Espero q mis lectoras estén contentas con tener el capítulo tan rápido. Subió el rating pero es más una cuestión de mi paranoia q otra cosa, no e nada grave.
Por ahora lo termino acá, a menos q alguien esté muy interesado en q finalmente Momo le diga las cosas a Ryoma en la cara.
Espero sus reviews
Dame Otro Tequila
Se alejó, no quería ver cómo le arrancaban a Ryoma de entre las manos. O, en realidad, cómo Echizen se iba con alguien de su calaña, alguien que lo merecía.
Inusualmente deprimido, se fue del otro lado de la barra y pidió el trago más fuerte que pudieran darle. Resultó ser uno llamado "Super especial de luxe no sé ni cómo me llamo te atornillo el piso auspiciado especialmente por el gran Atobe Keigo asombrate por mi perfección". Si bien le parecía un nombre demasiado largo y extravagante para un trago, se encogió de hombros, cada bebida tenía una referencia al dueño del lugar.
Recién iba por la mitad del trago y ya le costaba acordarse de dónde estaba y cómo se llamaba.
Muy concentrado estaba en tratar de diferenciar si su nombre era Momoshiro y su apellido Takeshi o al revés, cuando una mano se posó en su hombro.
-Momo-senpai-dijo una vocecita que distinguiría en cualquier lugar, incluso borracho y con una música electrónica retumbando en su cerebro.
-E-echizen-lo miró sorprendido-¿T-todavía no te violó Kevin?
Su acompañante lo miró raro-¿Por qué me iba a violar Kevin¿Y cómo sabe Momo-senpai quién es Kevin?
-Ay, tonto-rió-Yo sé todo de vos-le clavó el dedo en el pecho-¿Te dije alguna vez que la manera en la cual te expresás es adorable?-el último comentario causó un fuerte sonrojo en la carita de Ryoma-Y también cuando te ponés todo rojito, me encanta eso.
-Momo-dejando el chiste entre ambos atrás-Estás borracho.
-Nah-hizo un gesto con la mano-Pero decime senpai, así me imagino tu carita sonrojado y vos en un uniforme de secundaria llamándome...o sólo Takeshi, así te imagino con un delantalcito recibiéndome cuando vuelvo de la radio-la idea lo hizo babear.
A pesar de su vergüenza, Ryoma lo ayudó a pararse y lo hizo apoyarse en él para salir de la multitud-Estás muy borracho y si tu jefe te ve así te van a echar.
-En tal caso puedo dedicarme a tiempo completo a ser tu stalker-rió animado, mientras su amigo lo metía dentro de un auto negro.
-¿Dónde vivís?-preguntó el más pequeño una vez que se puso al volante.
-En tus ojos-soltó repentinamente serio.
-Dirección, Momoshiro-las manos de Ryoma se aferraron con más fuerza al volante.
-En la calle 55-le contestó con un puchero resignado cuando su piropo fue ignorado.
El viaje compensó en silencio, pero a los diez minutos el borracho ya se había aburrido de eso. Y no tuvo mejor idea que acercarse y empezar a repartir suaves besitos por todo el cuello de Ryoma.
-Olés tan bien, como...mmm...a Ryoma...-refregó su nariz contra la tersa piel que tenía adelante.
-M-momo-lo corrió tímidamente en un semáforo-Nos v-vas a hacer chocar.
-Pero no me puedo resistir-dijo con absoluta seriedad y mucha más conciencia que en cualquier momento de la noche, guiando una de sus manos por debajo de la remera del otro-tu piel es tan...-pensó unos segundos-dan muchas ganas de tocarla.
Su mano fue corrida nuevamente-Cuando lleguemos, Momo-senpai-con la vuelta del apodo cariñoso y esa dulce expresión, Momo encontró la fuerza de voluntad para contenerse de tocarlo.
No pudiendo evitarlo, el sonido del auto y el ambiente ryomesco (tanto el olor, como la elegancia y simpleza del interior del auto) lo llevaron a dormirse pacíficamente contra la ventana.
Sólo se despertó cuando sintió una cálida mano meterse en el bolsillo trasero de su pantalón.
Soltó placenteros ruidos de satisfacción al encontrarse de pie frente a la puerta de su casa en brazos de Ryoma-No seas tímido, lindo-rió-podés tocar todo lo que quieras-aparentemente la borrachera lo hacía más atrevido que en toda su vida junta.
-N-no, n-n-no es eso-articuló con las mejillas rojas-buscaba la llave. Finalmente la encontró y abrió la puerta, ignorando las quejas de Momoshiro por dejar de ser tocado.
Le sacó los zapatos y lo acostó en la cama, tratando de que deje de quejarse e intentar pararse para poder irse del departamento.
-Echizen-su cara ya no parecía la de un borracho-Me gustás. Mucho. Muchísimo. Desde el día en las canchas. No te vayas.
Hubo unos segundos de tortuoso silencio en los cuales la cara de Ryoma careció de expresión. Pero un pasional beso depositado en los labios de Momo terminó con eso.
A pesar del arrasante deseo presente en el contacto Ryoma lo hizo lento y tortuoso, moviendo sus labios contra los de su acompañante con cierta cautela.
Cautela que Momo le hizo terminar, cuando finalmente se dio cuenta que había tocado el cielo con las manos. Desesperadamente, sus labios lograron abrir la boca de Ryoma lo suficiente para que sus lenguas se encuentren y entrelacen. Para, mientras distraía al lindo príncipe (como lo había bautizado internamente) con eso, usar su fuerza para atraer el delicado pero musculoso cuerpo de Ryoma hacia sí, haciendo que caiga sobre su pecho musculoso, entrelazando sus piernas.
