Los personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.

Aviso: Este capítulo contiene algo parecido a un lemon, quedan advertidos.

Capítulo 2.

Recogió trozo tras trozo, teniendo mucho cuidado de no pisarlos nuevamente, tampoco podía darse el lujo de cortarse las manos con ellos o Ranma se lo reprocharía… Ranma, ese nombre la hacía estremecerse. Habían pasado escasos minutos desde que él se marchó, decidida a olvidar sus nervios comenzó a limpiar el destrozo que había hecho, pero olvidar esos ojos observándola con ardor y esa voz tan profunda, no era tarea fácil. Y no sólo era eso, él al fin le había dicho que la amaba, después de tanto soñarlo él lo dijo, de la forma más tierna que existía, y ella no fue capaz de responderle.

-¡¿Qué sucedió aquí?!- exclamó Kasumi, interrumpiendo sus pensamientos.

Akane se la quedó mirando desconcertada, debía estar muy concentrada para no haber escuchado siquiera cuando abrió la puerta.

-Akane, ¿te encuentras bien? -preguntó Nodoka adentrándose hasta donde comenzaba a haber vidrios.

-S… si, lo siento, sólo se me cayeron algunas cosas… -sonrió nerviosamente, sabiendo que eso no convencería a nadie.

Ambas mujeres se miraron, no eran quienes para presionarla, ninguna de ellas había pasado por lo mismo que Akane a su corta edad.

-¿Necesitas ayuda para limpiar?- preguntó Nodoka en tono maternal.

-No se preocupen, sólo me hace falta una escoba y un recogedor.

-Yo te lo traeré -dijo Kasumi con una sonrisa –La cena está casi lista, ¿bajarás?

-Lo siento Kasumi, no tengo hambre- dijo suavemente.

-Está bien, dejaré tu parte en la cocina, así podrás comer cuando lo desees.

-Muchas gracias, Kasumi- hizo una reverencia mientras las mujeres se retiraban.

Con los implementos de limpieza adecuados acabó de ordenar muy rápido, así que se recostó en su cama a pensar. Lo que le dijo a Ranma era verdad, no se sentía suficiente mujer para él, el prototipo de mujer era bella, exuberante, dulce, buena ama de casa, sumisa, y una gran madre… en ninguna de esas cosas encajaba ella. Pero aún así, se sentía culpable, él le abrió su corazón y ella no hizo más que alejarlo, lo hacía por su bien pero, pasaron tantas cosas en sus vidas, tantos enfrentamientos contra enemigos poderosos o locos peligrosos, tantas veces en las cuales casi mueren, que aprendió que la vida podía ser extremadamente corta, todo podía desaparecer y transformarse en una pesadilla de un momento para el otro sin que nadie pudiera evitarlo. Si lo veía por ese lado, lo único que le quedaba por hacer era disfrutar del momento, ser feliz y hacer feliz a los que quería mientras aún tuviera la posibilidad. Ella quería hacer feliz a Ranma, de eso no había dudas. ¿Qué sería lo peor que podría pasar si le decía que lo amaba, si lo aceptaba como tanto deseaba hacerlo? Si él en algún momento se aburría de ella, lo dejaría libre para que hiciera su vida.

Una sonrisa se formó en sus labios, estaba decidida, aceptaría la declaración de amor de Ranma, disfrutaría de la relación, y lo haría lo más feliz que pudiera. Un sonido la hizo incorporarse, al prestar atención al origen del mismo, vio un papel doblado en el suelo, se apresuró a leerlo; "Te espero en mi habitación en media hora." La nota no iba firmada, no era necesario, ella sabía perfectamente quien la había escrito.

Ranma por su parte bajaba las escaleras con decisión, la familia estaba cenando, todos allí reunidos, eso era bueno. Se paró en el pasillo justo frente a la apertura que daba a la sala, con las manos en su cintura los miró seriamente esperando a que le prestaran atención. Esperó y esperó, sin embargo, la única que había dejado de comer para observarlo intrigada era Kasumi, el resto continuaba comiendo como si no existiera. Se aclaró la garganta algo molesto, consiguiendo la atención de todos excepto su padre que continuaba tragando como un animal en vías de extinción, a pesar de no estar en su forma de panda.

