¡Bienvenidos al capítulo dos! Sé que alargué mucho el encuentro entre los dos pero de ahí en adelante la historia se vuelve más interesante (según yo).
En cuanto a los reviews, creo que es más cómodo responderlos desde acà teniendo en cuento que todavía no manejo muy bien la cuenta de . ¡Muchas gracias por leer!
heichousita 3: ¿En serio? Tenía entendido que no le habían confirmado la edad, solo que estaba en sus 30s. Entonces, como no sabía, ¡gracias por el dato! Qué bueno que te gustó el fic :)
ShiroNeko: ¡Sí! ¿No es Eren un amor? Esperá a ver cuando sí lo conozca en carne y hueso ;)
JhoanaBloodruns: Yo también me identifico con Eren en eso, no tanto pero lo suficiente como para proyectarlo en la historia XD
Está lloviendo, llueve con viento. ¿Hace cuánto no llovía? Había pasado tanto tiempo desde una verdadera tormenta que Eren creyó que la enorme ciudad de Sina no podría reconocer qué eran esas gotas cayendo. Incluso los acueductos y las obras públicas no lo recordaban, considerando lo poco que podían hacer para que las calles no se inundaran, tan oxidadas en el olvido.
Él sale del auto despidiéndose de su padre, tan bajito que el gracias desapareció tras el ruido de la puerta cerrándose. Son las 5:30 de la tarde y Eren tiene una nueva cita con su psicóloga, la Dra. Kiske, especialista en trastornos de ansiedad; cuando quiere ser gracioso le dice a su doctora que "él no ha estado ansioso por verla en toda la semana". Hoy sí lo está, hoy quiere verla y saber lo que piensa. Hace una semana tuvo otro sueño, más pesado y doloroso que cualquiera de las pesadillas que lo mantienen con insomnio desde que tenía 10 años. No ha vuelto a soñar desde esa noche y, aún así, no es capaz de conciliar del sueño.
Cuando entra al consultorio se da cuenta que ha estado mojando todo el lobby con la lluvia de afuera y amaga a disculparse, incluso salen las primeras silabas de su boca antes de que un relámpago ensordecedor interrumpa la escena. Eren se estremece como un niño cobarde y piensa que quizás está muy sensible. Pero la señora Kiske está ahí también, estremeciéndose, como Eren nunca la vio. El trueno retumba en toda la casa.
–Vaya, eso fue un poco escalofriante. –Dice ella.
Él piensa que ella también tiene derecho a estar sensible, ¿no? ¿Tendría ella también pesadillas sobre otro mundo? Tal vez por eso se ha ofrecido a ayudarle con las suyas, piensa.
–Ah…sí –responde él–, ha estado raro éstos últimos días. En la televisión no informan de nada, sin embargo.
Era cierto. Eren ve los programas y canales de noticias todos las tardes, compra todas las mañanas las 4 editoriales de diarios que venden en Sina y completa la recolección con los diarios electrónicos por la noche. Cree que, si existiese la mínima posibilidad, encontraría a esa persona que ha soñado por años; allí, en alguna nota periodística, en algún encabezado, en algún graph del noticiero. Y quiere creer que, si existiese otra mínima posibilidad desperdiciada en él, ése hombre también querría encontrarlo.
–Bueno, Eren, ¿qué te parece si empezamos? –dice ella, mientras le sostiene una toalla en su dirección.
–Al principio fue todo era normal, quiero decir, no sucedía nada que no hubiera pasado en otro sueño. Uno de los muros había sido derribado completamente, no recuerdo cuál era su nombre pero creo que ahora es una ciudad cercana o algo. –Eren está sentado mientras le relata a Kiske una de sus peores pesadillas en años.
La habitación está en silencio, recibiendo la tormenta en sus paredes exteriores. De alguna manera, el clima le hace compañía al corazón de Eren.
–Los titanes habían entrado, estaban por todos lados. Nunca habíamos visto esa cantidad, ni siquiera en las expediciones al exterior. Caos, todo era caos. Nadie sabía qué hacer, incluso el Comandante y los altos cargos de la Policía Militar no tenían alguna idea sobre cómo proceder. Yo estaba en el escuadrón del Capitán Levi, junto con mis amigos. Los primeros titanes fueron extremadamente difíciles de derribar porque eran muchos y no teníamos tiempo para concentrarnos en matar a uno cuando otros dos o tres más venían en tu dirección.
