La primera vez que publiqué este capi lo dediqué a mi amiga de la CDMX que conocí, mantengo la dedicatoria original:
**Capítulo dedicado a mi amiga Diana, un gusto conocerte**
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Recordemos que los flashback están en cursiva.
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Capítulo 2: Demuestra quién eres
"La historia es un conjunto de círculos repetidos, como las mareas.
Pero es más bien una cuestión de dar dos pasos adelante, y un paso atrás."
Cómo romper el corazón de un dragón. –Cressida Cowell
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El corazón de Astrid retumbó fuertemente, no podía hacer nada, como guerrera y tras el entrenamiento que tuvo para momentos como ese, ella estaba preparada para todo, pero no para enfrentarse a la posibilidad de que lastimaran a Hiccup. Ese era uno de los chantajes más viles.
-Si le haces algo, me conocerás de verdad. –comentó enfadada, apuntándole con su arma.
Dagur empezó a carcajearse. -Si quieres podemos intentar, aventaré una lanza y en menos de un minuto tendré la cabeza de Hiccup en una estaca. –comentó divertido, acechándose a ella. –O, si te portas bien puedo olvidar tu insolencia. –le dio a considerar mientras la veía de cabeza a pies, alzando unas cejas sutilmente. –Eres hermosa, cuando no peleas, ¿sabías?
La rubia sintió asco, no era tonta y sabía lo que él intentaba y el tono sugerente de coqueteo barato que había en él.
La niebla de la noche se hizo más densa, incluso sintió una sombra cerca del galeón en el que estaba, hasta que lo miró más fijamente, tratando de que Dagur no notara su atención en eso.
Por un momento pensó que era un barco de Berk, pero al ver el estandarte se dio cuenta de muchas cosas, notó que se trataba de un galeón Berserker, lo cual significaba peligro en su situación.
-Y ahora vienen mis súbditos. –los señaló cuando uno de ellos comenzó a descender.
Astrid se sintió nerviosa cuando vio a alguien acrcarse por la rampa que unía ambos barcos. La niebla no le dejaba ver de quién se trataba, hasta que esa persona se quitó la capucha.
—¿Todo bien, hermano? te esperamos para llegar al puerto principal de la isla. –apareció una risueña y tímida muchacha castaña.
El joven se llevó las manos hasta su cabeza en señal de desesperación.
-Karena, me acabas interrumpir. –reclamó furioso, pues le habían cortado la inspiración.
La muchacha mencionada se encogió de hombros y después se dirigió hacia la rampa para subirse de nuevo a su galeón.
-El jefe de Berserk tiene que presentarse antes que los demás. –recordó con fastido, pero guardando la cautela.
La rubia no entendía porque esa muchacha se había tomado la molestia de ir por él. El jefe se volteó a ver al barco y con mirada desafiante lo acepto.
-Astrid, linda muchachita, esto no sea quedado así tenemos una plática y tú tienes una deuda pendiente conmigo. –replicó señalándola a ella y a su compañera reptil. La llamada Karena solamente se quedó mirando la rubia con algo de lástima. Después de eso el desquiciado subió a su galeón y se dirigió rumbo a la isla principal, dando oportunidad a la rubia de atender a su dragona.
-Maldito loco. –trató de hacer que su dragona reaccionara e ir pronto al Gran Salón para alertar a todos. Tal vez esa muchacha había sido inoportuna, pero en su caso le ayudó a que Dagur no siguiera con sus estúpidos planes. –Tengo que decirle a Hiccup.
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Por primera vez no atracó junto a la temible armada de Berserk.
-Gracias por darme la oportunidad de viajar contigo, hermano. –comentó Karena, emocionada por pisar tierra diferente. –Aunque hubiera preferido que Sotma y… Norberto vinieran.
Dagur gruño dentro de sí. Rodeó a la muchacha con un brazo y le apretó el hombro. La pobre no tenía idea que arreglaría un matrimonio con algún hijo de jefe para ella, pero mientras no desaprovecharía esa oportunidad.
-No me vuelvas a interrumpir.
Karena deshizo su sonrisa. –Lo que digas, Dagur.
-¿Cómo me llamaste?
La castaña se asustó un poco. Tenía 20 años pero era muy dependiente de su hermano mayor. –Lo que diga, gran jefe Berserker.
El desquiciado sonrió. –Así está mucho mejor. –terminó de decir cuando la rampa se colocó justo en el muelle para que descendieran. –No te llevo fuera de la isla, pero como te hiciste cargo mientras estaba en prisión, tienes derechos, pero descuida, pronto se terminarán. –objetó cuando tocaron el muelle.
La castaña sólo asintió temerosa, a pesar de haber ganado algo de coraje en ese tiempo que tuvo el mando de Berserk, no era capaz de enfrentar a su hermano, y quizá nunca lo llegaría a hacer.
-La invitación era a medio día, ¿Por qué decidiste que llegáramos a casi media noche? –preguntó con temor. –Estuvimos parados en altamar sin razón aparente.
El desquiciado sonrió con autoridad. –Yo siempre llego cuando menos me esperan, además, no soy invitado, esa es la mejor parte. Todo Luk Tuk teme a los berserkers, cuando vea que llego, más de diez jefes querrán hacer alianzas conmigo y mi única condición es que…
-Que no sean aliados de Berk. –finalizó la castaña, detectando la obviedad en si propósito dejando a Dagur con la palabra en la boca.
-Vaya Karena, no eres tan tonta después de todo. –objetó un poco sonriendo maquiavélicamente. –Quizá hay esperanza berserker para ti.
La muchacha no supo si sentirse alagada u ofendida, pues no consideraba a su pueblo como lo que empezaban a ser el resto de las islas: civilizados.
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Stormfly se recuperó casi de inmediato, la mezcla no era tan fuerte en la punta de esa lanza, así que con mucho esfuerzo fue capaz de volar y regresar a Berk. Astrid dejó a su dragona en el establo y se dirigió de nuevo al Gran Salón, tenía que alertar a Stoick e Hiccup de lo que había ocurrido.
