Holaaaaa! Antes que nada, les pido una disculpa por mi tardanza. No tengo excusas, simplemente, perdonenme. Afortunadamente, hoy encontré el tiempo para publicar el segundo capítulo. ¡Espero que les guste! pues, como les adelanté, Rachel regresa a un lugar especial. ¡Preparense para un capi lleno de Finchel! :D ¡Gracias por todos sus REVIEWS! ¡Y espero y me dejen unos poco más para este capítulo! ¡Se los voy a agradecer mucho! En fin, solo espero que les guste y que me digan lo que piensan... ¡Disfruten!
Aviso: La serie Glee y sus personajes no son de mi propiedad. Pertenecen a FOX, Ryan Murphy, Brad Falchcuk e Ian Brennan. Yo solo los uso para entretenerme escribiendo :)
Desperté a las siete de la mañana para levantar a Finn, pues se tenía que ir a trabajar, y se había quedado dormido.
Inmediatamente se levantó sobresaltado y se metió a la ducha. Media hora después, mientras los dos desayunábamos, decidí hacerle una propuesta.
-Sabes…-comencé- En una semana es nuestro primer aniversario de bodas.
Finn abrió los ojos como platos mientras tomaba su café.
-¿Sí?- preguntó, y después me vio asustado- Ehh…Sí…¡Sí!
-Finn Hudson, no te habías olvidado de eso, ¿verdad?
-¡No, claro que no!- respondió.- Quince de abril. Ha sido el día más feliz de mi vida.
-Awww, Finn.
Suspiré y me senté en su regazo para darle un beso.
-Bueno, pues sí- continué- Cumplimos un año de casados, y aunque tal vez la tradición es que tú me sorprendas… estaba pensando que podríamos planear algo especial de antemano.
-Rachel Hudson- Finn sonrió- Eso era exactamente lo que estaba pensando.
Solté una carcajada, y lo besé aún más emocionada.
-¿Qué te parece tener una segunda luna de miel?- le pregunté.
-¿No tuviste suficiente con la primera?- preguntó- Digo, hicimos parada en muchos lugares.
-Bueno, tal vez sí nos excedimos en eso, pero este es nuestro primer aniversario. Debe de ser algo fuera de lo común. ¿No es triste la idea de una cena en cualquier restaurante de Manhattan? Eso ya lo hemos hecho muchas veces…
Finn me miró con suspicacia, y entonces yo tuve que dejar de hablar.
-Haber si entiendo- comenzó- ¿Lo que tú quieres es hacer alguna locura?
Me encogí de hombros.
-Lo que tú quieras con tal de que sea fuera de Nueva York.
Entonces a Finn le apareció un brillo en los ojos.
-¿Sabes que deberíamos hacer?
-¿Fugarnos?- pregunté.
Aquello parecía que ya lo habíamos dicho una vez cuando éramos adolescentes, pero claro, él no lo recordaría.
-Exactamente- respondió Finn- Vamos a disfrutar del mundo y perdernos por unos días sin decirle nada a nadie.
-¿A nadie?- pregunté con una sonrisa.
Finn asintió.
-Pero…¿qué vas a hacer con la cafetería?
-Pondré a Larry al mando.
-Espera… me estás diciendo que debemos fugarnos sin decirle nada a nadie, ¡pero Larry se va a enterar!.
-Pero no va a tener autorización para anunciar nuestro paradero.
Sonreí satisfecha.
-Es más… -dije- Esto va a ser tan secreto que yo misma voy a buscar los vuelos.
-¿Y a donde vamos a ir?- preguntó.
Oh, cierto. No nos habíamos puesto a pensar en eso. ¿Cuál podría ser el lugar ideal?
-No tengo idea- admití, mi sonrisa desvaneciéndose.
Finn me miró preocupado.
-Rach, debe de haber un lugar especial…
-Lo hay, solo que no sé…
Y entonces se me vino a la mente el recuerdo de una situación parecida hace ya casi dos años. Las chicas y yo queríamos tener un viaje espectacular. Sonreí de oreja a oreja.
-¡La citta eterna!- exclamé.
-¿Qué?- preguntó mi marido.
-¡Roma!- grité- ¡Deberíamos ir a Roma!
Finn soltó una carcajada.
-Me parece perfecto- admitió- Por algo la llaman también la ciudad del amor.
Finn se fue al poco rato, igual de emocionado que yo por nuestra próxima aventura.
