Capítulo 2
Decir que esa joven no le había provocado nada sería mentirse a si mismo. Era bella de eso no cabía duda, irradiaba inocencia y pureza. Aún podía sentir esa fragancia, una mezcla exquisita de fresas y cacao.
No había podido olvidar la reacción de la dama, le resultaba cómica la manera en que se refirió a él, cualquier otra señorita se habría horrorizado y habría salido corriendo pero ella no, lo había enfrentado.
—Pequeña pecosa... —una sonrisa se dibujó en su rostro.— Que mujercita más atrevida. —Recordaba muy comodó en el sillón con los pies extendidos sobre la pequeña mesa de roble de la sala.—¿por qué llorabas?.
Algo cayó al suelo. Se inclinó un poco y tomó el papel. Era una foto que llevaba siempre con él, se había olvidado que la tenía en el bolsillo derecho de su saco. La tomó y observó, con una mano en la nuca y la otra sosteniendo el papel. — pronto estaré en América y ahora si podré estar junto a ella. Ya no tendras que esperar mas, no habrá impedimento alguno para nosotros. Podré ofrecerte todo lo que desees. —dijo mientras contemplaba la imagen de quien pronto sería su esposa.
Luego se levantó, dejo su sacó en el respaldo y camino en dirección a la imponente cama. No tardó demasiado en rendirse ante los brazos de morfeo.
Mientras que a una corta distancia de donde él se encontraba ...
—Pero quien se creyó que es para burlarse de mi y peor aún de llamarme pecosa...Urgh...—dijo muy molesta.
—¿Con quién hablas mi niña?—preguntó su nana entrando al lugar.
—Con nadie nana, con nadie. ¿Me ayudas a quitarme este vestido?, por favor.—se puso de espalda así podía desabrocharle la prenda.—Este corsé me está matando.
—Que raro. Ni siquiera está tan ajustado.
—Nana...
—Dime
—¿Mis pecas te dan risa? ¿Crees que tengo una nariz, rara o quizás graciosa?—dijo dándose la vuelta así la mujer podía mirarla bien.
—¿Que cosas dices, Candy?. En ti todo se ve tan bien. Te dan ese toque de frescura e inocencia. Eres preciosa ¿porque lo preguntas, mi niña?
—Por nada, Nana. No me hagas caso.
—Bien, ahora dejame cepillar tu cabello.—se sento frente al espejo.
—¿Nana...?
— Si...—respondia mientras seguía cepillando la rubia y larga melena de rizos.
—S-soy... —no se animaba a preguntar.
—¿Que pasa, mi niña? Sabes que conmigo puedes hablar de lo que sea. No tienes que sentir vergüenza.
—Lo sé nana. Es sólo que... esta bien. Te lo preguntaré, pero debes prometerme que serás sincera y no vas a mentirme.—le dicia apuntando con el dedo a través del espejo.
—Nunca lo he hecho.
—¡Juralo!
—Esta bien. Lo juro—dijo levantando su mano.—Ahora dime.
—Nana... ¿tu crees que soy... bonita?—sus mejillas se sonrojaron al momento que preguntó. La mujer mayor sonrió y ella bajo la mirada pero su nana la tomó del mentón y la hizo mirarla.
—Candy... mi niña. No sólo eres bonita. Eres una mujer muy hermosa, dulce, cariñosa y sobretodo posees un corazón tan noble.
—Prometiste no mentir...
—Y no lo hago...
—Si, lo está haciendo en este preciso momento...
—¿Que opinas de tu madre?
—¿Que tiene que ver mamá en esto?
—Mucho.
—Mamá es tan bella, parece toda una princesa.—dijo con los ojitos lleno de admiración.
—Tu eres el mismo retrato de ella y de tu abuela, que en paz descanse. Y no solo lo digo yo si no muchas personas que las conocen. Todos dijeron el gran parecido que tenien tú y tu madre. Candy, más de un joven quedó embelesado ante tu presencia y, no lo digo por esta noche. En las reuniones, los bailes que asististe también causaste una gran impresión. No entiendo porque no puedes ver lo preciosa que eres tanto por fuera como por dentro, pequeña.
—Nana... entonces por qué ...—su voz sonaba temblorosa — ¿porque Antony no se fijó en mi? ¿Porque no me eligió?—unas lágrimas se escaparon mojando sus sonrojadas mejillas.
—Cariño, no llores. Hay cosas en las que no somos nosotros mismos quienes tomamos la decisión. En cosas del corazón no se manda. Él solo elige y en este caso su corazón decidió amar a ella.
—Ay nana... no puedo lograr que mi corazón lo olvide. Aún me duele. No se como haré para estar allí, verlo junto a ella... —dijo apoyando su cabeza en el regazo de la mujer.
—Podras hacerlo. Ya no debes lastimarte así. Déjalo ir. Aun eres muy joven, podrás conocer a alguien que se adueñe de ese corazoncito tan dulce y que tiene tanto amor para dar.—dijo mientras rascaba su cabeza.
—Ojala fuera así de fácil.
—Lo haras, cariño. Lo harás.
...
