He aquí un capítulo un poco más largo. Espero que pos guste Esta vez no es tan…profundo, si no más amable y ligero. Tiene el punto de vista de Ron.

¿Qué serían ellos dos sin una pelea?

Y hablando de otra cosa: Agradezco muchísimo las reviews y me siento muy halagada. Gracias a todos, de verdad. Los que escriban fanfics saben como se siente una al ver esa palabrita naranja al lado del título de tu historia.

¡Muchísimos besitos!

P.D: Si os gusta y queréis dejar una review…bienvenidas serán.

Pedir Perdón

Primavera de 2011

Ron Weasley se alegraba de que los niños estuvieran en casa de Harry y Ginny. Se alegraba inmensamente porque así no habían podido ver la última pelea patentada Weasley. Una pelea exactamente igual de tonta y grande que cuando eran Weasley y Granger por separado y era Harry el que se encontraba en medio en vez de sus hijos. Aunque tampoco recordaba haber discutido nunca delante de Rosie y Hugo porque Hermione, en vez de replicarle como haría si estuvieran solos, delante de los niños apretaba los labios y se conformaba con echarle miradas frías cuando ellos no miraban.

Crookshanks estaba sentado en su regazo, gordo y viejo como nunca, dejándose rascar detrás de las orejas. Ron lo hacía porque sabía que si paraba, el gato lo miraría de forma reprobatoria y cuando el maldito animal lo miraba así, sus ojos felinos se asemejaban cruelmente a los de Hermione cuando estaba enfadada.

Sabía que la bronca había sido totalmente innecesaria y estúpida, y que podía haberse cortado de raíz si no fuera porque a ellos dos les gustaba decir la última palabra. También sabía que todo lo había empezado él y que le tocaba pedir perdón, y quería hacerlo…pero no podía. Era un pensamiento tremendamente infantil, pero siempre había asociado las frases "Lo siento" y "Perdóname" con la idea de perder. Quién cediera era el perdedor. Eso era lo que ha creído desde pequeño y lo que había intentado desechar hacía muchos años cuando pensó que era necesario para poder madurar un poco. Pero no lo había conseguido. Le costaba decir "Lo siento" con esas mismas palabras, aunque ansiara hacer las paces. Porque Hermione ya no era una chiquilla de once años con la que pudiera estar cabreado durante semanas. Porque ahora era su mujer y la madre de sus hijos, y el amor de su vida, y las peleas eran más insoportables por esa razón.

Así que decidió que había maneras de pedir perdón que no requerían palabras, y que aquellas eran las mejores porque eran más efectivas y más agradables de llevar a cabo. Por lo que se levantó del sillón, haciendo que Crookshanks pegara un salto y se marchara con aire ofendido, y caminó hacia el estudio, dónde estaba seguro que encontraría a Hermione haciendo como que leía un libro.

Entró en la habitación y comprobó que así era. Estaba sentada de espaldas a él, con la nariz hundida en un ejemplar de "Nuevos Hechizos del siglo XXI. Reedición". Sabía que había notado su presencia, pero que hacía como si no. Ella era así. De modo que se acercó, y aprovechando su mutismo y su falta de reacción, retiró con sus manos grandes y ásperas el pelo que caía sobre la espalda de su esposa y besó su nuca.

– ¿Estás intentando arreglar las cosas con un beso, Ronald? – la voz de Hermione llegó dura y gélida, e hizo que a Ron le ardieran las orejas. Por un momento pensó en dar la vuelta y marcharse porque ella sabía perfectamente el esfuerzo que para el significaba pedir perdón, y desde luego, no le estaba animando. Pero no lo hizo porque quería acabar con esa situación de una vez.

Así que recurrió a una medida drástica. Subió sus labios y los posó firmemente detrás de la oreja de Hermione, cerca de su lóbulo. Saboreó cuidadosamente ese trozo de piel y pudo notar el escalofrío que sacudió la espalda de ella. Reprimió una sonrisa. Y es que, naturalmente, sabía que Hermione Jean Weasley (Granger) dejaba de ser ella misma y olvidaba todo lo que había a su alrededor cuando él la besaba ahí. Que aquel minúsculo enclave de su cuerpo era uno de sus puntos más débiles.