-¡Escúchame viejo!- le gritó, pero no logró su atención hasta lanzarle un vaso con agua que luego de impactar en la cabeza del hombre derramó su contenido produciendo la instantánea transformación –Tengo algo que decirles…- comenzó ignorando los gruñidos de protesta del panda –¡Ahora voy a entrar a mi habitación y no quiero que ninguno de ustedes se acerque a menos de veinte metros de allí hasta que yo salga! ¿Entendido?- preguntó mirándolos fijamente, esta vez no aceptaría interrupciones.

-Oh, mi niño necesita dormir…- dedujo Nodoka luego de unos segundos –¡Genma no hagas ruido cuando entres!- le ordenó al panda a su lado.

Genma asintió mostrando un cartel que decía; "Entraré con pasos de niña", mientras recreaba sus palabras caminando de puntillas por la sala.

-Eso tengo que firmarlo- comentó Nabiki mirando de reojo al panda.

-Cuidar de mi niña debe ser muy cansado, descansa muchacho, nosotros nos encargaremos de ella por hoy- asintió compresivamente Soun.

-Enseguida te subiré un té relajante para que duermas mejor- avisó Kasuimi poniéndose de pie para dirigirse a la cocina.

-¡Un momento!- gritó furioso logrando que todos se detuvieran –¡Nadie entrará a mi habitación! ¡Oyaji tú no dormirás allí! ¡Y nada de cámaras, micrófonos o grabaciones de ningún tipo! ¡Nos dejarán solos no importa si tardamos media hora o tres semanas en salir!

-¡¿Nos…?!- preguntó sagaz Nabiki, siendo la única que no fue intimidada por al firmeza del chico –Así que por eso tanto misterio…- dedujo mirándolo con una media sonrisa, obteniendo como única respuesta el automático sonrojo del chico.

-¡Que orgullo mi hijo es tan varonil!

-¿Escuchó eso Saotome? ¡Al fin lo logramos!

-¡Así es Tendo, las escuelas se unirán!- comentó Genma emocionado, luego de volver a la normalidad.

-Creo que deberían esperar al matrimonio…- señaló tímidamente Kasumi en medio de la algarabía.

-¡Esto será una bomba!- exclamó emocionada Nabiki ignorando a su hermana mientras apretaba los botones de su calculadora –¡Los Tatewaki pagarán una fortuna por esta información!

Ranma hasta el momento estaba inmóvil, con sus ojos en blanco y su cabeza a punto explotar por la presión, pero al imaginar la reacción de Kuno y Kodachi cuando escucharan los rumores que Nabiki echaría a correr, cayó a tierra de golpe. Kuno no era problema, sólo lo atacaría a él, pero Kodachi tenía los medios y la falta de cordura suficiente para ensañarse con Akane hasta acabar haciéndole daño, y eso jamás lo permitiría, nadie lastimaría a Akane, no de nuevo…

-¿Algún día dejarán de hacerlo?- preguntó con aparente calma, sus ojos estaban cubiertos por el flequillo y sus puños apretados.

-¿Hacer qué?- preguntó Soun dejando de lanzar confeti al aire.

-¡Arruinarnos la vida!- gritó encendiendo su aura -¡Cada vez que algo está a punto de suceder entre nosotros nos interrumpen! ¡O es un flash, o un sollozo, o un estúpido cartel con algo escrito, o un comentario acerca de lo lindos que nos vemos o lo varonil que soy! ¡Y eso cuando tenemos suerte y no aparece algún loco queriendo matarnos!

-¡Ustedes son unos egoístas, después de todo lo que hemos colaborado no nos permiten compartir su felicidad!- dijo Genma de brazos cruzados haciéndose el molesto, mientras un sollozante Soun asentía.

-¡¿Egoístas?!- preguntó fuera de sí, sin poder creer lo que su padre decía.

-Ranma…- lo llamó Kasumi con su dulce voz, logrando calmarlo al instante –Ninguno de nosotros ha querido interferir, pero los queremos y nos preocupamos por ustedes.

