¡Si, aqui estoy! Sigo viva, pero, bueno... mi modem tuvo alguna falla y la empresa se tardo bastaaante en traerme uno nuevo. Bien, ¡no puedo creer la hermosa sorpresa que fue el encontrarme con sus reviews! En serio, fue maravilloso, se los agradesco a cada una de mis lectoras, ¿en serio les ha gustado? ¡sigo sin creerlo! Muchisimas gracias PaulaLunatica (¡Compatriota! Amé tus palabras, tu punto de vista me ha parecido tan profundo y hermoso ¡gracias!), Demencia, Nonourss Kuo Tsukino y Corazón de Diamante (¡por Dios! adoro tus historias, es un verdadero honor que te hayas tomado el tiempo de leer mis humildes escrituras)
Antes que nada, unas pequeñas aclaraciones:
-En este tiempo con abstinencia una historia ha venido a mi y tengo muchas ganas de compartirla, por lo que ignoren totalmente mi original idea de una adaptación, esta será una historia original c;
-En cuanto a "Promesa", de hecho, y como ya lo había dicho, el trabajo era un Drabble para una competencias de OneShots para un foro (¿qué creen? ¡gané el primer puesto! :DD) por lo que no estaba en mis planes una continuaciön, pero veré que puedo hacer... ;)
¡Sin mas aqui les dejo el primer capítulo! ¡espero que les guste!
Disclaimer: © Naoko Takeuchi
Capítulo I "Huida"
Por Sukkotei
"Hay toda clase de historias. Algunas nacen al ser contadas, su sustancia es el lenguaje y antes de que alguien las ponga en palabras son apenas una emoción, un capricho de la mente, una imagen o una intangible reminiscencia [...]. Existen unas tomadas de la realidad y procesadas por la inspiración, mientras otras nacen de la inspiración y se convierten en realidad al ser contadas. Y hay historias secretas que permanecen ocultas en la sombra de la memoria, son como organismos vivos, les salen raíces, tentáculos, se llenan de adherencias y parásitos y con el tiempo se transforman en materia de pesadillas. A veces para exorcizar los demonios de un recuerdo es necesario contarlo como un cuento..."
Muerte, destrucción, dolor, sangre... El guerrero continuaba su camino con dificultad, su paso cada vez más dificultoso, sus heridas eran un obstáculo insalvable. La vida se le iba a cada momento, escapándose junto a su sangre derramada en batalla, y sin embargo, aun en el anunciado umbral de su propia muerte, se aferraba a aquel pequeño bulto cobijándolo entre sus brazos como su mayor tesoro. El Sol parecía burlarse de sus burdos intentos por proteger su misterioso tesoro en aquel árido desierto sembrado de soledad y desesperanza. En su rostro, cubierto por una capa de sangre, propia y ajena, tierra, polvo y sudor, aun podía sospecharse su belleza sobrehumana. Sus ojos de aquel intenso verde, sus cabellos color arena, su porte imponente y poderoso... aun en aquel momento, el Guerrero Uranus llevaba su dignidad de la realeza de su planeta guardián como solo él podría hacerlo.
Se había abierto camino trabajosamente a lo largo de aquel llano barranco, en el vano propósito de descubrir algún indicio de agua. Ahora se extendía sobre sus muertos pies una infinite planicie reseca. Norte, Sur, Este y Oeste fueron escudriñados por los fatigados ojos interrogadores del guardián, sin acertar a descubrir un ápice de esperanza. Había llegado su fin, en aquel árido risco solo lo aguardaba la muerte. Se dejó caer, haciendo a un lado su lustrosa espada manchada de la sangre del enemigo, ya lo le serviría más, su transformación desapareció junto con su amuleto dejando solo las manchas carmesí como prueba de la masacre de la que acababa de escapar. Adoptó una posición sumisa a la espera de su último suspiro, intentando desenvolver aquel desordenado bulto de tela gris, mas la fatiga venció, el envoltorio resbaló de sus manos y cayó al suelo con cierto estrépito.
-¡Auch! ¡me has hecho daño! – Se quejó una reprobadora voz infantil.
-L-Lo lamento mucho, princesa.- Se disculpó el joven, en tanto deshacía el fardo, rescatando de él a una hermosa criatura de unos cinco años de edad, cuyo hermoso rostro del color de la Luna adornado por el sello de la Familia Real, pregonaban a la única hereda al trono del Milenio de Plata y el Sistema Solar. La niña lucía temblorosa y asustada, aunque era notable que no había sufrido ni por asomo lo que su compañero.
-¿Se siente bien?- Preguntó este con ansiedad al observar que la pequeña seguía frotándose los rubios bucles que cubrían su hombro.
