Desde mi infancia, he creído en el poder de las cosas a mi alrededor. Siempre me fue inculcado que tener más, hacer más y lograr más es mucho mejor que quedarse a la mitad o no alcanzar el grado de "suficiente".
Suficiente es inaceptable, más de lo que se esperaba es lo que vale ante todos. Por eso también me fue inculcada la grandeza en la celebración. El exceso en el consumo era lo esperado, más alcohol, más comida, más placer, más, siempre más.
Las celebraciones entre mi gente no tienen sentido si no estamos todos consagrados al exceso y el Príncipe no puede quedarse atrás. El líder debe ser el modelo del exceso, exceso en poder, exceso en sabiduría y exceso en el amor y los placeres de la carne y de la bebida. Abrazos fuertes y una fuerte voz alzándose sobre todas pidiendo más, siempre más.
Es lo esperado, es lo adecuado, es lo que me gusta, lo que disfruto. Suficiente bebida y suficiente comida con hermosas doncellas trenzando mi cabello y las miradas de las más poderosas guerreras sobre mí. La mirada de "ella" sobre mí, su admiración.
Me consagro en cuerpo y alma a la gula.
Gula