Entró rápidamente a la estructura y logró esquivar a un par de personas que iban saliendo hasta que chocó por accidente con una de ellas.
-¡Astrid! –exclamó Hiccup cuando vio que la rubia se estampaba con él. –Lo siento, íbamos de salida, ellas quieren ver cómo realizamos piruetas en los dragones, ¿quieres venir?
Por un momento Hofferson sintió todo un remolino de emociones dentro de sí. Pero principalmente sintió celos y envidia a todas esas chicas que había allí. Todas eran hijas de jefes y aunque seguramente sabían pelear, eran más diestras en cosas de la cocina o del hogar, un área de oportunidad muy grande en ella. Traían vestidos, joyas y hermosos cabellos arreglados, nada que ver con su atuendo de guerrera, pero aun así, pese a las inquietantes presencias de las princesas o hijas de los jarls, no fue suficiente para sentirse intimidada.
-Eh… no, no. Hiccup, acabo de encontrarme con Dagur. –informó preocupada. –Recién atracó en el muelle.
Hiccup dejó su sonrisa para pasar a una expresión de rabia y preocupación.
-¿Estás segura? –cuestionó con incredulidad.
-Sí, no te mentiría. Atacó a Stormfly. No creo que tarde en llegar. –la rubia seguía hablando cuando una flecha pasó por encima de la cabeza del heredero de Berk.
No hizo falta adivinar de quién se trataba. Los jinetes se giraron a verlo e incluso el resto del equipo se acercó. Las princesas gritaron ante el diminuto ataque y corrieron con sus padres.
-Y no me tardé, no recibí invitación para esta reunión de tratados, pero más vale tarde que nunca, ¿no lo creen? –extendió sus brazos, entrando sin preocupaciones.
Un silencio incómodo se formó en la entrada del Gran Salón, cuando Stoick se percató de ese repentino cambio se dirigió a donde había más aglomeración de vikingos y el bullicio de las princesas.
-No te esperábamos. –musitó el jefe anfitrión.
Dagur se tomó la libertad de caminar hacia adentro, su hermana iba detrás de él con la cabeza gacha.
-Traigan mi cena. –ordenó el desquiciado.
El mandamás de la isla asintió a los sirvientes que lo hicieran. Sin perder de vista nada, Stoick se sentó en la mesa, y con la mirada le pidió a Hiccup que hiciera lo mismo.
-Vine a hacer tratados con quienes gusten formar alianzas conmigo y con mi isla. –comentó con la boca llena de comida, algo realmente desagradable. -¿Algún interesado?
Afortunadamente ningún jefe se mostraba accesible con la oferta.
-¡Qué lástima!, eso significará que atacaremos todas las islas representadas aquí. –se encogió de hombros, fingiendo compasión.
-Si hozas hacer eso, el ejército de dragones de Berk acabará con todo. –se atrevió Hiccup, pero Stoick le puso una mano en su espalda para que apaciguara su corazón y no cediera a las palabras de Dagur ni a susprovocaciones.
El desquiciado se carcajeó como siempre solía hacerlo. –Espero ver con ansias que lo intenten.
Los aldeanos se asustaron, Stoick les dio una seña a Gobber para que ellos se prepararan en caso de un motín o una emboscada.
-Tal vez si mencionas los acuerdos de tus tratados…
-Sólo los impartiré el día de mañana en las juntas del gabinete. –argumentó Dagur, para después beber un poco de hidromiel y seguir devorando ese pollo ante la mirada vengativa de Tuffnut. Agradeció haber dejado a Chicky (gallina) en La orilla del Dragón.
Para sorpresa de todos, no fue una cena larga, pero si se mantuvo la expectativa a casi todos los presentes, fueran o no de Berk, aunque la tensión aumentó cuando sólo se quedaron los guardias de Berk, los jefes de las islas, herederos y Dagur adentro.
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Afuera del Gran Salón se reagruparon los chicos de la pandilla.
-¿Para qué habrá venido? –preguntó temeroso Fishlegs.
-No lo sé. –respondió Astrid, rendida sin dejar de ver la puerta del Gran Salón. –Nos acorraló a Stormfly y a mí en un barco, y después vino para acá, intenté avisar pero él me pisaba los talones.
-¿Qué es lo que querrá? –se preguntó Tuffnut. –Ya no tenemos el ojo del dragón y derrotamos los planes de Viggo con ese proyecto de Artillería. –comentó con obviedad.
-Lo sé, eso sólo me intriga más. Quizá debemos esperar a que Snotlout e Hiccup salgan para que nos cuenten cómo va todo. –opinó la rubia, pues al ser miembros del consejo, los jóvenes debían estar presentes.
-Sólo espero que no haya problemas, se avecinan las temporadas frías y creo que no sería adecuado que Berk enfrentara alguna paga o alianza rota para ninguno de sus pactos. –opinó el regordete amigo de los chicos.
-Tampoco yo, Fishlegs. –finalizó Astrid, esperando impaciente a que le contaran todo lo que ocurría dentro.
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Estuvieron esperando varias horas, hasta que salieron los jefes y sus respectivos hijos.
Los chicos empezaban a quedarse dormidos, pero no fue necesario despertar a todos, a parte que Ruff y Tuff derramaban baba por su boca abierta.
-Hiccup, ¿qué pasó? –se acercó Astrid a preguntar.
El castaño estaba casi mudo, algo impactado por lo que había ocurrido.
-Nada. –se adelantó Snotlout. –No ocurrió nada, sólo vimos a Dagur comer, beber y comer de nuevo. Es la cena más aburrida de todos los tiempos.
De cierta forma, Astrid se sintió tranquila, aunque despareció cuando vio al desquiciado salir.
-Se irá a dormir a una de las cabañas que se prepararon, mañana estará presente en las carreras y en la firma de tratados, aunque insiste en que se firmen con sangre de dragón. –bufó molesto el castaño mientras se sentaba en una roca, apoyando su cabeza en su dragón.
-¿Y qué debemos hacer? –preguntó con preocupación.
