DESPUÉS DE LA LLUVIA…
PARTE 2: KATE.
Kate dio media vuelta y se dirigió hacia su habitación. En ningún momento se volteó para mirarlo, no le hacía falta, o eso creía, creía saber lo que pasaba por su mente en esos momentos. Pero más allá de eso, mirar atrás podría ser visto por él como una señal de debilidad y ella tenía que demostrar fortaleza.
Entró en su habitación y empezó a cerrar la puerta. Pero a último momento, simplemente la arrimó y se quedó allí unos segundos.
Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro al imaginarlo caminando hacia la puerta… porque tendría que estar caminando hacia la puerta, ¿no? La sonrisa desapareció repentinamente y fue convertida en una expresión de incertidumbre. Apoyó la cabeza en la madera y trató de escuchar… nada.
Inmediatamente su cabeza empezó a llenarse de dudas. ¿Por qué no viene? ¿No quería? ¿No le importaba? ¿Habría sido demasiado dura con él? No, no, no, no podía ser nada de eso. 'Basta', se reprochó a sí misma. Se obligó a alejarse de la puerta y a apartar esos pensamientos de su mente.
Llegó a su lado de la cama y se sentó. "Su lado de la cama", que curioso… la que antes había sido tan solo "su cama" ahora ya no la veía como tal, la consideraba la cama de ellos, de los dos. Una sonrisa melancólica apareció en su rostro.
Dirigió su mirada hacia la puerta y se quedó mirándola fijamente, deseando que en cualquier momento se abriera y que él apareciera para pedirle que lo dejara dormir con ella. Se mantuvo en silencio, apenas respiraba… expectante. Pero de nuevo… nada.
Un sonido la sobresaltó, era un teléfono. El sonido venía de la sala, era teléfono de Castle. '¿Quién podría llamarlo a esta hora?', se preguntó.
De un salto, llegó a la puerta. 'La curiosidad mató al gato.', pensó. Pero no le importaba. Pegó la oreja a la puerta y aguzó el oído.
- Hola madre, ¿cómo va el viaje? – le escuchó decir, y entonces una oleada de alivio le recorrió el cuerpo. 'Ah, es Marta…', se dijo a si misma más tranquila. Pero aun así no se separó de la puerta.
- Eh… en casa, en dónde más estaría a esta hora… - pausa. – Yo… quise aprovechar para escribir así que… desconecté el teléfono del estudio y puse música. – dijo Castle con toda naturalidad. 'Parece que Marta lo estuvo llamando al loft.'
- Si, perdón. Nada serio. Solo estoy estancado con una parte de la historia. – le oyó decir y una alarma se activó en su cabeza. '¿De qué habla? ¿A dónde quieres llegar, Castle?' Pegó la oreja aun más contra la puerta porque apenas lo escuchaba.
- Bueno, básicamente, Rook acaba de hacer una estupidez y ahora Nikki no lo perdona. – 'Una estupidez, ya lo creo que sí', pensó ella. - ¿Qué crees que debería hacer Rook para que lo perdone? – 'No puede ser, ¿está haciendo lo que creo?', se preguntó incrédula.
- Bueno, eres mujer. ¿Se te ocurre algo? – '¿Le está pidiendo ideas a la madre?' Kate quiso escuchar esa parte detenidamente así que se pasó al otro lado, contra el marco de la puerta.
- Bien… dime y yo voy anotando. – 'No tienes cara, Castle.', pensó. Pasaron unos segundos dónde no se escuchó nada.
- No lo sé madre… - se escuchó de repente. - …flores, serenatas, chocolates, joyas… - Kate se sobresaltó al oír su voz repentinamente y luego de escuchar la lista. Sin querer, golpeó uno de los tantos adornos que tenía de sus tantos viajes y este se cayó al suelo. Kate se apresuró a recogerlo y se quedó quieta.
- De acuerdo—
'¿Por qué dejó de hablar? ¿Se habría dado cuenta de que ella escuchaba?', pensó, y mientras esperaba que él apareciera por la puerta, dejó de respirar. Pero… nada. Extrañada, volvió a acercar la oreja a la abertura de la puerta.
- Mmm… Si, puede ser. – Kate suspiró aliviada. Por lo visto no se había percatado. – Es solo que no me parece suficiente. Tienes que entender esto: Para Rook, Nikki no es una mujer cualquiera, ella es única y especial, ¿entiendes? – Kate no pudo evitar sonrojarse y una sonrisa se deslizó por su rostro. – Exacto, tiene que ser algo único. Él realmente metió la pata, aunque no era su intención. – 'Bueno, admite que metió la pata. Y había venido a pedirle perdón y darle una explicación.' – Ah, esa no es mala idea. Claro, Rook es escritor… Si… Pero tiene que ser, sin duda, algo que le saque todas las dudas a ella sobre sus sentimientos.
Kate estaba muy intrigada. ¿Qué sería lo que se le había ocurrido? ¿Qué se traía entre manos? Tenía que ver lo que estaba haciendo. Volvió a ponerse detrás de la puerta y se inclinó para tratar de ver algo por el ojo de la cerradura. Pero no pudo ver gran cosa. Escuchó la voz de él así que se enderezó y volvió a pegarse a la puerta.
- ¿Qué cuales son sus sentimientos? – Kate tomó aire y lo contuvo, se quedó inmóvil. – Bueno… Estoy seguro de que para Rook no existe otra mujer más que Nikki. Ha sido así desde que la conoció. – Kate sintió como un calor le subía por el cuerpo hasta invadir su cara. Se llevó las manos a la boca para evitar hacer ruido. Lo que no pudo contener fue una gran sonrisa que invadió por completo su rostro. – Oh, te tienes que ir… De acuerdo… Si, mándale un saludo a ella también… Pásenla bien, adiós.
'Se está despidiendo', pensó. Después… oyó algunos sonidos pero nada definido. Luego… nada.
Se quedó unos segundos tras la puerta tratando de oír algo, pero no logró mucho. Sabía que no se había ido porque no había escuchado el sonido de la puerta de entrada y podía escuchar movimiento en el apartamento. ¿Qué estaría haciendo? ¿Por qué tardaba tanto? La intriga la devoraba por dentro.
Tenía que calmarse o terminaría por perder los estribos. Cerró los ojos un momento y respiró hondo. Después, decidió que lo mejor sería alejarse de la puerta. Se sentó en la cama y allí se quedó, con la mirada perdida en un punto fijo, hasta que una pregunta asaltó su mente. ¿Debería arreglarse?
Caminó hasta el espejo de cuerpo entero que tenía junto al armario y vio su aspecto. Tal vez debería arreglarse, pero no mucho, solo un poco. No quería que pensara que ella lo estaba esperando.
Un golpe en el marco de la puerta la asustó. Se volteó en dirección a la puerta justo para ver como una hoja se deslizaba por debajo de ella. Tenía algo escrito. Rápidamente se acercó, la levantó y la leyó.
"Lamento todo. Dulces sueños. Por favor, llámame."
Se quedó mirando la hoja sin saber que pensar. El pánico invadió su mente. ¿Qué significaba eso? ¿Que se iba? ¿Que respetaba sus tiempos o que estaba enojado con ella? ¿Ella quería que respete sus tiempos? ¿Por qué le pedía que lo llame?
'Maldición, ¿qué hago?', pensó.