El Capitán había dado la orden de separarse en grupos de dos o tres. Ahora que lo pienso, esa era la cantidad de titanes que venían a atacarte al mismo tiempo, por lo que tenía sentido. Yo permanecería cerca de Levi porque estaría luchando como titán…
–Eren, lo que me estás contando no es muy diferente a otros sueños que hayamos trabajado antes. ¿Qué es lo que sucedió para angustiarte tanto? –Kiske interrumpe. Ha notado el estado mortificante de Eren mientras habla. Sabe que aquél sueño posiblemente hubiese terminado en la muerte de alguien cercano a él, pero eso no era algo nuevo.
–Yo… –su mandíbula se tensa y en sus ojos se orilla el llanto–, él.
Con ésa última palabra, Eren se fusiona con la tormenta. Sentado en el sillón individual frente a su doctora, Eren llora.
–¿Quién, Eren? ¿Él, quién? –Damaris pregunta ansiosa, inclinándose hacia su paciente lacrimoso y ofreciéndole una caja de pañuelos descartables– ¿qué sucedió?
–El Capitán… –su voz se arruga y se hunde mientras sus manos tiran de su cabello – yo lo vi. Cayó sobre un tejado. No importaba qué tanto lo llamara, él no respondía.
Eren clava su mirada a la alfombra bicolor que tiene a centímetros de sus pies.
–Levi, ¿Levi está muerto? –estrechando sus ojos y juntando sus manos, Damaris pregunta con cuidado.
–No, no en ese momento. Vi que intentaba moverse –responde Eren conteniendo sus emociones–, pero un titán también lo ve y él no puede moverse.
–¿Es Levi devorado? –pregunta Kiske suponiendo el final del sueño.
–Sí, va a ser comido –explica Eren agachando más su cabeza–. Pero no por ese titán ni por ningún titán que haya entrado…
Eren grita de dolor, suena como el rugido de un animal salvaje.
–¡Yo, yo soy el que lo come! ¡Yo maté a Levi! –Exclama agrietado, levantándose del sillón–. No sé por qué lo hice, lo único que recuerdo es meter al Capitán en mi boca y gruñir muy fuerte hasta que todos los titanes vinieron a mí y comenzaron a comerme también –Eren habla muy rápido y alto abrazando su pecho con sus brazos, sus ojos muy abiertos pero no viendo absolutamente nada–. Soy un monstruo, ¡soy un jodido monstruo de mierda que no puede proteger a nadie!
Damaris siente el dolor de Eren. Ha sido su paciente durante un buen tiempo y ella sabe mejor que nadie, literalmente, lo que Levi representa para Eren. En este momento, la doctora ni siquiera piensa en un análisis simbólico a lo dicho por su paciente, aunque tiene mucho material; ella solo siente en su pecho la tristeza y culpa que la voz y el rostro de Eren reflejan. Por eso, cuando Eren abandona la sesión abruptamente, Damaris no dice nada.
En el momento en que Eren da el portazo se escuchan las sirenas de bomberos y ambulancias desde el centro del pueblo. Eren se ha ido antes de la hora pactada por lo que su padre no vendrá a recogerlo hasta dentro de veinte minutos; o media hora, teniendo en cuenta que el Sr. Jäger siempre se retrasa y a veces ni siquiera aparece del todo. Preocupada por la intensa tormenta que ha parido un trueno que incluso a ella misma le da escalofríos y por el estado inestable en el que su paciente se fue, Damaris cancela su próxima sesión y alcanza a Eren a la salida de su casa-consultorio para ofrecerse a llevarlo a casa.
