Cuando Uldred llegó junto al resto de los magos supervivientes de Ostagar las peores noticias se confirmaron. Pero lo ocurrido en los días siguientes nadie lo esperó. Con la promesa de mayor libertad, Uldred instigó una pequeña rebelión.

"El Teyrn Loghain nos apoya. ¿Es que no lo veis? La Capilla nos teme, por eso no nos deja alcanzar nuestro verdadero potencial."

Muchos magos y aprendices apoyaron su propuesta. Otros no. Irving, Wynne, Solona y otros se opusieron totalmente a aquellas ideas alocadas, conscientes de que la Capilla no lo aprobaría.

La batalla entre ellos fue corta, Uldred no quería desperdiciar inútilmente todas aquellas almas con poder. Apresaron o mataron a todos los templarios que pudieron, pues con el adecuado control también eran válidos para sus oscuros rituales.

Solona fue apresada por algunos de los que consideraba amigos. Se resistió cuanto pudo a la posesión. Escudriñaron su mente a pesar de su resistencia.

Entonces la pusieron frente a él. Cullen la observaba, finalmente vería en ella aquello que más temía. Pero ella resistía, con dolor y agonía. Uldred veía en ella un gran potencial, o al menos el poderoso demonio que poseyó a Uldred. Su resistencia hacía más dulce la tortura, y al final todos sucumbían a sus palabras. Pero aquella joven era tozuda como ninguna que hubiera conocido.

"¡NO! Jamás aceptaré el poder que me ofreces, repugnante ser."

Cullen la veía frente a él mismo. Aquello duro días y días. Interminables pesadillas en vida. Él también sufría la tortura para que se doblegara, y al verla a ella tan frágil pero resistiendo, sentía que si se rendía la defraudaría. Los siervos de Uldred le escudriñaron también la mente, y al conocer la débil conexión entre ellos la usaron en su provecho. Aquello duró mucho tiempo, no sabia cuanto, pero parecía una eternidad con cada nuevo intento por socavar sus mentes.

... ... ... ... ... ...

"Solona, ¿Donde están los niños?"

"Afuera cariño, jugando con el perro."

Se casaron hacia unos años, Su hermana Mia se puso muy contenta al tener al fin una cuñada con la que hablar sobre su querido hermano.

Miró por la ventana a sus queridos hijos. Los tiempos habían cambiado y ya los magos y los templarios podían tener vidas juntos, la Capilla era más tolerante con aquellas ideas.

Solona dejó de pronto caer los platos rompiéndose estos contra el suelo. Él se sobresaltó.

"Solona, ¿Te encuentras bien?"

Ella se giró para mirarlo, en su rostro aparecieron de pronto heridas que hacía solo un breve instante no tenía. Temblaba como si se esforzara por algo con mucha dificultad.

"Esto... no... es... real..."

"Pero que dices Solona. Claro que es real."

"Cullen, mírame. Recuerda, no te dejes vencer."

Algo en aquellas palabras le hicieron dudar, escudriñó en su mente y no lograba saber cuando ni como habían llegado allí. Tenia la sensación vívida de la boda pero no recordaba donde o cuando se produjo. Cuando intentó pensar más profundamente en ello recordó, Uldred, la rebelión, la tortura.

Entonces todo se desvaneció. Continuaban uno frente al otro arrodillados en el frío suelo del salón. Ella con clara expresión de cansancio. Levantó la mirada y fijó en él sus bellos ojos verdes.

"Cullen, prometeme que jamás te rendirás. Que no dejarás que te corrompan. Que saldrás de aquí con vida."

No sabia que responder, no entendía del todo su intención al pedirle aquello, aunque en su corazón lo temía. Solo asintió. Y ella se rindió. Uldred estaba complacido, sabía del inmenso poder que aquella joven tenía en su interior y lo aprovecharía. Hizo un ademán y sus siervos la soltaron.

Entonces ella se levantó sin previo aviso. Fijó su mirada en Uldred, sus verdes orbes brillaban con un odio hacia su persona como no había odiado a nadie en su vida, y comenzó a concentrar su maná. Uldred realizó un hechizo de custodia para si mismo, temeroso de lo que aquella maga intentara hacer.

"Nunca... me someteré... a tu voluntad..."

Ella sabía que si se resistía demasiado, al final conseguirían doblegarla. Y no lo deseaba. Si debía morir lo haría bajo sus propias condiciones. Concentró como pudo todo su poder, para que los allí presentes no pudieran detenerla, con ella como centro, invocó una tormenta de hielo. Acto seguido hizo aparecer una daga de hielo en su mano que clavó en su pecho con rudeza, justo en su corazón. Uldred intentó sin éxito detenerla.

"¡NOOOO! Semejante poder desperdiciado solo por quien sabe absurda creencia."

Ella cayó sobre su espalda, temblando aún por la poca vida que aún corría por su cuerpo. Con gran esfuerzo se giró para verle una última vez y allí estaba él. Cullen, el amor que nunca tuvo. Cerró los ojos, para no abrirlos nunca más.

"Aún estamos a tiempo, podemos aprovechar lo que quede de su alma para nuestros propósitos."

Pero se equivocaba, cuando uno de sus siervos sacó la daga helada de su pecho, comenzó a extenderse por todo su cuerpo un hielo mágico. Cuando se completó se rompió en miles de pedazos. Uldred ya no pudo más y estalló de pura ira al ver tan bello poder malgastado.

"¡ARGHHH!"

Cullen miraba los restos de la que hubiera sido su amada. Comenzó a notar como las lagrimas bajaban por su mejilla. Tantas oportunidades perdidas para hablar y conocerla mejor, lo poco que sabia de ella era su compromiso a las leyes de la Capilla, y así debía recordarla.

... ... ... ... ... ...

Poco después de aquél suceso le encerraron en una cúpula mágica donde interminables veces le enseñaron visiones para doblegarlo, pero cuando recordaba la promesa no dicha hacia Solona volvía a despertar. No sabía cuanto llevaba allí, pues las ventanas estaban cubiertas con una especie de espesa masa carnosa.

Un grupo variopinto de personas se presentó ante él. Consciente de que seria otro ardid para doblegar su voluntad cerró los ojos y como tantas veces recitó el cántico, acabando con ella en sus pensamientos.

"Te prometí que no me doblegaría, y así lo haré. No dejaré que tu sacrificio fuera en vano."

"¿De quién hablas Cullen?"

Seguían allí, no habían desaparecido. Primero dudó y chillando les espetó que se marcharan, pero no ocurría nada, entonces Wynne se dirigió a él con su clásico tono afable pero directo.

Le contó lo ocurrido hacia ya unos días, ¿O fueron semanas? A Wynne le dio un vuelco el corazón. Era una de sus mejores alumnas, siempre atenta. Sin el más mínimo atisbo de rebeldía.

"Al menos murió bajo sus propias condiciones y no bajo el yugo de Uldred."

Elissa le prometió que mataría a Uldred, pero sin pruebas de lo contrario, matar a todos los magos le parecía extremo. Él insistió, todos debían morir, por lo que habían hecho. Por lo que le habían obligado a ver. Por ella.