuras, dos hombres y una mujer, que parecían emanar estrellitas y chispitas que evidenciaban cuan hermosas y etéreas eran sus personas. Los cansados científicos afirmaron que también pudieron ver un fondo de rosas detrás de ellos, pero luego descubrieron que eran solo biombos que sabe Dios para que estaban allí.
Uno de los varones avanzó hacia la muchedumbre en la puerta con un paso seguro y altanero, pavoneándose cual súper modelo en una pasarela, disfrutando cada instante de engalanar aquella Orden tan oscura con su bella presencia. El hombre era un joven de no más de unos 26 o 27 años, su cabellera era negra como la noche pero era corta y enmarcaba aquellos ojos rasgados de un fuerte tono café, su piel era pálida y tenía un cuerpo que era simplemente envidiable.
Deteniéndose enfrente de Komui, sonrió para las señoritas del grupo que suspiraron y gritaron llenas de alegría y emoción ante aquella demostración de sensualidad por parte del galante extraño. Sin embargo el extraño les ignoró a sabiendas de cual sería su reacción y miró a Komui con un dejo de desprecio.
- "Yo soy Suge Kakkoin" – Anunció el joven al supervisor con una voz seductora y altanera – "Lord Suge Kakkoin para usted" -
"He venido desde muy lejos junto a mi dulce hermana Hana Kakkoin" – El joven hombre hizo una dramática pausa para señalar a una hermosísima mujer de cabellos color azabache adornado con múltiples broches de variados colores y ataviada con un furisode de hermoso color lila que acentuaba la palidez de su tersa piel – "... Y mi gran compañero de armas y primo Takehiko Kakkoin" – de nuevo se pausó con dramatismo para señalar al caballero que se encontraba a su siniestra, un hombre de gran hermosura solo comparable con la suya, pero de cabellos castaños y ondulados que le llegaban a los hombros y de hermosos ojos verdes – "Y hemos de agraciarles hoy con nuestra presencia para llenar la promesa que alguna vez hizo nuestro padre, así que, ¿dónde se encuentra?"-
Ante tal demanda inesperada muchos no supieron que contestar, no por el hecho de desconocer a que se referían, daban por sentado que nadie sabía que cuernos querían, sino por que la mayoría o se encontraba babeándose por alguno de los 3 hermosos extraños, o estaba molestando a los inmutables guardias, o estaba controlando el sangrado nasal y el strike! masivo de Lavi por la nueva joven, o simplemente estaba haciendo un listado de las cosas que le pedirían a los extraños porque definitivamente, pero definitivamente, eran los 3 reyes magos (en esta última categoría entraba toda la pobre y cansada comisión científica).
Como obviamente la Orden estaba de fiesta, Allen sintió que era su obligación como el único ser temporalmente coherente tratar de orientar a los extranjeros y explicarles, en caso de que se hubiesen perdido, donde quedaba el verdadero palacio de Buckingham en caso de que estuviesen buscando a la Reina de Inglaterra.
Pero al intentar siquiera dar un paso, el joven Takehiko le frenó con una mirada despectiva antes de que Suge se dirigirse de nuevo al chino que le pasaba una lista verbal de todos los komurines que quería más los accesorios de diseñador que venían en kits separados.
- "He dicho, ¿dónde se encuentra? ¿Dónde se encuentra la princesa?" -
Y fue la palabra 'princesa' lo que sacó del trance profundo a todos los presentes. ¿Habían convivido con una princesa todo este tiempo sin saberlo? ¿Podría ser esto posible al vivir en una torre endemoniada donde cada pared tenía al menos mil orejas? ¿Se podía ser tan desgraciado como para dejar a Lavi sin la emoción de seducir a alguien de la nobleza? ¡Inaudito! ¡Improbable! ¡Increíble!
Todos se miraron las caras esperando reconocer a la escondida princesa, cuando el extraño volvió a hablar, un tanto frustrado ya por tan poca demostración de sesos aquella mañana.
- "¿Están sordos o la vida les ha dejado sin pensar? ¿Dónde se encuentra la princesa? ¿Dónde se encuentra... " – la frase murió en sus labios cuando sus ojos se posaron en la ventana más alejada de aquella siniestra torre, su mirada se suavizó y se transformó en la que solo un hombre verdaderamente enamorado tendría al ver al objeto de su deseo, aquella persona para quien recelosamente guarda su corazón.
"¡¡PRINCESA MIA!!" – gritó, mientras su hermana y primo corrían a su lado para mirar hacia donde este lo hacía con la misma intensa devoción.
Y como la ley del curioso así lo manda, de forma coordinada, nunca planeada porque sino no saldría, toda la Orden volteó a ver hacia donde los hermanos miraban para descubrir, con horror, a quien veían.
La barbilla de Lavi casi chocó y rodó por el suelo; Lenalee sintió que finalmente había enloquecido por tantos años de represión por parte de su hermano; parte de la congregación miró incrédula y parte se desmayó; y Allen creyó que por fin el fin del mundo había llegado. En cuanto a Komui, solo sorbió un poco del café que se había traído en su tacita amada y miró animado, esperando que luego le trajeran sus regalos los reyes magos.
Allí frente a miradas de adoración y sorpresa, allí en aquella recóndita ventana, estaba la princesa objeto de adoración de los extraños, Yuu Kanda, pálido como un papel, mirando con horror a los 3 hermanos como si el mismísimo Conde estuviese haciéndole un striptease en frente suyo, rodeado por pajaritos y con una ardillita sobre el hombro.
Sin mediar ni una palabra con el extraño trío, Kanda salió cual alma se la lleva el diablo de aquella ventana perdiéndose en los pasillos de la Orden, mientras que abajo, en la caravana, los tres hermanos corrían como despavoridos hacia dentro de la misma, desesperados por encontrar a 'su princesa' antes de que escapase y los sorprendidos miembros de la Orden les acompañaban para sacarle al menos, si es que sobrevivían, una respuesta al joven samurai.
Kanda solo se limitó a correr y a perderse en los oscuros pasillos de la Orden, insultándose mentalmente por no ver las señales y más aún por no tener en cuenta que siempre las cosas podían ponerse peor.
Mierda, ¡si que odiaba vivir!
(Continuará...)
Anotaciones 2: +ruega a todos los santos que Mai no la balee ni la amenace de nuevo+ Acá está, finalmente el primer capítulo y segunda entrega de esta bizarra cosa que decidí llamar "Encantado". Realmente ya no creo que Kanda me cuente como una amiga más (no creo que ni me cuente como trapo de piso).
En fin, pasemos a la sección explicativa: Un furisode es un kimono de mangas largas de vivos colores que las mujeres de 22 años, actualmente, usan en una ceremonia para presentarse ante la sociedad como mujeres hecha y derechas. Eso significa que Hana está lista para casarse y que Yuu tiene que tener cuidado porque la loca anda suelta.
Ahora con los nombres. Suge Kakkoin es una variación de Suggoi Kakkoui que significa "Increíblemente Hermoso" en japonés. Es algo que robé de un tomo de Slayers porque me pareció divertido un nombre tonto para un personaje tan unidimensional.
Hana significa flor y Takehiko significa príncipe.
Creo que no hay más que decir del fic.
¡Ah, si! Que todavía hay más, así que si les gusto y quieren repetir, déjenme un review que de esos me encantan, y pronto postearé la continuación.
Nos vemos luego, ¡qué tengan un muy buen día!