Los días pasaban muy rápido y el gran Mauritana se acercaba a su destino. Sólo faltaban dos días para arribar al puerto de Nueva York.
Mientras tanto Candy aprovechaba los días en compañía de sus padres, aunque en esta ocasión se dedicó a su padre ya que su madre tenía un fuerte dolor de cabeza y no podía acompañarlos.
Durante todos las tardes que paseaba por el barco trataba de localizar a ese irrespetuoso caballero que se atrevió a llamarla pecosa.
Debido a la neblina no había podido distinguir bien su rostro pero si recordaba su voz, ese tono tan varonil, además de su acento. Era evidente que no se trataba de un americano sino de un inglés.
Parada junto a su padre contemplando el mar Candy escuchaba atentamente las anécdotas de su padre...
— Vaya papá, de verdad que me sorprendiste.
—Un médico siempre debe de estar preparado para cualquier situación que se presente.
—Eso lo sé muy bien, papá. Me lo recuerdas todos los dias. Pero cuentame mas, ¿ mamá que hizo cuando vio a ese hombre todo ensangrentado? De seguro se debe haber desmayado, conociendo como es.
—Aunque te cueste creerlo, tu ma... —en ese instante fue interrumpido por gritos.
—¡Ayuda por favor!
—¡Un doctor!—se oyó otro grito.
—Papá, algo ocurre.
—Vayamos—ordenó su padre. Rápidamente se acercaron al lugar de donde provenían los gritos. Varios estaban reunidos alrededor de una pareja de matrimonio.
—Soy médico. ¿Que ocurre?
—Hagan paso.—pidio el capitán que se encontraba entre la gente. Las personas comenzaron a abrirse para dejarlos pasar.
—Mi esposa, doctor. Se puso mal—dijo el joven esposo alarmado.
—¿Que fue lo que le pasó?—se arrodilló junto a la mujer que yacía en el suelo.
—Estabamos caminando y de pronto comenzó a sentirse mal y luego se desmayo—comentaba muy afligido.
—Esta mujer está muy palida. Tiene fiebre. No podemos tenerla aquí. Hay que llevarla a otro lugar. Rápido!— ordenó el hombre.
—Tiene razón. Traigan a la señora por aquí.—el capitán llevó a la humilde pareja a uno de los camarotes de primera clase.
—Pero capitán... nosotros no podemos pagar eso. Será mejor que la lleve a...
—Esta mujer se encuentra mal. Hay que atenderla.—dijo el doctor ingresando rápidamente mientras los demás disputaban sobre la situación.
—¿y cual es el problema?
—Yo no tengo para pagar un lugar como este.—dijo el hombre sacándose el sombrero y sosteniéndolo con ambas manos junto a su pecho.
— No tiene de qué preocuparse, buen hombre. Yo me haré cargo de todos los gastos.—dijo con un raro acento. De inmediato la pecosa al reconocer esa voz se dio vuelta. "Esa voz... es él", pensó la rubia.
—Candy, ve por mi maletín.—Ordenó el padre. La muchacha aun seguía aturdida — Candy, ve por favor — sin esperar a otro aviso, salió a toda prisa.
Buscó velozmente lo pedido y regresó junto a su padre quien ya había logrado despertar a la joven madre.
El doctor controló los signos vitales de ambos, el bebé parecia estar bien, su ritmo cardíaco era normal. Sin embargo su madre no parecía estarlo. Le puso unos almohadones para levantar un poco las piernas y manterlas en alto hasta que se normalizara la presión.
—¿Y doctor, como está mi esposa?
—Eh señor...
—Philip, mi nombre es Philip Owen
—Bien Philip, necesito que traigan unos paños y agua fría. Hay que bajarle la fiebre y normalizar la presión. Tiene muy baja.
—¿Y el bebé?
—El parece ser un bebé muy sano y fuerte.
—Mi esposa, ¿que tiene doctor?
—Sufrio una lipotimia. Además sus amígdalas están inflamadas. Es por eso la fiebre.
—¿Eso es grave?
— No, la lipotimia ocurre cuando baja el azúcar. Me dijo que no ha comido nada desde el desayuno . Eso podría ser una de las causas que bajo la presion. En su estado no debe saltarse ningunas de las comidas. Así que por favor, traiganle algo de comer, es necesario que se alimenten bien.
—Ahora mismo iré a buscar algo para que coma.—Candy al observar que la pareja carecía de ciertos recursos se ofreció a ocuparse de la futura madre.
—Yo me puedo ocupar de eso. Usted debería quedarse junto a ella por si necesita algo.—ella miró a su padre y este asintió con la cabeza.
—Muchas gracias. Pero no tiene que hacerlo, señorita. Yo...—la rubia lo interrumpió.
—No se preocupe. Yo lo hago encantada.
—No me gustaría molestarla.
—No es ninguna molestia. Y ya le dije. Yo me ocuparé de traerle los alimentos necesarios para su esposa e hijo.
—Es usted muy amable, señorita. No se como haré para pagarles todo lo que están haciendo por mí esposa y mi hijo.
—De eso ni hablar. Ya está solucionado. Lo importante ahora es que su mujer está bien. Pero necesita estar tranquila.