-Mi padre dijo que de momento nada. Sólo mantener la guardia durante la noche. Son días de tregua, por lo que no habrá ninguna guerra, pero conociendo a Dagur, se puede esperar cualquier cosa. –bufó Hiccup mientras acariciaba a Toothless.
La rubia sólo lo miró con rencor mientras el berserker se dirigía a su cabaña.
-Estaré alerta. –aseguró Astrid.
-Mejor ve a descansar. –sugirió Hiccup, sonriéndole. –Te necesito bien para mañana.
La chica asintió, la pandilla se despidió y se marchó a sus respectivas cabañas, aunque no durmieron bien por la presencia del jefe desquiciado en Berk, aunque había varios centinelas alerta.
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Por fortuna, no ocurrió nada durante la noche, quizá era estrategia o tal vez era porque Dagur en realidad respetaba los acuerdos de días de tregua durante la firma en Berk, pero no podían asegurar nada; mientras tanto, el resto de la isla se preparó para iniciar con la una de las juntas.
El sol acababa de salir, por lo que Hiccup empezó a preparar a Toothless para salir a montar. Sin embargo alguien los interrumpió.
-Hijo, necesito que estés conmigo en la junta. –mencionó Stoick cuando éste se acercó al establo del Furia Nocturna.
-Creí que eso es cosa de jefes. –contestó, alzando una ceja, guardando un par de cosas en la mochila de la montura del dragón.
-Sí, pero algún día serás el jefe. –le recordó, lo cual notó claro disgusto con el muchacho. –Además, es probable que los jefes y sus consejos soliciten alguna información sobre dragones. –con esa opción, Hiccup se animó un poco más. -¿Qué dices? , ¿le ayudarás a tu viejo?
Sabían que no era necesario que le rogara, así que el del dragón simplemente asintió.
-Sólo déjame ir con Astrid para que saque a pasear a Toothless y se ocupe de él.
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En el establo de Stormfly se vivía una situación similar, la rubia se había quedado a dormir al lado de su dragona, para detectar algún efecto de la droga que le pusieron en la flecha del día anterior.
-Aquí tienes, nena. –la rubia le entregó algo de pescado y un par de piezas de pollo a escondidas de Tuff debido a que ya no podía comer pollo en La Orilla. -¿Dormiste bien?
La Nadder respingó feliz.
Al cabo de unos momentos apareció Hiccup y Toothless. –Buenos días, mi lady.
Astrid estaba ocupada con Stormfly, no había tomado conciencia que él había llegado, y a decir verdad, le causó un agradable escalofrío que se dirigiera a ella con ese apelativo.
-Hola, Hiccup.
-Oye, sé que habíamos quedado en volar hoy y hacer un par de maniobras para que los visitantes nos vieran, pero mis papá me dijo que debo estar con él en la junta de esta mañana y…
-Y no podrás ir. –terminó la oración por él, cruzándose de brazos, pues detestaban que le cambian los planes.
-Lo sé, pero podré hacerlo después, cuando termine la junta, ¿Qué dices?
Hiccup sonrió, seguramente él creía que podía simular cierta coquetería, pero Astrid la detectaba a la perfección, por lo que asintió, dándole un pequeño golpecito después.
-Descuida, entiendo esas cosas de jefes.
Hiccup suspiró aliviado. –Hay algo más… ¿podrías cuidar de Toothless por un rato?, ya sabes, llevarlo a volar y aun no ha desayunado.
La rubia sonrió por la confianza que el hijo de Stoick depositaba en ella.
-¿Quieres quedarte conmigo y Stormfly, Toothless? –preguntó la muchacha.
El Furia Nocturna asintió efusivamente, para después comenzar a comer algo del pescado que La Nadder había dejado.
-Eso es un sí.
-Gracias, Astrid, te debo una.
Sin decir más, la chica sonrió al ver que su amigo iba rumbo al Gran Salón, la verdad es que adoraba verlo en sus actividades de jefe, sin duda alguna él sería un buen jefe algún día.
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Las juntas de los jefes eran tediosas. Alrededor de una semana atrás, un par de vikingos acompañaron al jefe de Berk y a su hijo para realizar un par de trueques e invitar a las islas a la firma anual de tratados, por lo que muchos ya conocían para qué se trataba dicha reunión y las intenciones de ellos mismos.
Hiccup estaba molesto porque muchos seguían con sus ideas de evitar a los dragones, mientras que otras empezaban a adaptarse, pues desde que desapareció Muerte Roja ya no había ataque de dragones en busca de alimento.
Los acuerdos fueron los mismos de siempre, respetar las zonas de pesca, cada isla tenía alrededor de cinco mil leguas alrededor de su territorio como propiedad marítima, fomentar los trueques, abastecer de alimento para la temporada de frío que llegaba en un par de semanas, todo fluyó con normalidad, sin embargo, llegaron a un punto en el que la atención de todos se requería: las alianzas.
-Luk Tuk se ha caracterizado por ser un archipiélago pacífico. –comenzó Stoick, que dirigía la junta. –El rey Axel riket no se encuentra con nosotros, pero sí su ideología de mantenernos en paz. Hay muchas maneras de firmar alianzas con otras islas, aquí en Berk estamos abiertos a dar ideas para reforzarlas y crear nuevas.
Un hacha apareció en medio de la mesa. Todos giraron sus rostros a dónde había sido aventada, para aparecer Dagur.
-Mis tres años en prisión me hicieron reflexionar y entendí que no hay nada más importante que mi isla. –mencionó fingidamente. -¿Algún jefe que quiera realizar alianza con Berserk?
Ningún jefe se prestó a caer en su juego.
-Permítanme recordarles que Berserk tiene la armada más fuerte del archipiélago, incluso el rey Axel nos ha pedido guardias y escoltas para cuidar de él y su hija. Un berserker puede derribar a diez soldados aún cansado, sin mencionar el reino en progreso que lleva.
Nada, todavía la lealtad estaba entre ellos.
Hiccup sonrió con burla ante la estupidez de su principal enemigo.
-Eres alguien que estuvo en prisión por alta traición, no te ofendas si no decidimos aliarnos con tu isla. –le recordó Alvin, molesto porque ya no estaba tras sus rejas después de la fianza que Karena pagó.
