Hiroaki y Natsuko tomaban una taza de té en el pequeño departamento de Hiroaki mientras sus hijos jugaban en el parque de enfrente con sus amigos. Aunque el ambiente era algo tenso Natsuko decidió tragarse su orgullo y llevar a Takeru para que pasara la tarde con su hermano al que echaba terriblemente de menos. Cuando la tensión creció aún más Hiroaki decidió hacer partícipe a su ex-mujer de algo en lo que había estado pensando últimamente.
-Oye, Natsuko, ¿No te parece raro que Yamato portara el emblema de la amistad?-Ante la mirada de incomprensión de su mujer matizó sus palabras- Quiero decir, Yamato nunca ha sido un chico con muchos amigos- Natsuko reflexionó antes de hablar.
-Es cierto, pero eso no fue así siempre. Antes de… Antes de que nos separáramos- Dijo incómoda Natsuko- cuando nuestro matrimonio iba bien Yamato era diferente, en el jardín de infancia siempre tenía amigos con los que jugar, cuando comenzaron las peleas- esta vez fue Hiroaki el que se revolvió avergonzado- se volvió introvertido y solitario. Siempre me reprocharé aquello- Hiroaki no entró en ese tema ya que él se sentía igual de culpable que ella.
-Tienes razón, ya apenas recordaba a ese Yamato. Siempre llegaba de la guardería contando historias sobre sus amigos y lo bien que se lo habían pasado en el recreo.
-Sí, a mí también me cuesta recordar aquella época. Yamato siempre hacía dibujos cuando sus amigos estaban tristes o enfermos y siempre hablaba con los niños tímidos para que jugaran con él. Parece imposible que hablemos del mismo Yamato-Natsuko, como madre, nunca se perdonaría el daño que había infringido a su primogénito.
-Recuerdo un día, cuando Takeru era apenas un bebé aún que Yamato no apareció hasta la hora de la cena, nos llevamos un buen susto- Aquello disipó el ambiente triste de la sala.
-¡Sí! Ahora recuerdo, a su amigo Kei se le había perdido el perro y se habían pasado la tarde buscándolo, recuerdo que me asusté mucho y le grité, pero él sólo me contestó "Mamá, era mi amigo, no podía dejarlo solo" me sorprendieron tanto aquellas palabras…
-Siempre ha sido más maduro que los demás chicos, lo obligamos a tener más preocupaciones de las que correspondían a su edad y él nunca nos reprochó nada, es un gran chico y un gran hermano.
-Yamato es mejor hijo de lo que me merezco…
-Yo tampoco he sido mejor padre-Rebatió Hiroaki- pero me alegra ver cuánto ha cambiado después de este viaje, le veo un brillo diferente en la mirada, esos chicos han conseguido que Yamato vuelva a confiar en la amistad.
-Tienes razón, le debemos mucho a esos chicos por todo lo que han hecho por Yamato, se le ve feliz cada vez que Tai y Sora aparecen por aquí armando jaleo para llevarse a Yamato a quién sabe dónde. Han conseguido que Yamato se permita ser feliz por fin y disfrutar como el niño que es.
Ambo guardaron silencio mientras bebían té, ambos le daban vueltas a lo que acababan de hablar. Si había que elegir a uno de los niños elegidos para evidenciar el cambio que habían vivido en su aventura sin duda era Yamato Ishida y su padre era el que más advertía aquel cambio. Hiroaki Ishida pasó de un día para otro de padre de familia que apenas veía a sus hijos a padre soltero que tenía que hacerse cargo de un niño de 8 años completamente traumatizado por la separación. Yamato siempre fue muy reservado en cuanto a sus emociones y aquello se acentuó con la separación de sus padres y el abandono que sintió cuando su madre lo mandó a vivir con su padre. Hiroaki siempre intentó hacerlo lo mejor que pudo y tenía que admitir que su hijo siempre intentó ponérselo fácil, se encargaba de arreglar la casa lo mejor que podía, hacía sus deberes sin rechistar e incluso se encargaba de hacer algún plato de comida rápida cuando su padre se retrasaba, pero Hiroaki siempre se culpó por la falta de luz en los ojos de su hijo. Llegaba a casa y se culpaba de la tristeza que había en los ojos azules de Yamato, pronto la tristeza mutó en frialdad.
Cuando su hijo regresó a casa después de aquellas inusuales vacaciones veraniegas el mundo se le iluminó, aquella chispa había vuelto, su hijo sonreía con alegría mientras le contaba escuetamente las aventuras vividas en aquel extraño mundo, pronto todo fue a mejor, la amistad que había nacido entre los elegidos fue poco a poco rompiendo el muro de su hijo y devolviéndole la infancia que sus padres le arrebataron. Agradecía enormemente a Tai todo lo que hacía por su hijo, aunque este no lo aceptara abiertamente sabía que se había convertido en el mejor amigo de Yamato y que gracias a él cada día fortalecía los lazos de amistad con el resto de elegidos.
Natsuko salió de su ensoñación:
-Sin embargo es el emblema de Takeru el que no me sorprendió en absoluto- Esta vez era Hiroaki quien la miraba dubitativo- No te culpo por dudar, Takeru era aún pequeño cuando nos separamos y no has podido conocerlo tan bien como yo. Cuando nos separamos Takeru siempre me abrazaba y me consolaba diciendo que no me preocupara, que todo saldría bien.
-TK siempre fue un poco llorón, como tú- señaló Hiroaki sonriendo- pero siempre fue un niño muy feliz, protegido por su hermano.
-Cuando Yamato se fue sufrió mucho, jamás me lo perdonaré, pero supo salir a delante y nunca dejó de sonreír para mí. Aunque llorara lo hacía sonriendo para que no me preocupara. Siempre sabía que decir para que me mantuviera fuerte, siempre consiguió mantener mi esperanza.
-Tenemos unos hijos fuertes, no nos los merecemos-Sonrió con nostalgia Hiroaki, siempre estaría agradecido al cielo por sus dos hijos.
- Takeru ha cambiado, ha crecido, ya no busca la protección de su hermano, ahora es él quien quiere proteger a las personas que le importan, ya no es un niño pequeño.
A ambos los sorprendió el sonido de la puerta y la llegada atropellada de su hijo pequeño que saltó a los brazos de su padre, Yamato venía detrás de él con una leve sonrisa en los labios que se reflejaban ampliamente en sus ojos.
-Mamá, ¿puede venir Yamato a casa el fin de semana que viene? Quiero enseñarle los regalos de la abuela- Dijo alegremente TK. Natsuko observó con una sonrisa en los labios a su hijo mayor, sabía que aún le guardaba algo de rencor por haberlo apartado de su lado pero estaba dispuesta a recuperar la relación con su hijo fuera como fuera.- Claro TK, puedo recoger a Yamato el sábado por la mañana y puede quedarse a dormir con nosotros, ¿Qué te parece?- La sonrisa de Yamato y su sonrojo eran todo lo que Natsuko necesitaba como respuesta.