Durante el viaje en auto, Eren se guarda a sí mismo presionando su frente contra el vidrio de la puerta del acompañante. Hoy ha sido la primera vez que él se comporta así frente a su terapeuta. En algunas ocasiones, Eren ya se había mostrado inestable, sin embargo, nunca ha levantado la voz ni se ha escapado antes de que la sesión terminase. Por supuesto, lleva días sin dormir más de una hora y, sea consecuencia de la falta de sueño o no, su cuerpo duele incesantemente. Es difícil para él cerrar sus ojos sin ver al pequeño cuerpo fuerte del Capitán entrar a su boca. Y mientras lo aprisiona en su boca y deja que su carne sea alimento para otros titanes, Eren no recuerda sentir dolor físico pero puede sentir a su enorme cara musculosa y llena de dientes afilados ser regada por sus ojos de titán mientras muere; mientras mueren.
El chico de ahora sabe que probablemente no sea nada más que un sueño. Él quiere creerle a todos cuando le dicen que nada es real pero cuando su propio cuerpo siente el dolor, la nostalgia, el deseo, Eren no puede estar seguro.
Por la ventanilla ve el desastre que la lluvia hizo de la ciudad. A él le gusta la lluvia. Hoy cuando se despertó por la mañana y vio el cielo, creyó que las nubes eran exactamente las mismas que las que nublaron el cielo el día en que él murió en el sueño y quizás por eso, el día de hoy es peor que los anteriores. Y tal vez, ¿por qué no?, hoy muera de nuevo y se reencuentre con Levi en otra parte; no era tanto que creía aquello, si no que preferiría terminar así.
Un camión de la Seguridad Civil pasa con las sirenas puestas junto al auto de la Sra. Kiske a la velocidad de una emergencia. Tanto Eren como Kiske lo ven y recuerdan escuchar las sirenas de una ambulancia y de una patrulla policial minutos antes.
–Creo que es mejor que sigamos a pie –dice Damaris estacionando el auto–, la verdad es que desde el principio fue peligroso conducir el auto con las calles así.
–Sí, no quiero ser uno más de los que aquella ambulancia deba preocuparse –responde Eren.
A decir verdad, aún si las calles estuviesen en condiciones de ser transitadas por los coches igualmente tendrían que detenerse allí. Luego de caminar con el agua hasta los tobillos ven la causa del problema. Hay al menos 40 metros de autos acumulados y gente reuniéndose alrededor. Hay bomberos y oficiales de Seguridad Civil trabajando para despejar unos escombros en el suelo. Algunas personas están entusiasmadas con el hecho como se alegra un morboso ante la sangre. Otras personas parecen tener miedo. Algunos gritan y otros susurran.
–Parece que hubo un accidente. No me extraña –comenta la mujer.
Eren no dice nada pero se siente extrañamente interesado por el aparente accidente. Desde donde está no puede ver mucho más que humo y algunas personas siendo atendidas por los paramédicos. Así, él se acerca lo mejor que puede a la escena. Parece que otra vez tiene algo en común con su terapeuta, viendo que ella está detrás suyo aprovechando que Eren se hace espacio entre la muchedumbre a empujones. Usar su fuerza física para llegar a donde él quiere es otro rasgo en Eren que ni el doctorado en comportamiento humano de la mujer que lo acompaña ha podido cambiar.
–¿Qué es lo que pasó? –pregunta Eren a uno de los curiosos cerca suyo.
–No se sabe bien. Escuchaste el trueno de hace un rato, ¿no? –contesta y pregunta el hombre. Cuando ve que Eren asiente, continúa –Parece ser que cayó justo en el asfalto y abrió un pozo o algo así. Muchas personas estaban pasando por el lugar y fueron heridas.
El desconocido tiembla mientras habla y Eren y Damaris se miran y entienden que el accidente es más grave de lo que pensaron.
Varios oficiales se acercan a la gente para controlar que nadie se acerque demasiado a la zona del impacto.
–¿Qué tan grave es? –alguien pregunta a uno de los policías.
–Varias personas resultaron heridas. Un pequeño número de gravedad, aunque afortunadamente no corren riesgo de vida y fueron trasladadas al Hospital General. Les pedimos que mantengan la calma y esperen a que terminemos de evacuar a los heridos y ordenar la zona antes de obtener más información. Pueden consultar la lista de heridos que están colgadas en las ambulancias –.
–¡Encontramos a alguien más! –grita uno de los bomberos dentro del pozo.