-Por favor, mi hermanita pagó la sentencia, les dio tres armadas con mil berserkers entrenados a los Outcast, además de muchísimo oro de la extinta isla burglar, es normal que se olvidaran de mi falta, porque lo que llegaron a perder, lo recuperaron con creses, así que… ¿alguien interesado?
Ningún jefe era tonto, sabían que mejor era tener aliados que tener enemigos, más si se trataban de los berserkers.
-¿Qué se requiere? –preguntó el jefe de los Magmalos, cruzado de brazos, alzando una ceja. Hiccup rodó los ojos, pues él era de la misma calaña del desquiciado.
Dagur sonrió con arrogancia, el anzuelo había caído.
-Una simple y vana excepción. –empezó con la expectativa. –No aliarse con Berk.
Todos dieron un grito ahogado, Stoick se puso de pie al igual que Gobber e Hiccup indignados por el trato, incluso el jefe apretó los puños con la idea de golpearlo.
Los demás empezaron a murmurar, pues no era sencilla la decisión que debían hacer: Berserkers o Dragones, cualquiera de los dos eran mortíferos.
Un duelo de miradas se llevó a cabo entre los jefes. Dagur azuzaba con gran satisfacción mientras que el de Berk sabía que no debía caer en la reta que él le ponía. Por su parte, Hiccup se asustó hasta que recordó lo que leyó en uno de los tratados que su padre le obligó a leer, no estaba seguro si funcionaría, pero lo que sí era necesario es que él debía intervenir. Respiró profundamente y tomó valor, un valor que no sabía que tenía.
-Estás violando uno de los decretos de Luk Tuk al condicionar una alianza por medio de la selectividad. –irrumpió Hiccup, desesperado por ver a su padre y a Berk en apuros. Dio unos pasos adelante hasta que topó con la orilla de la mesa. –Según el tratado de hace treinta y cinco años, en el segundo verano de Axel, se dice que ningún jefe o rey podrá condicionar la alianza propia hacia otra isla o recíproca si la isla condicionada tiene un tratado anterior ya establecido al nuevo que se intenta realizar. Antes bien se tiene que considerar los tratados y alianzas firmadas por las islas, a menos que haya una guerra en puerta que afecte a más de cinco tratados y/o asociaciones, de lo contrario las alianzas se quedan con el antiguo régimen y antecedente respetando la antigüedad que se había estipulado.
La rapidez, claridad y seguridad con la que habló el heredero al trono de Berk impactaron a todos los miembros del consejo vikingo. Los presentes, hasta el mismísimo Dagur quedaron perplejos por el conocimiento que Hiccup compartió.
-Existen más cláusulas que van en contra de esa condición, si quieres las digo todas. –agregó Haddock, provocativo, quizá su padre había hecho bien al prepararlo con conocimiento del archipiélago.
-Es cierto lo que dice el muchacho. –apoyó Argus, el jefe de Escalofrío. –Las alianzas se han realizado cada dos años, así que si Berserk decide hacer una alianza con cualquiera de nuestras islas, es necesario que se adapte a las alianzas que ya han sido realizadas, además, si buscamos intereses reales, Berk tiene armas poderosas llamadas dragones… sin mencionar que el jefe no es un "desquiciado".
Dagur se molestó tanto que se sentó, sin fingir la rabia que emanaba de sus ojos, buscaría una venganza para esa humillación.
Stoick no hizo nada más que sonreír orgulloso. "Ese es mi muchacho"
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Esa mañana había sido increíblemente agradable. Nadie podía volar con Toothless más que Hiccup, claro que sabía cómo manejarlo, aunque no siempre tenía la posibilidad de conseguirlo, por lo que el hecho de que él le pidiera cuidar de su dragón fue algo muy especial. Había volado y debía admitir que Hiccup alcanzaba velocidades no muy comunes en el arsenal.
Ya había regresado de su paseo matutino, Stormfly y Toothless estaban jugando con un tronco mientras que Astrid afilaba su navaja en el establo de su dragona.
-En un momento regresa Hiccup, ya llevan varias horas en la junta. –le mencionó Astrid mientras ella le acariciaba el lomo.
El Furia Nocturna se dejó mimar un poco hasta que sintió que alguien se acercaba.
-Chica, ¿dime hacia dónde está el Muelle de Thor? Estoy un poco confundida en esta isla. –dijo con un poco de altanería, degradando con la mirada a la rubia.
Astrid vio a la muchacha que acababa de llegar. Traía un vestido largo y extendido con bonitos detalles, nada que ver con la ropa de batalla que ella usualmente usaba, ahora que recordaba fue una de las que corrió cuando Dagur llegó la noche anterior.
-Tranquilo Toothless, es una chica. –calmó al dragón, o al menos eso creyó.
El Furia Nocturna no pareció muy convencido de ella, le dio la espalda y fue con la Nadder a seguir jugando.
-Claro, mira, el muelle está pasando las chozas de guardia por la colina del Sur, hay un camino de piedras, los demás son de tierra, ése te lleva directo al muelle, tal vez haya un par de dragones pero si tienes problemas les puedes aventar algo de pescado, hay barriles por todos lados. –trató de ser amable pese a la insistente mirada acusadora de la castaña.
-Bien, esclava. –se movió y empezó a caminar, pero en definitiva ese concepto no le gustó para nada a Astrid.
-¿Cómo me llamaste?
-¿Acaso no eres una esclava? –preguntó como si fuera lo más obvio del mundo, girándose de nuevo. –Como te veo en el establo…
-Pues no… soy de aquí, de Berk, y para tu información formo parte de la defensa de la isla. Soy jinete y guardiana de los farallones. El hecho de haberte dado una indicación no quiere decir que sea una plebeya, de hecho ni siquiera existe esa categoría en Berk. –se defendió, algo irritada y desconcertada por la actitud.
-Entiendo, plebeya. Para tu información, yo no soy cualquier chica, soy una princesa, así que no te dirijas así conmigo. –dijo con desprecio y soberbia.