-Cúrame con un besito, Urano, mamá siempre hacia eso.- repuso ella con un tono de perfecta seriedad, al tiempo que extendía su pequeño brazo adolorido.- Por cierto... ¿dónde está mamá?
-Ella... se ha ido. –susurró el joven, quebrándosele la voz en la últimas palabras- También tu padre, Luna, Artemis, Venus, Mars, Jupiter, Mercury, Saturn, y... y Neptune.- su mirar se apagó ante la mención de este último nombre y un nudo de rencor le trabó la garganta.- No estoy seguro de cuando podremos volverlos a ver, princesa.
-¿Todos ellos? ¿se han ido? Que extraño... ¡ninguno se despidió de mi! Especialmente mamá, ella siempre se despedía con un beso en la mejilla aunque fuese solo mientras debía atender algunos de sus asuntos de Reina... –La niña parecía contrariada, aun no comprendía o no quería comprender que todo lo que conocía había sido destruido para siempre hacía solo momentos- Oye, Urano... ¿por qué... por qué se han ido?- preguntó tímidamente la rubia, siempre se había sentido un tanto intimidada ante Uranus, su guardián más temible, por lo que su aspecto abatido y desperanzado que lucía en esos momentos, la tenía totalmente perpleja. El joven, sin embargo, necesito una pausa antes de poder emitir sonido.
-Esta bien, si esos son sus deseos, i-intentaré explicárselo princesa- Su voz sonaba pastosa y ronca debido al esfuerzo, el joven bajó el rostro, conteniendo las lágrimas de dolor y la niña a su lado se acercó tímidamente, recogiendo la pequeña gota salada que había escapado por el rostro de su guardián, la pequeña no comprendía que sucedía, solo que aquel guardián a quien siempre había visto tan serio y sin emoción comenzaba a quebrarse ante sus ojos. Jamás había soportado el dolor, ajeno o propio, y solo se echó en brazos del rubio, intentado brindar algún tipo de consuelo.
-No llores, Urano, por favor, no llores.
-No lloro, princesa.- El joven sonrió tristemente, la tierna imagen de la futura soberana lunar brindando su hombro a un simple guerrero, lo había conmovido. La pequeña se acomodó entre los brazos de su único guardián vivo, el cual suspiró largamente antes de comenzar a evocar aquellos recientes y terribles recuerdos, en un momento normal no lo haría, jamás contaría algo así a la inocente princesa, sin embargo, Urano se veía de pie ante su fin, y, lamentablemente, también sabía que ese sería el fatal destino de la pequeña, hallándose ambos en un desierto sin asomo de un ápice de agua ¿realmente importaba que ella no estuviera herida? La muerte también la encontraría en poco tiempo, ¿tan mal estaría permitir que no abandonara este mundo sin saber la verdad?. –Princesa, ¿recuerda cuando hoy en la mañana Luna en su forma humana la paseaba por los Jardínes Reales y vuestra madre llamó a ambas?
-¡Si, por supuesto! Fue muy extraño, mamá parecía asustada ¡y ella nunca está asustada! Recuerdo que una estrella fugaz cruzó el Cielo a pesar de que aun era temprano para eso y justo cuando se la quise mostrar a Luna para que pidamos un deseo, Mamá llegó con nosotras...
-Ahá, pero ese es el problema, Princesa, no se trataba de una estrella fugaz, ¿alguna vez Luna, la Reina Selene, el Rey Apolo o alguna de las Sailor le contó sobre... la Reina Metalia?- Un escalofría sacudió el cuerpo de la niña, y el guerrero lo tomó como una afirmación.- La Reina Metalia es un ser que surgió de una mancha en nuestro Astro Rey el Sol, es un ser abominable formado por maldad en su estado más puro y terrible, también conocido como "Negafuerza" debido a la gran energía oscura que emana. Pese a saber de su existencia, en el Milenio de Plata todos se encontraban confiados, puesto que los Cuatro Reyes Celestiales de la Tierra, Malachite, Neflyte, Zoycite y Jedite, mantenían sellado su poder bajo su fuerza concentrada en la Tierra, donde Metalia se encontraba cautiva.