El estómago de Eren se retuerce, como si alguien lo estuviese golpeando para llamar su atención.
–¿Cómo está? ¿Está consciente? –Pregunta su compañero desde el borde del abismo –Intenta sujetarlo con el equipo y nosotros lo subimos.
El trabajo de rescate no toma mucho tiempo y Eren se alegra de saber lo competentes que son en su ciudad aquellos que se dedican a salvar vidas. Parece que esa persona es la última y, si es que sigue con vida, nadie ha muerto a causa de este episodio.
La última víctima es sacada del pozo y los paramédicos se apresuran a atenderlo mientras la muchedumbre explota en aplausos de orgullo y alivio. Eren, sin embargo, se queda sin aire.
Porque no, no puede ser cierto. ¿Se durmió en el viaje a casa? ¿Se durmió en el sillón de la doctora Kiske? Quizás nunca despertó del sueño de anoche…
Allí está él. Reconoce primero su uniforme, el de la Legión; reconoce su pañuelo. Reconoce su cuerpo pequeño y fornido. Se vuelva a ver su rostro y también lo reconoce. Esa nariz, esa boca, ese corte sesgado…
No hay forma en que pueda negar que sea él, su Capitán.
Eren puede incluso reconocer esas ojeras a metros de distancia.
Mientras está en shock y su cuerpo tiembla para seguir el ritmo de su pulso cardíaco, Eren piensa que no le importa ni una mierda que esto sea un sueño. Porque está feliz de volver a verlo, porque no están rodeados de titanes, ni el Capitán está en su estómago.
–¡Eren! ¡Eren! –Escucha que Damaris lo llama y no sabe por qué le grita.
–¡Muchacho, no puedes pasar. Es peligroso! –.
¿Qué es lo peligroso? –Se pregunta Eren en silencio mientras corre hacia Levi. Recuerda cosas más peligrosas que ésta.
–¡Aléjenlo, está estorbando y la víctima necesita atención! –.
Él lo sabe, sabe que está herido porque no abre los ojos. Antes de preocuparse por su salud, el chico está decepcionado porque quiere volver a ver sus ojos abiertos.
–Mierda, no puedo separarlos –.
–Por supuesto. –Piensa Eren. Él no está dispuesto a alejarse de Levi ni un centímetro. Compartiría la camilla de la ambulancia si fuese necesario. El cuerpo inconsciente es prisionero de los brazos y piernas de Eren.
–¡Solo sáquenlo! –.
–¡No! ¡Por favor, déjenme estar con él! ¡No me lo saquen otra vez! Por favor, yo no quiero que se lo lleven. –Grita y llora Eren apretando más el cuerpo de Levi contra el suyo, luchando contra la Sra. Kiske, un bombero y un policía que quieren separarlos. Ni siquiera él entiende de dónde ha sacado la fuerza para resistirse.
Él le dará calor, él lo atenderá y estará con él cuando despierte. Por sobre todo, Eren quiere ser el primero que le vea a los ojos cuando eso pase. ¿No entienden todo lo que lo ha extrañado? Si todas las pesadillas fueron necesarias para que aquí, ahora, él fuese capaz de reunirse con Levi, entonces Eren volvería a soñar desde el comienzo una y otra vez. Porque ahora sabe que todo fue real. Levi es real y está con él ahora.
Acaricia el cabello de Levi con un poco más de fuerza de lo que se había propuesto y teme dañarlo aún más, pero se entiende a sí mismo: ha querido hacer esto desde quién sabe hace cuántos años. Sus dedos se llenan de una sustancia viscosa y es ahí cuando Eren nota que su Capitán está enteramente cubierto por una baba densa y transparente. Se pregunta cómo es posible que le lluvia no lo limpiara. Pero a él no le da asco. En vez de eso, Eren tiene una sensación de intimidad que le da la seguridad de saber que todo va a estar bien ahora.
–Eren… –Susurró Levi.
–¡¿Capitán?! –Responde Eren, su boca temblando –¿Estás bien? ¿Te duele en alguna parte? ¿Necesitas algo que yo pue…? –.
–Joder, Eren. Me estás aplastando –.
Por primera vez en años Eren llora de felicidad. Él está completo.
