Capítulo I
"Vagos recuerdos"
Había pasado una semana desde aquel acontecimiento. Karamatsu y Choromatsu habían tenido que sostenerme, y faltó un buen golpe de Karamatsu para lograr calmarme. Habíamos esperado en la sala de espera toda la noche hasta nuevas noticias de Ichimatsu. Choromatsu no había parado de sollozar durante todo el rato, estaba realmente preocupado, llegando a tener un colapso nervioso por aquello y teniendo que tomar medicamento por ello, quedándose dormido para la mitad de la noche.
Ichimatsu había logrado sobrevivir, resultaba que apenas lo habíamos logrado, y que si hubiéramos llegado incluso minutos más tarde, la historia sería muy diferente. El resto del día fue incluso peor que la noche completa. Ichimatsu comenzaba a tener complicaciones, había perdido mucha de su sangre, y en los resultados añadían al ser internado por el corte de sus brazos, habían notado síntomas de una posible anemia.
A los días Ichimatsu comenzaba a tomar color, no el suficiente como para dejarnos satisfechos de una mejoría, pero no dirigía la palabra con nadie. Sólo miraba hacia otro lado ignorando nuestra presencia, y cuando llegábamos todos los hermanos a visitarle, cubría su rostro con las sabanas y se quedaba dormido. Nos evitaba aún cuando queríamos darle de comer, pero a los cuatro días pasados del acontecimiento, nos informó una de las enfermeras que Ichimatsu no ingería absolutamente nada.
En la misma noche mamá y papá entraron a la habitación de Ichimatsu. Ninguno de los hermanos, incluyéndome, supimos que había sucedido ahí, pero simplemente Ichimatsu comenzó a comer como debía. Seguía sin hablarnos a nosotros, pero el comenzaba a dirigirse pocas veces a mamá, aunque fuera sólo cuando realmente era necesario.
En el sexto día, Ichimatsu terminó por enfermarse de fiebre, algo que realmente le cayó mal, llegando incluso a hacer a mi hermano alucinar y a querer correr del salón del hospital. Por suerte, Jyushimatsu y Karamatsu se encontraban de visita y pudieron controlarlo antes de que llegara a hacerse daño a sí mismo de nuevo.
Para el séptimo día, su fiebre había bajado un poco, pero no lo suficiente. Lo que hizo que los cinco nos quedáramos cuidándolo el día completo. Jyushimatsu fue quien nunca se alejó, ni siquiera para comer o tomar un poco de aire. No podría comprender la impresión que el chico se llevó al momento de encontrar a Ichimatsu; tan fuerte fue, que nos prohibió preguntarle sobre lo sucedido.
Lo más sorprendente fue por la noche, cuando Ichimatsu llamó a Choromatsu para que le ayudase a acomodarse mejor en cama, pensamos que por fin nos hablaría, pero no volvió a dirigirnos la palabra. Sólo durmió.
Ya era el noveno día en el hospital, y realmente era demasiado agotador el tener que cuidar de alguien que no te decía sus necesidades. Me dolía el culo como nunca, la silla era más incomoda incluso que estar sentado sobre clavos. Di un largo suspiro y me recargué buscando otra posición más efectiva para mi.
-Aaah... -Solté. Ichimatsu estaba recostado en la camilla. Fingía estar dormido, pero en veces, cuando le miraba de reojo, lograba ver sus ojos clavando esa mirada penetrante en mi. -Me siento tan incomodo... -Me quejé en voz alta. Ichimatsu dio la vuelta a su cuerpo, dándome la espalda. -Sabes, Ichimatsu... -Acerqué la silla a la camilla y recargué mis brazos en el colchón. Seguramente era bastante incomodo también para Ichimatsu. -Quizás estaríamos mucho más cómodos si platicáramos sobre algo interesante.
-... -No hubo respuesta.
-Hm, ¡Ya sé! -Tenía una idea, sabía como hacerlo hablar aunque sea una vez. -El otro día leí un nuevo manga. Este hablaba sobre un chico de la realeza, y al caer sobre un agujero en el suelo se encontraba un reloj que producía una canción cuando lo abría. Resulta, que este chico era perseguido por sujetos malignos que intentaban llevarlo a un mundo de tinieblas y monstruos llamados cadenas, y lo logran, pero al llegar allá no le queda de otra más que hacer un contrato con una...