Esa información hizo que la rubia pensara detenidamente la presunción de la muchacha la observó detenidamente y le llamó la atención un vistoso medallón que colgaba de su cuello reconociendo la insignia de la isla perteneciente, hasta que llegó a una conclusión, ya le habían contado sobre ella.
-¿Annek? –preguntó divertida.
-Por lo visto has escuchado de mí. –dijo la chica, creída.
-Claro, Hiccup me habló de su viaje a Escolofrío. –provocó, acercándose a ella.
-¿Te dijo que él me iba a pedir que fuera su novia? –ella también la provocó.
Esa información descolocó un poco la rubia, pero era claro que no iba a ceder a las provocaciones de la "princesa", ya después le preguntaría a Hiccup su versión de la historia.
-No, al contrario, me dijo que andabas desesperada porque alguien lo hiciera, y que eres presumida y muy ególatra… pero si no lo hubiera dicho, yo me habría dado cuenta después de la segunda palabra que salió de tu boca.
Annek frunció el ceño y cruzó los brazos, la miró de arriba hacia abajo, convencida de encontrar un defecto en ella, sonrió de medio lado al notar que esa rubia cabellera ya le había sido narrada.
-¿Y tú debes ser Astrid?
-Veo que también has escuchado de mí. –se divirtió al ver su infantil reacción.
Annek la miró de arriba hacia abajo nuevamente.
-Sí, un poco. Y debo decir que eres menos hermosa de lo que te describió mi hermano cuando vino con mi padre hace meses. Una plebeya como tú debe tener más cuidado a dirigirse con personas de posición social más alta, incluso no me agrada como te refieres al príncipe Hiccup. –alegó la princesa.
-Hiccup me ha dado la oportunidad de llamarle como yo quiera.
-¿Y de qué privilegios gozas?
-Yo… yo soy…
Annek sonrió con burla al notar que no tenía un concepto que la catalogara como tal.
-Tú eres una chica, una súbdita de él, así que dirígete a él y a mí como lo que somos, un príncipe y una princesa. –demandó.
-Soy la mejor amiga de Hiccup, lo conozco mejor que cualquiera, y le diré como yo quiera, a pesar de que no te guste a ti. Él y yo somos más de lo que crees.
-Da lo mismo, plebeya. –le dio media espalda y comenzó a caminar por donde la rubia le había dicho. –Tú nunca serás heredera ni jefa de nada… jamás estarás a mi altura.
La vikinga se le quedó mirado, menuda primera impresión de Annek, en su momento tachó a Hiccup de exagerado, pero no era nada a lo que se había imaginado, esa chica era peor.
-Tenías razón Toothless, te hubiera dejado que le dieras un ataque de plasma a ver si se controlaba con su lengua. –ironizó mientras le acariciaba el hocico al dragón de su amigo.
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Hiccup sólo veía la puerta del Gran Salón, quería irse pero las "pre-alianzas" estaban por realizarse, sin duda él había hecho un gran trabajo al cuidar de los intereses de la isla, y hasta se ganó un par de palmadas de su padre en la espalda, pero ya llevaban casi todo el día allí.
Cuando el último jefe firmó la hoja de asistencia, Spitelout se dedicó a da run anuncio.
-En nombre de Stoick todos ustedes, sus hijos y sus acompañantes pueden acceder a una cena que se ha preparado aquí mismo en el Gran Salón. Todos aplaudieron debido a la emoción que se originó.
-Papá, puedo ir con los chicos. –la verdad es que su padre no podía atenderlo, por lo que sólo asentía. -No he volado con Toothless todo el día y la verdad es que…
Hiccup iba caminando, mirando a su padre, pero no se percató que había una mujer que cargaba una gran vasija con ponche, la cual fue derramada completamente en Hiccup desde su cabeza hasta su pie.
Lamentablemente más de uno se rio a carcajadas.
-Sí, me lo imaginaba. Algo malo no me había pasado en… un par de horas. –masculló, tratando de exprimir de su camisa el ponche que chorreaba.
-Lo lamento, joven Hiccup. –se disculpó apenada Ingrid, la mujer que le había derramado todo. -¿Puedo ayudarle? –preguntó apurada.
El castaño negó calmado.
-Descuide, todo está bien.
-Ve a lavarte. –pidió el jefe de Berk después de reír a carcajada limpia.
Las risas y burlas siguieron con él hasta que salió del recinto, o al menos dejó de escucharlas.
-Iré a ayudarlo. –comentó Fishlegs cuando lo vio, quien había ido a colocar algunas sillas.
-Gracias, Fishlegs, y dile que se bañe bien, ya no se ocupa de su presencia hasta mañana en el cierre de la cumbre. –le dijo el jefe, sin dejar de reír de la torpeza en la que su vástago se metió.
El regordete mejor amigo de Hiccup fue directo a su choza, el vikingo había sacado un par de ropas limpias, pero el olor a cebolla y quién sabe cuántos vegetales más no se le quitaba, así que optó por ir a bañarse, el problema es que no tenía mucha opción a dónde ir, pues había más gente en Berk de la que recordaba y el agua en los pozos estaba controlada para dárselos a los invitados.
Salió de la choza y se topó con su amigo.
-¿Fishleggs, podrías ir por Toothless?, está con Astrid.
-A la orden futuro jefe de Berk. –el de la Gronckle asintió y fue a realizar su tarea.
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Astrid seguía molesta por la plática con Annek, la cual no había ocurrido ni dos minutos atrás, el problema era que no entendía por qué le habían afectado las palabras necias de esa niña, estaba tan ensimismada con sus pensamientos que ni sintió cuando alguien más se le acercó.
-Disculpa que te interrumpa ¿me puedes decir dónde queda el muelle de Thor? –preguntó una tímida voz detrás de ella.
-¿Eres tan tonta que no diste con el lugar? –preguntó de espaldas mientras tomaba su hacha.
La muchacha se sintió ofendida ante la respuesta cortante.
-Lamento haberle molestado, señorita. –dijo afectada.
La rubia se volteó de espaldas y de inmediato se dio cuenta que no se trataba de Annek pues el tono diplomático era mucho más cordial que la chillona voz de la Kulden, se sintió apenada de inmediato, pues había prometido ser mucho más cordial al ser anfitriona de la reunión en la isla.