-Así es, solamente buscamos cuidarlos, nunca fue con mala intensión- completó Nodoka, mientras miraba de reojo a Nabiki que ajena a todo ya estaba a punto de hacer explotar su calculadora por la velocidad con la que sumaba cifras.

-Sólo no se acerquen a mi habitación…- pidió más tranquilo mientras se retiraba –No se trata sólo de mi, Akane está mal, si arruinan esto… no creo tener otra oportunidad para acercarme a ella…- finalizó mientras desaparecía por el pasillo.

Los presentes se limitaron a continuar con su cena en silencio, por esta vez dejarían a los chicos solos, pero que no se acostumbraran…

Akane continuaba en su habitación, mirando fijamente como el minutero de su reloj despertador, la única aguja sobreviviente a su despliegue de furia, se movía casi imperceptiblemente. Estrujó nerviosa la falda entre sus manos, aún faltaban diez minutos, luego de suspirar en un vano intento por liberar algo de tensión decidió distraerse en algo, buscó en su armario, talvez ese vestido blanco sin mangas con detalles en celeste sería más apropiado que la ropa arrugada que llevaba puesta. Luego de cambiarse se miró al espejo, sus ojos aún estaban algo hinchados, esperaba que no le molestara, fue entonces cuando se descubrió a si misma intentando verse linda para Ranma. No es que fuera algo nuevo, de hecho solía hacerlo muy a menudo, pero por primera vez no sentía la necesidad de negárselo a si misma. El reloj le indicó que apenas faltaba un minuto para la hora indicada, tragó en seco, intentando bajar el molesto nudo en su garganta, caminó lentamente hasta colocarse frente a la puerta con su mano en la perilla. Una sonrisa se abrió paso entre sus labios mientras esperaba que esa aguja llegara a destino, no sabía que pasaría de ahora en más, talvez la familia o algún loco arruinara las cosas, o terminaran discutiendo, pero fuera lo que fuera, él estaba allí esperándola y en estos momentos no podía imaginar algo mejor que eso…

Pronto sería la hora, podía presentirlo, ya que en esa habitación no había ningún aparato que marcara el paso del tiempo, y él aún no lograba que sus manos dejaran de temblar. La soledad y oscuridad del lugar no hacía más que despertar esa maldita inseguridad que siempre lo perseguía, ¿y si ella no aparecía? ¿Cómo debería tomarlo, como un rechazo? Pero había algo que lo ponía aún más nervioso… ¿Y si ella sí iba, que haría él entonces? Escribió esa nota y enfrentó a la familia decidido a tener un tiempo para ellos solos, un tiempo para demostrarle lo que ella significaba para él, para hacerle ver que lo era todo en su vida. Sin embargo, hasta ahora no lograba trazar un plan para lograrlo. La puerta se abrió detrás de él y el suave aroma de ella inundó sus sentidos haciéndolo tensarse, sin saber como reaccionar.

Lo vio allí, sentado en el suelo de espaldas a ella, la ventana estaba cerrada y la única iluminación de la habitación era el reflejo de la luna que se colaba por algunas rendijas. Cerró la puerta tras ella, y se adentró con lentitud sin dejar de verlo, el hombre que amaba, el que la esperaba, el que no hacía más que protegerla y cuidarla. Los nervios habían desaparecido en algún momento, se arrodilló detrás de él, quedando a escasos centímetros de su cuerpo, se lo veía muy nervioso, tan tenso… Sus manos comenzaron a moverse enredándose en los cabellos azabache, desarmando la ajustada trenza con lentitud, peinando con devoción, y su dulce voz terminó de encantar el ambiente.

-¿Sabes que es lo primero que pensé cuando te conocí?- preguntó con suavidad, casi como un murmullo.

-¿Qué rayos hace una pelirroja sobre un panda en mi sala?- respondió él con una sonrisa, aún sin voltear, sólo dejándose mimar.

