Espero que les agrade este capítulo ^^ y dejen review
Disclaimer: ni Inazuma Eleven, ni los personajes históricos que aparecen en este fic son de mi propiedad, ni los estoy utilizando con ánimos de lucro
Aclaraciones: ~Touchikiro apareció en la serie, y fue un estratega importante que estuvo del bando de Nobunaga
~He creado absolutamente todo de Mori Ranmaru, excepto, obviamente, el nombre y el hecho de su importancia histórica
※CĀPĪTŪLŌ 1※
QUE EXPLICA COMO PERDERSE Y QUE HACER CON UNA KATANA
Los gritos de sorpresa no se hacían esperar. Casi todos lo que no fueron a la era Edo estaban corriendo de un lado a otro, curioseando y despertando gatos que dormían bajo la suave luz de la mañana en las tranquilas calles de la ciudad.
—¡Mirad eso! ¡Caballos tirando una carreta!—
—¡Guao! ¡Mira la tienda de manuscritos!—
—¡Alucinante!—
—Calma, primero tenemos que ver a Oda Nobunaga— como siempre la voz de la razón, llamada Shindou, puso orden
Se pusieron en marcha hacia la residencia del hombre con el que habían hecho el mixi-max. Kirino dio un pesado suspiro y siguió al grupo, apartado. Ensimismado en sus pensamientos. Pensaba en Shindou.
Al principio de la secundaria, cuando se conocieron, lo había tratado como mejor amigo y viceversa. Pero eso cambió. Empezó a sentir cosquillas en sus entrañas con tan sólo su presencia, se sonrojaba cuando se quitaba la camisa en los vestuarios y en resumen, se empezó a sentir diferente, muy diferente. Creía que se le pasaría, pero en vez de menguar, el problema fue en cresendo.
Diagnóstico: amor.
Y cuando creyó que tenía posibilidades con el que llamaba mejor amigo, se convirtieron en desconocidos.
El tranquilo rumor de agua que pasaba por las calles de la ciudad, lo hizo detenerse y se observó en tan tranquilas aguas. Pelo rosa –marica–, largas pestañas –chica–, cuerpo andrógino –débil–. ¿Cómo se le pudo pasar tan siquiera por la cabeza que alguien con esa perfección se fijase en él? Kirino Ranmaru, deja de soñar.
Como decía un escritor español que estudió en literatura internacional: "Porque la vida es un sueño y los sueños, sueños son" Sólo estaba en desacuerdo en que debería haber cambiado sueño por pesadilla.
Hora de aceptar de que nunca encajaría en ningún sitio.
Quitó la vista de su reflejo e hizo amago de proseguir la marcha. Pero lo único que vio fue un remolino de aire moviendo la arena de la calzada. Ya no había nadie.
«Kusso»
¡A correr se ha dicho!
Intentando no tropezar con nadie inició una desesperada carrera hacia la fortaleza de Nobunaga. Pisó la cola a un perro, se dio contra un fornido agricultor y cuando ya creía no poder chocar con nada más, cayó encima de una chica vestida de rojo y moño, tartamudeó un perdón, la ayudó a levantarse. Y a correr otra vez. Para cuándo llegó a la palaciega construcción, tenía siete moretones y las coletas algo deshechas. Los guerreros que por allí patrullaban era lo único que veía, ni rastro del equipo del Raimon.
Ahora a saber como iba a ir dentro, pues no le iba a decir a los guardias: «Mis amigos están dentro ¿Me dejáis pasar?» Como que no.
Cansado se apoyó en un árbol de cerezo, que estaba en flor. Los altos muros impedían la entrada. Las flores se balanceaban de un lado a otro mecidas por el viento. Las ramas eran tan largas que se metían dentro del recinto… Idea.
Ranmaru siempre había sido bueno escalando árboles, por tanto le resultó fácil. Se deslizó con elegancia por la rama y aunque su ropa sufrió un desgarrón, cayó elegantemente al suelo, con sus delicados pies de puntillas.
Observó el lugar donde había aterrizado. Era un especie de patio lleno de espadas y armas de todas clases. No pudo evitar rozar con las yemas de sus dedos la superficie cortante de todas ellas. Cogió una espada. Admiró su ligereza y su hoja bellamente tallada.
—No deberías coger cosas sin permiso, ¿Sabes?— una suave voz se escuchó en la penumbra
Kirino salió de su ensoñación dando un respingo. Maldijo en su interior haber estado tan absorto en la katana. El portador de la voz salió de entre las sombras, dejando ver que tenía el pelo azul oscuro, rayando el negro, que le llegaba por la cintura, piel oscura e hipnotizantes ojos verdes. Muchos lo hubiesen confundido con una representante del sexo femenino pero Kirino tenía una gran experiencia en cuanto a ser afeminado se refería.
—Yo… Lo siento— susurró
—No pasa nada, cuando vez una espada por primera vez siempre te quedas impresionado—argumentó con una sonrisa mientras acariciaba la katana que llevaba en su costado
—La verdad es que siempre he querido usar una— el joven de unos aparentes dieciséis años le inspiraba confianza, no sabía porque.
—¿Y por qué no pruebas ahora? Puedo enseñarte—
El de pelo rosa lo miró asombrado:
—¿Vas a hacer tu mi maestro?—
El otro lo miró y estalló en carcajadas
—¿De qué te ríes?— inquirió Kirino
—De que es la primera vez que no me tratan de mujer— reía el otro
El defensa del Raimon no pudo más que unirse a las risas, ya que pensaba lo mismo. Era raro ese sentido del humor.