-Lo siento, hace unos momentos vino una niña tonta a hacerme la misma pregunta, y pues… discutimos un poco, lo siento.
La chica se le quedó viendo, pero molesta aun por el tono de voz de ella.
-¿Me puedes decir? Me dijeron que las hijas de los jefes debemos ir hacia allá. –prosiguió la princesa.
Astrid afirmó, después de todo ellos debían causar buena impresión y la verdad es que esa muchacha se veía amable.
-Te acompaño, es por aquí. –señaló el camino.
Estaba por salir cuando su amigo Fishlegs llegó agitado.
-Astrid, Hiccup me pidió que si me podía llevar a Toothles, tuvo un problemita. –dijo con una sonrisa graciosa mientras entraba al establo y respiraba tranquilo.
Hofferson se asustó.
-¿Está bien?
-Oh, sí, sólo que ocupa a Toothless. –tranquilizó, restando importancia. –Ha estado sin él todo el día.
-Claro, ¿cómo les fue en la junta? –preguntó curiosa.
-Aun no han dado los avisos, pero lo que sí escuché es que se establecieron muchas alianzas, Berk en varias de ellas. –comentó mientras dirigía al dragón que se fue brincando después de que la rubia se despidiera del Furia Nocturna.
-Ve con Fishlegs, iré a muelle. –finalizó la rubia, para después acompañar a la chica.
Stormfly las acompañó mientras caminaron por la vereda rumbo al lugar de reunión, hasta que la castaña se atrevió a hablar.
-Gracias por preparar todo esto para recibirnos. –musitó la tímida muchacha, viendo al piso.
-No fue nada, preparar las cosas rompió con la monotonía de Berk. –dijo despreocupada.
-Pues Berk es muy diferente a Berserk.
La rubia se detuvo de abrupto.
-¿Eres hermana de Dagur? –preguntó consternada.
-Sí, así reaccionan todos, pero descuida, también me dicen que soy muy diferente. –comentó con rubor en sus mejillas.
-Eso espero. –comentó, aún con desconfianza.
-Me llamo Karena, Karena Deranged. –se presentó la elegante muchacha.
La rubia le sonrió, era más tierna y calmada, muy diferente a las manías de Dagur, pero sí conocía la otra consanguínea y también era diferente, quizá sería bueno darle una oportunidad, al parecer los locos eran sólo los varones de la familia.
-Soy Astrid, miembro de la defensa de Berk. –dijo con orgullo. Siguieron caminando hasta que llegaron al muelle donde les habían dicho. –Ojala seas más como Heather. –opinó.
-¿La conoces? Sé que está viva y que es mi hermana, pero jamás la he visto, Dagur no ha dejado que nos conozcamos.
Esa información tomó de sorpresa a la rubia.
-No sabía que no se conocían, pero sí, sé de ella, es de mis mejores amigas, aunque lamentablemente no sé decirte en dónde está, ella es una nómada… hace unas semanas nos ayudó a detectar y a recuperar el oro que fue robado de Berk. Después de eso emprendió una búsqueda, para encontrarse a sí misma.
Karena suspiró. –Al menos está lejos de Dagur y su locura. –susurró, aunque Astrid la escuchó.
La rubia se compadeció, no sabía que hija de Oswald era más miserable.
-Bien, llegamos. –señaló cuando el puerto estaba frente a ellas.
-Gracias por acompañarme, nos dijeron que debíamos venir, pero desconozco para qué.
-Qué raro, que recuerde no había actividades para ustedes… -no hizo falta que hablara más, porque vio a Snotlout y a Tuffnut en un árbol, lo cual no le causó la más mínima gracia.
-Espera aquí un momento. –le pidió a Karena mientras se acercaba a Ruffnut quien también estaba allí.
-Ruff, ¿para qué es esto? –preguntó interesada.
La gemela se encogió de hombros.
-Yo estaba aquí, y las niñas sangronas y arrogantes empezaron a llegar. –mencionó con desagrado. –Ahora tendré que compartir el lugar donde los jabalíes se pelean.
Hofferson conocía mejor a Ruffnut, así que detectó que no decía mentiras ni nada por el estilo.
-Mira a esos dos. –señaló Astrid.
La mencionada miró hacia la copa del árbol y vio a su hermano y a Snotlout con una cubeta de algo de dudosa procedencia en sus manos. Las rubias se miraron, como si detectaran algo, caminaron justo debajo de donde estaban ellos y hablaron.
-Ni se les ocurra… -las dos estaban hablado y señalándolos, pero con el grito, los muchachos se desconcentraron y dejaron caer la tina que sujetaban, la cual contenía desperdicio de pescado y otras porquerías, lamentablemente cayó encima de Astrid y Ruffnut bañándolas por completo a pesar de la intervención de la Nadder.
Todas las chicas se fueron gritando y con cara de asco, incluso Annek se burló, la única que se quedó fue Karena.
-¿Les ayudo en algo? –preguntó la castaña, aguantándose las ganas de vomitar.
Con cara seria, Astrid le hablo.
-No, descuida, sé limpiarme. –dijo con fastidio.
Ruffnut estaba algo más tranquila. –Bueno, me ahorraron el tratamiento de mi cabello para esta noche. –comentó con gracia.
Astrid estaba furiosa. –Esos malditos, me la pagaran. –amenazó mientras se sacudía los resto de pescado sobre su ropa. Empezó a caminar y se dirigió a donde ellos habían corrido.
-Quizá, primero debas bañarte, por mí está bien, puedo fastidiar a mi hermano con esto, pero supongo que es algo asqueroso para ti. –opinó la gemela mientras se comía algo de pescado que caía de su cabello.
Hofferson detestó que su amiga tuviera razón.
-Iré a asearme.
Karena le sonrió un poco, con empatía. -¿Te ayudo? –se volvió a ofrecer.
La rubia negó a penada, si al menos algo de ese desperdicio le hubiera caído a Annek no se sentiría tan mal.