-Bien, lo segundo que pensé- admitió divertida -, fue que te veías muy solo… recuerdo que tus ojos tenían un aire de tristeza…

El tacto de las delicadas manos acariciando su cabello y parte de su rostro, la melodiosa voz flotando en el aire, llenándole el alma de tranquilidad, de felicidad por tenerla allí. Era una sensación tan agradable, que lo relajaba poco a poco, hasta que en algún momento se recargó sobre ella sin notarlo, solo concentrado en sentir las suaves caricias.

-En ese momento sentí la necesidad de hacerte compañía, te parecías tanto a mi en ese sentido, por eso te pregunté si querías ser mi amiga.

-Realmente fue muy agradable ver tu sonrisa en aquella ocasión… si sólo hubiera sabido que minutos después lo arruinaría todo, jamás me habría metido a bañarme.

-Ambos lo arruinamos… pero aún así no me arrepiento de nada, jamás me arrepentiría de lo que viví a tu lado, ¿sabes porqué?

-¿Porque soy irresistible?- preguntó con picardía recibiendo como respuesta un jalón en su cabello –¡Auch!

-Porque todo lo que hemos vivido me ha enseñado a amarte como el baka egocéntrico que eres…

Lo sintió estremecerse, para luego alejarse de ella. Los ojos se le humedecieron, no podía ser que lo hubiera arruinado todo, si él mismo se lo había dicho antes… ¿O sólo habría sido un sueño? Levantó la mirada cuando sintió que él la observaba con intensidad, sus mejillas se sonrojaron al percatarse de la proximidad de él, pero las lágrimas acabaron cayendo sin que pudiera evitarlo cuando vio dentro de sus ojos. Amor, no había más que amor en esos ojos, no necesitaba más, esa era la mayor prueba de aceptación que él podía darle.

En medio de la oscuridad sus rostros se acercaron con lentitud, mientras cerraban los ojos, rozaron temblorosamente sus labios… ese mágico contacto finalmente llegó, tan ansiado, tan valioso que sólo se concentraron en disfrutarlo, moviendo sus bocas con lentitud, convirtiendo la inexperiencia en oportunidad de conocerse. Sin querer romper con esa caricia tan suave y pausada, tan leve que podrían quedarse así durante horas

Las manos no tardaron en tomar vida propia, acariciando los rostros con dulzura, para deslizarse con suavidad por cuello y hombros. Las de él reposando sobre la espalda femenina, deleitándose con el calor que traspasaba el fino vestido, recorriendo la exquisita silueta como nunca antes, sin temor al rechazo, sin timidez, con la lentitud justa para probar con sus yemas la tersa superficie. Las de ella anclándose en el firme pecho, sintiendo los latidos acelerados de ese corazón que desde hacía tanto tiempo le pertenecía, saboreando ese calor que emanaba de él, enredándose en los botones de su camisa, desprendiéndolos con cuidado, buscando sentir la morena piel.

La ropa desapareció casi sin que lo notaran, mientras sus bocas continuaban la sincronizada danza de dar y recibir por igual. A ella no le importó sentir la fría duela en su espalda, a él no le importó sostener su peso en un brazo mientras el otro se movía por su cuerpo, explorando cada centímetro, amando cada pliegue.

El contacto de los labios sólo se rompió cuando mirarse a los ojos fue la imperiosa necesidad, no hubo preguntas ni aceptación, ninguno sabía lo que debía hacer, ninguno pensó en ello, simplemente lo hicieron. La calma, la suavidad y por sobre todas las cosas, el silencio reinó en esa habitación, las palabras, los gritos o gemidos no tenían cabida en ese místico acto. Más que un despliegue de pasión y deseo, se trataba de un ritual de unificación de almas y espíritu, en ese momento no existía más que ellos.

Ella fue aire, permitiendo que el calor de él se hiciera parte de si misma, elevándola, fraccionando cada trozo de cordura y volviendo a recomponerlo a su antojo. Él fue fuego, encendiéndose con cada leve movimiento de ella, dejándose guiar de acuerdo a su voluntad.