Estando sola en nuestro departamento, me metí en Internet y busqué vuelos directos hacía Italia desde Nueva York, y a los veinte minutos me desesperé. No es que yo fuera un fósil que no entendía nada de eso, en realidad, se me daba organizar viajes, pero por algún motivo, estaba teniendo dificultad para encontrar vuelos a mediados de abril y no me quedó más remedio que tener que contarle del plan a Kate.
-¡No puedo creer que están por cumplir un año de matrimonio!- exclamó Kate por teléfono- Tom y yo apenas llevamos tres meses, y eso que yo me comprometí antes que tú.
Solté una carcajada.
-Pero, en fin- continuó Kate- Cuenta conmigo para esto. Y no te preocupes, de mi boca no saldrá el secreto.
-Muchísimas gracias, Kate- dije- Nunca dejaré de agradecerte todo lo que haces por mí.
-Pues para eso soy tú asistente, tonta-comentó.
-Gracias.
-No hay de qué. Entonces… te buscó los vuelos y te mando la información por correo electrónico, ¿te parece?
-Perfecto- acepté- Aquí estaré todo el día.
Después de colgar, no pude evitar ir a nuestro armario a sacar las maletas. Todo la mañana me puse a escoger ropa para Finn y para mí. Me bañé, hice rápidamente unas compras de supermercado, y regresé al departamento, ansiosa por tener noticias de Kate. Finalmente, una hora después, su mensaje llegó, y milagrosamente, encontró un vuelo disponible. El único inconveniente: era para el día siguiente.
Mi primer pensamiento fue ¿Quéeeeeee? ¿Mañana?, pero, de cualquier forma, acepté, y compré los pasajes. Vi el reloj y eran las doce. En esa hora había quedado de verme con las chicas en Hudson´s.
Me puse un vestido de Stella McCarthney color beige, y unos zapatos Christian Louboutin color café, y salí disparada hacia las calles de Manhattan.
Tomé un taxi y al poco tiempo estuve en la cafetería de mi marido, encontrándome a las chicas en la barra platicando alegremente con él.
-Hola a todo el mundo- los saludé- Tarde, pero estoy aquí.
-¿En dónde estabas metida?- me preguntó Mercedes.
-En…en el supermercado. Hice unas compras, y después regresé al departamento y me arreglé para venir aquí.
-Oh-dijo Tina, y después se quedó pasmada- Se suponía que yo también debería de haber hecho las compras para la casa.
-Pues tendrás que esperar-dijo Mercedes, mientras Larry le servía otra copa de margarita- Esta reunión es importante.
-Oh, bueno, chicas- comencé- ¿les importa si hablo por un momento con Finn? Las alcanzo en la mesa.
-¿De qué van a hablar?¿Están teniendo una crisis matrimonial?- preguntó Mercedes, y Quinn le dio un codazo- Oh, olvídenlo. Te esperamos, Rachel.
Asentí, y pasé por debajo de la barra.
-Hay algo muy importante que tengo que decirte- le anuncié a Finn.
Me tomó de la mano y me condujo a su despacho, cerrando la puerta detrás de nosotros.
-¿Qué me tienes que decir?- preguntó.
Sonreí y traté de controlar mi emoción.
-Conseguí los vuelos- dije- Bueno, en realidad, Kate los consiguió.
Finn me miró confundido y le tuve que explicar.
-No lo pude hacer por mí misma- admití- pero le apliqué la misma orden que tú le diste a Larry. No le dirá a nadie, no te preocupes.
Finn se vio aliviado.
-En fin- continué- Consiguió los vuelos y… salimos mañana por la tarde.
Finn se sobresaltó.
-¿Mañana?
Asentí, un poco preocupada por su reacción.
-Rach, sería genial, pero… eso es muy rápido.
Suspiré.
-Ya lo sé- admití- A mí también me pareció demasiado pronto, pero… eso es exactamente lo que dijimos que haríamos: una locura.
Entonces Finn soltó una carcajada y la tensión se rompió.
-Señora Hudson… eso será entonces lo que haremos.
-¿No te parece demasiado temprano para beber?- le preguntó Quinn preocupada a Mercedes, que ya llevaba su tercera margarita.
-No si no tienes nada interesante que hacer- dijo- He decidido tomarme todo el día libre y no pienso más que perderme en el ocio.
-Yo en cambio tengo que ir al supermercado…- mencionó Tina, preocupada.
-Oh, por Dios, ya deja de hablar de eso- la reprimió Mercedes- Yo misma voy a comprar las cosas si quieres, pero cierra la boca.
Tina la miró ofendida.
