Capítulo 1 – Bipolar

¡Dios, si realmente existes, no se te ocurra llevarme ahora, chingo pend…!

Sakura se revolvió adormilada en la cama, no sabiendo que hacer exactamente, ese hombre la estaba observando de tal manera que le hacía sentir demasiado incómoda, y peor aún, sentía la piel de su trasero desnuda, llevando una mano hacia aquella porción de piel, comprobó que en realidad, no tenía sus calzones de seda de color rosa ¿Cómo carajos había resultado en ese estado? Miró nerviosa sus rodillas por debajo de la tela crema percudida, mientras sus pensamientos iban hilvanando sus últimos recuerdos y razones plausibles que explicaran su situación, pero por más que lo pensaba, no podía recordarlo. Entonces, pensó que realmente él tenía las respuestas, y no habría de otra más que preguntárselo. Sin embargo…

-¿Dónde está mi ropa interior? – se vio preguntando.

El muchacho, ¡Qué muchacho! – desvió su mirada de ella pasando hacia un sillón de junco, siguiéndole la mirada notó que sus prendas estaban ahí, junto a sus pantalones y blusa totalmente deshilachados y empolvados.

-¿No recuerdas lo que sucedió? – escuchó que le preguntaban, ¡santa puta del chongo! Pero es que el tío no solo tenía un perfil de estrella porno sino que tenía una voz tan ronca y a su parecer pecaminosa como el diablo lo manda.

-Re-realmente no… solo… no… yo… salía de… ¿Po qué estoy aquí?

-Te traje yo.

-Pero… por qué y exactamente ¿dónde estoy?

- Porque no podía dejarte allí y… estamos fuera de la ciudad.

-Pero… no lo entiendo.

-Estabas inconsciente en medio de la calle.

-Sí… pero, quiero decir, pudiste haberme llevado a un hospital. Porque…

- Tenía prisa.

- ¿Cómo para dejarme en un hospital?

- Mira. No fue culpa mía. Tú cruzaste la calle sin mirar a ambos lados y yo no pude frenar a tiempo.

-Quieres decir que tú eres la causa por la que…

- No, corrección, tu eres la causante de que esto esté ocurriendo, de no ser por tu estupidez, no estaríamos hablando de esto.

- ¿Mi estupidez?

-Pues no fui yo quien cruzó la calle como cabra loca.

- Y ni yo el animal que le pasó el carro encima a un peatón.

- Agradece que te he traído aquí.

- ¿Agradecer? Estoy aquí, con un hombre al cual no conozco, con un dolor fatal de cabeza y en las costillas, desorientada y alterada por tu culpa. Y quieres que agradezca por tu humanidad cuando podría estar siendo atendida en un hospital y por un doctor amable en vez de un… un…

- Escúchame, cálmate. No podía arriesgarme a…

- ¡A que me eche encima y que te haga pagar por los daños causados!

- Sí… eso… - su naturaleza tranquila y desinteresada, tan ajeno a su alrededor fue la gota que derramó el vaso. Sin saber porqué, una emoción estalló dentro de ella haciendo que las lágrimas se desbordaran de sus ojos, lágrimas de angustia por no poder recordar ni siquiera el lugar de donde venía. – Ey… no llores. – quiso tranquilizarla, aquel instinto nació por la sencilla razón de que no soportaba ver a una mujer llorar, solo y únicamente por eso prometió. Haciendo omisión a su entereza, se inclinó sobre la mujer y la envolvió con su cuerpo, simulando así un torpe abrazo. Para su sorpresa, o de ambos, ella lo manoteó y gimió adolorida, rehusándose a ser consolada.

-Nadie te pidió consuelo. – farfulló con los labios rectos. Su rostro impertérrito ensambló una consternación que muy pocos sabían provocar en él, pero ahí estaba esa mujer, actuando de tal forma que lo intrigaba.

- Entonces no llores.

- Y que esperabas imbécil – ahí estaba, hace poco estaba muerta de miedo y ahora lo insultaba – que me riera de todo este chiste… - era claro que su bipolaridad era lo que le traía de esa chica. ¿Atraía? Ciertamente, no era nada fea.

- ¿Qué es lo que tanto miras?

-A ti…

La desorientación de su mirada, el repentino sonrojo y la mueca furiosa fue todo un espectáculo, era increíble que un rostro pudiera cambiar de estados tan rápido que solo lo habría creído en las caricaturas animadas.

- Cálmate. Si hubiera querido cogerte ya lo habría hecho.

- ¡Repugnante! ¡Como sé que no lo hiciste, estaba dopada!

- Habrías estado dolorida.

- Pues siento mucho dolor. ¡Porque tú me atropellaste, idiota!

- Te lo prometo. Te hubiera dolido ahí… - indicó mirándole por encima de la sábana, donde se suponía que estaban apretando sus piernas con fuerza. Sakura lo miró furibunda, con la cara enrojecida porque… ¿cómo demonios habían terminado hablando de sexo?

- ¿Cuál es tu nombre? – preguntó en un vago intento de cambiar radicalmente el tema. A cambio, el hombre la miró de soslayo, y creyó percibir cierta decepción por el giro de todo aquello.

- Sasuke. – dijo a secas.

- Sakura. Tiendo presentarme con un "mucho gusto" por cada oración pero dada la situación no creo que suene sincero, porque la verdad es que te estoy odiando en estos momentos. – farfulló. Atónito, comprendió que esa chica era lo opuesto al espécimen de mujer que tenía por su ideal. Y también descubrió que eso le terminaba siendo agradable.

- Si bueno. Yo no lamento haberte atropellado. – se fijó en cómo sus enormes ojos verdes se agradaban con indignación, con una sonrisa torcida agregó. – entonces no te habría conocido…


Notas finales:

U.u Como comentario final solo diré que... no te hagas ilusiones :D