Todo acabó tan silencioso como comenzó, como si no quisieran romper la magia se quedaron abrazados en silencio, acostumbrándose a cada una de las sensaciones que sus inexpertos cuerpos les trasmitían, en un par de minutos acabaron por quedarse dormidos, con la certeza de que esa era la noche más feliz de sus vidas…

No se equivocaban, esa sería la última noche de paz que disfrutarían…


Un leve cosquilleo en su cuello la hizo abrir los ojos, sonrió con ternura al verlo frente a ella, mirándola con amor, sonriéndole dulcemente, con las finas hebras de cabello, que había liberado en la noche, cayendo sobre sus hombros desnudos.

-Buenos días- sonó la voz de Ranma, se escuchaba tan dulce y llena de felicidad, parecía sentirse tan liberado como ella misma.

-Hola…- respondió aún somnolienta -¿Dormiste bien?- preguntó incorporándose, mientras se cubría con la sábana que habían jalado desde el futón antes de quedarse dormidos.

-Mucho…- susurró al tiempo que le daba un corto beso, retirándose rápidamente.

Akane rió suavemente, mientras lo veía desviar la mirada a un lado completamente sonrojado. No podía evitar comparar esa actitud de niño pequeño con la de hombre maduro que había demostrado en la noche. Era increíble como continuaba descubriendo facetas de él, y más increíble aún, cuanto amaba cada una de ellas.

-Aún debe ser muy temprano, ¿te gustaría entrenar un rato antes de desayunar?- le preguntó inocentemente mientras comenzaba a vestirse.

Pero al instante se arrepintió, sabía perfectamente lo que ese tipo de preguntas ocasionaban. Una negativa seguida por un par de insultos y por último la frase machista que siempre coronaba esas situaciones "Yo no golpeo mujeres".

-¡Claro!- fue la respuesta de él, tan natural y despreocupada que Akane se lo quedó viendo como si se hubiera convertido en un marciano.

Fue en ese momento en el que las palabras que Nabiki le dijo alguna vez cobraban sentido; "Hermanita, el día que conozcas la cama de un hombre, conocerás el verdadero significado de la palabra dominio". Era bueno saberlo, aunque no era algo honorable así que se prometió a si misma no utilizarlo para su beneficio, no demasiadas veces al menos…

El entrenamiento transcurrió en calma, mientras Akane atacaba como si fuera el fin del mundo, instando a Ranma a que hiciera lo mismo, él se mantenía esquivándola, claro que la calma duró lo que un suspiro, ya que diez minutos más tarde Ranma regresaba a la casa con Akane en brazos, que no hacía más que gritar y patalear.

-¡Te he dicho que me bajes, estoy bien, sólo fue es un rasguño!- le explicaba ella mientras intentaba sin éxito zafarse del agarre.

-Está sangrando- replicó él firme pero tranquilamente.

-¡Eso no es nada!

-Podría infectarse.

Así continuaron hasta que sus voces desaparecieron escaleras arriba, rato más tarde ambos bajaban tomados de la mano, mientras Kasumi y Nodoka los observaban felices, Soun y Genma sostenían botellas de sake que en algún momento hicieron aparecer de la nada, y Nabiki encendía su filmadora. Los chicos no terminaron de sentarse a desayunar cuando comenzó el interrogatorio.

-¿Durmieron bien?- comenzó Kasumi.

-¡Espero que te hayas comportado como un hombre, muchacho!- exclamó Genma, dándole "ligeras" palmadas en la espalda a su hijo.

-¡¿Cómo puedes preguntarle eso?!- lo reprendió Nodoka, aportando algo de coherencia y discreción al interrogatorio –Si no se hubiera desempeñado bien, Akane no tendría esa radiante sonrisa- completó mirando con ternura a su futura nuera, que lucía una mueca que poco se parecía a una sonrisa.

-¡Soy tan feliz, mi niñita al fin es una mujer!

-¡Oigan ustedes, ¿porqué deducen que Ranma y yo…?!- sin poder completar la pregunta volteó a ver a Ranma en busca de un poco de apoyo, encontrándose un chico que estaba más ocupado en volver a respirar con normalidad luego de los golpes de su padre, que en atender la conversación.

-¡Debemos planificar el casamiento!- exclamó el patriarca Tendo –Akane, encárgate de elegir un bonito vestido de novia porque el siguiente fin de semana organizaremos la boda.