-No, gracias.
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Dagur tenía una oportunidad que no iba a desaprovechar. Había escuchado que Hiccup estaría en el bosque. Tenía que asearse después de que le embarraron por completo el ponche, así que era su oportunidad para matarlo, o al menos para darle un buen susto, aunque en realidad sí deseaba atravesarle el pecho con su espada.
Lo siguió desde lejos, vio cuando el Furia Nocturna trataba de jugar con él. Intentó seguirlo, pero alguien se interpuso en su camino.
-Dagur, me da gusto verte, te ves diferente sin los barrotes de la cárcel. –comentó el vikingo con una gran capa roja que apareció.
El desquiciado se molestó porque perdió de vista al hijo de Stoick.
-¿Qué quieres, Aeren? –preguntó enseñando los dientes, en señal de rabia.
El muchacho, heredero al trono de la isla Magmala sonrió con cinismo.
-Una alianza. Te veo en la noche para discutirlo, te conviene. –el hombre no dijo más y empezó a andar. A pesar de que Dagur era idiota por las decisiones que tomaba, sabía que su isla estaba en desventaja y aunque los berserkers sabían pelear, era mejor tener aliados.
-¿Dónde?
Aeren sonrió triunfante. –En un galeón.
Le asintió conforme.
-No me hagas perder el tiempo.
Después de eso, Dagur siguió caminando, aunque le perdió el rastro a Hiccup, por lo que estuvo un buen rato dando vueltas por el bosque hasta que vio un hacha reposando en una roca, junto a unas prendas.
Alzó la vista y escuchó una tenue corriente de agua, vio que había un pequeño lago cerca de allí, así que su curiosidad pudo más que él y empezó a buscar a quién pertenecía, así que recordó a Hiccup, quizá se trataba de él, preparó su ballesta y la apuntó a la cabeza que sobresalía del agua, pero se llevó una sorpresa cuando vio que no se trababa de Hiccup, sino de Astrid.
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Había sido un día agotador para Erik Hofferson, incluso desde la noche pasada a penas y había podido dormir después de la tromba que los asaltó en altamar, menos mal que Stoick tenía grandes alianzas con otras islas y ese viaje era para fortalecer los lazos entre ellas y claro, darse a conocer, sin embargo, el galeón en que él viajaba quedó averiado, tardarían un par de días en repararlo; por eso mismo, la isla en la que estaban fue bastante generosa al recibirlos y hospedarlos, nunca había escuchado de en ese lugar, pero sólo estaba de paso, según él nada le impresionaría en esa pequeña isla llamada "Bog-Burglar".
Llevaba su hacha para entrenar en el bosque, los jefes le habían dado la oportunidad de hacerlo, aunque fue algo extraño que Erick Hofferson no se topara a nadie. Le restó importancia y siguió caminando hasta que vio un lago, se acercó a llenar su sifón y beber un poco de esa refrescante agua, sin embargo, cuando cerró su recipiente, vio a alguien que salía del lago.
Se apenó por haber interrumpido un baño, así que se dio la vuelta y tomó las prendas que estaban allí para tapar su cabeza y evitar cualquier mirada curiosa.
Esperaba que esa persona no lo hubiese visto, sin embargo, mientras tomaba esa ropa notó que se trataba de un vestido, oh por Thor, quien se bañaba era una mujer.
-Maldición. –masculló empezando a caminar despacio para que no la viera, pero fue demasiado tarde, la chica que se bañaba ya lo había visto.
-¿Qué crees que estás haciendo? –preguntó con voz demandante.
Hofferson se asustó, bajó el vestido, pero no se atrevió a levantar la vista.
-Lo siento, no sabía que estabas aquí… yo vine a… a entrenar. –nervioso confesó.
La muchacha se ruborizó, nunca se iba a bañar sola y ahora lamentaba haberlo hecho.
-Descuida, entiendo. No te preocupes, no estoy completamente desnuda, pero… ¿podrías pasarme la manta para secarme y taparme un poco?
Erick, todo ruborizado, vio sobre una roca la tela envuelta y le aventó la manta para que se cubriera. Escuchó cuando salió del agua y empezó a caminar.
-Yo… ahora me voy… -se disculpó cambiando hacia atrás.
La chica se alarmó. -¡Espera!
Erick volteó asustado y ahora sí, vio de quién se trataba, esa mujer que les había dado la bienvenida y auxiliado con lo del galeón, eso sólo lo apenó más.
-Princesa Bertha… en serio lo lamento, por favor, no corte mi cabeza. –suplicó el rubio, atormentado por su imprudencia, haciendo una reverencia. Él era veraz y osado, no entendía porqué se sentía nervioso frente a ella.
Esa petición le causó gracia.
-No lo haré, si me regresas mi vestido. –mencionó con burla mientras se tapaba.
Fue en ese momento cuando Erick se dio cuenta que seguía con el vestido de la chica entre sus manos.
-Lo siento. –repitió entregándoselo al caminar un poco, de inmediato le dio la espalda después.
En dos parpadeos, la chica se colocó el vestido encima de su ropa, no es que Erick le haya puesto atención, pero fue bastante rápida al cambiarse.
-Ya estoy más visible. Descuida, no le comentaré a nadie, sólo ten cuidado por donde andas, esto no es Berk. –dijo con amenaza, pues sí se sentía indignada por la intromisión.
-No volverá a pasar. –prometió Erick, viendo la silueta de la chica con detalle.
Se quedó encantado con ella. Piel blanca, graciosas y tiernas pecas en sus mejillas, un rubor natural que le hacía competencia al más costoso carmín y su cabello miel, casi dorado, pero lo que jamás olvidaría eran esos ojos azules que rebosaban de determinación, fiereza y ternura perfectamente mezcladas.
-Más te vale.
-Sí, lo siento… por cierto… soy Erick Hofferson, un gusto en conocerte, princesa.
La chica lo miró con algo de desconfianza, pero también sintió una gran atracción hacia él. Comenzó a terminar de arreglarse para irse lo más pronto de allí.
-Diría lo mismo en otra situación, soy Bertha, Bertha Essen.