Echizen resultó ser tal como Momo esperaba, puro potencial no descubierto. Rápidamente sus manos se dirigieron al cuello de su pareja, acariciando con perfecta sensualidad, mientras su lengua, labios y dientes proporcionaban a Momo de un paraíso personal.
Atrevido, mientras no dejaba resquicio de esa boquita sin saborear, el mayor guió sus manos por debajo de la remera del otro, saboreando tanto el sus labios como la textura de su pancita musculosa. Cuando se atrevió a pellizcar con una de sus manos una adorable tetilla, el gemido que obtuvo (y que separó sus labios) lo hizo sonreírse con satisfacción.
Rápidamente dio vuelta las posiciones para quedar él sobre ese cuerpito tan sexy y ver esa carita. Lo que vio no lo desilusionó para nada. Ryoma tenía un color rojo en sus mejillas, los ojos con una expresión extraviada y los labios hinchados y entreabiertos por los besos.
-Ryoma-dijo con dulzura, tomándose confianza-Si no querés éste es el momento para decirlo. Siento ser así, pero si seguimos es difícil que pueda parar.
El chico lo miró a los ojos unos segundos, para que luego su feroz sonrisa competitiva tenga lugar en su cara. Tomó a Takeshi por la camisa y lo arrastró a otro beso, mordiendo su labio inferior y atacándolo con tremenda vigorosidad.
La novena nube era poco para describir lo que sentía Momoshiro en ese momento. Lentamente, desabrochó los botones de la camisa de Ryoma, encargándose de estimular especialmente aquellas zonas que lo hacían soltar esos hermosos gemidos de satisfacción.
El salvaje gatito no se dejó ganar y arrancó la remera de Momo, para luego acariciar toda la extensión de su pecho y espalda, hasta su cintura.
Takeshi lo besó nuevamente, esta vez con más ternura, para luego bajar sus besos por el cuello tan sensible del príncipe. Se tomó su tiempo en dejar marcas en sus clavículas, entre su cuello y su mentón, en su pecho. Sosteniendo las manos de Ryoma contra la cabecera de la cama, se encargó de seguir el mimo por su adorable pancita, hasta llegar al borde de los pantalones.
-R-ryoma- dijo agitado-última oportunidad de que pare.
Recibió un gruñido como respuesta y las caderas se movieron en gesto de impaciencia-Si parás ahora te mato.
Nunca tan feliz de oír algo como en ese momento, Takeshi disfrutó de desnudar lentamente a su pareja.
Finalmente lo tenía ahí, después de un mes de morirse por verlo. Después de darse cuenta que se había enamorado, rápido y fácil de alguien que no podía tener.
Pero sin embargo, ahí estaba. Era tan hermoso que le dolía el corazón nada más de verlo.
Su desnudez era completamente perfecta. Todo en él era armonioso, elegante, grácil...pasó su mano por toda la extensión que se ofrecía ante él con devoción. Todas las formas de ese cuerpo eran redondeadas, dulces, invitadoras. Cada gota de sudor que resbalaba por su cuerpo, su carita llena de deseo, inocencia y competitividad, incluso en la cama. Su pelo negro pegado a su frente. Los ojos, esos enormes y preciosos ojos, que lo tenían como en un hechizo. Los músculos tensos y desarrollados por el ejercicio. El olor que lo asfixiaba, lo ahogaba. La respiración agitada que elevaba ese pecho. Los gemidos y estremecimientos que provocaba en esa perfección de cuerpo.
Después de esos segundos de contemplación, todo se volvió una locura de apasionadas caricias. Se encontró desnudo en menos de lo que pudo pestañear. Unas manos tan ávidas de caricias como las suyas recorrían su pecho, sus piernas. Traviesas mordidas en su cuello lo hacían retorcerse de pasión, mientras ese cuerpo delicioso se frotaba con el suyo.
Ryoma, una vez superada su vergüenza, demostró ser tan hábil como Momo lo imaginó.
Era un amante ideal, entregado, apasionado, lleno de ansias de dar placer y recibirlo.
Las caricias y besos se prolongaron eternamente para ambos y, cuando finalmente todo acabó, en un estallido de gemidos y placer, ninguno de los dos pudo pensar lo suficiente como para hacer otra cosa que abrazarse fuerte, piernas y brazos una maraña inseparable.
Momo besó tiernamente la parte de arriba de su cabeza y frente, mimando a su pequeño amante. Lleno por primera vez de satisfacción.
-¿Querés que me vaya ya?-preguntó su compañero, inclinándose para ver su cara mejor.
¡No! gritó el corazón de Momo con desesperación. No quería que esto fuera sexo casual, pero era muy pronto para decirle que lo amaba sin ahuyentarlo-Quedate. Por la noche. Por el fin de semana-Para toda la vida, pensó. Ni él ni su amante podían discutir las repercusiones de su accionar ahora. En la mañana vería lo que Ryoma quería y cómo hacer para tener una relación con el príncipe, ahora sólo quería dormir abrazado a él, sintiendo su calor.
Ryoma asintió y sus ojos se cerraron con suavidad. Casi como un nene chiquito, en un gesto que hizo temblar al corazón de Momo, se acurrucó contra él con ternura.
Mañana hablarían...pero hoy...tenía a Ryoma para él.