-¡¿Qué dices?!- gritó furiosa al tiempo que golpeaba la mesa –¡Yo no pienso casarme tan pronto!

-Pues tendrán que hacerlo- informó su padre viéndola con seriedad, ignorando los primeros planos que Nabiki les hacía –Ya hemos esperado demasiado tiempo, ahora que al fin logramos que se entiendan no hay tiempo que perder, ¿no es así Saotome?

-Completamente de acuerdo Tendo.

-¡¿Se volvieron locos? No es asunto suyo, nosotros lo decidiremos cuando estemos preparados!- volvió a enfrentar a los dos hombres.

-¡Mala hija, ¿cómo puedes hablarle así a tu padre?! ¡Te lo he dado todo y, ¿así me pagas?!

Akane estaba a punto de gritar algo más, cuando sintió una conocida energía ardiendo detrás de ella, fue entonces cuando aprendió algo más; Un hombre sobre protector, se convierte en una fiera si atacan a su mujer.

-No vuelva a hablarle de esa forma…- ordenó Ranma mirando al hombre con absoluta seriedad –Nos casaremos cuando ella lo disponga.

-¡Nada de eso, tardaron años en llegar a esto, si esperamos por ustedes se casarán cuando estemos a un paso de la tumba!

-¡No diga eso Tendo, puede traernos mala suerte!- exclamó Genma asustado al imaginar su propia muerte.

-¡No serán ustedes quienes decidan cuando nos casaremos!- Ranma continuó discutiendo sin prestarle atención a su padre.

-¡Par de desconsiderados! ¡Deberían casarse en este momento, ya que ni siquiera un heredero nos darán!- gritó Soun, cubriéndose la boca al instante arrepentido por lo que dijo.

Un silencio sepulcral se apoderó de la casa, Nabiki bajó su cámara, Kasumi se llevó la mano al pecho, Nodoka y Genma observaron a los prometidos en silencio. Akane que hasta el momento no hacía más que observar embelezada como Ranma la defendía, volteó lentamente para ver a su padre, quien negaba con los ojos llorosos. Ranma miraba alternadamente a Akane y Soun, sin saber si abrazar a su chica, o partirle la cara a su futuro suegro.

-L… lo siento mi bebé… no quise decir eso- sollozaba el hombre, en un vano intento por reparar su grave error.

-Debemos ir a la escuela o se nos hará tarde…- fue la única respuesta de ella mientras se ponía de pie lentamente, para encaminarse al recibidor a buscar sus cosas.

Todos continuaron en silencio, mirando el lugar por que el que ella se marchó.

-Será mejor que tu también te des prisa- dijo Ranma dirigiéndose a Nabiki, al tiempo que se ponía de pie –Y quemarás esa cinta si sabes lo que te conviene- concluyó sin mirarla mientras seguía los pasos de Akane.

Minutos más tarde ambos se dirigían a la escuela, Akane caminaba en silencio con la mirada perdida en le horizonte. Ranma iba por la cerca sin quitare los ojos de encima, odiaba verla así, prefería mil veces que ella gritara, llorara o lo golpeara, a que se mantuviera sufriendo en silencio. Ella era su mujer, siempre lo había sido, pero en estos momentos el sentido de pertenencia se había elevado hasta niveles más allá de lo controlable, tenía que hacer algo, sacarla de ese estado, hacerla hablar de nuevo por lo menos.

-Akane…- la llamó deteniendo su marcha –Tú sabes bien que yo te esperaré el tiempo que necesites, ¿verdad?- continuó cuando obtuvo su atención.

-Si, lo sé…- respondió ella con una sonrisa de esas que podían iluminar la vida de cualquiera –Y tú… ¿Quieres casarte conmigo?- preguntó de vuelta, necesitaba confirmar que las palabras del desayuno habían sido reales y no solo motivadas por el calor de la discusión.

-Yo quiero…- bajó de la cerca, cayendo a escasos centímetros de ella –Tenerte a mi lado por siempre, y si casándonos puedo convencer al resto de dejarnos en paz, lo haría con gusto- finalizó con un rápido beso, igual que el de la mañana, sólo que esta vez no desvió la mirada a pesar haberse sonrojado bastante.