– ¿No crees que hay mejores cosas que hacer cuándo no están los niños que pelearnos por tonterías? – susurró Ron, de forma juguetona.

El pelirrojo adivinó que Hermione estaba sonriendo aunque no pudiera verlo. Porque tras diez o quince segundos de espera el libro se cerró y su mujer se giró para mirarlo con sus profundos ojos castaños. Luego su boca se hundió en la suya y Ron supo que había vuelto a conseguir que lo perdonaran sin ni siquiera decir las palabras que tanto se le atragantaban.

Porque algunas veces las acciones ayudan mucho más que las palabras. Ron agradece que sea así, porque todo es mucho más fácil e intenso.

Y no era la primera vez.

Verano de 1998

Aunque estén a principios de agosto el cielo no resplandece, si no que está cubierto de una neblina gris y espesa, que amenaza tormenta. El aire huele a tierra mojada y a hierba recién cortada. Ron ve como Hermione cierra los ojos y aspira fuerte. Recuerda que a ella le encanta el olor de la hierba, que lo dijo cuando explicó para Slughorn que la Amortentia olía a las cosas que más le atraían a cada persona. Y ella dijo aquello, y pergamino nuevo y…. ¿y que más? Nunca había llegado a completar la fase porque se había sonrojado.

– Hermione – ella abre los ojos y le mira – ¿A que olía tu Amortentia? Quiero decir…aparte de a hierba y pergamino.

La pregunta ha sido tan directa que Hermione parpadea durante algunos segundos. Luego se ruboriza ligeramente.

– Pues…– se acerca a él y le pide que se agache. Ron frunce el ceño, desconcertado, pero lo hace, porque le pica la curiosidad por saber la respuesta. Y Hermione se pone de puntillas, hasta alzarse sobre sus pulgares, porque él es demasiado alto. Siempre lo ha sido. Alto, flaco y desgarbado. Entonces ella consigue llegar con la nariz hasta su pelo rojo, y lo huele con suavidad. Ron no comprende –…a esto – termina Hermione, con tono soñador.

– ¿A mi pelo? – replica Ron, sorprendido.

– Sí – contesta Hermione, aún más tímidamente. Luego sus ojos le brillan y pregunta sin poder contener un deje de ilusión: – ¿A que te olía a ti?

Y a Ron se le forma un nudo en la garganta porque no quiere decepcionar a Hermione. Porque su Armortentia sólo olía al cuero de sus guantes de guardián, a ranas de chocolate y a un perfume fuerte y decididamente barato. No a ella. Y eso le hace sentir mal. Sus orejas enrojecen y aunque baje los ojos, ve a Hermione arquear las cejas, adivinando lo que ocurre.

– No pasa nada, Ronald – dice, y aunque diga eso Ron sabe que si pasa, porque lo ha llamado "Ronald" y no "Ron", y en su cara hay un claro gesto de desconsuelo. – Probablemente ese año te desprendía olor a Lavender, o algo así – añade. Y lo dice genuinamente, sin maldad. Lo dice porque piensa que ha sido estúpida al preguntarlo y que seguramente no le contesta porque su Amortentia sí que olería a Lavender ya que la otra Gryffindor era la que había besado a Ron ese año y no ella.

Pero Ron no lo entiende así. En sus oídos esas palabras han sonado cargadas de rencor y acusación.

– ¿Perdona? – no puede creerlo. Ella se va dentro de dos días a Australia a buscar a sus padres, y va a hacerlo sola porque no quiere que nadie lo acompañe¿Y lo único que se le ocurre para ir despidiéndose es pelear? – ¿De dónde sacas eso? – la rabia empieza a subir hasta su mente y no puede pararla – ¡¿Seguro que era mi pelo y no el de Vicky el que olías?! – le espeta, rechinando los dientes. Hermione abre mucho los ojos, horrorizada y ofendida.

Se llenan de dolor e incredulidad. Y Ron se da cuenta de que no debería haber dicho eso, que es un golpe demasiado bajo, pero que no ha podido evitarlo después de lo que ella le ha soltado.

– ¡¡Oh, Ronald!! – exclama Hermione con un bufido que quiere ocultar algo más – ¡Eres incorregible!