—Le daré este medicamento —dijo mostrando una pequeño botella marrón que contenía un líquido espeso de color rosa.— Es para bajar la inflamación de su garganta. No deje de ponerle los paños de agua fria, eso ayudará a bajar más rápida temperatura. Deberá ser paciente, pronto estará mejor. Vendré más tarde a controlar que todo este bien.
—Se lo agradezco tanto doctor.—dijo mientras caminaban a la puerta de salida.
Afuera los esperaba el capitán y el joven que se ofreció a saldar los gastos.
— ¿Como estan?—pregunto el capitán.
—Estaran bien. La señora necesita reposo absoluto. Más tarde pasaré a revisarla. No la muevan de aqui.
—Trabajare lo que sea necesario para pagarle todo esto capitán.—dijo el hombre apenado.
—No será necesario. Yo dije que me haría cargo de todo.—dijo el joven castaño que estaba al lado del capitán. Candy lo miraba atentamente.
—Ya han hecho demasiado. No podría aceptar eso.
— Ustedes podrán quedarse en ese camarote tranquilamente. Ahora mismo ordenaré que le sirvan el desayuno a su mujer. No será necesario que se trasladen de aquí.
—Eso es muy noble de su parte, mi capitán pero me temo que no puedo aceptar. —decia el hombre.
—Señor Philip, no tiene que sentirse apenado. Piense en el bienestar de su señora y en ese bebé que está por nacer. Ellos necesitan estar bien cuidados.—dijo la rubia amablemente.
—Me da mucha pena con ustedes.
—Si no acepta nuestra ayuda nos sentiríamos defraudados. Así que por favor.—agregó el joven inglés.
—Muchas gracias a todos.
El hombre se retiró y fue junto a su mujer. El capitán ordenó que se atendiera como era debido al humilde matrimonio y luego se dirigió con el señor William a tomar una copa.
...
Agarrada contra la baranda, Candy miraba hacia el horizonte viendo al majestuoso astro ocultarse. Estaba sumida en la bella imagen que no se dio cuenta cuando él se le acercó.
—No debería de acercarse tanto a la baranda.— al oir esa voz se giró rápidamente.—Podría marearse.
— Y usted no debería de aparecerse así. ¿Disfruta asustar a las personas?
—En realidad no, sólo disfruto ver su cara llena de pecas asustarse.—ella abrió grande los ojos ante su comentario. Y antes de que ella pudiera decir algo él se adelantó.— Lamento haberla asustado. No era mi intención hacerlo.—dijo haciendo una pequeña reverencia.— Acepte mis más sinceras disculpas—puso una cara de inocencia haciendo que la rubia dudará de su arrepentimiento.
—Hmmm... Disculpas aceptadas. —dijo con los brazos cruzados.—No pensé que un hombre como usted fuera a compadecerse por esa familia. Fue un noble gesto de su parte hacerse cargo de esas personas.
—Es lo menos que podría hacer. Cualquier ser humano hubiera reaccionado de igual manera ¿No lo cree, usted?
—Si... por supuesto.
—Usted y el doctor también hicieron un gran trabajo.
—Mi padre es un gran médico.—dijo con tanto orgullo.
—Su padre... he oído mucho de él.
—Asi es señor...
—Terrence, Terrence Grandchester—.Extendió su mano para tomar la de ella.— Usted es ...
—Candice White.—ella poso su mano en la de el, éste deposito un casto beso en el dorso manteniendo su mirada fija en la de ella.
—Un placer señorita White.
—Lo mismo digo señor Grandchester—dijo y volvió a centrar su vista hacia el horizonte.
El silencio reino entre ellos, no se sintió para nada incómodo sino placentero. Anteriormente no había podido verlo bien pero ahora podía apreciar sus facciones. De reojo lo miraba, tenia una nariz recta , mandíbula bien marcada, una pestañas largas y podía observar el color de sus ojos, eran de un azul tan profundo como el del océano. Era un hombre alto y apuesto. Su cabello de un color más oscuro que el de su padre, lo llevaba de un largo hasta los hombros.
—¿Le gusta lo que ve?—pregunto con la mirada fija al frente. Ella al ser pillada se sonrojo hasta las orejas.
—Ah...N-no lo estaba viendo. Es sólo... que...—alargo— Su apellido...
—¿Que hay con eso?
—Es que... ¿Tiene algo que ver con el duque de Grandchester?
—Hmm... podríamos decir que si.—fue su corta respuesta—Es una vista hermosa, ¿no lo cree?
—Si. Me gusta mirar el ocaso.—dijo contemplando el maravilloso fenómeno.
—Se dice que si admiras el ocaso junto a la persona que quieres, el destino los aguardará unidos por siempre—dijo el manteniendo la mirada fija al mismo punto. Ella levanto sus cejas y se giró para mirarlo y él le guiño un ojo haciendo que la rubia se ruborizara. Otra vez volvió a dejarla sin saber que responder. Acto seguido el se dio media vuelta desapareciendo de la vista de ella.
Continuará...
Estoy muy agradecida por la buena onda. Como verán, soy nueva en esto pero haré lo posible por subir mas seguido los capítulos.
Besos.