Los ojos de Akane brillaron, era tan gratificante sentirse querida por él, de alguna forma teniéndolo cerca todo rastro de dudas e inseguridades desaparecía. Estuvo a punto de lanzarse a sus brazos, cuando la campana de la Furinkan resonó a lo lejos, ya era tarde y aún faltaban varias cuadras. Por el momento lo primordial era apresurarse y llegar antes de que cerraran los portones, ya tendría oportunidad de devolverle el bienestar que su sola presencia le proporcionaba.

Durante la noche Akane salió al pequeño balconcito a pensar, el aire que corría allí era el ideal para ordena ideas. Había perdonado a su padre por lo de la mañana, su temperamento se caracterizaba por sus explosiones sobre exageradas que comenzaban tan rápido como se extinguían, además él no lo había hecho con mala intención. Se recargó en la baranda, dejando escapar un suspiro, por más que lo intentaba no podía borrar de su mente la noche anterior, todo había sido tan mágico y gratificante que podría acostumbrarse a esos íntimos encuentros nocturnos.

-Dios soy una pervertida…

-Siempre lo he dicho- sonó una voz detrás de ella, al tiempo que sentía como le colocaban un abrigo en los hombros.

-Baka.

-Marimacho- respondió mientras la abrazaba –Oye, ¿qué es eso?

Siguió la mirada de su prometido y allí estaba, una enorme y redonda luna, teñida de un rojo sangre tan intenso que daba escalofríos.

-¿Un eclipse?- preguntó ella algo inquieta –No escuché que nadie comentara que habría uno…

-Deben haberlo olvidado, ya es muy tarde será mejor entrar- sugirió él restandole importancia al asunto.

Akane asintió y entró a la casa nuevamente, pero a mitad de camino notó que estaba sola, al girar lo vio en la misma posición en que lo dejó, observando fijamente la luna. Un extraño mal presentimiento se hizo presente, no sabía por qué, pero su instinto le gritaba que algo andaba mal.

-Ranma…- lo llamó algo temerosa.

Él dejó de observar la luna para verla a ella, a pesar de la considerable distancia que los separaba, y de lo fugaz y repentino del destello, lo vio con claridad, sus ojos azules, por un instante fueron carmesí, el mismo color que lucía la luna. Él sonrió y pasó a su lado diciendo algo a lo que no le prestó atención, y ella se quedó allí, de pie estática, mirando el mismo lugar. Ya no era un presentimiento sino una certeza, la misma sensación de incertidumbre, el mismo nerviosismo que aquella vez, cuando descubrió ese trozo de periódico que desencadenó todo. No podía siquiera imaginar que lo mismo volviera a suceder, no quería pasar por eso otra vez, las imágenes de él desangrándose en sus brazos, esas que tanto luchó por olvidar, regresaron tan vívidas como antes.

-No soportaría volver a perderte… no así… no de nuevo…

Continuará.

Hola a todos…

Bueno primero que nada mis disculpas por la tardanza, verán hace unos días le entró un virus a mi linda máquina y perdí todos los fics que no había publicado, por fortuna parte de este lo tenía en el correo, pero el epílogo del vendedor lo perdí y eso me retrasó bastante.

Ahora si a hablar del capítulo, le agradezco profundamente a Seraphy por haberme ayudado con el lemon, gracias a ella quedó un poco mejor, y a Sindy por sus consejos, aunque no pude llevarlos a cabo T_T… Y hablando del lemon, imagino que los decepcioné, pero realmente no me salen estas cosas, y en este caso particular desde un inicio la idea fue que fuera algo más emocional que carnal.

Por lo demás no sucedió demasiado en este capítulo, pero quería dejar todo lindo y bueno para luego… bueno ya me conocen XD. A partir del siguiente capítulo va a comenzar lo bueno… (Treku se ríe de forma diabólica frotándose las manos)

Saludos y muchísimas gracias por los comentarios, me hacen muy feliz.

Oh, y espero que hayan tenido una muy feliz navidad y que tengan un próspero año nuevo ^^.