Y dándose la vuelta se aleja a grandes zancadas. Ron cree que debería ir tras ella. Pero no lo va a hacer. No es culpa suya que la maldita poción no quisiera oler como Hermione. Sabe que no tendría que haber dicho lo de Krum por más razones. Porque cuando Hermione aspiró el aroma de su pelo pudo sentir como ella temblaba ligeramente, tal vez feliz porque ese olor era real y no salía de un caldero humeante. Porque verdaderamente tenía la cabeza de Ron bajo su nariz y su barbilla quedaba a la altura de los labios de él. Ahora sabía que debía haberla bajado y besado en ese momento y no dejar que hiciera la maldita pregunta. Sabe que le hizo demasiado daño con Lavender y que fue totalmente cruel con ella, pero siempre había creído que Hermione era mucho más madura que él (aunque no lo había admitido en voz alta), que no podría tener celos habiendo pasado más de un año desde que cortó con la otra Gryffindor.

Se sienta en la hierba y suelta un gruñido. No han transcurrido ni quince minutos y ve a Ginny llegar por el sendero. Y, lo reconoce, se siente encoger. Porque si Hermione y ella han hablado, entonces seguramente su hermana le vea ahora como una especie de monstruo insensible y venga a echarle la bronca, cuando todavía no ha oído su versión de los hechos. Y cuando Ginny se enfada se parece demasiado a su madre. Algo que, por cierto, es terrible.

– A ver, idiota – con esas palabras le saluda la pelirroja, y Ron no puede evitar pensar que sus sospechas son ciertas – ¿Se puede saber qué leches has hecho ahora?

– Empezó ella – es todo lo que consigue decir, refunfuñando y evitando la mirada de su hermana. Mientras lo dice arranca pequeñas briznas de hierba con su dedo índice y pulgar.

– No es eso lo que te he preguntado – Ginny se sienta a su lado, apoya una mano en su hombro y tira, obligándole a mirarla – No sé lo que empezó Hermione o lo que no porque no me ha contado ni una palabra – Ron se asombra de oír aquello ¿las chicas no se lo contaban todo? – Sólo ha subido arriba murmurando cosas.

– ¿Qué cosas? – pregunta, sin poder evitarlo.

– Oh, cosas como qué eres idiota e infantil….no se qué de los celos…amortentia…Casi ni se le entendía – contesta su hermana, y al hacerlo le lanza una mirada fulminante.

Ron siente una punzada de angustia atravesándole el corazón cuando escucha esas palabras.

– No estaba… llorando ¿verdad? – pregunta con un hilo de voz. No cree que pueda soportar ver llorar más a nadie en toda su vida, y mucho menos a Hermione. Ya ha habido suficientes lágrimas aquel verano, suficiente tristeza.

– ¿Tú qué crees, Ron? – le recrimina Ginny, y suspira. Ron dirige con aprensión sus ojos a una de las ventanas de la Madriguera, dónde imagina que está Hermione – ¿Qué ha pasado?

– ¿Piensas que te lo voy a contar? – Ron vuelve la mirada a su hermana y frunce el entrecejo. Ginny es una chica. Y es de su sangre. Y se parece demasiado a los…a George. Esa combinación hace que no sea ni siquiera candidata a confidente.

– ¿Quieres que te ayude o no, cabezota? – insiste ella con ferocidad.

Y Ron se rinde. Porque sabe que estas cosas difícilmente puede resolverlas sin ayuda, el amor no se le da bien. Y porque Harry sabe tanto de chicas como él, es decir, juntos los dos sólo conseguirían estropear más la cosa. Y además, su amigo se sentiría demasiado violento si empezara a hablarle de amortentias y de él y Hermione. Así que la única opción que le queda es Ginny, y aunque no le gusta, la toma. Porque es lo que hay. Aunque sea su hermana y resulte lo más humillante de este mundo. Nota como el rostro le quema y está seguro de que se ha puesto tan rojo como su pelo, que había estado un rato antes bajo el rostro de Hermione.

Tira de un enorme montón de hierba, levantando hasta raíces y toma una gran bocanada de aire:

– Ellamedijoquesuamortentiaeraelolordemipeloyluegomepreguntoamíperoyono…

– ¿Qué? – le interrumpe Ginny, desconcertada y con los ojos entornados, intentando descifrar el trabalenguas de su hermano – Ron, por las barbas de Merlín, vocaliza.