-Pues yo al menos sí tengo cosas que hacer…
De acuerdo, aquello ya era demasiado. Hoy sería mi último día con ellas, y no las volvería a ver después de una semana, pero obviamente, eso no se los iba a decir. Tenía que pasar un buen rato con ellas, y las discusiones o los insultos, estaban definitivamente fuera de lugar.
-Chicas, deténganse- les ordené.- Recuerden, cada una de nosotras tiene su propia forma de ser, de pensar, y sus propias obligaciones. Vamos a respetarlas.
Mercedes soltó una carcajada y Tina asintió.
-Vaya- se sorprendió Quinn- Por fin alguien puede captar lo que he tratado de decirles todos estos años.
Entonces las cuatro soltamos una risotada que se pudo escuchar hasta donde estaba Finn.
Amo a mi marido, de eso no cabe duda, pero definitivamente extrañaría a las chicas, y me sentí un poco mal de no decirles nada, después de todo, no harían más que sentirse feliz por mí y desearme un buen viaje. Oh, bueno, esta era nuestra aventura, no se podía remediar.
El avión aterrizó en la ciudad de Roma a las dos de la tarde de ahí.
Finn y yo bajamos emocionados por aquella semana juntos disfrutando de nuestro amor.
Un autocar nos llevó al hotel, que debo mencionar, era hermoso, con la fachada al más estilo renacentista.
Cuando el mozo nos llevó a nuestra suite y depositó nuestras maletas en el armario, me miró con una enorme sonrisa.
-¡Quella bella donna che sei!
-Gra…¡Grazie!- respondí.
Solté una risita nerviosa y cerré la puerta. Finn me miró con el ceño fruncido.
-¿Qué te dijo?- me preguntó.
-Ehh… dijo: ¡Bienvenidos a Roma!
-Oh
En realidad, me había dicho, ¡qué mujer tan hermosa es usted!, según pude comprender, pero eso no se lo dije a Finn.
Una hora después, salimos del hotel tomados de la mano y decidimos caminar para explorar más a fondo la citta eterna. Recordé como hace casi dos años Tina, Quinn, Mercedes y yo estuvimos aquí. En ese momento yo me encontraba algo mal por Finn, y ahora simplemente sonreí al mirarlo y sentir su mano debajo de la mía. No cabía duda de que el tiempo pasaba rápido.
Le señalé la pizzería en la que había ido a comer con las chicas y al poco tiempo nos ofrecieron una mesa.
Me reí de él mientras se devoraba una pizza margarita, y le tomé fotos, para disgusto de él.
Después hicimos el recorrido tradicional: el Coliseo, las Catedrales, la Basílica, los museos, los comercios, y por último, nos detuvimos en la Fontana Di Trevi.
Finn estaba realmente emocionado cuando nos hicimos un lugar entre los turistas para pasar a la fuente, y con una sonrisa recordé lo que había pedido la vez anterior: Volver a ver a Finn Hudson. Bueno, pues ahora ya era hasta su esposa y llevaba ese mismo apellido. No tenía ninguna duda en que podía tener suerte una vez más.
-¿Qué deseo vas a pedir, Rachel?- preguntó Finn.
¿Qué podría pedir ahora? No quisiera decir que lo tenía todo, pero, en realidad, estaba pasando por un buen momento. No se me pasaba por la cabeza ser exigente. Pero entonces recordé algo. Y que no solo yo, sino que Finn también lo deseaba. Más que nada en el mundo.
Finn me miró, adivinando mis pensamientos y puso sus manos sobre mi vientre para acariciarlo.
Lo besé tiernamente en los labios y asentí.
-No quiero nada más que eso- le dije.
Me tomó de la mano y pronto estuvimos más cerca. Sacó unas monedas y me dio una a mí.
-¿Estás lista?- preguntó.
-Muy lista- asentí sonriendo.
Le dimos la espalda a la fuente y cerramos los ojos. A la cuenta de tres, aventamos nuestra moneda.
Que Finn y yo logremos tener un bebé, pedí.
En un segundo, abrí los ojos y Finn me miró sonriente. Lo volví a besar y después buscamos un taxi que nos llevara a la Piazza Spagna.
Después de unas ajetreadas compras, mi propósito era llegar a descansar al hotel, pero Finn no dejó que eso pasara.
-Esta aventura apenas comienza- dijo- Y me temo, señora Hudson, que usted no podrá descansar esta noche.
-¿Qué tienes planeado?- le pregunté.
-Desde luego- dijo él- No te pienso decir ni una sola palabra. Solo tienes que saber que estamos por comenzar a celebrar nuestro aniversario.
