FREAK 3. MALENTENDIDO
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
He aquí la tercera parte de la historia romántica protagonizada por Cho Chang y Liam, su novio muggle. Si queréis conocer los antecedentes, os recomendaría leer "Freak" y "Freak 2. La hora de la verdad".
Esta historia está dedicada a Escristora porque pidió algo parecido en el foro de "La Noble y Ancestral Casa de los Black" y no he podido resistirme a escribirlo. Espero que te guste.
2
En el restaurante
Cho no conocía demasiados restaurantes muggles de aquella categoría, pero estaba segura de que Liam se había dejado una buena cantidad de dinero para costear esa cena. Recordó que sus padres siempre se daban un homenaje por su aniversario y visitaban un local de París muy exclusivo y muy caro. Aunque siempre regresaban haciéndose carantoñas y con cara de felicidad, también solían quejarse porque se preguntaban si merecía la pena gastar tanto para disfrutar durante tan poco tiempo. En opinión de Cho, la respuesta era afirmativa, pero en ese momento Liam le estaba dando pena. Al pobre no le sobraba el dinero, así que sus sospechas de que se traía algo entre manos se incrementaron.
— ¿Te gusta el vino? —Preguntó el chico mientras le servía otra copa—. El maître me ha dicho que es de una añada fabulosa.
Cho, que sabía algo de vinos, sobre todo si procedían del mundo mágico, degustó la bebida y asintió.
— Está muy bueno.
— Pues menos mal. La verdad es que yo no tengo ni idea y me saben todos igual.
Cho negó con la cabeza y tuvo la sensación de que Liam no pintaba nada en un lugar como aquel. Parecía un pez fuera del agua y agradeció una vez más el esfuerzo. No obstante, ella nunca había tenido la necesidad de vivir rodeada por aquella clase de lujos y prefería la sencillez de la que normalmente hacía gala su novio. Quizá en otro tiempo hubiera echado de menos experiencias como la de esa noche, pero de un tiempo a esta parte su opinión al respecto había cambiado gracias a Liam.
— El maître me ha mirado con cara rara cuando le he dicho que me daba igual un vino que otro. Creo que ha estado a punto de pegarme y todo.
— No me extraña. Debe considerar que eres un sacrílego.
— Seguro —Liam sonrió y se acercó a ella para hablarle en un hilo de voz—. Tiene un palo metido por el culo y es más snob que todos los clientes del restaurante juntos. Me pregunto de dónde lo habrán sacado.
— Vete tú a saber.
Liam agitó la cabeza y volvió a su posición inicial. Estaba esforzándose por recordar todas las cosas que le había dicho Rebecca sobre los modales que uno debía tener cuando se sentaba a la mesa, pero era bastante difícil hacerlo todo bien. Que si no hay que apoyar los codos en la mesa, que si hay que estar pendiente para que la copa de la dama no quede vacía, que si hay que doblar la servilleta y dejarla sobre las rodillas, que si hay que saber distinguir los cubiertos de pescado y de carne. Un follón que en su humilde opinión era del todo innecesario. Con lo cómodas que eran las hamburgueserías y las pocas gilipolleces que había que tener en cuenta.
— La carne está muy fresca —Dijo, señalando el filete de ternera con una salsa de cuyo nombre no podía acordarse—. El pescado también tiene buena pinta. Te gusta, ¿no?
— Todo está muy rico, Liam, no hace falta que me lo preguntes cada cinco minutos.
— Es que quiero que estés a gusto. Te he traído aquí por sorpresa y no quisiera que te sientas incómoda o que no te guste la comida o qué sé yo.
— No te preocupes, anda —Cho le agarró una mano y comprobó con cierta sorpresa que estaba nervioso. Debía ser por lo que fuera que estaba planeando. Era la explicación más plausible—. ¿Tú estás bien?
— Sí, bueno —Liam se frotó la nuca. Rebecca había dicho algo sobre no tocarse el pelo, pero era incapaz de controlarse—. Es que estoy un pelín inquieto por algo que tengo que hacer. Pero luego, después del postre.
Horror. Sus sospechas se confirmaban con cada palabra. Cho podía notar cómo las manos empezaban a sudarle y seguramente se pondría a temblar también. Tenía que encontrar una solución y tenía que encontrarla ya.
— ¿No me vas a dar una pista? —Inquirió, procurando aparentar tranquilidad absoluta.
— Cada vez queda menos. ¡Venga! Terminemos de cenar, que está todo muy rico.
Cho asintió y, aunque su merluza estaba deliciosa, no la disfrutó tanto como hubiera querido. Ni la merluza ni el helado de fresa con chocolate que se pidió de postre. Sentía el estómago más y más revuelto y sabía que la hora crucial se acercaba y era inevitable y no quería que las cosas fueran así porque antes tenía que ser ella quien diera un paso adelante. No consideraba que fuera justo dejar a Liam hacer lo que planeaba hacer sin hablarle antes de la magia y por eso recurrió a una medida desesperada.
— Voy al servicio un momento.
— ¿No puedes esperar? Quiero…
— De verdad que no puedo. Ahora vuelvo.
Besó la mejilla de Liam y prácticamente salió corriendo. ¿Qué iba a hacer ahora? No podía dejar que Liam siguiera con eso y, aunque le hubiera gustado hacerlo, tampoco podía marcharse sin más. Darle plantón a su novio sería un gesto muy feo y seguro que el pobre se sentiría herido. Necesitaba una excusa y entonces se le ocurrió una buena idea. No en vano había ido a Ravenclaw; debía ser inteligente sí o sí.
Preparándose para sonar lo más sincera posible, se reunió con Liam de nuevo. Para su absoluta consternación, tenía una cajita entre manos y estaba más pálido que un muerto. Vale. Se trataba de no dejarle hablar, sólo eso. Si era rápida y convincente, Liam no tendría tiempo ni de reaccionar.
— ¡Liam, no sabes cuánto lo siento! —Dijo quedándose en pie, a su lado—. Acaban de llamarme del trabajo y tengo que irme ahora mismo.
Si un segundo antes había parecido al borde un infarto, en ese momento Liam tenía pinta de ser la persona más miserable sobre la faz de la tierra.
— Pero Cho, tenemos que hablar.
— Lo sé, lo sé. Y lo siento muchísimo, pero mi jefe dice que es muy urgente y ni siquiera puedo terminarme el postre.
— ¿No? —El chico se puso en pie y dejó los brazos caídos mientras Cho agarraba su bolso—. Puedo ir contigo.
— No, no. Supongo que tienes que ocuparte de… —Señaló al maître. Realmente le sabía mal hacer aquello, pero a veces una huida a tiempo era una victoria—. Lo siento, Liam. No pienses que te estoy dejando plantado. He intentando decirle que no podía ir, pero me necesitan.
— Claro. Vete. Y ojalá soluciones todo pronto.
— Adiós, Liam. Y perdóname.
Le dio un beso en los labios antes de salir corriendo nuevamente. Pobrecito Liam, menuda cara se le había quedado. Lo había visto derrumbarse sobre la silla y le hubiera encantado volver junto a él para darle un abrazo, pero tenía que hacer las cosas bien. Tenían que hablar de la magia y hacerlo pronto. Había postergado esa charla durante mucho tiempo y eso tenía que acabar ya mismo. Como que se llamaba Cho Chang.
Segunda mini-escena. Pobre Liam. A ver qué pasa en el tercer capítulo :)