Una vez que sus carcajadas pararon, se estrecharon las manos:
—Soy Mori Ranmaru, un placer—
—Kirino Ranmaru, también un placer, no sabía que tenía un gemelo con mi mismo nombre—bromeó
Mori sonrió divertido:
—En ese caso, gemelito, vamos a ver si llevas el uso de la espada en la sangre— dicho esto, desenvainó su espada, que clavó a pocos centímetros de la cabeza de Kirino, quien no tuvo más remedio que coger una de las espadas expuestas y detener un golpe a pocos centímetros de su cabeza.
※
—Me alegra volver a verte Shindou Takuto— habló con su áspera voz el "demonio" Oda Nobunaga
—Nobunaga-sama…— correspondió al saludo Shindou con una inclinación de cabeza, para luego ser imitado por los demás
—Espero que esta vez se queden más tiempo— bajo el tono de voz en esa frase— estarán cansados por el viaje, supongo… ¡Okatsu!
¿Okatsu?
—¿Si, Nobunaga-sama?— una chica con el pelo y los ojos marrones apareció en pocos segundos, su kimono rojo y su pelo atado en un moño se balancearon con gracia
—Lleva a mis invitados a sus habitaciones—ordenó
La chica los miró, y llevándose una mano a la boca, gritó:
—¡Takuto-sama!—
Se tiró encima del estratega, que la cogió por la cintura, abrazándola
—¡Okatsu-san!— parecía contento— ¿No trabajabas en la tienda de Tofu?
—No, Touchikiro-san al ser parte de la corte de Nobunaga me consiguió trabajo de sirvienta—
Los ojos de Akane parecían ametralladoras, y si las miradas mataran, Okatsu ya estaría bajo tierra.
—Shindou ya se consiguió novia~— canturreó Nishiki, Midori le dio un pisotón como sólo ella sabía dar para que cerrara la boca
Pero lo que a lo mejor hubiese acabado en una guerra por parte de ellos, fue interrumpido por un ruido de metales y gritos que provenían del exterior, a lo que todos se asomaron para ver lo que se acontecía abajo.
Dos figuras luchaban con espadas, muchas veces a punto de darse entre ellas, pero se movían a tal velocidad y elegancia que parecía más un baile que un combate. Gotas de sudor perlaban sus frentes por el esfuerzo, pero ninguno tenía intención de detenerse. Si bien la figura –mínimamente– más alta no era conocida, la otra era perfectamente reconocible por todos.
—¡KIRINO!— exclamaron en su totalidad el Raimon, con sus bocas por el suelo
No habían reparado en que no estaba con ellos, y ahora se venían a dar cuenta
El imponente vozarrón de Oda retumbó en las paredes:
—¡MORI RANMARU!—
Ambos contendientes pararon su lucha y miraron el lugar perteneciente de tamaños gritos. Ahí fue donde se dieron cuenta que tenían a mitad del palacio mirándolos. Enrojecieron de golpe, haciendo que parecieran un concurso de a ver quien estaba más rojo.
Un Nobunaga colérico es lo siguiente que vieron, acercándose a grandes pasos hacia ellos:
—¡Mori Ranmaru, te he dicho muchas veces que debes asistir a los entrenamientos de defensa personal, y por si no has visto en que posición está el sol, ya deberías haber estado entrenando!— regañaba
—Nobu-san, gomen…— susurró agachando la cabeza, aunque con un brillo extraño en su mirada
—Que haré contigo…— el hombre relajó el semblante, no podía negar que ese mote que le había puesto le pareciera adorable viniendo de su boca, por muy ridículo que fuera
—S-senpai... ¿Dónde aprendió kendo?— preguntó tímidamente Hikaru
—¿Eh? Es la primera vez que practico con la espada— respondió el de orbes azules rascándose la parte posterior de la cabeza mientras lo demás ponían atónitos semblantes
—Interesante... ¿Entonces es tu primera vez con la espada?— se metió en la conversación Oda, mirando con sus inquisidores ojos rojos a Kirino
—H-Hai—
—Tienes talento, has dado batalla al mejor espadachín que tengo, me recuerdas un poco a Mori a sus comienzos— parecía mantener un monólogo consigo mismo— Decidido, de ahora en adelante practicarás esgrima con mis soldados
Sin poder ocultar la emoción, Mori saltó sobre Kirino, abrazándolo, encantado de que su nuevo amigo practicara con el esgrima. Ranmaru por su parte, sólo le regaló una débil sonrisa, a lo que Shindou se llevó una fuerte impresión ya que Kirino evitaba sonreír desde hacía tiempo.
«¿Por qué sonríe? ¿Por qué no a mí?»
Aunque hubo diversas protestas de el Capitán Tenma Matsukaze sobre que Kirino iba a perder entrenamiento de soccer, nada pudieron hacer con esa decisión.
—Y ahora tienes que ir ayudarme con la boda, mi prometida nos espera— ordenó Nobunaga a Mori, quien ensombreció su semblante, yendo en pos de él apretando los puños, a lo que el pelirosa no tuvo otra que pensar que tenían más cosas en común que aparte en el nombre y el gusto a las espadas. Una voz lo despertó de sus cavilaciones:
—Y esta… ¿Quién es?— inquirió Okatsu viendo de arriba a abajo a Kirino, que con la ropa un poco rota, sudado y despeinado no ofrecía muy bien
—No soy una chica— murmuró
Pero la chica no escuchó su contestación por que miraba a Shindou, mientras le enganchaba el brazo y lo arrastraba a quien sabe donde. Los demás los siguieron.
«Invisible, simplemente invisible»
Una flor cayó de un árbol de cerezo cercano, posándose en su cabeza
※CONTINUARÁ※
Me odian?
Sayooo