Erick sonrió coqueto, al parecer no pasaría nada malo después de su intromisión.
-No sonrías. –demandó la fémina. -Porque si me entero que andas de fisgón en cualquier derredor de por aquí, yo misma te mataré y comeré al igual que un lobo a una oveja bebé. –advirtió mientras se ponía sus botas, guardaba sus cosas en un pequeño morral y se marchaba echando humos.
Hofferson detestaba que le amenazaran, pero se lo había ganado.
Cuando pasó un tiempo desde que se fue él decidió irse también, aunque un pequeño destello le llamó la atención al lado de la roca donde la burglar había dejado sus pertenencias. Lo tomó con sus manos y notó que era un pequeño medallón, asumió que era de Bertha porque tenía el signo de los Bog-Burglars marcado.
-Creo que nos volveremos a ver, Bertha Essen. –susurró para sí mismo, complacido mientras apretaba ese medallón.
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Ruffnut dio un salto profundo al agua, salpicando a Astrid.
-¡Ruff! –gritó enojada, entrando despacio al agua.
-No sé de qué te molestas, después de todo también te vas a mojar.
Hofferson se molestó un poco. Se sumergió y enjuagó su cabello.
-El agua está helada. –dijeron las dos chicas al unísono.
Stormfly, quien había acompañado a su jinete en todo momento, lanzó un poco de fuego alrededor de las chicas para que se calentara el laguito.
-Gracias, chica. –dijo la gemela, relajándose. Miró a Astrid, curiosa por sus actitudes. –Sé que soy algo tonta, pero creo que cuando te bañas es necesario quitarse la ropa, ¿por qué te metiste con un camisón?
Hofferson se tallaba un brazo.
-No sé, es una costumbre que tengo, algo que mi mamá también hacía…. además hay muchos visitantes, no me gustaría que alguien me viera por error. –mencionó mientras trataba de desenredar su cabello.
Thorson siguió sin entender.
-En fin, y me dices rara. –la gemela se zambulló una vez más y se enjuagó tranquila.
Al cabo de una lavada más, la Thorson salió campante.
-¿Ye terminaste? –preguntó Astrid, pues aún veía un poco de esqueletos de pescado en su largo cabello.
-Sí, sólo era para venir contigo, no me pensaba bañar. –dijo como si nada, secándose con una manta y vistiéndose de nuevo. –Te veo al rato.
La gemela se despidió y se fue de ese lago que usaban algunos vikingos para bañarse.
Stormfly se quedó allí con Astrid mientras ella terminaba de enjuagarse, incluso se divertía con pasarle el jabón o ciertas cosas que fuere ocupando.
-Gracias nena. –decía cada vez que ella le ayudaba.
Se sumergió para darse la última enjuagada y después salió, sin embargo, al hacerlo escuchó un par de pisadas, vio que no estaba sola. Frente a ella estaba un vikingo, y no cualquier vikingo...
Tragó saliva y se sumergió de nuevo para que sólo su cabeza estuviera al descubierto, por suerte no le hizo caso a su amiga que le dio la idea de quitarse esa bata de tirantes que traía.
-Hiccup…
El mencionado ni se movió, al instante se puso todo colorado en intentó poner atención en otra parte.
-Ass… Astrid, no vayas a creer… creer que soy un pervertido, Toothless y yo pasábamos por aquí. Nos sabía que estabas aquí. –se defendió, mirando al suelo.
La rubia se sintió incómoda y nerviosa a la vez.
-Descuida… estoy por irme. –empezó a salir del agua, pero Hiccup caminó de espaldas. Con desesperación, le aventó las ropas que estaban encima de una piedra con la intención de que ella se tapara, sin embargo, cayeron al agua, mojándose por completo.
Astrid lo miró ruborizada, pero enojada también.
-Lo siento Astrid, por favor no me mates. –rogó, haciendo reír a la muchacha.
-No te mataría aunque quisiera. Ahora tengo que llegar a Berk con mi ropa mojada. ¿Me ayudas, nena? –le pidió a Stormfly.
El castaño también iba a bañarse para limpiarse el ponche que había caído sobre él, a pesar de que Toothles le había ayudado mucho lamiéndolo por todos lados.
-Si… si quieres te doy una camisa. –sugirió Hiccup, yendo hasta la mochila que colgaba de su dragón. –Sabes que siempre traigo una de repuesto.
La rubia la aceptó, aun envuelta en la manta que tomó.
-Gracias, te la devolveré cuando mi ropa seque. –prometió, con esa sonrisa boba que no tenía idea porqué tenía.
-No es necesario, es nueva, bueno, casi nueva… sólo la use una vez para dormir. –dijo el chico, rascándose la cabeza. –Será mejor que Toothless y yo nos vayamos para que… para que te quites eso y te cambies, porque sería extraño que te pusieras la ropa seca encima de la mojada y para eso tendrás que quitarte esa ropa y… ya no sé qué digo.
Verlo así de nervioso le pareció muy tierno, después de todo ella también tenía algo de vergüenza.
Estuvieron observándose unos minutos, recordando inevitablemente el beso que se habían dado después de que Astrid perdiera la vista y las promesas que le habían seguido a ese momento.
-Lamento haberte interrumpido. Me iré, creo que iré a la cala de siempre. Vamos amigo. –empezó correr y se marchó, dejando a Astrid con una sonrisa burlona.
-Hiccup…-le llamó.
-¿Sí? –volteó con la cara roja.
-Es para allá. –la chica señaló a otra dirección.
-Claro, gracias. –el chico cambió de rumbo y ahora sí se fue.
-Gracias por la camisa.
La rubia tomó la camisa. Era roja, esa casi no se la había visto, tenía razón al decir que era nueva. Sintió su corazón latir demasiado rápido, quizá iba siendo hora de decirle lo que sentía por él.
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Notas de la autora:
Muchas gracias por leer mi fic.
Aprovecho para decir que cada viernes habrá actualización de esta historia, para estén al pendiente.
Gracias infinitas a los que dejan sus comentarios.
Gracias por leer
**Amai do**
Publicado: 12 de enero de 2018