Las orejas van a explotarles de calor. Dios, ni siquiera es capaz de mirar a Ginny, de pura vergüenza.

"Esto es una estupidez" piensa. Pero sabe que ahora ella no le dejara echarse hacia atrás.

– Estuvimos hablando de esa poción, amortentia. – Ginny asiente. Sabe cuál es –Y le pregunté que a que olía la suya. Y dijo…dijo que a mi pelo – omite el detalle de que se paró a olerlo. Decididamente, no va a contarle eso a Ginny. Además, ella ya está sonriendo con una sonrisa tan tonta que incluso le enfada – Y luego ella quiso saber a que olía la mía. Y yo no quise responderle porque…porque…bueno…

– ¿No huele a nada que tenga que ver con ella? – adivina una Ginny incrédula.

Ron sacude la cabeza con fuerza.

– Y…y ella…se enfadó…¿sabes? Pensó que la razón por la que no le contestaba era…era…que olía a Lavender – termina, con un fondo de rabia en su voz – ¡Y no es eso! – se defiende, con energía – Pero… me reboté y le contesté que tal vez lo que ella captaba no era el olor de mi pelo, si no el de Krum – confiesa, con brusquedad.

Ginny ahoga una exclamación.

– ¡Ron¡¿Es que no tienes sentimientos?! – le reprocha, escandalizada. Joder, Ron sabe que lo que ha hecho es grave, pero no tanto para ponerlo como alguien sin alma – ¡Prácticamente le has dicho que no te quiere!

– ¡Yo no he dicho eso! – protesta Ron. No se atreve a pensar que no le quiere porque ya tiene bastantes inseguridades en la vida y no podría con otra más.

– ¡Claro que sí¡Le has dicho que el que le atrae es Krum y no tú!

– Sólo le dije lo de Krum porque ella me dijo lo de Lavender…– dice Ron, pero hay algo que le oprime el estómago al pensar que Ginny pueda tener razón en la interpretación que Hermione le ha dado a las cosas – Yo no…no significaba…A-además, s-si oliera el pelo de Krum y no el mío…bueno, yo no huelo nada suyo y no significa que no…– traga saliva – que no la quiera ¿no? – la quiere. Él sabe que la quiere. Ha tardado años en darse cuenta, pero ahora lo ve claro. Y ninguna poción va a decirle lo contrario.

– Eres increíble – Ginny sacude la cabeza – Por fin tienes una relación y lo estropeas…

– ¡Yo no he estropeado nada! – exclama Ron, aunque en su interior crece ese miedo en algún rincón de su alma. Empieza a sentirse molesto. Ginny no le está ayudando en nada. Sólo le hace sentirse peor – Mira, Ginny, si es así como vas a ayudarme, mejor me largo – dice "me largo" y no "te largas" porque la varita de Ginny sobresale de su bolsillo y no le apetece una ronda de moco-murciélagos.

Así que echa a caminar hacia la Madriguera, pisando fuerte, queriendo descargar su frustración con las plantas. Entra de la misma forma en su casa y se apoya en la pared que está junto a la escalera. Ve como su madre, limpiando platos con su varita, lo mira de reojo y como toda respuesta, vuelve con enojo su vista hacia arriba, hacia el rellano. El orgullo le hiere el pecho. Fue Hermione la que comenzó la pelea, la que dijo lo de Lavender. ¿Por qué tendría él que dar el primer paso¿Por qué siempre tiene que ser él el que se arrepienta? Arrepentirse de haberla tratado mal cuando su rata ("Asqueroso Pettigrew de los…") desapareció, arrepentirse de no haberle dirigido la palabra a Harry, de haber salido con Lavender, de haberse fugado cuando buscaban los Horrocruxes…Siempre él.

Su mente le dice que no tiene por qué subir. Pero su corazón no puede olvidar los labios de Hermione sobre los suyos, ni su mano entrelazada con la de él, ni su cuerpo apretado contra su torso…ni todos los años que anheló esas cosas. Y suspira. Porque otra vez le toca él.