Lo miré con suspicacia y él me cargó y me dio vueltas con una enorme sonrisa.
-¡Bájame!- le ordene-¡Finn Hudson! ¡Es enserio!
Soltó una carcajada y me depositó de nuevo en el suelo.
-Es momento de hacer locuras, ¿recuerdas?
Le di un empujón juguetón, pero finalmente, me llevó a el último lugar que visitaríamos en aquel primer día.
En unas calles cerca del hotel, se encontraba un enorme jardín abierto al público.
Finn me vendó los ojos justo en la entrada y lo maldecí pues me hubiera gustado ver todo el colorido y las plantas que lo adornaban.
Finalmente, llegamos a lo que yo supuse era el centro del lugar, y Finn me desató la venda que me privaba de ver. A mi alrededor había paredes de hojas decoradas con luces brillantes, y más atrás, en la entrada, había caminos de arbustos. Me recordó por alguna razón a la escena del jardín en la película de Notting Hill.
Un mesero apareció de la nada, y entonces me percaté de la elegante mesa que estaba frente a nosotros. El mesero sacó la silla para mí.
-Adelante, bella.-dijo, con acento italiano.
Tenía demasiadas preguntas que hacer.
-¿Cómo hiciste esto?- le pregunté a Finn- ¿En que momento? ¿Porqué no me dejaste arreglarme?
Finn soltó una carcajada y se sentó frente a mí.
-Tengo mis contactos-dijo- No fue difícil. Y, la verdad, así estás bien Rachel, yo tampoco me cambié. No es necesario vestirse elegante, eh signore?- le preguntó al mesero.
-In tutto a tutti!- respondió.
- De acuerdo, no tengo idea que acaba de decir- admitió Finn- Pero supongo que estuvo de acuerdo conmigo.
Asentí.
-Bueno- continuó- Entonces, creo que ya es momento de comenzar la celebración.
Reí y tomé su mano.
Finn tocó la copa que estaba frente a él con su tenedor, y enseguida llegaron unos músicos con instrumentos.
Abrí los ojos como platos.
-¿Y esto?- pregunté.
Finn sonrió y le hizo una señal al mesero, que enseguida nos sirvió vino, y después nos dejó nuestra cena sobre la mesa.
Justo cuando vi mi plato de spaguetti, los músicos comenzaron a tocar.
Che bella cosa na jurnata 'e sole,
n'aria serena doppo na tempesta!
Pe' ll'aria fresca pare gia` na festa,
che bella cosa na jurnata 'e sole.
Ma n'atu sole cchiu` bello, oje ne', 'o sole mio, sta 'nfronte a te!
O sole, 'o sole mio, sta 'nfronte a te, sta 'nfronte a te!
Quanno fa notte e 'o sole se ne scenne,
me vene quase 'na malincunia.
Sotto 'a fenesta toia restarria,
quanno fa notte e 'o sole se ne scenne.
Ma n'atu sole cchiu` bello, oje ne', 'o sole mio, sta 'nfronte a te!
O sole, 'o sole mio, sta 'nfronte a te, sta 'nfronte a te!
Durante toda la canción, miré a Finn y él me miró a mí. Aún recordaba la vez anterior un poco triste, ya que justo en la cena, un anciano tocó el acordeón y mis pensamientos se volvieron hacia Finn y lo mucho que lo extrañaba. Aún sin soltar su mano, ahora agradecí poder tenerlo de nuevo y para siempre.
Nuestra primer noche en Roma terminó de la manera más romántica posible, ya que Finn y yo nos entregamos el uno al otro. Sin embargo, cuando estábamos a punto de apagar las luces y desearnos buenas noches, mi BlackBerry sonó. Lo revisé solo una vez, y si mal no recuerdo, había quince mensajes, y todos de Mercedes. Decidí ignorarlos, y me recosté en el pecho de Finn.
Estaba probablemente en el quinto sueño, cuando el teléfono de la suite sonó alarmándome inmediatamente. Finn se despertó sobresaltado, y yo lo calmé, avisándole que probablemente estaban llamando de recepción.
-Bue…¿Bueno?- pregunté, bostezando.
-¡Rachel Barbra Hudson!
Apenas al oír aquella voz, me paré de la cama. Finn me miró confundido. ¡Era Mercedes! ¿Cómo era posible que sabía dónde estaba? ¿Y por qué tenía el teléfono del hotel?
-Hola, Mercedes- la saludé nerviosa.
-¿Por qué demonios te fuiste a Italia sin avisarnos?- preguntó molesta.
-¿Quién te lo dijo?