Todos... todos creíamos que sería un día como cualquier otro, con aquel perfecto equilibrio pacífico que la Reina y el Rey habían alcanzado regir en el Sistema Solar completo. Nuestras defensas no estaban en su máximo poder, nosotros..., debimos..., yo...-Las palabras quedaron atascadas en su garganta, en un nudo de pura rabia, apretando dientes y puños, conteniendo un grito de impotencia, la pequeña manita de la princesa logró volver a la calma una vez más al guerrero más fuerte de la guardia real- El ataque fue inesperado, Metalia logró manipular y poseer a los Cuatro Reyes Celestiales y a una humana: Beryl, convirtiéndolos en los cinco puntos más fuertes del "Negaverso". Eran demasiados, no teníamos oportunidad, cayeron uno a uno. El primero en irse fue Artemis, protegiendo a Luna, quien al verlo muerto se suicidó con su propia espada, luego Mercury y luego Jupiter, Mars, Venus, Saturn, Neptune... todos cayeron honorablemente, dando su lealtad hasta el último suspiro, cuando vi caer a tu padre y a tu madre comprendí que ya no tenía sentido seguir, que no era una lucha sino una ejecución. Por eso abandoné el campo de batalla y eché a correr hacia el Palacio, te tomé y huí a la Tierra, creí... creí que tal vez así podría salvarla, Princesa, creí que aquí estaríamos a salvo, recordé al Príncipe Endimion y su compromiso desde el nacimiento de ambos, pero... me temo que me he equivocado, en el desvarío de la pérdida de sangre no pude controlar bien mis acciones y acabamos en una zona desértica de la Tierra, mis energías están completamente agotadas y me temo que ya no puedo volver a transportarme, mucho menos cargando con usted. Princesa Serenity, fui un cobarde, yo no debí, le ruego que me disculpe...
-Entonces... ¿Papá y Mamá están muertos?- En silencio, el guerrero movió afirmativamente la cabeza- ¿Nos vamos a morir nosotros también?
-Eso me temo, Princesa...
-¿Y cómo no me lo has dicho hasta ahora?- exclamó con júbilo la pequeña- Cuanto más rápido muramos, más rápido estaré otra vez con Mamá.
-Seguramente, Princesa- ¿No es mejor una pequeña mentira que le aliviara el calvario de la muerte? Tal vez fuese menos doloroso si se iba de este mundo felíz...
Los ojos del hombre permanecían fijos en el horizonte, clavados en aquella estrecha línea que dividía el Cielo de la Tierra, Sobre el Cielo, y tan rápidos que asemejaban crecer a cada momento, habían aparecido la primera señal de su muerte: tres enormes aves de rapiña los observaban describiendo círculos desde las alturas, a la espera de que aquellos cuerpos por fin exhalaran su último adiós para poder darse un festín con aquella carne fibrosa en él y tierna en ella. La niña se acomodó un poco más entre los brazos del guerrero y emitió un pequeño bostezo; Urano, por otra parte, se encontraba tan sumido en sus recuerdos que apenas notó cuando la pequeña se entregó a brazos de Morfeo. Recuerdos... dolorosos y hermosos momentos que ya no viviría jamás, el rostro de Neptuno se dibujaba una y otra vez en su mente, tan hermosa, tan valiente, tan perfecta... "Tal vez sea cierto; tal vez la Princesa tenga razón y podamos encontrarnos con ellos al morir" No podía resignarse a la idea de que su compañera había muerto, simplemente no concebía un mundo sin la Guardiana Neptune en él. Otros rostros cruzaron su mente, deteniéndose por un momento en cada uno de ellos. Recordó también la feroz última batalla, a los Cuatro Reyes Celestiales acabando con el legendario Reino Lunar, a la Reina y al Rey, ambos dioses de la Luna y el Sol, sacrificando sus vidas junto al Cristal de Plata en un vano intento por proteger lo destruido. Y casi como un acto involuntario, extendió su mano hacia el rostro de la última sobreviviente a la estirpe de la familia real, sus dedos se detuvieron solo a unos centímetros de su delicada frente coronada por la gloriosa luna dorada, y en su último acto de conciencia, utilizó la energía de su vida ocultando aquella marca de los humanos, mostrando a cualquier ser terrestre una llana frente lisa. Y así se sumió en la inconciencia, creyendo no volver a ver el amanecer de un nuevo día, los buitres se acercaron, pero no.
Ya no dolería.
¡Chan, chan chan! ¿qué tal? ¿raro, no? Pues como dice por alli arriba en la sinópsis esto es un SemiUA y asi de extraño como suena es mi propia historia original que sigue con cierto apego algo de la lógica de Sailor Moon. Como habrán notado, el ataque de Beryl y Metalia ocurrió durante la niñez de la Princesa Serenity, quien estaba comprometida con Endimion (el cual le lleva varios años de ventaja), Uranus era hombre (siempre me gustó Haruka como mujer, pero necesitaba un hombre y siempre vi más en ella, una figura paternal más presente para Serena que el mismo Kenji (padre de Serena, el moreno de anteojos) ) también me inventé que el padre de la Princesa era Apolo, Dios del Sol, y en mi historia tanto Artemis como Luna era los guardianes personales de Serenity y podían cambiar a voluntad su figura humana o felina.
Y pues, creo que eso es todo...
¡Por favor, dejenme sus opiniones! (aun espero mis tomatazos)
Sukottei