-¿Quieres que te dirija la palabra, no? -Ichimatsu apenas y giró su rostro hacia mi, su voz se cortaba entre las palabras. -Cállate. Me irritas. -No pude evitar sonreír, había logrado mi objetivo. Me levanté y caminé hasta el otro lado de la cama donde estaba su rostro. Cerraba sus ojos con fuerza, se notaba que sólo trataba de ignorarme.
-Esas palabras fueron demasiado crueles para tu hermano mayor, ahora tendrás que pedirme disculpas. -Piqué su mejilla, estaba caliente por la temperatura. Sus mejillas se encontraban sonrojadas por el calor; mientras lo admiraba de esa manera, abrió un ojo y me miró con disgusto.
-Por favor,... Nii san. -Me dijo. -No quiero hablar contigo, ni con ninguno de mis hermanos, ni con nadie. -Cerró su ojo de nuevo. -Por favor, te lo pido. Déjame tranquilo.
-Bien... -Me quejé quitando mi sonrisa, pasé una mano por su cabello. Al principio, cuando hacía eso, se alejaba o se cubría con la sabana. Pero desde hacía dos días, se había acostumbrado a que lo hiciera. Dejé que mis dedos jugaran un poco con su cabello despeinado, más de lo normal, y no pude evitar quedarme observándolo.
Sonará tonto, incluso estaba seguro de que si alguno de mis hermanos me escuchara decirlo, me ganaría un buen golpe, pero había algo que realmente me encantaba en estos momentos de él. Su grueso cabello enredándose entre mis dedos, lo fácil y tranquilo que se veía al dormir. Sus mejillas tornadas de un leve sonrojo. A pesar de que me estremezco al recordar aquella noche, y que siempre termino al borde de las lágrimas por el susto, siento que si aquello nunca hubiera pasado, no podría mirar la fragilidad de mi hermano así como lo hago ahora.
Pero me irritaba. Realmente quería tomar a Ichimatsu del cuello y preguntarle sus razones. Quería golpearlo hasta cansarme, empujarlo y que me dijera el por qué de todo ello, decirle en que la única manera en la que él podría morir sería con mis sucias manos. Era extraño que la misma tranquilidad que relucía al dormir, pudiera ocasionarme tanta furia, y que al mismo tiempo lograra calmarla. Quizás comenzaba a volverme loco.
Quité la mano del cabello de Ichimatsu y caminé de nuevo a la silla. Me senté y sólo lo observé, dejé que mi cuerpo se deslizara por esta y se recostara un poco. El cansancio se apoderó de mi, cerré mis ojos sólo unos segundos y respiré profundo.
Abrí mis ojos de nuevo. Estaba en mi habitación. ¿Había regresado a casa sin darme cuenta? Me levanté del suelo con pesadez, la cabeza me daba vueltas y sentí un enorme impulso por vomitar. Un olor revolvió mi estómago, cubrí mi boca y corrí al baño.
Abrí de golpe la puerta y dejé que todo saliera. Algunas lágrimas inundaron mi mejillas. ¿Por qué lloraba? Abrí el grifo y limpié mi boca hasta no sentir el repugnante sabor del vomito. Limpié mi rostro con las mangas de mi suéter y salí del baño. La casa se encontraba en completo silencio.
Abrí la puerta de la habitación, entré y abrí el armario. Comencé a buscar de dónde venía el olor. Cubrí mi nariz, era realmente asqueroso. Bajé a la segunda planta y entré a la cocina. Había una olla a fuego encendido, de ahí era. Corrí y apagué la llama. El líquido dentro de ella era verdoso, espeso, tenía pedazos negros y marrones de quién sabrá lo que fuera, busqué la tapa y lo cubrí. El olor inundaba la casa completa. Abrí la ventana de la cocina y dejé que el olor saliera.
-Apesta, ¿no?