-Tuvimos que acorralar a Kate.
-Oh, no…
-Oh, sí. Estamos muy decepcionadas. Pensé que éramos amigas…
-Lo somos- respondí- Lo siento, Mercedes, de verdad, pero ahora no es el momento para hablar.- miré el reloj- Aquí son las cuatro de la mañana. Estamos durmiendo.
-Pues aquí en Nueva York son las diez de la noche- dijo, y supe que no me iba a dejar en paz.
-Agh. ¡De acuerdo!- estallé, y Finn me miró sorprendido.- Finn y yo decidimos venir a Roma sin decirles nada porque queríamos hacer algo loco para nuestro aniversario. ¿Estás feliz?
Mercedes no contestó.
-¿Mercedes?
-¡Maldición!- exclamó- Ahora lo he arruinado. Lo siento mucho. ¡Cumplen un año de casados! ¡Felicidades, Rachel! ¡Salúdame también a Finn! ¡No puedo creer que lo haya olvidado!
Reí sin ganas.
-Ya hasta olvidé para que te necesitaba- dijo- Pero no importa. Disfruta mucho… ¡y los esperamos pronto por aquí!
-Gracias, Mercedes- dije, y suspire.
-¡Hasta luego!
-Adiós.
Cuando colgué, Finn y yo nos miramos.
-Ahora siento que hemos hecho peor que Lydia Bennet y Mr. Wickham en Orgullo y Prejuicio- comenté.
Finn frunció el entrecejo, confundido.
-¿Quiénes?
-Oh, olvídalo- le di un beso, y volví a recostarme sobre su pecho.
El vuelo de regreso no fue muy bueno. La semana se había pasado demasiado rápido. Apenas recuerdo todo lo que hicimos, pero, dejando eso a un lado, había sido una excelente segunda luna de miel. Fue una experiencia maravillosa.
Las chicas nos recibieron en el aeropuerto y nos bombardearon con preguntas y abrazos.
Apenas llegamos al departamento, entré en razón de que ya no estábamos en Roma, lo cual era lamentable, pero ahora estábamos en casa.
La noche siguiente, Mercedes nos citó en el Mirage, y los chicos se reunieron con Finn en el departamento. Las reinas de la noche fueron, sin duda alguna, Tina y Quinn, quienes estaban disfrutando de una velada sin niños. Se habían aliado de alguna forma para dejar a la señora Goldman- de casi setenta años- y a Bridget- la chica de veintiún años que le hacía de niñera a Quinn- con los pequeños Danny y Claire, y ahora, estaban más felices y ebrias que nunca.
-Se lo tuve que contar a las chicas desde antes- comenzó Mercedes- Ya que cierta señorita desapareció…
-Oh, bueno, ¡dímelo de una vez!- espeté.- Y lo digo de una vez porque tenemos que ir por Quinn y Tina antes de que hagan más el ridículo.
Mercedes miró hacía la pista de baile y soltó una carcajada.
-De acuerdo- dijo- ¡Mi vecino me ha pedido que salga con él!
-¿Qué?
-¡Te lo acabo de decir!
-Oh, ya lo sé, pero…¿Cómo? ¿No estabas con Rob?
Mercedes se mordió el labio.
-Es por eso que no he sabido qué contestarle.
-Oh, Díos mio…
-¿La pasaste bien?- preguntó Finn, mientras se quitaba su camiseta.
-Ehh… sí, muy bien.- respondí- De casualidad… ¿estaban de buen humor Artie y Noah cuando te despediste de ellos?
No quería imaginarme cuál sería la situación que probablemente estuvieran pasando mis amigas.
-Sí, pasamos un buen rato, ¿por qué?
Suspiré de alivio.
-Oh, por nada. Todo está bien entonces.
Finn me miró con suspicacia, y yo solté una carcajada.
-Ven- le dije, atrayéndolo a la cama- Es tiempo de que comencemos a trabajar en nuestro deseo.
-Pero ya lo hicimos en Roma…
-Entonces vamos a hacerlo otra vez…
¿Y? ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Valió la pena la espera? De verdad espero que les haya gustado, no sé si recuerden, pero en el segundo capi de "Nueva York, Amor y Glee" las chicas se van a Roma, es por eso que en este capítulo hay muchas referencias. ¡Me gustaría mucho saber su opinión! (REVIEWS, REVIEWS, REVIEWS...) Por ahora, solo les puedo adelantar que se preparen para TODO! No saben lo que puede pasar aquí :) Finalmente, solo les pido sus comentarios para sonreir :D Nos seguimos leyendo...
