Capitulo 2 otra vez a las andadas

A todo el mundo le pareció extraño el que Liliane Evans y James Potter se saludaran de manera formal cada vez que se cruzaban en los pasillos o en las puertas de las aulas. Más extraño les pareció que cuando la pelirroja gritaba al merodeador por alguna de sus, de nuevo habituales bromas y accidentes, lo hiciera con una ligera sonrisa en el rostro.

Y se quedaron atónitos cuando en la mesa del gran comedor, la chica y el muchacho se sentaron uno en frente del otro y se les veía entablar alguna conversación.

Lily caminaba aquel día con el cejo fruncido. Aquella vez James y Sirius se habían pasado. No conformes con ligarse a media escuela del sector femenino, ese viernes habían decidido compartir la cama de ellas, con ellas.

Y no es que eso no sucediera en la escuela. Lily sabía bien de las andanzas de los chicos; sobre todo porque en alguna ocasión había escuchado a sus compañeras de cuarto farfullando sobre; como ellas denominaban, la "grandiosa" noche.

Un tono carmesí cubrió sus mejillas.. "en su habitación" "con sus compañeras de cuarto"; "donde ella dormía". Solo de pensarlo le entraban nauseas. Sabia bien que ninguna de sus compañeras le diría absolutamente nada, porque conocían que, en cuanto ella se enterara, prohibiría de cualquier forma la posibilidad de que el "evento" se repitiera. La posibilidad muy remota. Porque corría el rumor de que solo unas selectas chicas tenían el placer de volver a presumir de haberse acostado de nuevo con algún merodeador. Lily dudaba mucho que Peter tuviera esa lista de espera por parte de la chicas, y se aferraba a pensar que Remus no era tan mujeriego como sus otros dos amigos. James y Sirius eran agua de otro cantar.

Habían pasado tres semanas desde que en su interior, Lily había pactado una tregua con el moreno. Y parecía que las últimas dos semanas, James había decidido a volver a ser él de antes y no tirar a perder su popularidad como "seductor nato".

"estoy en deuda contigo" le había confesado Sirius una vez en la biblioteca. El rostro de Lily se volvió triste un segundo. No había visto jamás tal dolor en la mirada de Sirius; así como en el aula, había podido comprobar que James también era humano; y no solo un ser vanidoso y creído como ella siempre había pensado de él.

Una furiosa mirada advirtió a los ojos azules de Sirius que la pequeña pelirroja se había enterado de sus últimas andanzas, para variar.

-espera Lily.-se apresuró a decir con una sonrisa nerviosa pintada.

-¿Cómo se os ha ocurrido? Por Merlin, en una habitación de cuarto!-exclamó enojada.-¡solo tienen 14 años!

-ya habían cumplido quince.-se adelantó a informar.

Lily respiró hondo. –sus compañeras de habitación no.-contestó siseando con frialdad.-imagínate las caras de las pequeñas cuando se levantan al día siguiente y se encuentran a dos chicos de séptimo andando tranquilamente por el cuarto mientras comentaban la "buena jugada" de anoche.-dijo deprisa al punto de la histeria.-desnudos Black!-escupió como si le fuera a dar un ataque hipocondríaco.

El moreno sonrió al recordar precisamente las caras sonrojadas de las compañeras de cuarto de sus conquistas.

-sois unos pederastas.-gritó entonces la pelirroja.-casi no lo podía creer cuando una de ellas vino a contármelo con tal nerviosismo que tartamudeaba lo ocurrido. Y deja de sonreír pedazo de estúpido!.-exclamó de repente mientras daba unos sonoros golpes en la cabeza con su varita.

-ey Lily!.-se quejó el chico.- si lo hicimos fue porque ellas también querían. No creerás que nos vamos a aprovechar de alguien que no quiera ¿no? Tendrían quince años, pero no eran unas santas.

ya me podéis agradecer que la cría no fuera a contárselo a la profesora Sprout.-informó la pelirroja.-porque estaba decidida a contárselo a su jefa de casa. Esa niña le tocó compartir el cuarto con otras con las que desafortunadamente no se lleva muy bien. Y suerte habéis tenido de que la convenciera para que olvidara todo el asunto.

-si ella es aun piensa que los niños vienen de Paris no es nuestro problema.-contestó Sirius algo ofendido.

-no sigas por ese camino Sirius.-susurró Lily desafiante.- Ella no tiene porque despertarse y encontrar a los chicos que sus compañeras se han tirado.-exclamó alterada.

Sirius calló al escuchar a la formal Evans usar un vocabulario tan vulgar. Cuando eso ocurría, es que estaba demasiado enfadada como para seguir intentando ganar algún punto a tu favor. Era capaz de dejarte a la altura del barro con sus alegaciones, y normalmente hacía sentir mal a la gente que, efectivamente, había cometido alguna infracción. Claro que ella a él no podía hacerle sentir mal. Y menos con ese absurdo tema.

Casi rodó los ojos cuando vio que por detrás de la chica, que seguía mirándole desafiante, venía su mejor amigo dibujando una sonrisa. Y se llevó una mano a la frente sin remedio al ver como James tocaba la cintura de la muchacha y saludaba con énfasis "¿Cómo esta la princesa?"

"ay Merlin envíanos ayuda" fue lo primero que pensó el chico al ver como una enojada pelirroja se volvía con una mal fingida dulce sonrisa.

-¿ocurre algo?.-preguntó el chico temeroso al ver como su amigo le hacía señas por detrás.

-¡princesa y un cuerno!.-exclamó entonces la pecosa propinándole una bofetada que resonó en el pasillo.

La chica volvió por donde había venido, bufando y farfullando algo incomprensible para los chicos.

-tienes la cara marcada.-dijo con seriedad Sirius, para luego soltar una grandiosa carcajada.-mira que eres paleto.-se burló.

-¿tu te crees que con ésto.- y se puso a imitar los gestos que Sirius había hecho segundos atrás.-puede uno imaginarse algo? –preguntó furioso.- parecías haber sido atacado por un ejército de termitas cosquilleantes.

Sirius sin dejar de reír golpeó el hombro de su mejor amigo.- y tu ahora pareces un esquerguto muy colorado.

A veces no sabía como podía soportarlo. Golpeó la cabeza de su amigo y se llevó la mano a su mejilla colorada, contrariado de no saber que podía haberle ocurrido ahora a Lily, aunque lo sucedido aquella mañana en la habitación de cuarto le daba una ligera pista.

Como un imbéci y sin dejar de escuchar la risa de Sirius de fondo, sonrió divertido.

Seguro que la pelirroja había vuelto a meterle a él en el mismo saco que a Sirius.

Ya se le ocurriría la forma de explicarle que él no acostumbraba a levantarse y pasearse exhibiendo todo su cuerpo, como su amigo presente. Y lo más importante; ya le explicaría que habría sido muy difícil levantarse desnudo cuando nunca se había llegado a quitar toda la ropa.