Voltee asustado, aquello sonó justo en mi oído. Miré a todos lados, pero en la cocina no había nadie más. Quizás estaba demasiado agotado. Abrí el grifo de la cocina y mojé mi rostro. Regresé mi camino hacia el pasillo.
-Vaya que es asqueroso.
Me detuve en seco. Giré sobre mi y vi hacia el patio. Alguien estaba allá afuera, caminé, casi corriendo y abrí la puerta de golpe. Ahí estaba Ichimatsu de espaldas frente a mi. ¿Había salido del hospital?
-Ichimatsu... ¿estás bien? ¿Qué haces aquí? -Salí de casa y fui hacia él. -¡Deberías de estar en el hospital! -El se volteó con lágrimas inundando sus mejillas, habían rasguños en su rostro y un moretón rodeando uno de sus ojos. Bajé el rostro, llevaba puesto el uniforme de preparatoria. ¿Qué hacia con eso puesto?
-Soy asqueroso, ¿no? El olor de esa cosa se parece al mio. -Me sonrió con aquella mueca retorcida que sólo él podía llegar a hacer. -Ellos lo dijeron, soy un asco. Tú los escuchaste, niisan. Recuerdo tan bien sus palabras. -Se volteó por completo hacia mi, y abrazó su propio cuerpo. -"Una persona como tú debe de darle asco a su propia madre", "La muerte sería una buena opción para alguien tan sucio como tú, ¿no lo crees? Después de todo, nadie se daría cuenta de que te fuiste". -Sonrió, no podía dejar de mirarlo con una expresión que ni yo podría explicar.
Sus palabras eran tan dolorosas. -"Quizás tus hermanos sólo te ven como una pesada carga".
-Eso es mentira...
-"Tus hermanos deben de estar cansados de una mierda como tú".
-Deja de decir tantas mentiras, Ichimatsu. -Mi corazón latía con fuerza.
-"Púdrete en el infierno, idiota".
-No...
-"¡Muérete!" -Gritó con furia.
-¡BASTA!
Me levanté. Alcé mi mirada, el pecho me dolió a causa de los rápido latidos de mi corazón, mi respiración estaba realmente agitada, sentía que me ahogaba. Ichimatsu aún dormía, no habíamos regresado a casa, aún estábamos aquí. Traté de calmarme, aferré mi mano a mi sudadera, me apoyé en el borde de la cama. Mierda, estaba tan asustado. Una gota cayó en mi mano, la miré confundido, alcé mi vista al techo. No había gotera o algo parecido, toqué mi rostro, estaba llorando, ni siquiera me había dado cuenta de cuándo había comenzado a hacerlo. Pasé mi manga por mis mejillas, y sentándome de nuevo en la silla, seguí cubriendo mi rostro con vergüenza. ¿Qué clase de hermano mayor lloraba por una pesadilla tan absurda?
-¿Estás bien? -Una voz me sacó de mis pensamientos. Alcé la vista, no era Ichimatsu, giré mi cabeza y de pié estaba é una mano por mi nuca, relajándome. Este idiota muchas veces me había encontrado en mis situaciones de lamento, que ya no me importaba su presencia cuando lo hacía. Incluso era quien en veces me apoyaba.
-Sí, sólo... -Apoyé mis codos en mis rodillas, miré al menor de los dos y me quedé pensativo. -No entiendo aún el por qué.
-... -No me respondió y caminó hasta mi lado, pasando una mano cariñosa sobre mi cabello. -No te preocupes por ello, después de todo somos los Matsuno. Terminaremos acosándolo hasta que escupa la verdad.
Reí ante ello, el tenía razón. Mi corazón y mi respiración se habían calmado. Karamatsu se acercó a la cama donde estaba Ichimatsu y acarició su cabello así como yo lo hacía. Solté un sonido de disgusto y me levanté apartándolo, mi pecho se enfureció por alguna razón. Sólo yo quería ver la fragilidad de Ichimatsu, no quería que nadie más lo viera de esa manera. Karamatsu ni siquiera notó mi extraño comportamiento, pero a mi me dejó pensando unos segundos.
-Choromatsu y yo lo cuidaremos esta noche, has pasado todo el día aquí. -Me sonrió. -Deja de preocuparte tanto, Osomatsu.