"La próxima lo hará ella" piensa mientras sube las escaleras pesadamente.

Llega a la puerta entreabierta y se queda quieto. Hermione está terminando y revisando su equipaje, porque a ella no le gusta dejar las cosas para última hora. Sostiene algo entre las manos y parece decidir si meterlo en la maleta o no. Ha decidido que irá en avión. No le hacen gracia ni la desaparición ni las escobas. Ron da dos suaves toques a la madera.

– ¿Hermione?

Ella pega un respingo y lo que sea que estuviera sujetando se precipita contra el suelo y se estrella. Hay un sonido de cristal que se hace añicos.

Y el aire comienza a oler a perfume fuerte y barato.

El mismo que él percibió cuando estaba frente a la Amortentia.

– ¡Mira lo que has hecho, Ronald! – exclama Hermione, y aunque intente sonar enfurecida, en su voz hay un claro fondo lloroso.

Pero Ron no la escucha. Se está llenando de una extraña mezcla de alegría y alivio. En su Amortentia hay olor a Hermione. Lo hay. ¡Lo hay!

– ¡Es lo que olí! – grita mirando los restos de perfume que empapan la alfombra, olvidando momentáneamente que Hermione esta allí y lo mira ceñudo, enfadada por su sonrisa.

– ¿Qué? – ella parece estar tan sorprendida que se olvida de poner voz de rencor.

– ¡Mi amortentia! – ahora todo se solucionará. Su amortentia huele a ella y eso es lo que importa. Ya no hay ninguna razón para seguir enfadados – ¡Olía a eso!

Hermione parpadea como hiciera hacía un rato, en el jardín de la Madriguera. Posa sus ojos castaños en los cristales rotos y luego en él. Ron los observa, y ve que están llenos de duda y de esperanza.

– ¿Tu Amortentia… huele al perfume que me regalaste hace dos años? – pregunta Hermione, de una manera que a él le parece cautelosa – ¿No…no a Lavender?

Ron ha estado a punto de enfadarse al escuchar la última pregunta, pero se siente tan feliz, tan inmensamente aliviado, que ni aún intentándolo durante una hora su humor podría empeorar. Porque su Amortentia huele a cuero, a ranas de chocolate y al perfume que Hermione guarda con cariño porque él se lo regaló. Y eos significa que la quiere de verdad y toda su inseguridad huye.

– ¿De verdad crees que en algún momento pudo oler a Lavender? – le pregunta, acercándose imperceptiblemente y sumergiéndose en esos ojos oscuros, que le recuerdan a las ranas que tanto le gustan.

Ella lo mira fijamente, y Ron se hunde un poco más en su iris, inundándose de Hermione.

– ¿De verdad crees que era el pelo de Viktor y no el tuyo? – replica ella. Pero ya no hay enfado en sus facciones, si no una palpable vulnerabilidad ante su persona.

Podría decir "Perdón", pero algunas veces las palabras no dicen nada, por más que se nieguen a salir de los labios. Algunas veces son mejores los actos, el silencio de la razón y el lenguaje de los sentimientos, que con un simple gesto es capaz de escribir párrafos más hermosos y significativos que el más apasionado de los poemas.

Así que simplemente eliminan los pocos centímetros que los separan y posa sus labios en los de Hermione. Aún le sigue pareciendo un poco intimidante y todavía le arden las orejas cuando lo hace, como pasa ahora, pero pronto olvida todo eso porque Hermione responde al beso y se abandona a él. Y Ron compende todo lo que se están diciendo. Lo siente. Es como si los latidos de su corazón fueran una especie de idioma que sólo ellos, que se besan, entienden. Comprende que la Amortentia de Hermione olía a él, que ella sabe que la suya jamás olió a Lavender y siempre a ella, que le está perdonando aunque ni siquiera haya pronunciado las palabras mágicas. Luego todo cesa y sólo sabe que la tiene entre sus brazos y saborea su boca. Que por muchas peleas que sufran (y las sufrirán porque él es Ron y ella Hermione)… esa sensación, ese anhelo de tenerla contra él y sentir que la quiere, siempre será más fuerte que todo el orgullo que ellos dos puedan tener.

Y que hay muchas maneras de pedir perdón.